21|11|2021

El más allá no es el paraíso

10 de octubre de 2021

10 de octubre de 2021

La obsesión electoral y su impacto en 2022. Un boxeador dispuesto a fajarse que no tiene reemplazo. La pelea del dólar y un horizonte pequeño. Lo que viene.

El Gobierno –o el Frente de Todos, que no son lo mismo– se ha sacado los guantes para pelear con una realidad inclemente desde el palazo de las primarias. Para “darla vuelta" en las urnas el 14 del mes que viene no hay llamados a la prudencia fiscal, restricciones a la emisión monetaria ni aforos limitados en los actos públicos que valgan. Sin embargo, por tratarse de una elección de mitad de mandato, el boxeador no tendrá reemplazo cuando vuelva a sonar la campaña y será él mismo quien deberá hacer frente, magullado como quede, a los trompadas en los dos años siguientes.

 

La política ha entrado, desde las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), en un estado más agónico que nunca. Para el oficialismo, al menos, parece que no haber mañana y todos los recursos –los que hay y los que se inventan– se ponen en juego en la corta campaña que mediará hasta las legislativas sin que se midan demasiado las consecuencias. Así las cosas, ya puede comenzar a delinearse cómo sería 2022, otro año en el que se ensancharía, tal como ocurrió este año, la brecha entre las metas del Gobierno y la realidad y en el que hará falta poner mucha buena onda para distinguir mejoras en la Argentina del 40,6% de pobres.

 

Será, además, la previa etílica de otro año electoral, 2023, en el que sí se jugará el poder grande, lo que lleva a preguntarse una vez más si primará la decisión de emprolijar un poco la casa o la de vivir en campaña permanente y encomendarse al destino.

 

En la última semana, el Banco Central (BCRA) y la Comisión Nacional de Valores (CNV) aplicaron nuevas restricciones sobre el pago de los anticipos de importaciones –en principio, hasta fin de mes– y sobre los "rulos" de los operadores con los tipos de cambio negociados en bolsa, respectivamente. Con ellas, si se observa el cortísimo plano de la última semana, la autoridad monetaria logró contener una pérdida de reservas escasas que se venía acelerando de manera preocupante. Así, las mismas pasaron de ubicarse – en términos brutos, ya que las verdaderamente disponibles son menos del 15% del total– en 42.848 millones de dólares el viernes 1 a 42.825 el lunes 4 y a 42.718 millones el martes 5, recuperando en las dos ruedas siguientes 129 millones de dólares y quedando 64 millones abajo en el mes. Que el árbol no tape el bosque: autoridades, analistas, periodistas y observadores no hacen más que contar monedas. La Argentina no debería conformarse con que raspar el fondo de la olla sea su futuro perpetuo.

 

"El Banco Central se ve obligado a cuidar cada dólar, pero la pelota que le toca devolver a Miguel Pesce viene pesada".

Que las regulaciones recientes no impliquen un freno a importaciones necesarias para la producción y que no corten la reactivación formará parte de las reuniones que Pesce y sus colaboradores mantendrán en los próximos días con la dirigencia de la Unión Industrial Argentina (UIA).

 

A la espera de los dólares que aporten las exportaciones de trigo desde diciembre –mucho menores que las de soja, que comienzan a fines de marzo, pero útiles para pasar el verano–, el Central se ve obligado a cuidar cada dólar, sobre todo por los costos que representa su estrategia de intervención en la cotización de los tipos de cambio que se negocian en bolsa –el "contado con liquidación" o CCL y el "dólar Mercado Electrónico de Pagos" o MEP–.

 

La pelota que le toca devolver a Miguel Ángel Pesce viene pesada.

 

Por un lado, la estrategia de pisar la actualización del oficial para ayudar a cierta contención de los precios en el año electoral ya merece observación. El dólar oficial ha subido menos del 17% en lo que va de un año en el que la inflación acumuló 32,3% hasta agosto, a lo que, según proyecciones, habría que añadir alrededor de 3,3% de septiembre. Mientras, el CCL y el MEP volaron casi diez puntos porcentuales más que aquel.

 

Fuente: Rava Bursátil.

Martín Guzmán –quien sigue peleando por salvar su puesto y su visión de país– espera avanzar en el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en el marco de la reunión de cabezas de ministerios de Finanzas y bancos centrales del Grupo de los 20 (G20) de fin de mes en Italia. Sabe, con todo, que entre la pila de temas calientes a resolver para patear –para empezar– a diez años la deuda que dejó Mauricio Macri deberá dar garantías de que achicará la brecha entre los tipos de cambio paralelos y oficial, que hoy oscila en torno al 70%.

