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Palomas saludables, halcones en riesgo

La linea blanda liderada por Larreta se fortalece en la pandemia con el diálogo como antídoto. Macri y Pichetto, en aislamiento preventivo. Los irreductibles de Bullrich desentonan en off side.

Por 19/03/2020 18:16

La pandemia no sólo puso a Alberto Fernández al frente de una batalla contra un enemigo impensado. Además, obligó a la oposición a un reacomodamiento en la coyuntura y edificó nuevos contornos para el mapa político, al menos mientras se prolongue la emergencia. Lo que no había podido la bomba de tiempo del endeudamiento de cortísimo plazo que Mauricio Macri le dejó activada a su sucesor, lo logró el miedo a lo desconocido. 

Por proximidad y por oficio, Horacio Rodríguez Larreta es el líder de la línea dialoguista con el panperonismo y el que más afianzó su vínculo con el Presidente desde que el COVID-19 comenzó a propagarse en la Argentina. Le sobran razones políticas y objetivas para hacerlo. A su perfil de oposición blanda en busca de sobrevivir en el gobierno se le suman dos datos: la Ciudad de Buenos Aires es la que más casos de contagio registra y, como reveló Letra P, es uno de los distritos que exhibe más alta vulnerabilidad. De acuerdo al último censo, el 35% de la población porteña es mayor de 65 años. 

Con la mayoría de la generación moderada refugiada en el segundo plano, Larreta lidera el dialoguismo, siempre aferrado al fundamentalismo de “la gestión”.

Detrás de Larreta, se encolumna -desde el minuto cero de Fernández en el poder- toda una bandada de palomas que integran su vice, Diego Santilli, la sin tierra María Eugenia Vidal, el senador Martín Lousteau, algunos radicales como Gerardo Morales y los ahora consultores Rogelio Frigerio y Emilio Monzó. Con la mayoría de la generación moderada refugiada en el segundo plano, Larreta lidera el dialoguismo, siempre aferrado al fundamentalismo de “la gestión”. En la interna de Juntos por el Cambio, el marcado perfil bajo de CFK es para todos ellos una bendición cotidiana, que refuerza sus posiciones amigables. 

Lo milagroso del coronavirus es, sin embargo, lo que provoca en la otra mitad de la alianza opositora. La mayor parte de la línea dura de los halcones también se llama a silencio, comienza a redefinir sus posturas o se dispone a acompañar al Presidente ante la excepcionalidad. Heterogéneo pero con acciones convergentes, el sector en el que conviven Macri, Patricia Bullrich y el radical Mario Negri hace mutis por el foro o se declara abiertamente dispuesto a colaborar con el operativo múltiple de emergencia que diseña el Gobierno. A la salida de la reunión en Olivos, el jefe de la bancada de diputados del radicalismo abandonó su tono belicoso y definió al peronista Fernández como el “comandante” para esta batalla. Sólo el pánico podía lograrlo.

 


RECALCULANDO. Todo se dio de forma vertiginosa, en paralelo a la expansión del virus y el aumento de la psicosis social. Hace menos de dos semanas, como si fuera un espectador, un desprevenido o un humorista, el egresado del Cardenal Newman afirmó en Guatemala que el populismo era “más peligroso que el coronavirus”. El viernes pasado, se vio obligado a girar 180 grados en su discurso, con un llamado a la responsabilidad y la unidad de los argentinos. Fue su último pronunciamiento público.

 


Algo similar expresa por estas horas Miguel Ángel Pichetto. El excandidato a vicepresidente le dijo a Letra P que no es momento de puntualizar las discrepancias ni de plantear diferencias. “Hay que respaldar la autoridad del Gobierno y no caer en la política barata. No son razonables las críticas. En este período, hay que llamarse a un prudente silencio. La sociedad está muy comprometida con esta emergencia y la política coyuntural entra en un impasse frente a esta situación de carácter sanitario”, afirmó.

Pichetto a le dijo a Letra P que no es momento de puntualizar las discrepancias ni de plantear diferencias. “Hay que respaldar la autoridad del Gobierno y no caer en la política barata".

Pichetto está entre los que consideran que hay que tener “mucho cuidado en hablar” por estas horas y su prédica de “ser responsables” ante la crisis vuelve a encontrar un escenario más que propicio, ahora con Fernández en la Casa Rosada.

