Había una vez en la que la democracia representativa funcionaba en base a partidos y dirigentes de carrera, pero como ni esas organizaciones ni esos personajes demostraron, en general, estar a la altura de las necesidades populares, se desató una crisis de representación.
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Luego, la política debilitada comenzó a meter mano sistemáticamente en la bolsa de los sentimientos populares, en busca de figuras de la cultura, el deporte o incluso el empresariado que ya contaban con cierta instalación y simpatía de segmentos considerables de la ciudadanía. Como la solución no fue tal, la crisis de representación, entonces se hizo directa y gravemente política e institucional.
¿Por qué razón estamos hablando hoy de personas –nótese que no se usan palabras como "dirigentes", "líderes" o "referentes"– como Dante Gebel o Jorge Brito? Sean cuales sean sus méritos y sus deméritos personales, ¿qué o quién los ubica en el centro del debate? ¿De dónde salieron?
Ocurre que aquella vieja democracia representativa está mudando en otra cosa: en un sistema que directamente prescinde del pueblo o que apenas lo utiliza como un instrumento legitimador de liderazgos definidos fuera del tablero.
Para seguir con la metáfora ajededrecística, los peones pasaron de jugar un rol subalterno a ser simples espectadores del juego.
"El gobierno del pueblo"
Podés estar pensando que acabo de descubrir el agua tibia, pero –creo– no es así. Es evidente que la democracia definida como "gobierno del pueblo" es, en buena medida, una ficción política.
El detalle es que la misma requiere de datos de la realidad que la validen como tal y que, de ese modo, evite que se le corran todos los velos. Lo que se señala, entonces, es que la ficción va perdiendo casi toda su eficacia al quedar desnuda.
Por otro lado, nunca, pero nunca hay que bajarle el precio a la democracia representativa, tantas veces despreciada como "formal" o vacía de contenido. Ya en la Argentina de hace medio siglo se probó como la diferencia entre la vida y la muerte. ¿Con eso alcanza? No, pero nada puede construirse sin esa base.
Las andanzas del Círculo Rojo
Las elecciones del año próximo ya se juegan.
Javier Milei recogió el guante arrojado por ciertos segmentos –poderosos, aunque minoritarios– del Círculo Rojo que consideran que su etapa está cumplida y ya habló un par de veces de su vocación de ir por la reelección. Como si hiciera falta.
En tanto, el peronismo no deja de revolcarse sin manos, y ni la ausencia de figuras diferentes de Axel Kicillof detiene la balacera.
Por fuera de esos dos mundos –cuyo reflejo social es el de sendas minorías intensas–, esos tramos del establishment buscan alternativas. Ahí yace la novedad: ya no se procuran figuras instaladas, queridas o respetadas, sino directamente desconocidas. Después del fenómeno Milei todo parece posible.
Esos sectores –Paolo Rocca, algún otro tramo de la destrozada industria nacional o de la vieja patria contratista, intermitencias de algunos medios potentes, alguna referencia de la Justicia federal…– imaginan, a través de reclutadores como Mauricio Macri y el tridente que componen Miguel Ángel Pichetto, Emilio Monzó y Nicolás Massot alguna suerte de plan B.
"'Es Milei o es Kicillof'. Así de terminante, un ejecutivo resume la mirada que tiene el empresariado", señaló Esteban Rafele en una nota publicada en Letra P que marcó los extremos que esos sectores no desean.
"El expresidente está lanzado a construir una alternativa para 2027 que pueda sostener el modelo instaurado por Milei, quien para el Círculo Rojo es insostenible en el tiempo, como empiezan a marcar las encuestas. No necesariamente la candidatura presidencial será suya. Al menos eso le dijo Macri a Paolo Rocca en la reunión que tuvieron a principios de abril en la casa del dueño de Techint", escribió Gabriela Pepe en su columna de los domingos en nuestro sitio.
Los disidentes poderosos del mileiato pretenden construir de la nada un presidente como el actual, pero abuenado, con algo de industria, algo de consumo y con niveles de exclusión social que sean los máximos tolerables. Acaso la cuadratura del círculo.
El casting dentro del mundillo político conocido viene complicado. Por eso se empieza a mirar afuera.
Milei, outsider con agenda propia
La aparición de outsiders no es una novedad que nació con Milei. Antes de él, a su manera, lo fue Juan Domingo Perón. Más abajo de esa figura tan influyente se pueden anotar muchos nombres más, incluso el de Macri.
Salvando las abismales distancias, ambos construyeron poder para llegar a ser lo que fueron. Lo de Milei fue otra cosa: se instaló –manijeadísimo– en los estudios de TV, enrojeció de furia, deliró, sintonizó con un sector muy dañado de la sociedad y saltó, sin escalas, al Congreso y a la Casa Rosada en dos años.
El problema con él es que tiene agenda propia, una que no sólo deja afuera del modelo a media Argentina, sino también a sectores relevantes del Círculo Rojo.
Los exégetas del Presidente lo explican con claridad: reconversión productiva, inversión en actividades extractivas y primarias, algunos servicios e importación masiva de productos industriales. Si se presta un poco más de atención, se escucha el argumento de que los salarios de miseria y los presentes niveles de informalidad laboral son los adecuados para el nivel de productividad de la economía nacional y que cualquier mejora será cuestión de años y paciencia o, a falta de esta, de la debida represión de la protesta.
Como ese proyecto resulta encima insultante y hasta humillante para primus inter pares que no toleran esas cosas, algunos ahora buscan un Milei 2.0.
¿Brito 2027? ¿Gebel 2027?
