UN AÑO SIN BERGOGLIO

La grieta y la interna del Gobierno convirtieron el homenaje al papa Francisco en un campo de batalla

Javier Milei prefirió quedarse en Israel. Victoria Villarruel no quiso compartir foto con Manuel Adorni. Los ministros no se saludaron con Axel Kicillof.

El derrotero de desprolijidades que empanó el homenaje al papa argentino arrancó con la ausencia del Presidente, que privilegió su alineamiento con Israel, siguió con la sorpresiva baja, a último momento, de la vicepresidenta Victoria Villarruel y terminó con la indiferencia que se demostraron los ministros del Gabinete nacional y los funcionarios de la provincia de Buenos Aires, encabezados por Axel Kicillof, durante la misa.

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Así lo tenían previsto las autoridades de la Iglesia hasta el lunes por la noche, cuando recibieron el mensaje de Caulo, con la confirmación de que todo el Gabinete tenía previsto concurrir al evento. La nómina completa incluía al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y las ministras Alejandra Monteoliva (Seguridad) y Sandra Pettovello (Capital Humano) y los ministros Federico Sturzenegger (Desregulación), Diego Santilli (Interior), Carlos Presti (Defensa) y Mario Lugones (Salud). Una asistencia masiva de enviados de Milei que opacaba la presencia de Villarruel, hasta entonces máxima autoridad gubernamental anotada para participar la celebración.

La incomodidad de Victoria Villarruel

La confirmación de último momento tomó por sorpresa a las autoridades de la Iglesia. Hacía varios días que los ministros habían recibido las invitaciones de manera personal. Algunos, incluso, habían bloqueado el horario en sus agendas oficiales. Sin embargo, no le habían dado una respuesta oficial a la CEA hasta que, desde Israel, el canciller Pablo Quirno le ordenó a Adorni que asistieran.

Aunque sorprendida, Villarruel intentó sostener su promesa de asistencia. Según pudo saber Letra P, este martes, antes de la misa, envió a un grupo de colaboradores a la Basílica de Luján para chequear el protocolo. El equipo de la vicepresidenta constató allí que tenía asignado un lugar en la primera fila, al lado de Adorni.

Incómoda por el escándalo que rodea al jefe de Gabinete y por el destrato que le dispensa la Casa Rosada, Villarruel desistió de asistir a Luján y redireccionó su camino hacia la Basílica María Auxiliadora, ubicada en el barrio porteño de Almagro, donde el papa Francisco fue bautizado. En Balcarce 50 se desentendieron del tema. “Si no quiso ir, es un tema de ella”, dijeron.

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Un pasillo nos separa

El mensaje de concordia que el arzobispo Marcelo Colombo, presidente de CEA, dio durante su homilía, no logró acercar a los funcionarios del Gobierno nacional con el gabinete de Kicillof. En la misa, los dirigentes de los dos sectores casi ni se miraron ni se dieron el saludo de la paz.

Los primeros se sentaron a la izquierda del altar. En primera fila estuvieron el presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala; el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem; Adorni, Presti, Santilli y Monteoliva. Del otro lado del pasillo, a la derecha, se ubicaron Kicillof, el senador Wado de Pedro, la jefa de asesores bonaerense Cristina Álvarez Rodríguez, y los intendentes Botto, Mariel Fernández (Moreno), Gustavo Menéndez (Merlo) y Federico Otermín (Lomas de Zamora). Más atrás se sentó el resto del gabinete.

“Vinieron tarde. Nosotros ya estábamos ubicados. A los que pasaron y saludaron, por supuesto que los saludamos”, dijo Kicillof a la salida, cuando le consultaron por la falta de comunicación con los integrantes del Gabinete nacional.

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Pese a eso, el gobernador aprovechó a la salida para destacar el mensaje de Francisco. Dijo que “no sólo hay que recordarlo en las palabras y en las fotos, sino en sus enseñanzas”, y señaló que el papa “predicó por la justicia social, por la cultura del encuentro, también por la paz”.

En la homilía, Colombo había dado un fuerte mensaje político al señalar que Francisco “se jugó hasta el final de los días por la sublime causa de la paz sobre todo en sus reiteradas apelaciones a la construcción de una sociedad más justa” y habló de la necesidad de que “los trabajadores tengan derechos, todas las familias tengan techo, los campesinos tengan tierra, los niños tengam educación, los jóvenes tengan futuro, los ancianos tengan una buena jubilación, los pueblos tengan soberanía, los migrantes tengan acogida y los ecosistemas tengan protección”.

Frente a la dirigencia, el arzobispo llamó a “dialogar” y a “no seguir castigándonos con la indiferencia, el desinterés, la agresividad permanente en el lenguaje y los gestos violentos”.

La Iglesia juntó al gobernador cordobés Martín Llaryora y la vicegobernadora santafesina Gisela Scaglia
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