03|2|2023

Bombero por voluntad y urgencias

14 de junio de 2018

14 de junio de 2018

Con la crisis en alza, trabaja 24x7 para apagar incendios con los gobernadores. Para el PJ, es el interlocutor en la Rosada. Para Peña, necesario pero peligroso. Para la UCR, un peronista infiltrado. 

BOGOTÁ (enviado especial) - Hay días en los que Rogelio Frigerio parece una patrulla perdida en un gobierno antiperonista que cree que no necesita de nadie. El ministro de Interior, Obras Públicas y Vivienda hace horas extras en el momento más difícil de la administración de Mauricio Macri y busca acercar al mismo peronismo que el Presidente asocia en público con la locura. Visita gobernadores, los convoca a la Casa Rosada, habla en forma permanente con Miguel Ángel Pichetto, atiende a Sergio Massa, se abraza a Juan Manuel Urtubey y busca apaciguar a Juan Schiaretti.

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Las acciones del ministro político están entre las pocas que suben en un proyecto que la pasa mal. La corrida al dólar, el acuerdo con el FMI, el veto al proyecto contra el tarifazo y la necesidad de Balcarce 50 de aprobar el Presupuesto del ajuste 2019 lo convierten en imprescindible. Frigerio se reúne con todos, fatiga los teléfonos de los gobernadores del PJ y busca recomponer lo que el jefe de Estado dinamita. Sus diálogos con los gobernadores, dicen, son de antología. O se trata de una estrategia de golpear para negociar o el oficialismo superpone dos lógicas que chocan cada día.

 

Macri dijo hace una semana en Quebec que el peronismo -no sólo Cristina Fernández de Kirchner- tiene que dejar de lado las locuras y volvió a sacudir la paciencia de las huestes de Pichetto. Después de la foto con Christine Lagarde, en la misma cumbre a la que asistían Donald Trump y Angela Merkel, el argentino eligió pegarle al PJ. Como si estuviera en campaña electoral y no en el trance más incómodo de su gestión.

 

 

Rogelio se había reunido antes con ocho mandatarios provinciales que después se lo facturaron. Lo que ayer fue una relación aceitada hoy está dominada por las tensiones y las diferencias. Ni siquiera Schiaretti quiere mostrarse alineado con su viejo amigo Mauricio. El gobernador de Córdoba repite a quien quiera oírlo que no está dispuesto a seguir financiando las obras que hacen María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta. “Hacen cloacas en Morón con lo que me sacan a mi en Salsipuedes”, deja trascender. Ese tipo de muros tiene que horadar el hijo del ex jefe de los Cascos Blancos de Carlos Menem y nieto del fundador del desarrollismo.

 

No es sencillo. Mientras los federales del PJ reclaman el traspaso de Aysa, las eléctricas y la justicia al AMBA, la gobernadora y el jefe de Gobierno destacan que hay más de 20.000 millones de pesos en obras que sólo podrían financiarse de otro modo si hay un cambio en la coparticipación.

 

Ubicado como parte del ala política del macrismo junto a Emilio Moneó y Rodríguez Larreta, Frigerio tiene acceso a la intimidad de Macri en el día a día y busca tender puentes con el peronismo no kirchnerista. Sólo Marcos Peña y el grupo de funcionarios del Cardenal Newman hablan más con el Presidente. El ministro del Interior participa todos los días en reunión de coordinación junto a la cofradía que integran Macri, Peña, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui. Pero, además, integra ahora la llamada “mesa política”, que tiene en agenda reunirse una vez por semana todos los lunes, en busca de ampliar una alianza que encoge en momentos de debilidad. Como si fuera poco, se sienta desde hace un mes en la mesa larga que coordina Nicolás Dujovne cada 15 días, en sintonía con las demandas del Fondo.

 

 

Frigerio interviene hasta en el vínculo con Schiaretti, de relación personal con Macri.

 

 

CORACH CONDUCCIÓN. Con 48 años, graduado en la UBA como economista, Frigerio lleva más de dos décadas entrando y saliendo de la función pública. Debutó en el segundo mandato de Menem, primero como subsecretario de Programación Regional, en 1996, y desde 1998 como secretario de Programación Económica de Roque Fernández, uno de los ortodoxos que admira Macri. En esa era, Frigerio tomó las primeras lecciones de política de la mano de Carlos Vladimiro Corach, su lejano antecesor en el cargo que hoy ocupa.

 

Era el encargado de llevar la relación con las provincias en nombre del Ministerio de Economía y tenía un trato habitual con Corach, poderosa espada del entonces presidente que acentuaba su poder de persuadir en base a la caja de los Aportes del Tesoro Nacional (ATN). En ese tiempo, Frigerio era Rogelito. Ahí, según él mismo reconoce todavía, aprendió el arte de la negociación con los gobernadores. Esa familiaridad y ese vínculo histórico con el peronismo facilita negociaciones, pero también genera recelo dentro de la alianza gobernante. Para algunos destacados radicales, Rogelio es casi un ministro designado por el PJ infiltrado en el gobierno de Macri.

 

Después de refugiarse en el sector privado y fundar la consultora Economía y Regiones, Frigerio regresó a la política en 2011 como candidato a legislador del intendente Macri en la Ciudad, fue presidente del Banco Ciudad desde 2013 y saltó finalmente al poder central en 2015.

