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El doble comando de la nueva alianza

Tras el triunfazo en Mendoza, Cornejo y Larreta ya gestionan el armado de la futura oposición. Con Lousteau y Vidal en agenda, buscan una fuerza menos confrontativa y verticalista que el macrismo.

Hablaron por teléfono. El porteño felicitó al mendocino y acordaron continuar el contacto. Se conocen, se reunieron y se han ayudado durante los últimos años, pero siempre en voz baja. También a sottovoce, Horacio Rodríguez Larreta y Alfredo Cornejo empiezan a perfilar la construcción de una nueva configuración de la alianza Cambiemos en oposición al gobierno de Alberto Fernández, al calor de la derrota de Mauricio Macri en las PASO y la probabilidad de una repetición de ese resultado en las elecciones generales.

Con el triunfo en Mendoza, Cornejo se alista en el grupo de dirigentes que pulsea por la sucesión de Cambiemos. Los 15 puntos de diferencia entre Rodolfo “Rody” Suárez y Anabel Fernández Sagasti lo ubican en un sitial destacado dentro del oficialismo, que en unos meses puede ser oposición. Rodríguez Larreta espera retener la Ciudad de Buenos Aires para sentarse en un lugar preferencial en esa mesa. Ninguno de los dos se imagina como líder único de la oposición al peronismo.

 

 

Ambos coinciden en que la oposición al Frente de Todos debe cambiar su método de toma de decisiones: menos verticalismo, más discusión horizontal. Una crítica velada a Macri y a su pararrayos, Marcos Peña, hartamente repudiado puertas adentro de Cambiemos por hegemonizar la gestión y la política. Bajo este principio buscarán aunar fuerzas para mantener unificado los bloques en las dos cámaras del Congreso en una oposición colegiada y constructiva. No obstante, sostienen que el tenor de la oposición lo marcará la política que encare Fernández.

En este proceso de construcción, Cornejo saca sus pergaminos y repite que fue el primero en levantar el dedo ante Macri y Peña, quien encabezó el reclamo del desdoblamiento de las elecciones provinciales y el que dijo abiertamente que el Presidente debía desistir de competir por la reelección para resguardar a la tropa de Cambiemos. Si Larreta ganara la Ciudad, aventuran en el PRO, se aceleraría un proceso de sucesión interna en el partido que fundó Macri. El alcalde, como único sobreviviente amarillo de la tragedia electoral de Cambiemos, saldrá a encarar un proceso de reagrupamiento con Cornejo y los mandatarios radicales Gerardo Morales (Jujuy) y Gustavo Valdés (Corrientes).

 

 

Además, esta configuración opositora implica un reperfilamiento -implícito- de las relaciones y reglas de convivencia entre el PRO, la Unión Cívica Radical (UCR) y la Coalición Cívica que consolide un equilibrio de fuerzas. Es un armado en ciernes que tiene dos incógnitas cuya resolución nadie se anima a vaticinar: Macri y Elisa Carrió, que tendrá 14 diputados propios en la Cámara de Diputados. En su futuro, Cornejo no ve lugar para el Presidente, tras meses de disputa abierta, en privado y en público. “Hay que construir una alternancia y yo estoy dispuesto”, sostuvo el lunes pos batacazo mendocino.

En el esquema posmacrista que diseñan Cornejo y Larreta hay, también, lugar para Martín Lousteau y María Eugenia Vidal. El ex ministro de Economía y el alcalde porteño depusieron las armas hace tiempo, una gestión que ambos le agradecen al consultor Guillermo Seita. Ahora, trabajan codo a codo en la Ciudad y, a la vez, el candidato a senador busca un lugar en la mesa de la nueva alianza, empujado por la UCR porteña. La gobernadora bonaerense tiene su espacio reservado, pero su inclusión depende de su voluntad de continuar en el terreno político.

 

 

Cornejo y Rodríguez Larreta se conocieron en 2015, apenas asumieron en Mendoza y Buenos Aires, respectivamente. El vínculo se inició desde la gestión pero, merced a los intereses de ambos, rápidamente ingresó al terreno político. El jefe porteño viajó en varias oportunidades. Es la provincia que más visitó en estos tres años y medio de gestión y siempre que fue se reunió con Cornejo. Envió funcionarios de su riñón a eventos auspiciados por la gobernación y “mudó” espectáculos que ofrece el Teatro Colón y “estaciones saludables” al distrito cuyano.

Este domingo, dos hombres de su mesa política estuvieron en el búnker instalado en el Hotel Aconcagua para festejar el triunfo de Cambia Mendoza. Fueron el secretario General y de Relaciones Internacionales, Fernando Straface, y el ministro de Gobierno, Bruno Screnci Silva, sus interlocutores ante la UCR.

 

Straface y Screnci Silva, los enviados de Larreta para festejar con Cornejo

 

Sin embargo, fueron dos hechos los que afianzaron la confianza entre ambos gobernadores. En 2016, la Legislatura porteña avanzaba con la prohibición de publicidad de vinos en la vía pública y el mendocino estalló de furia. Hablaron por teléfono y Rodríguez Larreta instruyó a su bloque de legisladores para subsanar la situación. 

Un año después, el vino volvió a ser tema de discusión entre Cornejo y Cambiemos. Los entonces ministros Nicolás Dujovne (Hacienda) y Francisco PanchoCabrera (Producción) propusieron incluir un impuesto a esa bebida en el paquete de reforma impositiva que la Casa Rosada envió al Congreso. Nuevamente, Cornejo, bodegueros y viñateros pusieron el grito en el cielo por la medida. Con la experiencia de 2016, el mendocino no lo dudó. Llamó dos veces al jefe de Gobierno. La primera charla fue breve y en términos acalorados. En la segunda, Cornejo le pidió ayuda a Rodríguez Larreta. Acto seguido, el alcalde se sumó al lobby del mendocino y logró convencer a Cabrera de borrar la alícuota del 10% al vino en la reforma impositiva. Una gestión por la que, admiten en Mendoza, el Presidente “jamás” levantó el teléfono.