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Fernández traza líneas rojas ante la amenaza de Bolsonaro de romper el Mercosur

Lo urgente: encontrar un canal de diálogo. Lo importante: qué se negocia y qué no. Una agenda que quema. Guerra de facciones en Brasilia: los halcones y las palomas menos pensadas.
Por 30/10/2019 14:21

El triunfo electoral del domingo puso en marcha todos los planes de Alberto Fernández en materia de política internacional. Si la relación con Estados Unidos es crucial para encauzar la renegociación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y con los acreedores privados, el vínculo con Brasil urge ante las amenazas cotidianas de Jair Bolsonaro de romper el Mercosur. El exmilitar propone un bloque mínimo y una radical liberalización de sus importaciones, algo que choca con la meta del peronista de reindustrializar la Argentina. Ante semejante colisión de objetivos, el presidente electo ya dio la orden a su equipo de buscar un canal de diálogo directo con Brasilia y de abordar esos temas de alto voltaje “antes de que las cosas se desmadren”, según le dijeron a Letra P.

El presidente de Brasil no se limitó a apoyar a Mauricio Macri en la campaña electoral, sino que también hostilizó durante toda su duración al postulante del Frente de Todos. Antes de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) llamó a los argentinos a votar bien. Luego de estas, subió el tono. El miércoles 23, cuando la consagración de Fernández ya se daba por descontada, amenazó con suspender a la Argentina del Mercosur. Al día siguiente de los comicios, anunció desde Emiratos Árabes Unidos que no saludaría al argentino y aseguró que los votantes habían “elegido mal”. El martes, en tanto, le dijo a O Estado de São Paulo que lo que la idea de un acuerdo económico y social de Fernández, a quien atribuyó un plan de congelar precios y subir salarios, “no tiene cómo tener éxito”. Además, le pidió lo imposible, que “continúe con las mismas prácticas de Macri: apertura, libertad económica” y advirtió que “nos preparamos para lo peor”.

 

 

Por si faltara algo para darle un insólito tinte personal a la disputa, uno de los hijos del mandatario brasileño, el diputado federal Eduardo Bolsonaro, retuiteó un ataque de mal gusto apuntando a la familia del argentino.

¿EL MERCOSUR SERÁ BRASILEÑO O NO SERÁ? Detrás de semejante ofensiva hay, por un lado, un proyecto y, por el otro, una feroz guerra de facciones al interior del poder en Brasilia.

Como anticipó Letra P, el proyecto apunta a liberalizar radicalmente el Mercosur. Durante su presidencia pro tempore del bloque, el brasileño se propone imponer una reforma que permita a cada Estado miembro negociar tratados de libre comercio con otros países y bloques, así como aplicar los ya alcanzados, por ejemplo el firmado con la Unión Europea (UE), a velocidades diferentes. Además, reducir prácticamente a la mitad el Arancel Externo Común (AEC), esto es el nivel de protección comercial del bloque en relación con el resto del mundo. Según el proyecto, el Mercosur será a la medida de Brasil o no será.

“No es el momento para hablar de una reducción del arancel externo”, le dijo a Letra P una fuente cercana al presidente electo. “Cualquiera de esas ideas implicaría la destrucción del Mercosur”, señaló otra.

¿Qué elementos tiene entre manos el albertismo como prendas de negociación para aplacar al ultraderechista?

Por un lado, la propuesta de una relación desideologizada. Habrá que trabajar mucho para convencer a Bolsonaro de que eso es posible, irritado como está, según supo Letra P de una fuente que lo frecuenta, por los reiterados gestos de Alberto Fernández a favor de la liberación de Luiz Inácio Lula da Silva, desde la visita que le hizo en julio en la prisión de Curitiba hasta la selfie que tuiteó el domingo electoral para saludar al expresidente por su cumpleaños e insistir en esa causa.

 

 

Por el otro, ya en un plano práctico, el mandatario electo pretende aplacar el ímpetu liberalizador del brasileño con la seguridad de que no bloqueará el acuerdo con la UE (algo que no precisa hacer, ya que este de hecho es vetado por Francia, Austria e Irlanda) y que aceptaría una integración mayor con los países de la Alianza del Pacífico: Chile, Perú, Colombia y México.

“Con todos ellos ya hay acuerdos de libre comercio amplios, por lo que un avance mayor no implicaría ningún riesgo” para la industria nacional, le explicaron a este medio.

La certeza de que el futuro presidente rechazará la reducción del AEC, fue lo que motivó la mencionada amenaza de suspender a la Argentina con apoyo de Paraguay y Uruguay, tal como se hizo en 2012 con el primero de esos países tras el cuestionado juicio político a Fernando Lugo. Se trata de un absurdo enorme: se puede penalizar a un Estado miembro por violar la carta democrática, pero no por votar propuestas conforme a sus intereses.

