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Mercosur-Unión Europea: ¿el país sale a boxear con las manos atadas?

El tic tac del reloj hacia la apertura suena, pero las empresas ignoran todo. ¿Qué carga impositiva tendrán? ¿Que tipo de cambio? ¿Qué costos de financiamiento? Dilemas de un país en crisis perpetua.
El tic tac del reloj hacia la apertura suena, pero las empresas ignoran todo. ¿Qué carga impositiva tendrán? ¿Que tipo de cambio? ¿Qué costos de financiamiento? Dilemas de un país en crisis perpetua.
Por 03/07/2019 14:42

Mucho se opinó sobre el acuerdo marco de libre comercio que anunciaron el Mercosur y la Unión Europea en base, como es natural, a miradas ideológicas e intereses válidos. Pese a lo gradual que será su aplicación en los ítems más sensibles, si lograse aprobación legislativa en todos los países involucrados, habrá ganadores y perdedores, sectores que hallarán oportunidades y otros que entrarán en peligro de extinción. En base a eso cabe interrogarse sobre la conveniencia de adoptar un esquema de libre comercio con un bloque que es superpotencia mundial cuando la Argentina está a varios años, en el mejor de los casos, de ofrecerles a sus empresas condiciones macroeconómicas, cambiarias, de precios, tributarias y de incentivos que permitan una puja justa con sus futuras competidoras. Sin ellas, el juego será necesariamente desigual y tendrá impacto negativo en la economía y el empleo del país.

DE LA TEORÍA A LA PRÁCTICA. El libre comercio irrestricto, que existe en los libros de economía pero no en el mundo real, implica el ingreso de un país, con una dotación de recursos dada, a un cierto patrón de división internacional del trabajo que, si no le resulta ventajoso de inicio, bien puede marcarle a fuego una estructura productiva limitada y subdesarrollada.

Los acuerdos de libre comercio son otra cosa. Primero, porque el socio se elige de manera de, se supone, evitar aquel mal. Además, porque los sectores que pueden enfrentar problemas obtienen períodos de gracia durante los que siguen gozando de protección mediante aranceles o cupos que facilitan su fortalecimiento y convergencia futura. El problema se produce cuando esa etapa se consume sin darles a las compañías herramientas para lograr el objetivo, un riesgo alto en una economía como la argentina, estragada por un déficit fiscal crónico (no importa que hoy el primario se travista como financiero, esto es, de gasto corriente excesivo al que implica el pago de deudas), lo que se traduce en una presión tributaria desmesurada en relación con los futuros competidores.

 

 

Más allá de algunas declaraciones iniciales de cuño lisa y llanamente proteccionista, como la del candidato a gobernador bonaerense Axel Kicillof, las concesiones realizadas y en qué condiciones el país será lanzado a una competencia muy desafiante son los puntos que resaltan los especialistas en comercio internacional vinculados al Frente de Todos, el mayor grupo de oposición.

 

 

El tema se suma como un eje importante de campaña, a no dudarlo, con el Gobierno aprovechando cualquier definición del oponente que suene demasiado a 1945 para mostrarse como la mejor alternativa de evolución.

 

 

PELIGROS Y OPORTUNIDADES. “No es que estamos en contra de la negociación. Lo que pretendíamos era que las concesiones fueran recíprocas y no que el Mercosur furera el que levante todas sus líneas rojas a cualquier precio”, le dijo a Letra P la economista Paula Español, consciente de que el kirchnerismo también fue parte de este proceso de negociaciones de 25 años.

 

 

“Esas concesiones se ven, lamentablemente, por los sectores que, según lo anunciado, se pusieron en juego, que son más que los esperados y con una apertura más veloz”, agregó.

 

 

“En cuanto a bienes, van a llegar algunos de menor valor agregado, como textiles, indumentaria, calzados, carteras, marroquinería en general… El capítulo de patentes toca a la industria farmacéutica y el de indicaciones geográficas (NdR: denominaciones de origen controlado, como champagne o quesos como el camembert), a la agroalimentaria”, advirtió Español.

