Boca y la Bombonera, otra vez en la cancha política
Javier Milei, Mauricio Macri y Juan Román Riquelme disputan poder en paralelo al juego grande. El estadio, casi un tema de Estado. Hacia un 2027 de furia.
En la cancha de Boca se juega la política grande: Javier Milei y Mauricio Macri van por Juan Román Riquelme.
Javier Milei, Mauricio Macri y Jorge Macri son parte de la política grande, pero también de un capítulo específico: la interna de Boca Juniors. Si la carrera hacia las elecciones presidenciales del año próximo ya está lanzada, también lo está la puja de diciembre de 2027 con Juan Román Riquelme por el control del club más popular de la Argentina.
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Una disposición estatutaria que siempre se menciona como inconveniente, pero que es difícil modificar, hace coincidir los comicios xeneizes con el calendario nacional, lo que contribuye a la permanente politización de la entidad. Esto se vincula, también, con el arraigo popular de Boca y con la peculiaridad del dominio que el macrismo ejerce en la ciudad hace 19 años. En paralelo, con el que tuvo sobre el club durante 24 años, entre 1995 y 2019, cuando irrumpió el fenómeno de Juan Román Riquelme de la mano entonces de Jorge Amor Ameal.
Elaborado sigilosamente desde hace dos años, cuando el ídolo se convirtió en presidente y tomó en sus manos todas las riendas, salió a la luz en los últimos días su proyecto estrella: la ampliación de la mítica Bombonera, estadio que se cuenta entre los más emblemáticos del mundo en todos los rankings de medios deportivos internacionales e imán para cuanta figura pública extranjera visita la Argentina.
La propuesta atiende una necesidad de larga data y ya acuciante. Con 57.000 lugares disponibles, el aforo del estadio resulta muy insuficiente para atender la demanda de más de 280.000 socios, entre activos y adherentes.
El tema es ya un asunto de "Estado".
Juan Román Riquelme y la nueva Bombonera
"La Bombonera está cada día más linda", repiten Riquelme y quienes van a la cancha cada dos semanas. Aunque el argumento le sirva al exfutbolista para maquillar una gestión deportiva claramente deficitaria desde hace tres años –todo lo contrario de cuando sólo se encargaba del fútbol, bajo la presidencia de Ameal–, resulta claro que las notables mejoras fueron parte del master plan que ahora sale a la luz: la ampliación del estadio.
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Aunque Boca Juniors no difundió los renders de su plan de ampliación de la Bombonera, imágenes generadas con inteligencia artificial muestran con bastante exactitud el aspecto que se busca darle.
El proyecto es atractivo y permitiría ampliar la capacidad a entre 75.000 y 85.000 personas, conforme ciertos espacios se habiliten o no como populares.
El plan entusiasma a muchos, pero, mientras no avance, también choca con el escepticismo de socios escaldados por el hecho de que "nunca nadie hizo nada". Ver para creer.
Todo lo que podía ser mejorado como parte del proyecto sin la solicitud de permisos –básicamente remodelaciones interiores y fachada– ya se hizo; queda ahora lo que depende de trámites administrativos en la Ciudad de Buenos Aires, el territorio que gobierna Jorge Macri, y en la Nación, a cargo de Milei.
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Así sería la nueva Bombonera que proyecta Juan Román Riquelme. (Capturas de redes).
Boca y el tortuoso camino de la pasión
Lo que debería venir son dos etapas.
La primera es la construcción de una pequeña cuarta bandeja de plateas con capacidad para 6500 personas y, para llegar allí –y al tercer nivel ya existente–, la construcción de cuatro torres con escaleras y 18 amplios ascensores que se elevarían en un terreno perteneciente al Estado nacional y por donde pasa hoy, con escasa frecuencia, un tren de carga de la concesionaria Ferrosur.
La segunda, sujeta a aprobación de la Ciudad, supone el derribo de los palcos erigidos al inicio de la gestión de Macri y, gracias al corrimiento del campo de juego en sentido opuesto, la erección de dos bandejas de plateas y de 216 palcos, el triple que los actuales. Todo el perímetro quedaría cubierto con un techo. Aunque este sector no superaría la altura de construcción permitida y cumpliría con la normativa de no invadir espacio aéreo sobre la calzada, también podría ser objeto de objeciones municipales o, incluso, de amparos de vecinos, como ya se ha sugerido, por la pérdida de luz que supondría para casas con frente a la calle Del Valle Iberlucea, argumento raro en una ciudad en la que las torres han proliferado tanto.
