21|10|2021

M&M, la sociedad que renueva su apuesta y posterga otras peleas

10 de septiembre de 2021

10 de septiembre de 2021

Massa y Máximo K. sembraron tropa propia en las listas. Sin ellos en las boletas, apuestan un pleno a la construcción de estructuras para el tercer tiempo.

Máximo Kirchner inclina la cabeza hacia la izquerda y le dice algo al oído a Sergio Massa. Ambos están de buen humor. Delante de ellos, Cristina Fernández de Kirchner defiende el cupo a la exportación de carne en el cierre de campaña del Frente de Todos en Tecnópolis. La escena se repite varias veces. Incluso a la inversa: Massa se inclina hacia la derecha y cuchichea con el jefe del bloque del oficialismo en Diputados. Minutos antes de subir al escenario, ambos conversaron con el presidente Alberto Fernández; con CFK, con la gobernadora de Santa Cruz, Alicia Kirchner, y con el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof. El choque de puños final entre Massa y la vicepresidenta, mirándose a los ojos, deja ver una complicidad que se consolidó en el Congreso y mostró su mejor cara el miércoles último en el triple acto que compartieron el mandatario con Kicillof y precandidatos y precandidatas en Mar del Plata; Kirchner hijo en Bahía Blanca y Massa en Junín.

 

Electos dos años atrás, no juegan su pellejo en las boletas. No significa que el resultado de este proceso electoral no incida en sus futuros políticos. En los últimos 16 años, el peronismo oficialista, en sus diferentes versiones, cayó derrotado en cada elección de medio término: perdieron Néstor Kirchner en 2009 y Cristina en 2013. La última vez que ganó fue en 2005, justamente con CFK como candidata bonaerense. "La división del peronismo abre las puertas a los conservadores", advierten en los entornos de Massa y Kirchner, dispuestos a callar cuando hace falta y salir al choque cuando la campaña lo requiere.

 

En el sprint final hacia las PASO, hubo scrum en torno a la figura presidencial luego del escándalo de Olivos. Massa no dio ni una sola entrevista, pero con énfasis defendió la gestión en distintos actos públicos y, con permiso del Presidente y la vice, volvió a despegarse con una convocatoria a un acuerdo político sobre diez puntos básicos. Fernández está convencido de que no habrá acuerdo porque no lo quiere la oposición. Así lo dijo en privado, pero dejó hacer.

 

En dos almuerzos en la Casa Rosada y en otra comida más frugal que compartieron con Máximo K. el lunes en el Centro C, donde este domingo funcionará el búnker del FdT, diseñaron la estrategia post PASO. Más allá del punteo de números, planificaron el día después de la elección para retomar la iniciativa política con una batería de proyectos parlamentarios que apuntan a seducir a sectores distanciados del Gobierno o golpeados por la economía.

 

El guiño al sector agropecuario lo hizo Massa en Junín, zona donde el kirchnerismo encuentra menos simpatías. Para el agro habrá beneficios impositivos, como también para la industria automotriz. Será parte de la agenda que buscarán instalar con el mismo empeño que el massismo les imprimió a las modificaciones a Ganancias, el Monotributo y el alivio fiscal. El otro tema, para el corto o largo plazo, será la promesa reciente de transformar los planes sociales en empleo genuino, una idea que comparten Massa, el Presidente y también La Cámpora. Una compensación además para el tigrense, que viene pagando el costo de su reconciliación con el kirchnerismo. 

 

Cerca de Massa prefieren hablar del equilibrio dentro del Gobierno antes que de sus expectativas a futuro, pero autopromocionan las gestiones de Malena Galmarini en Aysa, Alexis Guerrera en Transporte y otros funcionarios del Frente Renovador en cargos de rango menor, además de apuntalar a las figuras propias que van en las listas en Buenos Aires. El poder de Massa se consolida con cada ley sancionada -van 67-, por lo que apunta a sumar al bloque propio y buscar alianzas con partidos provinciales o con representantes "sueltos" en la Cámara baja.

 

La máxima aspiración de Massa es ser la llave para el acuerdo político. Si no lo hubiere con la principal oposición, avanzaría con los provincialismos. Su obsesión es no tener que hacer tanto esfuerzo para lograr el cuórum y la mayoría para la aprobación de leyes. 

 

Más allá de algunos malos augurios, el Frente de Todos espera triunfar en Buenos Aires. En ese caso, la ganancia se coparticipa, incluidos el Presidente y Kicillof. De una eventual derrota, pocos están dispuestos a hacerse cargo. 

 

Máximo Kirchner tuvo alto protagonismo en la campaña. No se difunden sus reuniones con el empresariado o sus conversaciones con referentes políticos. De lo que deja ver, encabezan el ranking sus reiteradas visitas a municipios, con Lomas de Zamora y Quilmes a la cabeza y Martín InsaurraldeMayra Mendoza en el top de sus preferencias. En su entorno ven en los sucesivos discursos electorales un crecimiento político: lo perciben más ordenado, más tranquilo, más maduro, más analítico y menos enojado. 

 

 

 

"Máximo se sentaba a comer a nuestra mesa. Yo era invitado de la familia y Máximo venía con sus planteos. Era un chiquilín, nos arruinaba los almuerzos. Sus planteos fueron siempre los mismos, de más justicia, de más equidad en una sociedad profundamente injusta. Era nuestra conciencia crítica. Me encanta haberlo visto crecer y verlo hablar como habló hoy", lo describió Fernández en el cierre bonaerense del miércoles

 

Aquel joven crítico que le cedía su cama al hoy Presidente cuando iba de visita a Santa Cruz busca mostrarse como un estadista, dejar de ser el jefe de La Cámpora para presidir el PJ bonaerense, quitarse la túnica de monje negro y consolidar, con su liderazgo, la coalición de gobierno, que tiene varios jefes y una sola lideresa. Su despacho en el tercer piso del Palacio es el más concurrido aún en pandemia y aún en la recta final de la campaña. El desafío de su espacio, analizan, apunta a equilibrar las aspiraciones personales con las necesidades de la alianza de gobierno. Priorizó, en esa línea, el armado electoral por sobre lo individual. De hecho, hubo distritos donde La Cámpora cedió las cabezas de las listas en beneficio de postulantes con mayor intención de voto. En Buenos Aires, sembró las boletas de aspirantes a concejales con la idea de que en dos años haya más intendentes como Mayra Mendoza. Un ejemplo: el vicepresidente de la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE), Juan Debandi, vuelve a presentarse en Tres de Febrero, esta vez como 1 para el Concejo Deliberante.

 

El pase a 2023 está en juego. Aunque no quieran presentarlo de esa manera, Kicillof y el Presidente plebiscitan sus gestiones. Ninguno de los dos habla sobre una posible reelección. Ni el gobenador dice si iría por la presidencial. Massa pica en punta con sus aspiraciones, intactas a pesar de las derrotas que sufrió con el peronismo dividido en los últimos años. Kirchner podría tener la misma intención y reconstruye, con "prudencia" , el diálogo con sectores empresarios, el sindicalismo y distintos referentes políticos no alineados con el camporismo. 

 

En ese marco, los dichos del hiperkirchnerista Jorge Ferraresi sobre la reelección no son simplemente un intento por fortalecer la gobernabilidad. Cuatro años más de Alberto Fernández postergan una discusión y ahorran peleas. Sin embargo, como aquel 18 de mayo, será la vicepresidenta la voz que pese cuando diga si se retira o quiere volver.