UN PERFIL POLÍTICO

La decisión del Indio Solari

De la dictadura a la nueva democracia, el menemismo y la crisis de 2001, el camino del rockero hacia el giro de 2003. El poder de la grieta.

El Indio Solari sentía de un modo especial la dinámica de la política. Era un terreno árido para un poeta y su grupo, hijo de la cultura rockera de fines de los 60 e incios de la década siguiente. Aquel comienzo en la segunda mitad de los 70, o sea: en plena dictadura militar, fue planificadamente caótico.

Las primeras actuaciones estaban más cercanas a una bacanal artística que a un recital clásico. Pero Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota pasaron rápidamente a ser Los Redondos, en aquellos shows cruzados por la flamante democracia.

Eran tiempos de La esquina de las flores, en un Palermo aún lleno de talleres mecánicos y carnicerías de barrio, muy lejos de cualquier sueño holliwoodense. Se acercaban las elecciones de 1983 y en el Parque Lezama hubo una juntada en la que gran cantidad de músicos y cantantes dijeron presente para respaldar la candidatura a diputado nacional de Augusto Conte, padre de un desaparecido y activo militante por los Derechos Humanos. Al Indio no le cerró esa movida y no participó, aunque sí lo hicieron algunos de los Redondos. No lo predicaba, pero practicaba un anarquismo crítico del sistema, y no participaba entonces de lo que no avalaba.

A fines de 1988, con una nueva campaña presidencial a la vista, el ascenso de los Redondos era imparable. Ya estaban listos para dejar los escenarios de Palladium, Bambalinas, Airport, Cemento (un viejo cine del barrio de Constitución reciclado para que lo estrenara la banda), que los habían hecho crecer en la línea de conducta que los caracterizaba: siempre el camino, nunca el atajo.

Fue cuando les llegó una oferta que tendría una respuesta memorable.

Se preparaba una gran concentración en la cancha de Ferro en apoyo a la candidatura del radical Eduardo Angeloz con músicos y cantantes del rock argentino. Para el Indio, si aceptaba, había un departamento. No vale la pena recordar quiénes se sumaron y subieron al escenario, pero sí la respuesta de la cara visible de Los Redondos: “Nosotros, nuestras almas, valemos mucho más que un departamento”.

Los 90 y la resistencia al menemismo

La masividad de los 90 elevó no sólo la impresionante cantidad de seguidores. Se profundizó un fenómeno que supera cualquier discusión y debate. Sus letras decían cosas, para algunos muy herméticas, para otros brillantes en su estética circular. Pero para todos, movilizantes: era el grupo de rock que resistía al menemismo y su prédica individualista y mercachifle. La independencia comercial del grupo se mantuvo firme a pesar de la tendencia imperante de “todo tiene un precio”.

El grupo pasó de Obras a Huracán, de allí a Racing y después a River. Mientras nos azotaba la crisis brutal que golpeó a la Argentina de fines de los 90 y en los primeros años del nuevo siglo, se acercaba la decisión del Indio.

La grieta y el giro del Indio Solari

¿Visualizó que la última trinchera ante el avance feroz del poder real del país era lo que empezamos a vivir desde mediados de 2003 y por 12 años más? ¿La grieta lo movilizó de tal manera que le hizo modificar su ideario y la senda recorrida desde aquellos días de Humanidades en La Plata, la amistad con la Cofradía de la Flor Solar y el impulso a cantar lo que escribía con una convicción reconocida hasta por sus enemigos? La respuesta es: sí.

La grieta lo encontró en otro lugar: asumiendo que podía ser un actor social importante en un país con un poder económico despiadado con los más débiles. Jugó fuerte y apoyó lo que creía que debía apoyar desde su mirada siempre afectada por dolores, tristezas y carencias de millones, e invitó a celebrar lo celebrable en esas multitudinarias presentaciones en distintos lugares del país.

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El Indio Solari con Cristina Fernández de Kirchner.

El Indio Solari con Cristina Fernández de Kirchner.

Esa capacidad de leer la realidad lo llevó a ser uno de los más grandes poetas del rock argentino, con letras trabajadas y de metáforas potentes. También lo elevó al lugar que ocupa desde entonces: el del amor y el respeto de multitudes sin edad. Aunque Los Redondos ya no estuvieran en el escenario, en las últimas procesiones y misas ricoteras se juntaron pibes con sus padres y hasta con abuelos jóvenes.

Sus enemigos se multiplicaron. Desde los que prohibieron recitales de la banda en los 90, hasta los que mensuraron la peligrosidad de un poderoso referente cultural que hacía lugar para todos en sus palabras, desde los presos sociales masacrados en el pabellón 7 de Devoto en marzo de 1978, hasta Cristina Fernández de Kirchner perseguida y encarcelada.

En el corazón del colectivo ricotero quedarán flameando para siempre las banderas rojas y negras de Juguetes perdidos. Será para recordar -a pesar suyo- al poeta, al cantante, al generador de tantas emociones que alguna vez, con claro pensamiento borgeano, afirmó: “La vanidad dice que me gustaría ser recordado, pero hay una parte mía que cree que hay mucha más dignidad en el olvido”.

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