"¡Basta del péndulo! Pasar de Milei a Kicillof sería zigzaguear de nuevo. Tenemos la responsabilidad, con muchos dirigentes, de parar el péndulo en el medio en 2027. Esa es mi aspiración", dijo Monzó en una entrevista que La Nación publicó el fin de semana.
Consultado sobre la figura del banquero Brito, respondió que "yo siempre observo a dirigentes, empresarios o artistas que tienen el pensamiento del centro, que es la mayoría en la sociedad. Jorge Brito es uno de ellos (…). Es una persona normal, que no agrede y dialoga. Tiene muchas características para ser un buen presidente".
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Jorge Brito, Javier Milei y Toto Caputo (Fotomontaje).
El otro postulante del momento que por ahora no mueve la aguja en las encuestas es Dante Gebel.
Este, un millonario que vive en California, que hasta hace poco se presentaba como "el pastor de los jóvenes" y, como ahora siente que eso le "baja el precio", se define como "un comunicador de valores", se paseó en los últimos días por numerosos medios.
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"Ninguna encuesta conocida hasta ahora ubicó a Gebel como un candidato mínimamente competitivo, pero, por algún motivo, se generó un súbito interés por entrevistarlo", escribió, de modo interesante, Sebastián Lacunza en ElDiarioAr. "Sumó unas diez horas de respuestas. Logró otro mérito llamativo: no brindó ninguna definición", agregó.
Por su artículo desfilan antecedentes de influencers, posteos, pagos, chivos y hasta encuestas de conclusiones difícil de comprender. Y, dicen, se viene serie en Netflix.
En las apariciones de Gebel sobraron las ambigüedades, el mesianismo, sugerencias de posturas regresivas –algo coherente con su modo de sentir el evangelismo–, el humo de un clamor que no es tal, mucha avenida del medio, ignorancia sobre la política y la economía, y hasta las señales de una ausencia demasiado larga del país.
Una era de candidatos genéticamente modificados
¿Qué constituye un hecho político? Un evento determinado sólo es político si incide concretamete en las relaciones de poder.
El Milei que insultaba a John Maynard Keynes en el Intratables pandémico no protagonizaba un hecho político, pero el que comenzó a medir en los sondeos –para satisfacción de demiurgos que terminaron exterminados por su propia creación– sí lo fue. Vaya si lo fue.
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El Gebel previo a este fin de semana de entrevistas tampoco era un hecho político. El de hoy, después de ese raid, tal vez tampoco lo constituya, aunque eso resulta más discutible. Mañana se verá.
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La Argentina se sumerge en la era de los candidatos genéticamente modificados, vectores de una política descendente y, en tanto tal, no democrática.
Imponen una suerte devoto calificado, previo a la apertura de las urnas y ejercido por un comité de casting electoral ad hoc, que inventa realidades y decide entre qué opciones se podrá finalmente elegir.
La democracia deviene así en un sistema abrumadorament tutelado por élites en competencia, una especie de reality show en el que los ciudadanos devienen en espectadores que llaman a un 0800.
La nueva producción del voto
Así las cosas, no sorprende que Peter Thiel se haya instalado entre nosotros, con su know how de software e inteligencia artificial al servicio de la manipulación y el control social.
Como te conté a comienzos de año, el decreto de necesidad y urgencia (DNU) 941/2026 instauró las bases de un estado de sospecha en el país, con atribuciones tan amplias para la SIDE como la de detener personas sin orden judicial y hacerse de información de inteligencia que deberán producir todos los organismos públicos.
La creación, el 29 de julio de 2024, de la Unidad de Inteligencia Artificial Aplicada a la Seguridad (UIAAS), en el marco del Ministerio de Seguridad, "orientada al análisis de grandes volúmenes de información mediante herramientas de inteligencia artificial".
Según se decidió en los últimos días, el inefable "Manuel Adorni pasó a tener injerencia sobre el Sistema de Identificación Nacional Tributario y Social (SINTyS), la red de datos más grande del Estado argentino (que) coordina el intercambio de información entre más de un centenar de organismos nacionales, provinciales y municipales, cruzando datos patrimoniales, tributarios y sociales de todas las personas físicas y jurídicas del país", indica.
"En paralelo –culmina–, el Gobierno avanzó en el plano internacional. En febrero de 2026 se cerró el texto del acuerdo de comercio e inversión entre Argentina y Estados Unidos, que incluye el compromiso de reconocer a ese país como 'jurisdicción adecuada' en materia de protección de datos personales. En la práctica, esto implica habilitar la transferencia de datos sin requerir mecanismos adicionales de resguardo".
La base está.
Ayer a la madrugada, tras conocerse el ataque a tiros contra el hotel de Washington en el que Donald Trump asistía a la Cena Anual de Corresponsales en la Casa Blanca, Santiago Caputo aprovechó para amonestar a "todos los pelotudos locales que creen que la seguridad nacional, el cuidado de las fronteras, la inversión en defensa, inteligencia, ciberseguridad e infraestructura crítica son caprichos burgueses".
Apenas minutos después, siempre de madrugada, prometió "un salto cuántico en materia de seguridad nacional" al repostear un mensaje que describía lo mucho que Thiel tiene para ofrecer.
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El tecnoplutócrata de extrema derecha también tiene en cartera vastos servicios para mapear digitalmente al eslectorado y segmentar mensajes de campaña.
Lo que antes se buscaba "bajando al territorio", hoy se consigue con algoritmos y con un vaciamiento final de la idea de democracia, incluso más allá de su valor como ficción capaz de preservar derechos y de darle al cuerpo electoral la potestad de decidir cada cuatro años su destino mediante la regla de la mayoría.
Tal vez ya no estemos viviendo en el mundo que creemos.