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El alcalde ató su reelección a la convivencia con el radicalismo, que gana espacios en el Gobierno. Mientras se define parte del gabinete, los cuadros PRO esperan novedades sobre su futuro.
Por 29/11/2019 16:06

Las esquirlas del cierre de listas para las elecciones de 2019 vuelven a sobrevolar el cielo de la Ciudad de Buenos Aires y repiten un escenario -previsible- de tensión entre el PRO y la Unión Cívica Radical (UCR) en el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta. Confirmado el gabinete de ministros, el jefe de Gobierno aún estudia nombres para puestos claves de su gobierno y mantiene en vilo a buena parte del PRO capitalino que busca refugio a partir del 10 de diciembre. La alianza de Larreta con Martín Lousteau y el radicalismo porteño refuerza esa incertidumbre en algunos dirigentes del larretismo, relegados ante el nuevo esquema de poder porteño.

El malestar en el PRO pasa porque el alcalde inclinó la balanza -al menos en el primer reparto de cargos- en favor del radicalismo con el objetivo político de solidificar su alianza con Lousteau, Emiliano Yacobitti y Daniel "El Tano" Angelici. Las interminables reuniones entre el PRO y la UCR, previas al acuerdo de Cambiemos en la Ciudad, giraban en torno a la misma propuesta: el partido centenario reclamaba lugar en las listas, pero también en el gobierno y en la agenda de gestión. Rodríguez Larreta cumplió con esa promesa y da los primeros pasos para un gobierno de coalición en la Ciudad con el acuerdo para que el radicalismo tenga el Ministerio de Desarrollo Económico bajo la figura de José Luis Giusti y presida el Banco Ciudad por intermedio de Guillermo Laje, primo y mano derecha de Lousteau.

 

 

No son los únicos funcionarios que Larreta bendijo de la UCR ni tampoco son los primeros que trabajan bajo un gobierno del PRO en la Ciudad. La diferencia es que, por primera vez en la historia de la agrupación amarilla amarillo en la Ciudad, el acuerdo es con el sector del radicalismo que controla el partido y en todas las elecciones fue en la vereda contraria al partido amarillo. Eufemismos afuera, Angelici y su tropa se integraron al PRO antes de que Mauricio Macri ganara las elecciones de 2007 y el acuerdo con Yacobitti y Enrique "El Coti" Nosiglia tiene apenas unos meses. No cambiaron los nombres únicamente, también se modifica el esquema de poder producto de esta ampliación.

La bronca del PRO también tiene un correlato en la Legislatura: muchos diputados que no pueden acceder a un nuevo mandato destilan furia porque, mientras ellos votan para que el paquete legislativo de Larreta avance, el radicalismo no acompaña todas las normativas. La independencia parlamentaria es uno de los puntos que la UCR quiere mantener y complica la configuración de un bloque único que responda al Gobierno. Mientras tanto, el PRO cede la Dirección de Políticas de Juventud al radicalismo y le asegura sus espacios en la Auditoría y la Defensoría del Pueblo, tras el acuerdo para preservar su gravitación en el Consejo de la Magistratura.

 

 

Como informó Letra P, el plantel de ministros está confirmado y es inalterable, pero la mayoría de ellos no sabe con exactitud cómo estarán conformados sus equipos y con qué estructura contará. Esa falta de certezas deja en una nebulosa a muchos funcionarios que, a estas horas, desconocen cuál será su destino. Algunos, inquietos, eligieron escribirle directamente al alcalde justo cuando, junto a su esposa, la wedding planner Bárbara Diez, visitaba al papa Francisco en Italia.

El tema empezó en las ligas subterráneas del gobierno, pero escaló al nivel más alto en cuestión de segundos. En las últimas 48 horas, Rodríguez Larreta se refirió al tema dos veces. Lo hizo en una reunión de gabinete y en el cierre de la segunda edición del programa Mujeres Líderes, que se realizó este jueves en el Palacio San Miguel. En ambas ocasiones reconoció la tardanza en la definición del organigrama y adelantó que estará "confirmado" para la semana próxima.

 

 

A diferencia de lo que le sucedió a Macri, Rodríguez Larreta transitó buena parte de su mandato con la tropa propia y sin la constitución de Cambiemos en territorio porteño. Mientras la Casa Rosada requería un ministerio dedicado exclusivamente a atender los cortocircuitos con la UCR y la Coalición Cívica, en la Jefatura de Gobierno se respiraba con tranquilidad. Larreta empezó a abrir su gobierno a Elisa Carrió y Graciela Ocaña después de 2016 y lo cristalizó en las elecciones de medio término, pero la ampliación con el radicalismo llegó recién en 2019.

Ese retraso tiene una explicación cronológica y otra política. En primer lugar, en 2015 Rodríguez Larreta fue en busca de la Jefatura de Gobierno solo con el PRO y enfrentado a la UCR, Lousteau, Carrió y Ocaña, entonces agrupados en el frente ECO. Además, la constitución de Cambiemos se produjo cuando ya avanzaba la campaña porteña, teniendo en cuenta que las PASO en la Ciudad se celebraron en abril y aún no estaba definido cómo sería el esquema de la coalición para competir en las presidenciales.

 

 

Una vez que asumió y hasta fines de 2017, Larreta hizo lo imposible por esmerilar el capital político de Lousteau y forzarlo a una negociación -que en algún momento se iba a dar- luego de la derrota en las elecciones de medio término. Allí comenzó un sinfín de encuentros para firmar la paz y acordar la integración de la UCR al armado oficialista y la configuración de Cambiemos.

Con la dura derrota de Cambiemos en las PASO, Larreta y Lousteau se abroquelaron en la Ciudad y avanzaron en un camino que ya venían conversando desde hacía meses: trabajar para forzar la horizontalidad dentro de la coalición que integran el PRO, la UCR y la Coalición Cívica y desde el 10 de diciembre se reagrupará desde el Congreso, aunque sin la Casa Rosada y el principal bastión electoral de la Argentina dentro de su órbita.