El exsenador del PJ respalda el paquete de medidas que anunciaron Martín Guzmán y Matías Kulfas el martes último, en especial los créditos para las pequeñas y medianas empresas. Sostiene que se trata del sector que genera la dinámica económica y tiene que pagar los sueldos a fin de mes. Pero, a tono con la demanda empresaria, también reclama que se reduzca la presión impositiva. “No es una tarea solo de la AFIP, sino también de las provincias y los municipios, que tienen que pensar en esa gente y aliviar la carga impositiva para ayudar a los sectores que trabajan”, agregó Pichetto. 

LOS IRREDUCTIBLES. Como cabeza visible de la línea dura opositora, sobrevive Bullrich. La jefa que Macri eligió para el PRO sigue fiel al antikirchnerismo que la hizo popular y expresa las posturas más combativas: irreconciliable con el gobierno nacional y en las antípodas de cualquier tipo de peronismo, aquella fuerza en la que amaneció a la política. 

 


Cultora de la consigna “volvieron peores”, Bullrich lidera el macrismo rabioso, fue detractora de CFK durante sus ocho años de mandato y tiene, además, un duelo personal con Fernández. Su forma de pararse en la coyuntura es el reverso exacto de lo que expresa Larreta y el vínculo entre ellos, que ya era tenso en la gestión, ahora se traslada al partido que fundó Macri. Nadie lo va a decir en público por ahora, pero Bullrich y su grupo más afín deslizan por lo bajo que la disposición del jefe de Gobierno porteño a colaborar con el Presidente se explica, sobre todo, por su intento desesperado para evitar que le recorten la coparticipación. 

Hace apenas una semana, la exministra de Seguridad animó una marcha en el Congreso -de escasa asistencia- en contra del proyecto del senador del PJ Guillermo Snopek para intervenir la Justicia de Morales en Jujuy. Desde entonces, bajó algunos decibeles en la confrontación pública, pero siguió disparando hacia el campamento del panperonismo. Aclamada en las redes sociales, considerada una esperanza por los que reconocen el fracaso del expresidente en el poder pero no renuncian a una oposición radicalizada, Bullrich no interrumpió sus dardos contra Fernández. 

 

 

Primero hizo lo que nadie hace: tomó el caso de los dos hospitales abandonados en La Matanza para salir en defensa de la gestión de salud de Macri y marcarle al Presidente que no se desvíe de la consigna de unidad nacional. “Vuelva a la senda del encuentro y deje de lado el oportunismo político”, le dijo, en lo que fue quizás el único mensaje crítico por parte de un miembro destacado de Juntos por el Cambio a Fernández en plena lucha contra la pandemia

En ausencia de Macros Peña -todavía en cuarentena-, la presidenta del PRO conduce una línea irreductible en la que se ven reflejados legisladores y exfuncionarios como Gerardo Millman, Federico Pinedo, Paula Bertol, Eduardo Amadeo y Waldo Wolff. Enemigo declarado del kirchnerismo y ferviente promotor de la tesis de que Alberto Nisman fue asesinado, el ex vicepresidente de la DAIA fue otro de los que salió a expresarse contra el mensaje del exjefe de Gabinete en las redes sociales, con la consigna -taquillera en campaña- de que fue el peronismo el que gobernó 28 años en la provincia de Buenos Aires.


 

 

Mas tarde, Bullrich volvió a sacudir al oficialismo por los “despidos selectivos” de 400 funcionarios que habían ingresado con el macrismo al PAMI. Es un punto alto de tensión: en el Gobierno sostienen que se trata de cargos jerarquicos y militantes de Cambiemos, algunos incluso encargados de perseguir kirchneristas durante los cuatro años de Macri.

 

 

Como todo en medio de la emergencia, las reuniones de Juntos por el Cambio están suspendidas hasta nuevo aviso. La amenaza del virus dejó en segundo plano las diferencias habituales con respecto al Gobierno, pero también las que existen puertas adentro y son indisimulables. El diálogo entre las distintas líneas sigue siendo fluido y hasta los estruendos de Bullrich, dicen en la coalición que perdió las elecciones, son parte de una estrategia común. Continuará.