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Pichetti

Con Michetti desalojada de la fórmula, Pichetto ejerce una vicepresidencia anticipada con más macrismo que Macri y rasca la olla del peronismo homeless. #UnaEmbajadaParaGabriela
Por 20/07/2019 13:06

Cuarenta días después de haber sido designado por Mauricio Macri como su compañero de fórmula, Miguel Angel Pichetto siente que ya ganó. El ex jefe de senadores del PJ encontró rápido un lugar en la familia de Cambiemos y se mueve con margen en un rol que le resultaba ajeno.

Un mes alcanzó para convencer a la alianza del PRO, la UCR y la CC de que el Frank Underwood de cabotaje siempre defiende las razones del que gobierna. “Uno manda y él obedece”, dicen.

Para adaptarse a su nueva camiseta, el discurso del vice que quiere Macri no precisó grandes modificaciones. El cambio más evidente se da en la agenda cotidiana y en el tipo de poder que ahora tiene. Su salto es triple. Del peronismo al macrismo, del fin de ciclo asegurado en el Senado a pelear por ser vicepresidente, de ser oficialista con mayorías absolutas y opositor con un bloque grande a ser oficialista en minoría.

Con vínculo directo y cotidiano con Macri, hace mucho que a Pichetto no lo consultaba un presidente por temas de la estrategia política en plena campaña. Quizás sea la primera vez. Un mes alcanzó para convencer a la alianza del PRO, la UCR y la CC de que el Frank Underwood de cabotaje siempre defiende las razones del que gobierna. “Uno manda y él obedece”, dicen.

La Casa Rosada le encomendó pasar el barrefondo en el PJ del antikirchnerismo visceral. Los viajes a todo el país se van a repetir la semana próxima con una nueva escala en la Río Negro de Alberto Weretilneck, una visita a Neuquén y otra a Tucumán. También, Mar del Plata y Mendoza figuran en la agenda paralela del candidato menos pensado. Pichetto aterriza casi siempre escoltado por Rogelio Frigerio, el respaldo que le da carnadura a la oferta del senador con una cuota de promesas y otra de soluciones concretas. Así como Macri se concentra en el centro, Pichetto lo hace en el Sur y el Norte.

“Está exultante. Hace un mes se iba a la casa. Ahora está en lo más alto de su carrera”, le dijo a Letra P uno de sus colaboradores más cercanos. La incomodidad por haber usado la garrocha para incorporarse a un gobierno atado al Fondo no existe o, por lo menos, nadie la percibe. Se diga o no, el senador respira un aire a modernidad que le recuerda los años del menemismo en el poder. Pese a la desconfianza y a las diferencias de estilo con el macrismo puro, Pichetto se incorporó con la legión de inoxidables del peronismo a la cruzada de un elenco que, tal como se dice, en campaña es mejor que gobernando.

 

 

SENADORES DEL FUTURO. “Miguel andaba con un rastrojero, ahora tiene un Panzer a disposición”, afirman agrandados en la Casa Rosada. Se refieren no sólo a las carencias del frustrado intento de Alternativa Federal, sino, también, al amateurismo que ven en el equipo del fernandizmo. En cambio, Marcos Peña y su núcleo de acero piden cautela, pero se sienten ganadores en los cien metros llanos de la campaña.

La tarea de Pichetto es sumar fotos al álbum de Balcarce 50, como esta semana, con dos que figuran entre las más jugosas de su cosecha. El acuerdo con Weretilneck y el amparo para Adolfo Rodríguez Saá, un derrotado que le puede sumar al candidato del macrismo Claudio Poggi, otro de los que se apartó del Alberto. No deja de ser extraño: mientras Macri castiga al enano incumplidor y maldice la cesación de pagos, el macrismo recibe con los brazos abierto al puntano que quedó en la historia como el presidente del default. Postales de la carencia oficialista que subsiste aún en la remontada del dólar controlado y de una polarización donde todo vale.

 

 

 

El Adolfo no sólo puede traer votos decisivos; también, ayuda a contornear el interbloque de un oficialismo posible en el Senado, si Macri lograse la reelección. En ese pelotón de peronistas en fuga hacia el macrismo, Pichetto incluye a Carlos Menem primero que a nadie. Pero no solo. También están anotados el salteño Juan Carlos Romero, Carlos Lole Reutemann, Héctor “Camau” Espínola, Pedro Guastavino y el senador petrolero Guillermo Pereyra, que va por la reelección. Abundan los inoxidables que atravesaron la cortina de los tiempos. Pero Macri y su equipo están convencidos: tiene más argumentos que el Frente de Todos para hablar de futuro.

