15|9|2021

El poder electoral del salario: foto de recuperación, película anual de caída

15 de septiembre de 2021

15 de septiembre de 2021

El escalonamiento de las paritarias y su reapertura jugarán a favor del Gobierno, pero los ingresos no pueden con una inflación del 50%. Después de las urnas.

Desvanecido el autoengaño de la inflación anual del 29% y de paritarias electoralmente eficaces del orden del 33%, el Gobierno juega todas sus fichas a revertir la derrota en las primarias del domingo refrescando la promesa de su campaña de 2019: "poner plata en los bolsillos" de los argentinos y argentinas. Las reaperturas de las negociaciones salariales y las mejoras previstas en ayudas sociales y jubilaciones, en paralelo a la desaceleración de los precios deberían colaborar a ese objetivo. Sin embargo, analistas privados calculan que los ingresos volverían a perder en el saldo total de 2021, completando cuatro años de retroceso y revelando el verdadero tamaño de los problemas económicos y sociales del país.

 

En efecto, la inflación acumulada superó en agosto la meta anual incluida por el ministro Martín Guzmán en el Presupuesto al alcanzar el 32,3%. Sin embargo, la mitad llena del vaso es que ese mes marcó el menor índice de 2021: 2,5%.

 

Así las cosas, los precios parecen estabilizarse en un escalón algo inferior al que había regido hasta ahora. En términos sociales y electorales, juega a favor de las aspiraciones oficialistas que los renglones de consumo más popular comiencen a evolucionar por debajo del promedio, ya sea que se trate de precios regulados –tarifas– o de alimentos. De hecho, el transporte se encareció 2,4%; el crucial rubro de alimentos y bebidas, 1,5% y vivienda, gas y combustibles, 1,1%.

 

Por el lado de los salarios, "hace algunos meses, el Gobierno convalidó una mayor nominalidad, propiciando incrementos superiores a 40% a gremios de empleados estatales. Además, alentó nuevos acuerdos paritarios de aquellos sindicatos que habían quedado atados al 29", dijo la consultora Ecolatina. "Como estos aumentos suelen ser escalonados, buena parte de la mejora se hará notar en los bolsillos a lo largo de la segunda mitad del año, cuando, producto del ancla cambiaria y tarifaria, se combinará con la desaceleración de la inflación, que pasará de un promedio mensual de 3,8% en la primera mitad del año a menos de 3% en la segunda parte", agregó.

 

Siempre según Ecolatina, "esto implica que el salario formal real exhibirá una paulatina recuperación durante el segundo semestre del año, aunque no en una medida suficiente como para evitar que caiga en torno a 3% en el promedio anual, una cifra similar a la observada en 2020. Así, el salario real acumulará su cuarto año consecutivo en rojo y cerrará el año casi 6,5% por debajo del promedio de 2019, mostrando un nivel casi 20% inferior al de 2017". 

 

La reapertura de paritarias será un placebo, entonces, en una tendencia de largo plazo que resulta muy lesiva en términos de pobreza y de la propia actividad en un país en el que el consumo da cuenta de alrededor del 70% del producto bruto interno (PBI). En la tendencia más larga, es muy difícil, por más que exista voluntad política, que los salarios le ganen a una inflación que corre bien por encima del 50% anual.

 

A nivel político, surge la pregunta de si la sensación térmica de los salarios en los próximos –pocos– meses resultará electoralmente efectiva para el Gobierno; la respuesta se conocerá en la noche del 14 de noviembre. Sin embargo, aun en el escenario más optimista para el Frente de Todos, lo seguro es que, solo con eso, no le alcanzaría para dar vuelta lo ocurrido el domingo. "El salario formal real (…) solo contempla la dinámica a la que está expuesta una de cada tres personas que posee ingresos y apenas la mitad de la masa total de ellos. Por este motivo, un análisis del poder de compra que solo considere esta variable es incompleto: también hay que mirar la dinámica de las jubilaciones, asignaciones y del nivel de empleo de las diversas modalidades", explicó la consultora.

 

A eso apuntan las medidas que el Gobierno lanzará de modo inminente: incremento de la Asignación Universal por Hijo (AUH) y las jubilaciones. En tanto, la revisión anticipada del salario mínimo apunta a influir sobre los ingresos de los trabajadores informales.

 

El resto estará dado por la continuidad de las anclas ya vigentes contra la inflación: el atraso del dólar, el congelamiento tarifario y medidas como las retenciones y la restricción a las exportaciones de carne, destinadas a ponerle el pie al aumento de esos precios en lo doméstico.

 

La sustentabilidad de esas medidas será algo que se analizará solo cuando pase la emergencia electoral. En la puja entre su mantenimiento contra viento y marea y su reversión gradual se jugará la principal pregunta que desvela al Círculo Rojo para los próximos dos años: ¿primará en la gestión la tendencia más moderada de Alberto Fernández o se impondrá la línea conocida de Cristina Kirchner?