 

 

 

MESA DE DIÁLOGO. Hoy es una de las tres caras principales que el team leader de Cambiemos piensa sentar en la mesa de diálogo que ensaya ahora, en un homenaje involuntario y forzado que recuerda el interregno de Eduardo Duhalde. Junto a Peña y Dujovne, estará a cargo de una convocatoria que incluirá no sólo a los mandatarios provinciales: también a jefes de bloques en el Congreso, sindicatos, empresarios y la Iglesia. “No va a ser solamente una discusión fiscal. Si la convocatoria es solo para reducir el déficit, no va a venir nadie”, admiten en la Casa Rosada. El llamado “Acuerdo para el Desarrollo” intentará comprometer a todos los sectores en una agenda de crecimiento, justo cuando la recesión comienza a rondar en la economía y penetra la letra chica del FMI. 

 

“Lo único que les pedimos es que respeten la decisión del Presidente y la herramienta que eligió. No les pedimos un apoyo total ni que salgan a festejar que fuimos al Fondo”, afirman desde el Ministerio del Interior.

 

Frigerio habla casi todos los días con Pichetto en busca de una negociación que recomienza a cada minuto y tiene una relación larga con Massa, un opositor golpeado al que buscan recuperar como interlocutor. Pero, además, cultiva el vínculo con el sindicalismo colaboracionista de José Luis Lingeri, de peso decisivo en Aysa, y Gerardo Martínez, la cara inoxidable del gremio de la construcción que empieza a sufrir el parate en la obra pública. Según dicen en el Gobierno, hasta Andrés “Cuervo” Larroque y Juan Cabandié tuvieron alguna conversación con él, aunque se trata de relaciones que dependen más de Monzó.

 

 

Frigerio es el camino de llegada de Casa Rosada a Pichetto.

 

 

EFECTIVIDADES CONDUCENTES. En la nómina de los gobernadores del PJ, llama y atiende a todos, pero su amigo principal es Urtubey, quien se alista junto a Macri en la mayor parte de los temas y parece disputar los votos del Gobierno o ir en busca de compartirlos. Hasta los gobernadores que más rechazan a Macri tienen trato frecuente con Frigerio. Viejos peronistas como Gildo Insfrán y Carlos Verna lo conocen, dicen, desde que era chiquito.

 

Que hable con todos no significa, de ningún modo, que logre convencerlos. “Es parte de la discusión de poder y pesan las relaciones humanas. Hay que entender que el que está del otro lado quiere ocupar el lugar que tenes vos”, suele decir Frigerio en busca de explicar los fracasos y de apaciguar los ánimos más belicosos del elenco amarillo. A decir verdad, el balance para el oficialismo fue pura ganancia durante dos años por lo menos. Pero la reforma previsional, la corrida al dólar y la inconsistencia del Gobierno abrieron una puerta para que el peronismo reconsiderase el año electoral.

 

El Gobierno sigue trabajando de cara a la reelección de Macri, casi como si pudiera disociarse de los problemas que convierten al ensayo de Cambiemos en un enorme signo de interrogación.

Después del Mundial, arranca la campaña 2019 y ya asoman -en un largo calendario escalonado- las primeras PASO en Catamarca, en diciembre próximo.

 

En busca de despegarlos por completo de la confluencia con el kirchnerismo, desde el Gobierno insisten ante Pichetto sobre el escaso negocio de hacer seguidismo de Cristina. Pero el senador del PJ parece encaminado a una negociación más dura, aliado con el sindicalismo de la CGT, un sector de los gobernadores y con el respaldo creciente del Círculo Rojo. El rionegrino tiene una estima personal por Frigerio, pero lo ve como un ministro que no puede torcer el rumbo de la “antipolítica” que fijan Macri, Peña y Jaime Durán Barba. Que es dueño de voluntad y capacidad, pero -más en la etapa que viene- está lejos de lograr las efectividades conducentes.

 

Frigerio cuenta con un grupo de colaboradores entre los que se destacan Sebastián García de Luca en la relación con el Congreso y los gobernadores y Lucas Delfino con intendentes en todo el país. Hay otros dos funcionarios más que son claves, pero conservan el perfil bajo. Uno es Alejandro Caldarelli, secretario de Provincias y Municipios, el ex presidente de la Consultora Economía y Regiones que Frigerio puso al frente de la relación fiscal y financiera con las provincias. El otro es el secretario de Coordinación, Daniel Padin, a cargo del estratégico tablero de pago de la obra pública en todo el país. Justamente, una de las áreas más comprometidas con el ajuste y la necesidad de reducir el déficit, en el año electoral, a la mitad.

 

 

 

FUTURO INCIERTO. La crisis económica y la debilidad política que afectan a Macri hacen dudar de todos los pronósticos y obligan a mirar el día a día. Sin embargo, el Gobierno sigue trabajando de cara a la reelección de Macri, casi como si pudiera disociarse de los problemas que convierten al ensayo de Cambiemos en un enorme signo de interrogación. La situación era otra, en apariencia, muy distinta hace apenas seis meses.

 

Con historia, domicilio y relaciones en Entre Ríos, Frigerio es mencionado de manera recurrente como candidato a gobernador para 2019. Su intención, si pudiera elegir, es otra. El ministro deja trascender que va a trabajar en la campaña de Macri en busca de un segundo mandato. Sería un esquema similar al del año pasado, con una campaña que se dividan entre Rogelio y Marcos, en el marco de un gobierno que no tiene demasiados funcionarios adiestrados para la ofensiva política.

 

Ése, al menos, es el plan original, que descansa en una reactivación que hoy parece de otro mundo. Si eso no sucediera, el destino de Frigerio sería posiblemente otro, aunque todavía nadie sabe cuál.