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La ilusión de un gobierno afín en lo ideológico los unió en 2015, pero los errores políticos horadaron la confianza. Hoy, el Círculo Rojo no esconde la predilección por un peronismo moderado.
Por 13/09/2019 11:34

Adentro del salón principal del CCK, el presidente Mauricio Macri habló ante los ruralistas de Confederaciones Rurales (CRA), entre ellos, su titular, Dardo Chiesa. Afuera, un dirigente importante quedó atrapado por la celosa custodia presidencial y tuvo que mirar las palabras del mandatario desde los monitores externos de los técnicos de video y sonido. A Miguel Acevedo, presidente de la Unión Industrial (UIA), se le negó el ingreso: ni citando su cargo pudo pasar. “No querían contaminar el acto del campo con gente de la industria”, aclaró a Letra P una fuente gubernamental que se enteró del destrato. Los más ácidos afirmaron que, en realidad, fue una vendetta moderada luego del poco interés que les brindaron a los funcionarios nacionales, entre ellos, el ministro de Producción, Dante Sica, en el brindis del Día de la Industria en la sede de la UIA.

 

Acevedo, de la UIA, no pudo entrar a escuchar al Presidente. 

 

En ese evento de CRA hubo otro gesto extraño, curioso, que grafica el ruido casi definitivo en la relación del Círculo Rojo con el Gobierno. A los laderos de Chiesa se les sugirió que allí podría haber un anuncio de quita de retenciones. Fue corto el discurso de Macri y no incluyó esa cuestión. Cuando se dieron cuenta los ruralistas, muchos abandonaron la sala, enojados. Tuvieron que pedirles a los periodistas acreditados que ocuparan los lugares vacíos en la parte trasera del salón.

A decir verdad, Macri nunca amó a los CEOs tanto como los CEOs lo amaron a él en aquel final de 2015, cuando vieron realizado su anhelo superior: tener en el poder, vía una elección democrática, a una fuerza conservadora que representara sus intereses abiertamente y sin ponerse colorado. Siempre tuvo prurito, quizás heredado de las diferencias que mantuvo por años con su padre, Franco. Hasta hoy cree que los supermercadistas y los productores “suben los precios por especulación”. Esos sectores son los que menos confianza la generan, al igual que los industriales, los que más se despegaron de Cambiemos después de las PASO. En las últimas horas, el supermercadismo puso a su primer hombre de peso en el búnker de Alberto Fernández en la calle México: Alfredo Coto tomó café con el candidato del Frente de Todos y le pidió fomentar el consumo.

 

 

“Hacen populismo con la guita nuestra, así es fácil”, dijo un líder textil a Letra P. Se refería al bono de $5.000 que el Gobierno decidió implementar para contener la crisis. Ese plus inquietó a las empresas en crisis y metió más ruido en la relación. Reaccionó hasta la CAME, entidad que se transformó en los últimos tiempos en un refugio de buenos vínculos con Macri. “Son gestos que confunden”, explicaron desde el entorno del presidente de la Copal, Daniel Funes de Rioja, el abogado que entiende que el bono es impagable casi para la mayoría de las compañías.

Hay dos sectores que se florearon en la era Cambiemos y que, por primera vez en años, están desconcertados con el desempeño oficial: el campo y el financiero. En este último, hubo un crack que inició con el defolteo de la deuda en pesos, la afectación a los fondos de inversión y la implementación del cepo light.

Los banqueros tienen una ventaja: están dispuestos a guardar silencio para preservar a Macri antes que su crítica complique aún más el panorama. Pero no están contentos con el manejo que se ha hecho. Tanto, que, sobre todos los bancos nacionales nucleados en ADEBA, ya hablan seguido con el candidato Fernández.

 

 

En tiempos de infidelidades, el dirigente de Todos es el más observado. Con el campo ocurre otra particularidad. Fernández, a contramano de lo que se piensa, tiene bien armado el plantel de celestinos con el campo. Jorge Neme, hombre de Juan Manzur, articula y busca sumar a la mesa de diálogo a dirigentes de la Mesa de Enlace.

Todo indica que hay nombres de garrochistas confirmados. El otro operador activo es Gabriel Delgado, ex INTA; es el que “habla con todos”.

Luis Miguel Etchevehere, el secretario de Agricultura, afronta la titánica tarea de arriar a la tropa y que el voto campo no le sea esquivo a Macri en octubre. En la Casa Rosada creen que en ese segmento puede haber una recuperación en relación a las PASO. En el campo lo ven difícil: hay malestar con Macri por la recesión que afectó a los pueblos que viven del agro; enojo de los ultra católicos del interior por la introducción del debate sobre el aborto legal y, en tercer lugar, el jugueteo del oficialismo con un tema sensible como las retenciones.

 

Cesario, de ABA, junto a Martino (HSBC) y Cristofani (Santander). Los banqueros que juegan mantienen el silencio ante las medidas. 

 

Hace unos días, en la jornada de la Asociación Empresaria Arsgentina (AEA), los dueños dieron un veredicto. A la cabeza estuvo el CEO de Clarín, Héctor Magnetto. Hubo pocos aplausos para el Presidente y la sensación de que se recorre una transición hacia otro gobierno. Una visión integral del vínculo del Círculo Rojo con Macri refleja que la crisis de pareja tiene un centro: los CEOs creyeron que el Presidente venía a hacer un ajuste que no los involucrara en el gasto, pero la política se devoró las intenciones. De hecho, es lo que el mandatario les prometió cuando era candidato. Además, ese no ajuste violento que reclamaban sí fue brusco para los sectores medios y bajos, lo que derrumbó los niveles de actividad y de empleo.

Como en el último kirchnerismo, Macri también abrió demasiados frente de tormenta a la vez. Se peleó con los industriales, dejó a los constructores de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco) jaqueados por los Cuadernos K y con el ajuste fiscal llevando la actividad al subsuelo; entró en conflicto con los comercios al derrumbar el poder de compra y hasta pateó el tablero con el campo y los bancos.

Si tuvieran que poner hoy el voto, Macri no tendría el 100% de las voluntades como en las PASO. Más allá de la simpatía y el deseo que tenían todos los CEOs de una reelección, hay una mirada que apunta a que un triunfo de Fernández recree un peronismo negociador, conciliador, que permita recuperar los años que consideran perdidos.