“Además, el acuerdo suma compras públicas, lo que va a impactar en las empresas locales de la construcción y de bienes de capital, por ejemplo, algo de lo que informó más la UE que el Mercosur y para lo que nuestro propio bloque no tiene ni siquiera un protocolo”, sumó.

 

 

Lo difundido hasta el momento, llamativamente de modo más amplio por parte de la UE, habla de “una liberalización extensa en el comercio de bienes. El Mercosur liberará completamente el 91% de sus importaciones desde la UE a lo largo de un período de transición de hasta diez años para la mayoría de los productos. Uno más extenso de hasta 15 años queda reservado a algunos de los productos más sensibles para el Mercosur. La UE liberará el 92% de sus importaciones desde el Mercosur a lo largo de un período de transición de hasta diez años. En términos de líneas arancelarias, el Mercosur liberará completamente un 91% y la UE, un 95% respectivamente”.

Un ejemplo clave es lo que ocurrirá en el sector automotor, columna vertebral de la industria argentina, que mantendrá el actual arancel del 35% para todo vehículo que llegue desde afuera del Mercosur, pero en el que se habilitará desde el vamos un cupo de 50.000 unidades europeas anuales. Al octavo año, aquel arancel caerá a la mitad y al año 15, desaparecerá. ¿También desaparecerá la industria automotriz nacional tal como la conocemos hoy? Si hay pesimistas, también hay entusiastas de la apertura y la liberalización comercial, la que, afirman, mejorará la competitividad general de la economía al beneficiar a los consumidores (individuos y empresas) con bienes de mejor calidad y menor precio que los que hoy están en oferta, es decir reduciendo costos.

 

 

El primero de los optimistas, claro, es el propio gobierno de Mauricio Macri, que enfatiza la oportunidad de acceder a un bloque de 500 millones de consumidores de alta renta (34.000 dólares per capita).

 

 

Marcelo Elizondo, director de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), se cuenta también en ese grupo. Según le dijo a Letra P,  “lo que se firmó es más grande que lo que se esperaba, que era un acuerdo meramente político. Lo anunciado ya tiene previsiones concretas de libre comercio”.

“Aunque falta conocer la letra chica y no sabemos bien todavía cuáles son los sectores más afectados, podemos decir que el agro es el que menos resultados va a tener con respecto a lo esperado”, agregó.

 

“Lo que se firmó es más grande que lo que se esperaba, que era un acuerdo meramente político. Lo anunciado ya tiene previsiones concretas de libre comercio”, dijo Marcelo Elizondo.

 

MIRADAS (NO TAN) ENCONTRADAS. Pero el especialista de DNI sabe que no hay milagros. “Un acuerdo comercial puede abrir mercados, pero no arregla la economía doméstica. Somos nosotros los que tenemos que corregir los problemas de competitividad del país, de alta presión fiscal, de legislación tributaria, laboral y administrativa muy rígida. También los problemas fiscales, que generan tasas de interés altas y poca previsión sobre cómo se van a cumplir las obligaciones crediticias, los problemas cambiarios, de infraestructura, de conflictividad social… Si no se arregla todo eso, llegado el momento de la entrada en vigencia del acuerdo vamos a tener inconvenientes para competir”, explicó.

“Hasta que el pacto esté plenamente vigente van a pasar años. Entonces hay que aprovechar ese tiempo para hacer los ajustes que están en espera. Si la Argentina se adapta a condiciones más normales, algo que el propio acuerdo puede incentivar, vamos a estar frente a un esfuerzo, sobre todo para las pymes, pero no frente a algo tan complejo. Por ejemplo, en materia de empleo, el peligro mayor no es éste, sino la evolución tecnológica”, explicó Elizondo. Sin embargo, el especialista aclaró que “las empresas también tienen que modificar sus estrategias y salir de su visión doméstica. Si no, si nos abrimos sin mejorar la competitividad, efectivamente va a ser muy difícil competir y las cosas van a estar complicadas”.

