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Movimiento obrero enojado

Gordos, independientes y combativos, en guardia por los gestos del Gobierno al Círculo Rojo. Funcionarios en la mira, el rol de Moyano y la foto del 9 de julio.

Por 22/07/2020 13:19

Las reuniones bilaterales de la CGT y la Asociación de Empresarios Argentinos (AEA) son la muestra más clara, la última, de cómo los ánimos en los tribus gremiales empiezan a inquietarse. Descreídos ya de la convocatoria a un Consejo Económico y Social, los principales dirigentes sindicales del país salieron a negociar por la propia los acuerdos para la pospandemia.

"Falta gestión" es el mantra que más se escucha entre los sindicalistas a la hora de mencionar algunas de las razones de la creciente distancia con la Casa Rosada.

Ese movimiento fue motivado por la percepción de que la intención de la cúpula de la CGT de ser un factor interno de poder en el gobierno de Alberto Fernández está en un horizonte cada vez más lejano. Esa expectativa se desinfla a una velocidad directamente proporcional al aumento de las dificultades para concretar políticas acordadas en lo más alto del Ejecutivo.

"Falta gestión" es el mantra que más se escucha entre los sindicalistas a la hora de mencionar algunas de las razones de la creciente distancia con la Casa Rosada. No es la única ni la principal, claro, pero sí abona la frustración común porque golpea al núcleo de poder de la CGT.

El secretario general del gremio de la Construcción, Gerardo Martínez, ya no esconde su fastidio por la falta de reactivación de la obra pública en un momento de caídas históricas del sector. Los cañones apuntan contra la ministra de Vivienda y Hábitat, María Eugenia Bielsa, responsable de una cartera que sólo ejecutó el 15% de su presupuesto. En contraste, rescatan el desempeño del ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, al que levantan por elaborar protocolos que permitieron iniciar al menos las obras de pequeña escala.

 

 

Algo similar ocurre con el líder de los estatales, Andrés Rodríguez, que primero vio postergada la discusión salarial sin fecha cierta y, apenas unos días después, le informaron que se pagaría el aguinaldo en cuotas en toda la administración pública.

Al sindicalismo le preocupa la ausencia de una mesa política cotidiana con el Gobierno para aportar lecturas y proyectos destinados a orientar la política laboral y, en lo posible, la economía.

El propio Héctor Daer, el dirigente más albertista de la cúpula de la CGT, disparó públicamente contra el ministro de Transporte, Mario Meoni, por no hacer viable la excepción del pago del transporte público a los trabajadores de la salud.

Detrás de esa cortina de reclamos, está latente una preocupación central: la ausencia de una mesa política cotidiana con el Gobierno para aportar lecturas y proyectos destinados a orientar la política laboral y, en lo posible, la economía. Al sindicalismo lo envuelve la sensación de que la ecuación oficial no está favoreciendo la participación de las organizaciones de los trabajadores, justo en las semanas en las que se define el rumbo político y económico y cuando reaparecen los cantos de sirena que piden una reforma laboral.

En la cúpula de la CGT están lejos de pensar que hay que enfrentar a los empresarios, al fin y al cabo en muchos casos son la cara y contracara de una misma cofradía de poder. Pero sí ven un protagonismo mayor del empresariado allí donde esperaban ver un dispositivo político que los integre. "Pareciera que si los empresarios patalean se revisan las cosas pero el movimiento obrero tiene que aguantar todo", sostiene un dirigente de primera línea de la central obrera.

 

 

Algunos sindicalistas se sienten entrampados en el éter del semioficialismo. "Como saben que no vamos a ir en contra de un gobierno peronista, no se nos tiene en cuenta", rezongan sin desmerecer la política oficial de inyectar recursos en el sector más postergado vía Ingreso Familiar de Emergencia (IFE). Tampoco minimizan el pago de ATP, la prohibición de despidos y la extensión de la doble indemnización, pero en el balance también está el desgaste provocado por el amague de expropiación de Vicentin y el silencio en la puja para definir el pago de aguinaldo. Es un problema económico, pero, sobre todo, político.

Hacia adentro de la CGT, la foto oficial del 9 de Julio no hizo más que echar leña al fuego. La desproporcionada representación del empresariado en detrimento del "movimiento obrero" aceleró el malestar. Síntoma de esa efervescencia, fue el extraño raíd mediático de algunos sindicalista de primera línea, históricamente esquivos a la exposición pública. En sus apariciones marcaron diferencias y críticas, por ahora, moderadas.

Quizás sea un llamado de atención para el Presidente, que apela al modelo de diálogo sindical que tuvo el primer kirchnerismo. Si con Néstor Kirchner el interlocutor fue Hugo Moyano, con Alberto Fernández es, a pesar suyo, Daer.

 

 

LOS ALTERNATIVOS. Los gremialistas observaron con estupor el "acto de desagravio" del jefe de Estado al zar de la energía, Marcelo Midlin, un gesto que, aseguran, no existió con el sindicalismo. Es una verdad a medias: el Presidente sí compartió un acto durante la crisis sanitaria con un sindicalista: lo acompañó a Hugo Moyano, archirrival de la conducción de la CGT, en la inauguración del Sanatorio Antártida, en Caballito.

El líder de los camioneros se mantiene en una actitud expectante, sin dejar de marcar públicamente sus diferencias y desacuerdos. Lo hizo ante los acuerdos por suspensiones y negociaciones paritarias. Aún lejos de su perfil combativo, no se duerme y demuestra poder de fuego a través de conflictos en sectores estratégicos. Los más recientes fueron la paralización de puertos y el bloqueo a las plantas de Mercado Libre.

 

 

La tensión entre la integración al Gobierno y las demandas gremiales es un vector que atraviesa a todos los sectores. La Corriente Federal de Trabajadores, por caso, mantiene una visión común sobre la necesidad de ampliar la base política del Gobierno y no se priva de desmarcarse de decisiones oficiales "desacertadas", como la fórmula para las jubilaciones, el fraccionamiento del aguinaldo o el pago de ATP a grandes conglomerados empresarios.

Esa visión común vale doble por la diversidad de situaciones que conviven dentro de la CFT. Mientras uno de sus líderes, el bancario Sergio Palazzo, cerró esta semana un aumento de 26% para el sector, otro de los referentes, el piloto Pablo Biró, enfrenta la situación hipercrítica en todas las compañías aéreas y protesta por la pasividad oficial y la falta de una política consistente para el sector.

 

 

En la misma clave política, la Central de los Trabajadores de Argentina, que conduce Hugo Yasky, también siente el impacto de la relación con el Gobierno. Hacia adentro evalúan que la audaz apuesta a la unificación de todo el espectro sindical, una jugada que implicó duros debates internos y se anunció en campaña con el Presidente, no recibe el acompañamiento político de la Casa Rosada. A eso se suma el cajoneo de la ley de impuesto a las grandes fortunas, iniciativa de la central alternativa.

La sensación de cierta displicencia con los sectores empresarios en detrimento de "los actores populares" también es compartida por los movimientos sociales. En paralelo al debate sobre un Ingreso Universal, había un principio de acuerdo para subir el monto del IFE. Lejos de eso, las organizaciones se enteraron por los medios de la decisión de limitar el cobro de esa ayuda social a las provincias que permanecieran en la fase más restrictiva del aislamiento. La medida finalmente se revirtió. De aumento no volvió a haber noticias.