Javier Milei y Mauricio Macri: la política mete la cola
Además de lo mencionado, el proyecto elaborado enteramente por profesionales del club a cargo del arquitecto Germán Mainero tiene la ventaja de no necesitar la compra de las 129 propiedades que conforman las dos medias manzanas que dan a Del Valle Iberlucea y ni siquiera de las 48 que dan al frente, tal como requería otro proyecto presentado en los últimos años: el llamado "esloveno".
Según el club, el seguimiento permanente del estado de dominio de esas propiedades revela un verdadero caos: viviendas en regla, pero también en sucesión, sin dueño conocido, ocupadas de hecho… y 21 lotes declarados de valor patrimonial por la Ciudad, es decir a priori intangibles. Según datos que manejan Mainero y el secretario general, Ricardo Rosica, sólo el 20% están en condiciones de ser adquiridas. Adiós a Eslovenia.
¿Javier Milei baja el pulgar?
Para la construcción de las torres de ascensores, el club necesita permisos.
Uno, de la concesionaria Ferrosur, que resultó positivo desde el punto de vista técnico, algo que fue celebrado en el club el último jueves y anunciado el viernes a la noche por Riquelme en el canal del club. Dos, el que ahora se eleva a la Comisión Nacional de Regulación de Transporte (CNRT), instancia del gobierno nacional donde manda Maximiliano Patti, hijo de Luis Abelardo Patti. Maximiliano es hincha de Boca, pero no se sabe si eso juega precisamente a favor de la iniciativa.
Aunque el club no hable de eso, por encima de la CNRT debe expedirse otra instancia nacional, la Administración Federal de Infraestructura Ferroviaria (ADIF), la sociedad del Estado que decide sobre los terrenos federales. Curiosamente, aun sin conocer el proyecto y a despecho de que Ferrosur no vio en él inconvenientes operativos, una fuente del ente se apresuró a hablar en off con la página de TyS Sports para dictaminar que "si depende de una mirada técnica, es imposible".
Según la fuente, "la posibilidad de un descarrilamiento" de los trenes que pasarían entre las torres y el estadio "es real". Cabe señalar que las formaciones pasan dos veces por día a velocidad mínima y que nunca lo hacen en los días de partido. El argumento resultaría difícil de sostener de manera oficial toda vez que la empresa operadora señaló en su dictamen técnico que "el anteproyecto, no representa inconvenientes para la operación ferroviaria, ya que respeta las distancias mínimas establecidas en la ley".
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El tren y la Bombonera: una imagen icónica de ayer, de hoy y acaso de mañana.
El gobierno de Milei pretende meter mano en el asunto. La conducción xeneize descuenta eso y ya advierte que, cuando vaya encontrando impedimentos injustificados, deberá "movilizar a los socios y a los hinchas para reclamar". Todo sería, dados los plazos previsibles, en pleno año electoral tanto en el club como en el país.
Una elección, un plebiscito sobre el futuro
Dadas como vienen las cosas en lo político-administrativo, es probable que el proyecto de ampliación no comience por un buen tiempo. Si así ocurriera, el problema del estadio sería el gran eje –además de lo que deparen los resultados deportivos– de la elección del año próximo. En esa instancia se jugaría verdaderamente su suerte.
La campaña ya está lanzada y la Bombonera es su núcleo. En el último partido que Boca disputó, el miércoles con San Lorenzo, las inmediaciones del estadio aparecieron llenas de pasacalles oficialistas promocionando "el camino hacia nuestro sueño", así como un nuevo local partidario a metros del estadio que promociona al empresario publicitario mendocino Jorge Reale, rostro y nombre de la "tercera vía".
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La campaña electoral boquense ya está lanzada en las calles del barrio.
Las planes y las cartas de Javier Milei
Milei ya se quemó una vez en la interna boquense. Fue el 17 de diciembre de 2023, cuando concurrió a votar por la fórmula Andrés Ibarra-Mauricio Macri, finalmente derrotada por Riquelme-Ameal por 64,4% a 35,3% de los votos.
El problema no fue solo la paliza, sino que el presidente que había asumido hacía sólo una semana y estaba en la cresta de la ola recibió su primera demostración de repudio de parte de cientos de socios.
Lo irritante no era la ideología ni el programa de Milei, sino que hubiera dicho que se había hecho "anti-Boca" en repudio al retorno de Riquelme y de Fernando Gago al club en 2013 y que, incluso, había festejado el triunfo de River en la final de la Libertadores de 2018.
