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Juego de roles

Cómo funciona la sociedad que podría sacar a Macri de Balcarce 50. El todoterreno que alivió a CFK. El fuego ex amigo de Clarín. Telegram, Recoleta y San Telmo. El sistema, de la campaña al poder.
Por 08/08/2019 13:34

El tiempo dirá si son una “bomba de tiempo” condenada a detonar en el poder, como asegura Jaime Durán Barba y repiten sus discípulos del macrismo, o si “nunca más” volverán a pelearse, como prometió Alberto Fernández en Rosario. Pero la alianza que acaba de reconstruirse entre el empoderado y su creadora funciona con una memoria antigua que todavía sirve. Eso dicen los testigos de una relación que estuvo rota durante una década larga, con el ex jefe de Gabinete a la intemperie del poder y la ex presidenta sin contrapesos en su círculo íntimo de relaciones.

Mensajes permanentes vía Telegram, llamadas ocasionales y nexos aceitados que incluyen puentes cruzados. Dos sobrevivientes de aquella mesa chica que inauguró Néstor Kirchner en 2003 están, otra vez, sentados pensando en el poder. Es una sociedad que se recrea con Carlos Zannini alejado y los roles destacados hoy ocupados por Máximo Kirchner y Axel Kicillof.

No todo es comunicación vía Telegram o a partir de dirigentes que ofician de nexo. Según pudo saber Letra P, Fernández y Fernández también se reúnen a solas cuando hace falta definir algún tema importante.

La división de roles entre Cristina Kirchner y Alberto Fernández quedó muy clara en los días que fueron desde el 18 de mayo hasta el cierre de campaña. La designación de Fernández como candidato a presidente le permitió a CFK, primero, reencontrar un interlocutor del peso al que respetaba en el doble plano de lo intelectual y lo político. Después, la liberó de ir a pelear sola contra todos, como en 2017,  y le abrió la puerta al reencuentro con gobernadores y dirigentes como Sergio Massa, que no se hubieran acercado sin la garantía de un paso, medido, al costado.

Pero, además, inauguró un tipo de campaña muy diferente para el neocristinismo. Al contraste evidente entre un candidato que carga con el mayor desgaste y una compañera de fórmula que hace apariciones estelares para presentar su libro, se suman otros detalles que perciben únicamente los que habitan las paredes interiores del frente opositor. Fernández es un candidato que va a todos lados donde se lo invite, habla con casi todos los medios de comunicación y se para en la calle a charlar o discutir con cualquiera. Después de una vida de operador influyente pero sin votos propios, disfruta ser protagonista. Con ocho años en la Presidencia y cinco sin el respaldo de Néstor Kirchner, a la senadora, en cambio, nada de eso le interesaba demasiado. Al contrario. El esfuerzo de reuniones que hizo a partir de 2017 no lo había hecho nunca.

Los colaboradores que trabajan en la campaña del ex jefe de Gabinete notan las diferencias, en el ritmo y la predisposición. Los cuatro viajes de Fernández a la Córdoba antikirchnerista son la muestra más contundente. Pero pueden contarse también en la infinidad de escalas que hizo el candidato con visitas a colegios, reuniones con empresarios, recorridas en municipios y, también, encuentros privados con todo el arco político y cultural que está detrás del Frente de Todos.

 

 

Fernández no cambió el número de teléfono que tiene desde el tiempo en que trabajaba con Eduardo Duhalde. El periodista Gabriel Sued contó en La Nación que acumula 2.740 mensajes de WhatsApp sin responder. Sin embargo, no deja de revisar su smartphone y de contestar lo que considera prioritario. Mira todos los spots de campaña que le mandan, lee noticias y envía audios para distintos puntos del país.

La ex presidenta, en cambio, tiene un equipo reducido de colaboradores y nunca llama ella. Tiene a su secretario Diego Carbone para tareas operativas, a Oscar Parrilli y a su hijo Máximo para transmitir mensajes fundamentales.

 

 

DOS CARGADORES. No todo es comunicación vía Telegram o a partir de dirigentes que ofician de nexo. Según pudo saber Letra P, Fernández y Fernández también se reúnen a solas cuando hace falta definir algún tema importante. La designación del empoderado como candidato provocó un desplazamiento. El ex jefe de Gabinete ya no visita a la ex presidenta en el Instituto Patria. Cuando tiene que verla, se acerca al departamento de Recoleta en el que pasa gran parte de su tiempo en Buenos Aires o, cada vez con más frecuencia, toca timbre en el domicilio de Florencia Kirchner en San Telmo, un barrio más afín al kirchnerismo. Y también más reservado. Al departamento deshabitado de la hija de la senadora se suma la casa de otros leales a Cristina, en el mismo barrio. Todo queda cerca del piso que alquila Fernández en Puerto Madero. 