 

 

Es probable que en lo inmediato Bolsonaro deba priorizar asuntos domésticos más delicados, como la denuncia que parece vincular a su familia con el asesinato de la concejala carioca Marielle Franco, pero la posible ruptura del Mercosur descansa sobre su escritorio. Al proyecto liberalizador del bloque se suma una guerra de facciones dentro del palacio del Planalto, donde la Argentina tiene enemigos previsibles y aliados potenciales acaso sorprendentes.

INTRIGAS PALACIEGAS. El bolsonarismo es un fenómeno político complejo en el que conviven tres facciones.

La primera, la llamada “ala ideológica”, es la inspirada por el ensayista de ultraderecha Olavo de Carvalho e integrada por los hijos del presidente, Eduardo y el senador Flávio. Al núcleo familiar hay que sumar al canciller, Ernesto Araújo, e incluso con mayor influencia que este al asesor especial de la Presidencia para Asuntos Internacionales Filipe Martins.

Este sector milita un trumpismo a la brasileña y se articula con la derecha alternativa del ideólogo del jefe de la Casa Blanca, Steve Bannon. Abraza el liberalismo económico, pero reivindica el “soberanismo” y denuncian lo que llama “globalismo”, que no es necesariamente la globalización sino su supuesta instrumentación por parte de la “izquierda internacional”.

Es el ala olavista la que empuja a Bolsonaro contra la Argentina, supo Letra P de una fuente familiarizada con esos enjuagues palaciegos. Si Fernández se opone al programa que se busca imponer en el bloque, la carta que puede jugar el brasileño es la de una salida de su país del Mercosur y una apuesta a un tratado de libre comercio con Estados Unidos, algo que Donald Trump desea para hacer pie en un patio trasero en el que la UE lo ha madrugado.

 

 

Una segunda facción del bolsonarismo, la ultraliberal, está alineada con esa postura. Es la que responde al ministro de Economía, Paulo Guedes, quien evocó públicamente en más de una ocasión la posibilidad de una ruptura y hasta se permitió un año atrás, justo en la noche del triunfo electoral de Bolsonaro, afirmar en tono agresivo que “la Argentina no es una prioridad”.

La resistencia a ese proyecto, en tanto, está encarnada en el tercer pilar del bolsonarismo: su ala militar.

UN ALIADO IMPENSADO. Los militares son un componente clave de la coalición gobernante en Brasil, al punto que Bolsonaro es, en buena medida, la expresión de un proyecto político de larga data del Ejército. Su importancia se explica por su inserción en la maquinaria del Gobierno: desde el vicepresidente, el general Hamilton Mourão, ocho ministros en un gabinete de 22 y unos 2.500 oficiales diseminados en otros cargos y asesorías.

Los militares, a su vez, expresan el interés de un amplio sector industrial que no quiere saber nada de una reducción brusca del AEC y que tiene en el bloque y en la Argentina mercados valiosos.

 

El Mercosur, pese a sus muchos problemas, sigue revistiendo importancia económica: el año pasado fue destino de ventas brasileñas por 16.700 millones de dólares, mientras que la Argentina captó más de 12.000 millones.

 

“La industria ha apoyado activa y públicamente la apertura comercial desde 2012. Estamos a favor de la apertura, pero con diálogo y transparencia. Ni la industria ni el Congreso pueden quedarse fuera de ese debate dado su enorme impacto sobre los estados y los municipios industriales”, le dijo a Letra P desde Brasil el presidente de la Confederación Nacional de la Industria (CNI), Robson Braga de Andrade. Coincide con la postura de sus pares argentinos, que ya expresan alarma ante las señales que llegan de Brasilia.

El Mercosur, pese a sus muchos problemas, sigue revistiendo importancia económica: el año pasado fue destino de ventas brasileñas por 16.700 millones de dólares, mientras que la Argentina captó más de 12.000 millones. Pese a la caída del comercio bilateral de años recientes, nuestro país aún da cuenta del 5% de las exportaciones de Brasil, básicamente de productos industriales que el vecino no logra colocar con facilidad en otros mercados, y es, detrás de China y Estados Unidos, su tercer socio comercial.

Pero para los militares, el bloque tiene un valor adicional, que va más allá de lo comercial: es una garantía de estabilidad regional que urge conservar. Sobre todo cuando Paraguay y Perú viven crisis latentes y Venezuela, Ecuador y Bolivia directamente estallan en su extensa frontera.