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El candidato de Todos acaparó la atención de los número uno, que se sacaron de encima prejuicios básicos y le destacaron la “racionalidad”. Elogio a la anti grieta y al armado del gabinete.
Por 22/08/2019 17:37

“Fue como un primer beso, por ahora es todo lindo y después veremos cómo funciona”. La frase se la dijo a Letra P un empresario de los laboratorios que estuvo en la platea que escuchó a Alberto Fernández en el foro que armó el Grupo Clarín en el museo Malba. Sintetizó, así, una sensación que fue igual para todos los CEOs presentes: más allá de que el resultado de cara octubre todavía no se cerró, Fernández ya es visto por el establishment como el futuro presidente de la Nación. Por ahora, en tren de guardar las formas y por el aprecio que algunos le tienen, no expondrán públicamente la cuestión sobre las “escasas” posibilidades que le ven a Mauricio Macri. El jefe de Estado y candidato de Juntos por el Cambio habló en segundo término en un evento que estuvo separado por un coffee break que, además, encontró a muchos empresarios volviendo a sus agendas sin escuchar al mandatario.

 

Macri habló en foro de Clarín y apostó a la grieta. Los CEOs desaprueban esa idea. 

 

Es la sensación que se llevaron los que se pusieron la pulsera dorada para entrar al salón. Todos, número uno de empresas: Marcelo Mindlin, de Pampa Energía; Eduardo Elsztain (IRSA); Alfredo Coto, Martín Cabrales, Sebastián Bagó, Hugo Sigman (ELEA), Luis Betnaza (Techint), Marcelo Figueiras (Richmond), José Urtubey (UIA), Ernesto Allaria (Allaria Ledesma), Juan Napoli (Banco de Valores), Rubén Cherñajovsky (Newsan), Isela Costantini (BST, Fernández la quiere en su gabinete) y hasta el presidente de River y hombre de los seguros, Rodolfo Donofrio, entre otros.

La primera fila fue ocupada en gran parte por el pleno de los hombres del holding, entre ellos, el CEO Héctor Magnetto. El propio Fernández confirmó que se habían visto hacía unos días. Según fuentes de la firma, “ya había entre ambos una relación de respeto”.

Los consultados por Letra P aseguraron que “Clarín ya cerró su apoyo a Fernández”, pero que es cuidadoso en cómo evolucionará el post kirchnerismo si es gobierno. La de Clarín con Fernández es, sin embargo, una historia extensa que recién empieza a contarse, admiten en su entorno, ante la gran duda: si el peronista avanzará, en el caso de ganar, con leyes anti monopólicas.

 

 

Entre los dos candidatos hubo una diferencia que para los CEOs fue central a la hora de valorar las ponencias: el discurso y la consideración sobre la grieta. “Mauricio está mal enfocado, sigue hablando de temas que no le rindieron en la campaña, mientras Alberto parece gambetearlos con más elegancia”, dijo uno de los arriba mencionados.

El aplauso más fuerte del auditorio a Fernández fue cuando negó que vaya a haber confrontación con la prensa. Los CEOs también celebraron que ratificara que gobernará él, no CFK.

El aplauso más fuerte del auditorio al candidato del Frente de Todos fue, precisamente, cuando negó que vaya a haber confrontación con la prensa y en otros frentes. El segundo, cuando garantizó en la cara del Círculo Rojo que será él quien gobernará y que, además, el armado del gabinete será su exclusiva potestad. “Nos queríamos sacar el fantasma de Cristina (Kirchner) y creo que vamos en ese camino”, relató otro importante dirigente.

Martín Redrado, uno de los que hablan hace unas semanas con Fernández, se ubicó casi como el único hombre económico del espacio. El candidato le hizo un guiño como posible ministeriable ante la atenta mirada de los banqueros de la sala, que ven a él, a Guillermo Nielsen y a Emannuel Álvarez Agis como buenos interlocutores.

El otro que se dejó ver es el tucumano Juan Manzur, nexo importante con el Círculo Rojo, además de José Ignacio "El Vaso" De Mendiguren, diputado del massimo y otro de los que suman en la construcción de una idea de un modelo productivo federal.

El que pegó el faltazo fue el CEO de Mercado Libre, Marcos Galperín, que ya se había reunido con Fernández en su búnker. Desde las críticas que le hicieron desde el Gobierno, bajó el perfil. Los pícaros le pusieron un apodo que, entienden, lee bien con sus últimos movimientos: Marcos “Saltarín”.