Blindado por Martín Llaryora, Juan Pablo Quinteros esquiva la interna peronista y mira el '27
El ministro de Seguridad asume costos internos por alto su perfil. El café con el intendente de Alta Gracia. Política, gestión y las elecciones de fondo.
Juan Pablo Quinteros y el peronista Marcos Torres, tras los duros cruces
Juan Pablo Quinteros inició 2026, año clave para el afán de continuidad de Martín Llaryora, repitiendo patrones que han caracterizado su bienio como ministro de Seguridad de Córdoba. Alta exposición, agenda protocolar repleta, presencia en operativos policiales, defensa del accionar de la fuerza y, cómo no, polémicas a las que no rehúye, aún si resultaren inconvenientes.
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Buena parte de su accionar puede responder a la personalidad del exlegislador. Locuacidad y frontalidad fueron atributos valorados a la hora de designarlo en una cartera estratégica, a la que pocos se animan por la sensibilidad de su cometido. Lejos de amilanarse, el funcionario se presta al diálogo y no arredra ante las críticas, aún cuando indicios inviten a la prudencia.
Lo que parece quedar en evidencia es que tal accionar responde cada vez menos a una estrategia defensiva de uno de los socios extrapartidarios de aquel proyecto de Partido Cordobés que no ha terminado de cuajar como la herramienta que Llaryora esperaba. El peronismo siempre miró a los opositores reconvertidos con recelo.
El peronismo que mira atento
No es que Quinteros no reconozca la existencia de cuestionamientos, muchos de los cuales provienen de otros integrantes del oficialismo. Como ha contado Letra P, su condición “foránea” suele ponerlo en el centro de las críticas de los escuderos de un peronismo puro. Particularmente en la ciudad, donde muchos se imaginan representando a la escudería oficial en 2027.
Juan Pablo Quinteros, ministro de Seguridad de Córdoba, dialoga con el flamante secretario de Seguridad, Juan Manuel Aráoz
Juan Pablo Quinteros con Juan Manuel Aráoz, nuevo secretario de Seguridad de Martín Llaryora
Lo que el exministro ha demostrado, particularmente durante el 2025, es que actúa con la confianza de quien se sabe portador de un respaldo que le permite soportar las críticas. En palabras que transmite a su entorno, no le importan las internas, sí el apoyo del “único que lo tiene que bancar”: el propio gobernador. El mismo que no ha vacilado en meter mano en el gabinete, removiendo a nombres de fuerzas aliadas.
La polémica inesperada con Marcos Torres
El exreferente opositor inició el '26 enfrascado en venenosos cruces con Marcos Torres, el intendente de Alta Gracia, un nombre de relevancia en el esquema de construcción en Córdoba.
Tras serios desmanes en una celebración de fin de año, el jefe comunal cargó duramente contra la Policía, a la que responsabilizó por retacear refuerzos. Aunque el dardo parecía apuntar al jefe departamental, comisario Héctor Villagra, fue Quinteros quien salió a responder. Y lo hizo con dureza: “La Policía no deja solo a nadie. Cuando alguien no toma buenas decisiones y pasa algo, no es bueno intentar salvarse solo”, fustigó.
Marcos, hermano del legislador Facundo Torres, jefe del bloque de Hacemos Unidos por Córdoba, envió un último mensaje antes que la voz de break se hiciera notoria. Desde su entorno trocaron molestia por incomprensión, antes de echar agua sobre las brasas. Atento, el legislador radical Matías Gvozdenovich apuró un pedido de informes para dilucidar si las acusaciones del intendente eran ciertas.
Pero aunque de uno y otro lado se esmeraran en despejar especulaciones políticas, el cortocircuito quedó en evidencia. Sobre todo porque los hermanos Torres no son parte de aquella interna capitalina; tampoco voceros públicos de un rechazo a quien hace una década fuera acérrimo opositor a Juan Schiaretti. Ambos roles son ejercidos por otras figuras de peso en el PJ.
El ruido intentó recalibrarse con una foto de la paz entre Quinteros y Torres en Alta Gracia, este fin de semana. Comunicado con promesas de trabajo en conjunto, sonrisa para las cámaras y un llamado tácito a la mesura.
La estadística de Juan Pablo Quinteros
En Seguridad también pidieron bajar los decibeles de la polémica. Además de asegurar que se trata de una controversia menor, remarcan que la agenda del ministerio es otra. Este mismo viernes el ministro recibió al flamante secretario de Seguridad, Juan Manuel Araoz, quien se integró formalmente al equipo.
Sí enviaron un mensaje con poder de repercusión más allá de la capital. “No podemos cambiar un jefe departamental cada vez que un intendente se queja. Tampoco podemos mandar a la policía a todos los lugares. ¿Quién se queda para cuidar la seguridad?”, reflexionaron.
La frase conduce al próximo desafío para Quinteros: la sucesión de festivales en el verano cordobés. Históricamente, se trata de épocas en que crecen los delitos en las grandes urbes como consecuencia del desplazamiento de efectivos hacia los valles turísticos.
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El gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, visita polos turísticos junto a Juan Pablo Quinteros.
Fuente: Prensa de gobierno
Se sabe, la seguridad sigue siendo el tema que desvela a las autoridades, manteniéndose al tope de las preocupaciones de los cordobeses. Según datos difundidos hace dos semanas por el Observatorio de Seguridad y Convivencia de la Provincia, los robos y hurtos registraron una baja interanual del 24,5%, mientras que los homicidios dolosos descendieron un 44,4% en la misma comparación.
Aunque públicamente no quiera hablar de estadísticas, el ministro toma los números como insumo de una gestión “positiva”. Prueba de ello es que la renovación en la cúpula de la Policía de Córdoba privilegió la continuidad: el comisario Marcelo Marín era parte del equipo del saliente Leonardo Gutiérrez.
Pero lo que más valora Quinteros, y su equipo, es el respaldo que llega desde la Gobernación. El también exconcejal se mueve con un grado de autonomía que exaspera a opositores internos y externos.
Según confía a su entorno, no cree contar con atribuciones especiales. "No necesito que me empoderen. Soy ministro, ¿qué más quieren? El tema con el poder es saber usarlo", le han escuchado decir.
Ambas iniciativas, surgidas de la fusión de proyectos, algunos de origen opositor, lo tuvieron como vocero público, asumiendo el costo de cuestionamientos surgidos por derecha y por izquierda. Claro está, muchos provenientes de “compañeros”.
Juan Pablo Quinteros, el ministro de Seguridad de Martín Llaryora, junto a Alejandra Monteoliva en un acto de la Policía de Córdoba
Juan Pablo Quinteros y la ministra de Seguridad de Javier Milei, Alejandra Monteoliva
Pero Quinteros no cree que haya habido falta de acompañamiento del bloque de Hacemos Unidos por Córdoba. Tampoco cree que haya sido decisiva la presión de la Iglesia. Sí remarca que quedó en claro que ambas actividades, en su informalidad, facilitan la comisión de delitos.
Con tal percepción, envía un mensaje a quienes ya se calzan el traje de candidatos para 2027. Corredor desde hace años, recuerda que la clave de una maratón es llegar con resto al final, respetando los 42 kilómetros. “Si te apurás, puede que no llegues a la meta”, sentencia.