Embed - El día que Milei gritó el gol de River contra Boca
Ese hecho –dado en el marco de la elección de club récord de la Argentina y segunda en el mundo, con una participación de 43.367 socios– marcó el primer punto de fricción entre Milei y Macri: el expresidente, candidato a vice, no se sintió comprometido siquiera a ir a votarse a sí mismo y privilegió un viaje al exterior. No estuvo y Milei se llevó insultos.
Sin embargo, cuenta con Edgardo Alifraco, hombre de la rosca boquense, exmacrista y hoy libertario que podría oficiar como nexo entre Macri y Milei a partir de la titularidad nada menos que de la Comisión de Planeamiento de la Legislatura porteña.
A todo esto, cuando se vote en Boca, ¿habrá ganado Milei la reelección o estará haciendo las valijas para mudarse de Olivos?
¿Mauricio Macri presidente?
El riquelmismo cree que Macri esta vez no se esconderá detrás de otro candidato y que se postulará a la presidencia del club para protagonizar un mano a mano definitivo con Riquelme.
Según esa mirada, Milei se alinearía detrás de Macri, acaso también un modo elegante de ocupar al ingeniero en temas menores. Con todo, un elemento podría entorpecer esa alianza: la presión oficial, incluso mediática y judicial, en pos de la adopción del modelo de sociedades anónimas (SAD) en el fútbol argentino y, en paralelo, la conciencia macrista de que hablar de eso en una campaña sería gravemente piantavotos.
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Mauricio Macri, candidato a vice en 2023. Juan Román Riquelme cree que en 2027 irá por todo.
El expresidente, desde ya, por ahora no confirma ninguna candidatura, pero la verdad es que no le sobran figuras atractivas para recuperar lo que creía suyo. Ibarra sigue activo, pero salió mal parado hace tres años, y a la rama de Daniel Angelici también le cuesta imponer una voz representativa.
A juzgar por el rebote que se comienza a percibir en las redes, el macrismo esperará a que dictámenes administrativos adversos le habiliten la narrativa de "la inviabilidad" del proyecto de ampliación. Sin embargo, esa puede ser un arma de doble filo.
Por un lado, porque como ocurrió en 2023, cuando demoró e intentó bloquear, coqueteando con una intervención al club de la Inspección General de Justicia (IGJ), las elecciones a través de planteos sin sentido judicial, volvería a victimizar a Riquelme. Eso raramente paga bien cuando hay un ídolo de por medio.
Por el otro, porque se quedaría sin narrativa. Si, según una encuesta de You Are Public de 2023, el 71% de los socios prefiere la ampliación y preservación del "Templo" y apenas el 28% quiere un nuevo estadio, no decir nada sobre un tema tan sentido o, peor, aferrarse de nuevo al plan de nueva Bombonera en los terrenos de Casa Amarilla podrían ser apuestas perdedoras. A esa última, de la cual Angelici fue pionero, apelaron Ibarra y Macri en 2023 y así les fue.
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El proyecto macrista de nuevo estadio –curiosamente unido por un puente con el viejo, que resultaría irrelevante– fue derrotado en las elecciones xeneizes de 2023. ¿Insistirá ese sector con él el año que viene?
Detrás de cada proyecto hay dinero e intereses. Cálculos externos al club valúan el plan de ampliación en unos 40 millones de dólares, mientras que un estadio nuevo para 90.000 o 100.000 espectadores, con todos los lujos, no costaría menos de 300 millones, según antecedentes internacionales recientes.
Más hábil se mostró Reale, un hombre en campaña permanente desde hace al menos cuatro años. Se retiró de la anterior contienda porque la polarización Riquelme-Macri mató –como ocurre también en el país– "la avenida del medio", pero al menos ya logró superar la barrera del desconocimiento e instalar su nombre.
Reale, que en su momento planteó un fantasioso proyecto de nuevo estadio en la isla Demarchi, privilegió días atrás el interés de los socios y respaldó el proyecto de Riquelme.
Eso sí: su vocación constructiva, dicen en el club, lo llevó a pedir una reunión con su equipo de arquitectos, algo que el riquelmismo ve con desconfianza. "¿Le vamos a dar a un opositor la posibilidad de convertirse en juez del proyecto?", se preguntan.
La política arde y Boca vuelve a ser una de sus cajas de resonancia.