01|12|2021

El costo de la paz cambiaria

30 de septiembre de 2021

30 de septiembre de 2021

El mercado presiona sobre el dólar y acelera la salida de reservas. El Central se dice tranquilo y aconseja no apostar en su contra. Gasto, elección y después.

Las elecciones del 14 de noviembre están a la vuelta de la esquina, pero la obsesión del gobierno de Alberto Fernández con dar vuelta el resultado de las PASO lleva a recordar la obviedad de que, como sea que resulten sus esfuerzos, habrá vida desde el lunes 15. Esto resulta particularmente pertinente cuando se habla del dólar, variable crucial de la economía argentina que está dando de qué hablar más en la operatoria diaria que lo que puede advertirse en sus cotizaciones.

 

En efecto, la rueda del miércoles encendió nuevas luces de alerta. Si el goteo de reservas del Banco Central estaba estacionado en un promedio de 55 millones de dólares diarios en el último mes –más allá del pago de 1.883 millones al Fondo Monetario Internacional (FMI) del último miércoles 22–, en la mencionada jornada se estiró a 190 millones, básicamente en concepto de pedidos de importadores y de intervención oficial en los mercados cambiarios paralelos. El primero de esos ítems se llevó dos tercios de las divisas entregadas, mientras que el segundo requirió el tercio restante.

 

Así las cosas, algunos analistas plantean dudas sobre la capacidad de la autoridad monetaria para llegar con sus limitadas reservas internacionales no ya al reinicio de la temporada alta de las exportaciones de soja, desde fines de marzo, sino para pasar un verano que se anticipa caliente en lo financiero.

 

Las reservas realmente disponibles surgen de detraer los encajes de los depósitos privados que están en el Central y los yuanes de swap con China, de uso limitado al cortísimo plazo, del nivel bruto de 42.894 millones de dólares al miércoles último. Según los análisis más pesimistas, estas llegan a entre 5.000 y 7.000 millones de dólares, a todas luces escasos para hacer frente a la presión del mercado.

 

Dicha presión se vincula con las expectativas de los agentes, algunos de los cuales juegan con la idea de una corrección brusca del tipo de cambio oficial en algún momento posterior a las elecciones legislativas. Este, de hecho, viene evolucionando bien por debajo de los paralelos –pero legales–, los que se arbitran en bolsa mediante la compra y venta de títulos públicos en dólares, esto es el "contado con liquidación", que termina en cuentas del exterior, y el "dólar MEP", Mercado Electrónico de Pagos, que deja las divisas en el país. Ninguno de ellos afecta las reservas por tratarse de operaciones entre privados, pero impacta en la medida en que el Banco Central interviene para atenuar su suba.

 

Fuente: Rava Bursátil.

Si se habla de expectativas, el peligro es que se autorrealicen. En la medida en que los importadores crean que se viene una corrección del tipo de cambio oficial, demandarán más divisas para anticipar operaciones, en tanto que los exportadores pisarán las suyas a la espera de ganancias mayores. Mientras, los fondos privados y los inversores particulares incrementarán su demanda de billetes verdes para precaverse.

 

Esa dinámica es conocida en la historia económica argentina y muchas veces ha terminado mal. Es contra eso que el ministro de Economía, Martín Guzmán, ha advertido en la interna del Frente de Todos cada vez que el cristinismo lo presionó para acelerar el gasto público y la emisión de pesos con criterio social y político.

 

Tras el fracaso oficial en las primarias y la reciente crisis de gabinete, se espera que el Gobierno apriete el acelerador en ese sentido, incrementando el déficit fiscal que se registraba hasta agosto en dos o dos puntos y medio del producto bruto interno (PBI), con lo que el año cerraría en 3 o 3,5% del mismo. Se verá en las próximas semanas y meses cómo hace el Central para lidiar con ese cúmulo de pesos en medio de expectativas cambiarias deterioradas.

 

Por lo pronto, en la entidad que conduce Miguel Ángel Pesce desestiman el concepto de "reservas disponibles" y los cálculos privados sobre las mismas, en tanto que afirman que el mercado subestima su capacidad de intervenir.

 

"Hasta hace poco decían que las reservas disponibles eran negativas. No tienen idea. El Banco Central demostró que tiene una capacidad de acción mucho mayor que la que surge de sus cuentas", le dijo a Letra P una fuente de la autoridad monetaria.

 

"En concepto de importaciones estamos pagando entre 5.600 y 5.900 millones de dólares por mes desde junio, cuando se produjo el pico. Es un nivel alto, por encima de prepandemia y mayor que el de 2019", concedió. Más allá de la presión que eso supone para las reservas y de las quejas sobre las demoras en la aprobación de los permisos de importación, la fuente dijo que "nadie puede quejarse de falta de insumos y, de hecho, nadie lo hace en los diálogos reservados”.

 

En el Central aseguran que habrá toda la liquidez que haga falta y desestiman las versiones sobre la venta de las reservas en oro –unos 3.500 millones de dólares– al explicar que puede realizar operaciones online, inmediatas, contra las mismas sin necesidad de perderlas. "Instalan la idea de que ‘van a vender el oro’ solamente como una consigna política para generar imagen de crisis", protestó la fuente consultada.

 

Tras recordar que el ingreso de dólares comerciales este año fue muy bueno, en gran medida gracias a la alta cotización de la soja, y que este siguió incluso después de la finalización de la temporada alta, la misma aceptó que "seguramente se venderán dólares en octubre y en noviembre, hasta que en diciembre ingresen los de la cosecha fina y se vuelvan a acumular".

 

"No tengo el diario del lunes, pero yo no apostaría contra este Banco Central", cerró.

 

Las elecciones del 14 están cerca, pero, afortunadamente, habrá vida también el 15. Las pulseadas son parte de ella y serán fuertes en un verano que amenaza con ser caliente.