En este punto, las miradas comienzan a converger, más allá de escepticismos y entusiasmos sobre el libre comercio. Paula Español indicó que “al sector productivo se le pide que compita sin que se sepa cuáles serán las condiciones futuras de acceso al financiamiento, promoción de ciencia y técnica, cuidado de mercados”.

¿Qué va a pasar con los subsidios europeos (en materia agrícola, por caso, la más sensible para el Mercosur), que ni siquiera son mencionados en el acuerdo?”, añade la economista, poniendo el dedo en una llaga sensible.

“¿Qué va a pasar con los subsidios agrícolas europeos, que ni siquiera son mencionados en el acuerdo?”, se preguntó la economista Paula Español.

“Un riesgo importante es que, por la nueva competencia, los exportadores argentinos pierdan la preferencia que les da el Mercosur en el mercado brasileño a cambio de un acceso al europeo que, en los hechos, tal vez sea difícil de conseguir”, cerró.

Cruzado del libre comercio, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, ya le planteó a la Argentina que, si cualquiera de los países del Mercosur traba el acuerdo a nivel parlamentario, su país quiere tener la potestad de aplicarlo a como dé lugar. Sabe que en la Argentina pronto habrá elecciones, que la intención de Macri de hacerlo aprobar en el Congreso antes del recambio del 10 de diciembre es de compleja concreción y que el riesgo de que un futuro gobierno pida una revisión de lo pactado es elevado.

¿Y POR CASA CÓMO ANDAMOS? “Una cosa es firmar un acuerdo comercial y otra diferente, solucionar las falencias internas del país que permitan obtener el mayor beneficio posible de asociarse con un bloque como la Unión Europea, de alto poder adquisitivo y volumen de consumo”, respondió, ante la consulta de Letra P, el economista Christian Buteler.

¿Qué va a pasar con la inflación, con las cuentas públicas, con la presión impositiva, con el acceso al financiamiento, con la infraestructura? Todo eso es crucial para las empresas y no lo sabemos. Y la verdad es que nadie está siquiera planteando eso”, añadió.

 

 

Si se piensa en las limitaciones económicas estructurales que enfrentará el país en los   próximos años, es necesario mencionar el elevado endeudamiento y un fuerte gasto en jubilaciones, pensiones y asistencia social, imprescindible para no empeorar indicadores sociales que ya resultan intolerables. Esta última cuenta, además, llega al 70% del presupuesto cuando se le suman los salarios del sector público. Todo eso implica la necesidad de financiar al Tesoro generosamente, esto es, con una elevada presión fiscal. ¿Será posible bajarles los impuestos de todo tipo a las empresas, incluidos los laborales, y, a la vez, enfrentar calendarios de pago de deuda exigentes y mantener niveles mínimos de protección social? En este punto el libre comercio viene con la coda de las “reformas estructurales” que va a pedir el Fondo Monetario Internacional (FMI) y que serán uno de los ejes del debate político inminente.

“Por ejemplo, el Banco Central acaba de anunciar, en base a su manejo de la política monetaria, una tasa de interés piso del 58% para este mes. ¿Cómo? ¿No es que el modelo indica que lo que controla son los agregados monetarios y que la tasa es exógena, es decir que la pone el mercado? Además, ¿qué va a pasar con el dólar durante el proceso electoral?”, ejemplificó Buteler en alusión a las vicisitudes continuas de un país que no logra dejar de vivir en emergencia.

Es cierto: el Gobierno dice que está trabajando para estabilizar la economía y que el resultado de este presente de penurias será un futuro venturoso. Cuestión de fe. Por un lado, en el mejor escenario, el país llegará a la hora decisiva con una macroeconomía estable, pero que nunca les dio tiempo a sus empresas para que tomaran volumen en base a la conquista de mercados más cercanos y accesibles. Pero, por el otro, las propias autoridades se curan en salud y ya no atinan a ponerle fecha al módico logro de una inflación de un dígito.

Poco se sabe. Pero sí se conoce que el tic tac del reloj sonará cada vez más fuerte hasta el día D del libre comercio.