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Macri y Bolsonaro ponen el hito definitivo hacia el Mercosur mínimo

Como anticipó Letra P, el bloque entra de lleno en su fase liberalizadora. Acuerdos de libre comercio que podrán regir en algunos países y no en otros y negociaciones a diferentes velocidades.
Por 16/07/2019 13:11

Celebración del acuerdo de libre comercio alcanzado recientemente con la Unión Europea (UE). Discusión sobre los avances importantes, en la misma materia, con los países del EFTA (Suiza, Noruega, Luxemburgo e Islandia), con Canadá, con Corea del Sur y con Singapur. Eliminación de los cargos telefónicos en concepto de roaming para los ciudadanos del bloque que se desplacen a través del mismo. Impulso a la desburocratización. Esbozo de un Presupuesto común y, acaso, algo más de humo proselitista sobre una posible moneda argentino-brasileña, que encontró nombre (“peso real”) antes que mínima viabilidad. Discusión, sin consenso ante la postura moderada de Uruguay, del caso venezolano. Todo eso forma parte de la agenda de la reunión del Mercosur que se realiza en Santa Fe y que este miércoles tendrá su punto culminante con la cumbre de presidentes. Pero, más allá de esos titulares, lo más importante va por otro lado, algo anticipado por Letra P en enero: bajo el liderazgo de Jair Bolsonaro y Mauricio Macri, estos más el uruguayo Tabaré Vázquez y el paraguayo Mario Abdo Benítez se disponen a anunciar un cambio en la normativa que abrirá al bloque de modo drástico, al punto de convertirlo en uno mínimo, light, muy diferente al que se conoció hasta ahora.

 

 

Los ejes del Mercosur mínimo, elaborados este martes en la cocina de los cuatro cancilleres (Venezuela sigue suspendida), son básicamente tres.

En primer lugar, la imposición de la llamada “entrada en vigencia provisoria” de los tratados de libre comercio (TLC) que firme el bloque, empezando por el cerrado con la UE. Esto significa el fin de la regla de que para que un acuerdo de ese tipo rija es necesaria la aprobación de cada uno de los parlamentos de los países miembro.

Este fue un pedido de Bolsonaro, preocupado por la posibilidad de que Macri pierda las elecciones y deba convivir con Alberto Fernández, quien ya expresó una postura contraria a lo pactado con los europeos. Así, como la Argentina hizo propio el planteo, bastará con que un parlamento, por caso el brasileño, apruebe el TLC para que el entendimiento entre en vigor para ese país, independientemente de lo que ocurra en sus socios.

 

 

No deja de resultar una curiosidad que la UE, el gran modelo internacional de integración regional, no tenga nada parecido a esa flexibilidad: un acuerdo comercial debe ser allí avalado por la totalidad de los parlamentos y rige al mismo tiempo para todos los miembros, que, de ese modo, conservan un derecho de veto, algo con lo que aún hoy sigue amenazando Francia.

Si se espera que lo anterior sea anunciado por los mandatarios en la jornada de cierre, hay un segundo aspecto que se vincula estrechamente a él: la posibilidad de que, de ahora en más, cada Estado negocie acuerdos de libre comercio, de facto, por fuera del bloque. Esto no será así nominalmente, ya que será menester que el Mercosur cierre primero un pacto paraguas con el futuro socio. A partir de eso, cada país podrá avanzar a una velocidad diferente, lo que, en un extremo, permitirá que algunos lo apliquen y otros lo demoren sin fecha o establezcan salvaguardas mucho más férreas.

 

 

La idea de ambas medidas apunta en la misma dirección, esto es, terminar con la Resolución 32/00 del bloque, que impone que las negociaciones comerciales se realicen en conjunto, modificando de raíz el Mercosur, algo sobre lo que Letra P viene informando desde octubre del año pasado, ni bien Bolsonaro ganó las elecciones presidenciales.

 

No deja de resultar una curiosidad que la Unión Europea, el gran modelo internacional de integración regional, no tenga nada parecido a la flexibilidad que adoptará el Mercosur: un acuerdo comercial debe ser allí avalado por la totalidad de los parlamentos y rige al mismo tiempo para todos los miembros, que, de ese modo, conservan un poder de veto.

 

¿Qué implicancias tiene todo esto? Básicamente, la pérdida de la preferencia que el Mercosur ha asegurado hasta ahora a las empresas de cada uno de sus miembros en el mercado común.

Para claridad basta un ejemplo, aunque resulte algo aventurado. Uno de los temas que está presente en la cumbre de Santa Fe es el de la apertura de negociaciones en pos de un TLC con Estados Unidos, algo en lo que Brasil tiene condiciones de avanzar más rápidamente que la Argentina. Eso es así por la relación especial entre Donald Trump (sí, más especial que la que mantiene con Macri) y Bolsonaro, quien en los próximos días podría anunciar el envío de su hijo Eduardo, diputado federal y miembro activo de la ultraderecha internacional (la alt right), como embajador en Washington. Además, el calendario electoral impedirá en lo que resta del año cualquier avance mayor de nuestro país en esa materia, sin que Brasil tenga esa limitación.

En función de ese razonamiento (simplemente ilustrativo y especulativo por ahora), si Brasil alcanzara un TLC con Estados Unidos y, en virtud de las nuevas doctrinas del bloque, pudiera ponerlo en marcha antes que los demás miembros del Mercosur, las empresas de estos perderían la preferencia que tienen hasta ahora en aquel mercado. De ese modo, los productores argentinos de trigo, frutas, autos, autopartes, maquinaria agrícola y bienes industriales varios comenzarían a competir con los estadounidenses en Brasil, en todos los casos con arancel cero, algo que, dada la diferencia de competitividad vigente, podría resultar en un desvío de comercio severo en perjuicio del país.

 


Pero la ola liberalizadora del Mercosur incluye un tercer ítem. Según anunció el secretario de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería, Horacio Reyser, se avanzará en la reducción del Arancel Externo Común (AEC) del bloque, medida que se concretará el año que viene, durante la presidencia pro tempore de Brasil.

El AEC promedio del bloque es hoy del 14%, mientras que el límite máximo alcanza al 35%, algo que los especialistas consideran demasiado elevado y que convierte al Mercosur en una especie de fortaleza proteccionista. Así, la idea que se negocia es reducir ese máximo al 25% y, además, establecer un sendero para rebajas ulteriores.

El Mercosur mínimo está, por fin, en marcha.