“Cómo te pegan, eh. Ahora tienen que gastar dos cargadores. Antes todo me pegaba a mí.” (Fernández Cristina a Fernández Alberto)

Peleado por primera vez en su carrera con los grandes medios, el precandidato enfrenta la artillería de tanques que siempre lo tuvieron como panelista destacado o fuente privilegiada. La pirotecnia electoral de las empresas de comunicación alineadas con Macri lo tiene como blanco y es un elemento ambiguo. Le pegan porque es el delegado de Cristina y le reconocen así, sin querer, que tiene por primera vez entidad propia. Es probable que Fernández, en esta fase, lo disfrute. De lo que no hay dudas, dicen en el Instituto Patria, es de que la ex presidenta lo ve con buenos ojos.

En el fragor de la campaña, CFK se sorprendió con el fuego oficialista sobre su compañero de fórmula. Entre la ironía y el goce, llegó a comentarselo en alguno de los encuentros que tuvieron. “Cómo te pegan, eh. Ahora tienen que gastar dos cargadores. Antes todo me pegaba a mí”, dicen que dijo la senadora.

Leer el nombre de Alberto con menciones críticas impostadas por parte de sus columnistas amigos en Clarín le provoca una mueca de satisfacción a la ex presidenta, aseguran los incondicionales. Ahí puede estar el huevo de la serpiente de un enfrentamiento a todo o nada que provoque una pesadilla para los argentinos, como asegura el macrismo, o la pequeña revancha de la dueña de los votos que puso en práctica la riesgosa operación de transferencia de adhesiones hacia el empoderado. “Hablá con tus amigos" y "preguntáles por qué se ensañan con vos” son frases que se le atribuyen a CFK. Reverso ácido de la “grandeza” que Alberto reconoce en Cristina. Como sea, Fernández se metió en la campaña finalmente y el esfuerzo del Gobierno ahora es doble. 

 

 

FUTURISMO. Pensar cómo sería una presidencia de Alberto Fernández es todavía pura especulación. Sin embargo, el ejercicio se hace cada día desde el oficialismo como garantía de enfrentamiento entre dos facciones del peronismo que conviven en el Frente de Todos: el “radicalizado” kirchnerismo y los sectores moderados que volvieron con Alberto. Gestora única de ese futuro eventual, CFK lo evaluó antes que nadie. A los 66 años, resistida por medio país o más, alumbró a dedo la alquimia de estar sin conducir. Cerca de la ex presidenta dicen que no quería cargar con todo el peso de la campaña, como tampoco quiso en 2017, en una situación más favorable para Macri y de mayor aislamiento para ella.  

El reparto de poder de un gabinete de Fernández, los roles de los leales a Cristina, el papel en el Congreso, todo está a medio diseñar. Pero CFK asegura que se quedará en el segundo plano.

El reparto de poder de un gabinete de Fernández, los roles de los leales a Cristina, el papel en el Congreso, todo está a medio diseñar. Pero, como recuerdan los sobrevivientes del primer kirchnerismo, la senadora fue siempre un producto legislativo y tenía los problemas del manejo de poder resueltos por su marido. Suceda o no, CFK asegura que se quedará en el segundo plano y dejará a Fernández para que resuelva sus alianzas con sectores empresarios, políticos y mediáticos. Es probable que sea lo mejor: Fernandez copió de Kirchner su esquema radial; todo lo importante lo decide mano a mano y sin testigos. 

Con una popularidad que no se agota, Cristina fantasea con un futuro en el que el presidente electo la consulte en temas puntuales y la deje también en libertad de acción para entrar y salir del país, algo bastante más complicado con Cambiemos en la Casa Rosada y Comodoro Py en modo venganza. Como contó Letra P, la senadora no sólo tiene pensado reiterar sus viajes a Cuba para ver a su hija Florencia, incluso más allá de un octubre victorioso (en agosto, concretará su cuarta visita en seis meses). También especula con dedicar menos tiempo a las audiencias en tribunales y más a las charlas en el exterior.

Después del resultado del domingo, la sociedad opositora de campaña tendrá un panorama más claro y el reparto de roles de hoy sabrá si está en condiciones de mutar hacia un dispositivo de poder. O no.