PANTALLA DEL MUNDO NUEVO

Javier Milei, Peter Thiel y la tecno-oligarquía global

Argentina, experimento a cielo abierto de la ultraderecha made in Silicon Valley. La consigna: reiniciar la democracia. Una alternativa para 2027, ya.

La visita de Peter Thiel a la Argentina y su encuentro en la Casa Rosada con el presidente Javier Milei se enmarca en una corriente ideológica extrema que emergió en Silicon Valley, considera a la democracia liberal un software obsoleto y propone reemplazarla por un sistema operativo político más eficiente, aunque menos libre.

Para dicho proyecto en curso, la tensión entre capitalismo tecnológico y democracia representativa ya no es teórica, sino estructural.

El nombre de esa corriente es Ilustración Oscura y su principal ideólogo, Curtis Yarvin -conocido como Mencius Moldbug- pasó de los blogs marginales a influir en sectores relevantes del nuevo poder tecnológico.

El tercio ganador en la Argentina de 2023 forma parte de esta corriente, lo supieran o no todos sus adherentes, la oposición y el electorado.

Para Yarvin, el orden liberal está sostenido por lo que llama “La Catedral”, un entramado de universidades, medios y burocracias que producen un consenso igualitarista y bloquean cualquier transformación profunda.

Frente a dicho “obstáculo”, su diagnóstico es drástico: la democracia es ineficiente y está condenada al colapso. La salida no es reformarla, sino reiniciarla. De allí su propuesta de “reboot” institucional, que implicaría retirar masivamente a la burocracia estatal al que denomina con la sigla RAGE: Retire All Government Employees (retirar a todos los empleados gubernamentales), es decir vaciar el aparato público y fragmentar el Estado en una constelación de unidades soberanas gestionadas como corporaciones, reemplazando a la política con management empresarial y a los ciudadanos, por accionistas o clientes.

La tecno-oligarquía: Thiel, Elon Musk y el ceo-monarca

Esta visión encontró eco en sectores de la llamada “PayPal Mafia”, la red de magnates tecnológicos vinculada a Thiel y a Elon Musk.

Thiel afirmó hace años que libertad y democracia podrían ser incompatibles; Musk encarna el modelo del ceo con poder cuasi soberano, capaz de intervenir en debates públicos globales desde plataformas privadas que operan como infraestructuras críticas.

La lógica es clara: la legitimidad ya no emana del voto, sino de la capacidad de producir resultados medibles. El Estado deja de ser una arena deliberativa para convertirse en una máquina de ejecución directa, donde los contrapesos institucionales son vistos como frenos disfuncionales. En ese esquema, se diluye la idea de pertenencia política compartida, la ciudadanía se reduce a la lógica de la “salida” (exit), si no le gusta el sistema, múdese, aunque la libertad de salida suponga recursos y movilidad que no todos poseen.

Ciudadanía, salida y biopolítica del rendimiento

Más inquietante aún es la deriva biopolítica de este pensamiento: sociedades organizadas según métricas de rendimiento, algoritmos que clasifican capacidades y propuestas expresadas sin eufemismos de aislar a los “no rentables” en entornos virtuales como alternativa “humanitaria” a su exclusión.

El rendimiento sustituye al derecho; la eficiencia, a la igualdad.

milei thiel casa rosada
Javier Milei recibió en la Casa Rosada al magnate ultra Peter Thiel.

Javier Milei recibió en la Casa Rosada al magnate ultra Peter Thiel.

El dilema del siglo XXI es nítido: democratizamos el poder tecnológico o aceptamos que el algoritmo y el capital gobiernen sin control, porque, cuando el rendimiento desplaza al procedimiento, lo que se debilita no es la burocracia: es la ciudadanía.

Frente a esta ofensiva que combina tecnopoder, desinformación y polarización, el dilema no es entre Estado viejo y mercado moderno, sino entre democracia con tecnología o tecnología sin democracia. La respuesta no puede ser nostalgia burocrática, sino un proyecto de modernización con reglas, ciencia y derechos. Democratizar el avance tecnológico, regular la inteligencia artificial con criterios humanistas y fortalecer la deliberación pública no son consignas románticas: son condiciones de supervivencia institucional.

Argentina como laboratorio a cielo abierto

En este tablero global, Argentina ocupa un lugar singular. Bajo el gobierno de Milei, el país se ha convertido en un laboratorio tecno libertario observado con atención por las nuevas derechas internacionales que cuestionan abiertamente el consenso democrático liberal.

La retórica contra “la casta” dialoga con la impugnación de “La Catedral”. El uso intensivo de decretos y la deslegitimación del Congreso como espacio de negociación recuerdan la idea de que los procedimientos son obstáculos para la voluntad ejecutiva, y se va naturalizando un escenario en el que el mercado es elevado a tribunal moral, un gimnasio donde cada individuo prueba su mérito sin “muletas” estatales, mientras la soberanía popular cede lugar a una soberanía propietarista en la que el éxito económico funciona como validación política.

Argentina aparece, así, como experimento a cielo abierto: ¿puede una sociedad aceptar la sustitución del contrato social por la lógica empresarial? ¿Puede la política reducirse a planilla de Excel sin erosionar la cohesión mínima que hace posible la vida en común? ¿Nuestras elites seguirán soportando exclusiones, dumping e improperios “ocurrentes” de modo estoico?

Desafío 2027: distopía o democracia

Durante 2026, la pulseada entre el Ejecutivo, el Congreso y la Justicia será más que una disputa coyuntural: pondrá a prueba si la democracia argentina es un obstáculo que remover o el marco que, con todas sus imperfecciones, todavía nos permite decidir colectivamente nuestro destino. Por eso, activar ya con miras a las elecciones de 2027 no es especulación ni apresuramiento, es supervivencia democrática.

Si en 2023 se habló de tercios, hoy sabemos qué características tenía el tercio que se presentó localmente como mascarón de proa de esta nefasta corriente global. Por lo tanto, urge deponer inercias, tanto del marketing político como a las clásicas divisiones criollas (dejó de ser un River – Boca, es fecha de selección), para pensar y empezar a caminar el país real, y con mucha política y diálogo profundos desarrollar un proyecto democrático, nacio al y popular transversal para 2027, capaz de reconquistar la representación democrática en Argentina, partiendo de agendas concretas y dejando en remojo las entelequias conservadoras y progresistas, porque, si no, nos seguirán devorando los de afuera, desde adentro.

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Karina Milei y Manuel Adorni.

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