Pese a que fue la última opción entre los peronistas que estaban en disponibilidad, en la Casa Rosada festejan la llegada de Pichetto como la de un viejo amigo al que -por razones inexplicables- habían dejado de frecuentar. Todavía festejan un veranito financiero que empieza a enfriarse, dicen que ayudó a ordenar el mapa político y colaboró con una suba de imagen de Macri, que se trasladó a voto. El verdadero aporte del senador, creen en el oficialismo, estará en un segundo mandato del Presidente. La gobernabilidad, que la alianza tuvo que alquilar durante sus primeros cuatro, pasaría a ser un activo consolidado. Prioridad número uno para Pichetto en el Senado: aprobar la reforma previsional y la reforma laboral. Si como opositor levantó la mano para cambiar la fórmula del haber inicial y dijo asumir una “tarea ingrata”, como oficialista no tendrá mayores dilemas.

 

Desfile. Michetti se alista para irse a la casa; Pichetto ya ejerce de vice.

 

MICHETTI, DE SALIDA. La mesa chica del Presidente sabe que dejó una legión de heridos sin posibilidad de revalidar su mandato. Espadas fundamentales como Federico Pinedo en el Senado o Daniel Lipovetzky en Diputados, por no hablar de Emilio Monzó y su equipo, quedaron a la deriva. Sin embargo, la prioridad de Macri y Peña es encontrar un lugar para que Gabriela Michetti se sienta a gusto, después de haber sido barrida del esquema oficial. El mensaje que baja de lo más alto es claro: “Es la única que puede pedir un lugar”. Se la menciona como embajadora ante las Naciones Unidas y, aunque no está claro si aceptará, sería un lugar a la medida de sus aspiraciones.

De la legión de heridos que dejó el cierre de listas en el oficialismo, Michetti “es la única que puede pedir un lugar”, dicen en la Casa Rosada. Se la menciona como embajadora ante la ONU.

La decisión del Presidente de desplazar a Michetti y reemplazarla por Pichetto es hija de la urgencia y de la presión combinada del ala política y el Círculo Rojo. No sólo quiebra la tradición de la fórmula PRO pura y da otra idea de gobernabilidad. Además, anuncia un formato de vicepresidente totalmente distinto. Aunque no haya aportado demasiado a un gobierno carente de figuras de peso, desde Jaime Durán Barba para abajo le agradecen a Michetti el mérito repetido de la lealtad. Herida en su sensibilidad, podría haberse convertido en un problema para el Gobierno, si hubiera decidido hablar mal de Macri.

Underwood es otra cosa y se acopló enseguida a la maquinaria de propaganda oficial. Ya hoy tiene un rol más importante que el de la vicepresidenta. Es uno de los voceros más destacados, predica con más violencia que Macri contra el kirchnerismo que integró y se preocupa mucho por lograr una coherencia en el discurso del oficialismo en campaña. Es el único que vaticina en público la posibilidad de que el Presidente gane en primera vuelta, un dato que no registra ninguna encuesta. Más allá del dólar quieto y los trastornos de la campaña opositora, la polarización creciente ubica a los Fernández siempre arriba de Macri y Pichetto. Lo que se discute hoy es por qué margen.

Al lado del señor gobernabilidad, afirman que hoy esa distancia está en apenas dos o tres puntos, un virtual empate, margen de error incluido. Con el macrismo creciendo y el cristinismo estancado. Pero tampoco ese número permite hablar de un triunfo con el 45% de los votos para Juntos por el Cambio, como dice Pichetto. En la Casa Rosada, los números son menos optimistas: admiten estar entre cinco y seis puntos por debajo de la fórmula opositora. Segun esos sondeos, Macri exhibe una intención de voto del 35%, sin proyectar indecisos, aunque corriendo desde atrás. La comparación que más cierra es con 2015 y le da ánimo al gabinete: hoy el escenario es similar al de las generales de hace cuatro años, dicen.

Consultados sobre cómo sería en el rol de vicepresidente, los colaboradores del senador se aferran al paso a paso. “Ganemos la elección primero. Después vemos”, dicen. Sería su gran victoria. Casi una venganza para un político que con la camiseta del peronismo nunca ganó nada importante.