 

El Fondo no pedirá una megadevaluación, pero sí alternativas. Si no se puede bajar el techo –los paralelos– debido a las fragilidades de la macro nacional y a una incertidumbre política que Alberto Fernández y Cristina Kirchner no hicieron más que ahondar desde las PASO –lo que incluye el futuro de Guzmán y el rumbo del país–, el funcionario prometería subir el piso. ¿Cómo? Gradualmente, acelerando después de las elecciones las minidevaluaciones periódicas del oficial –ralentizadas este año– hasta ponerlas a tono con una inflación que vuela a una velocidad crucero del 50% anual. Hacerlo sin que los precios no se recalienten todavía más no va a ser sencillo.

 

Pero la pelota que deberá devolver el Central viene, además de pesada, con mucho top spin. La exigencia del cristinismo de poner toda la carne del gasto público sobre la parrilla hará complicado contener los precios el año que viene, porque, a la hora de exigir, al manejo de la economía se le pide todo y a la vez: que se asista a quien lo necesita, que haya dinero en poder del público, que el consumo alimente la rueda de la producción, que el dólar esté tranquilo, que los salarios le ganen a la inflación y que esta baje. Demasiado.

 

Un informe reciente de la consultora Ecolatina ilustra bien los dilemas de la autoridad monetaria. "La emisión sigue siendo la principal fuente de financiamiento del déficit" fiscal, avisa, algo que se agudiza en el marco del Plan Remonar.

 

«"Causa nostalgia recordar que Alberto Fernández prometía, en la campaña de 2019, mejorar las jubilaciones reduciendo el festival de Leliq del macrismo".»

"El aumento de la oferta de dinero no es inocuo: los pesos excedentes presionan en el mercado cambiario y en los precios. Por este motivo, el Banco Central actúa ‘por dos ventanillas’, apuntando a cumplir con su doble rol. Por un lado, emite para financiar al Tesoro, mientras que por otro retira esos pesos (…) colocando Leliq y pases a los bancos comerciales. Dicho proceso se conoce como esterilización y su contracara es la factura de intereses que el BCRA paga por los instrumentos colocados", continúa.  

 

"Si la emisión no es inocua, la esterilización tampoco lo es. El stock de deuda en pasivos no remunerados del Banco Central crece licitación tras licitación y ya representa el 140% de la base monetaria. Con ello, aumenta la carga de intereses, que treparía más de 70% en 2021, deteriorando el balance", señala. Causa nostalgia recordar que Fernández prometía, en la campaña de 2019, mejorar las jubilaciones reduciendo el festival de Leliq del macrismo.

 

Cuando los comicios pasen y lo que quede sea la realidad, los festejos de Año Nuevo dejarán lugar a nuevas preocupaciones. Si es que el Congreso no lo desfigura, el Presupuesto 2022 de Guzmán ya parece descalzado de la realidad. Para el ministro, la inflación bajaría del 45% que dejará 2021 a 33%, el crecimiento acumulará entre este año y el que viene 8 y 4% respectivamente y el dólar oficial volverá a atrasarse al actualizarse solo 28%. Será interesante ir observando cómo piensa casar este último punto con las promesas que deberá hacerle al Fondo.

 

Mientras, las expectativas se deterioran en la calle y esta vez no se puede negar que el mercado predijo 2021 mejor que el Gobierno. La inflación, como se sabe, no fue el 29% imaginado en el Presupuesto de este año y el esfuerzo de Guzmán por alinear una variable clave como los salarios en torno a ese número explica en buena medida las penurias de la población y el resultado de las PASO. A propósito, ¿se repetirá la historia?

 

De acuerdo con la edición de septiembre del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM, el informe que elabora el Central con las proyecciones de economistas de referencia del sector privado), la inflación del año próximo sería del 48,2%, similar a la del actual y el rebote de la economía pasaría del 7,6% de 2021 a uno magro del 2,3%. Mientras, más a tono con lo que se espera que el ministro le diga al FMI que con lo que le ha manifestado al Congreso, el dólar oficial pasaría de 105 a 155,90 pesos entre diciembre próximo y el del año que viene. Así, no se prevé ni salida del cepo ni estallido cambiario sino, simplemente, una vuelta más de la rueda de ese hámster llamado Argentina.