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El karma peronista del nieto del desarrollismo

Su renunciamiento histórico para abrir el gabinete no prosperó. Sin ascenso pero sin degradación, tiene una misión clave: arrancarles a los caciques del PJ la bala de plata que necesita Macri.
Por 07/09/2018 13:15

Dentro de la ola de degradaciones que decidió el presidente Mauricio Macri para "compactar" su gabinete y reducirlo a la mitad, el ministro del Interior, Obras Públicas y Vivienda, Rogelio Frigerio, es uno de los pocos miembros del Ejecutivo Nacional que no perdió funciones. Pero los cambios a tiro de decreto presidencial no implican que haya sumado más poder en medio de un gabinete signado por la crisis. En su agenda inmediata, aseguran en su entorno, la tarea "estratégica" que debe resolver, para preservar al Gobierno, está concentrada en concluir la negociación del Presupuesto para 2019 con todas las provincias, un poroteo que se estira como un chicle al calor de la "ingrata tarea" de consensuar las nuevas pautas de ajuste fiscal que reclama el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Parte del futuro de Frigerio está atado al desenlace de ese tironeo:

Si el resultado fuera satisfactorio, el principal representante de la diezmada "ala política" del Gobierno sumaría influencia, aunque sin saber si acumularía más poder para los más de 400 días que le quedan a Cambiemos en la Casa Rosada.

En cambio, si el diseño del plan nacional de cuentas se transformara en papel mojado, debería lidiar con un escenario más espinoso, aunque sin abandonar la poltrona que tiene cerca del Patio de las Palmeras.

 

 

RENUNCIAMIENTO. El economista recordará el domingo 2 de septiembre de 2018 como una inflexión para su carrera política. Por cinco horas dejó de ser ministro de Macri. 

En medio de la crisis financiera y política más aguda desde la llegada de Cambiemos a la Casa Rosada, el nieto del fundador del desarrollismo argentino (de quién heredó el mismo nombre) puso su cargo a disposición del jefe del Estado para posibilitar un cambio de gabinete que permitiera una mayor presencia del radicalismo dentro del Ejecutivo que, hasta esta semana, tenía 21 ministerios, además de la jefatura de ministros a cargo de Marcos Peña.

Frigerio se lo planteó al Presidente en la mañana de ese domingo, luego de una veloz visita a la Quinta de Olivos.  Era la llave de un renunciamiento, promovido por los representantes del ala política del PRO, uno de los sectores del macrismo que goza de más valoraciones políticas fuera del partido amarillo que dentro del entorno presidencial, salvo por Frigerio, que integra la “mesa chica” que eligió el Macri para tomar decisiones. Con el apoyo de su amigo el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, la fugaz renuncia buscó concretar un reclamo originario del pelotón de funcionarios que antagoniza desde hace dos años con Peña sobre la necesidad de abrir los sillones ministeriales a los socios menores de Cambiemos y a los aliados peronistas.

 

 

En medio de la aceleración de la crisis, el intento fracasó ese mismo día por la negativa del ex titular de la UCR, Ernesto Sanz, a ocupar el lugar de Frigerio, al frente de una versión achicada del actual ministerio, que iba a ser despojado de Obras Públicas y Vivienda. Ambas áreas estuvieron a un paso de quedar bajo el control del ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, mientras que el abogado mendocino iba a ser el interlocutor político del Ejecutivo con los gobernadores, un punto que, según confiaron a Letra P fuentes de la Casa Rosada, tampoco convencía a los únicos dos jugadores de la mesa chica con peso territorial: la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, y el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta.

“Ninguno de los dos bancó la posición de Rogelio, porque dijeron que era muy importante donde estaba”, confió uno de los testigos de las negociaciones. Esa cautela repentina sorprendió a los mismos funcionarios que conocen, desde hace un año y medio, las insistencias de ambos mandatarios del PRO para evitar el encerramiento del entorno presidencial en la influencia de Peña.

En el radicalismo explican que Sanz “hubiera aceptado” si Frigerio reemplazaba a Peña, una opción que el jefe de la cartera política siempre se encargó de negar con el mismo esfuerzo que ha puesto para mantener una buena relación con Peña. 

 

 

EFECTO TECHO. “¿El operativo de renunciamiento cerró las posibilidades de ascenso para Frigerio dentro del gabinete?”, preguntó este medio a los funcionarios que experimentaron las horas de zozobra del fin de semana pasado. Ninguno de los consultados se animó a dar un veredicto determinante. “Fue el único que pudo diferenciarse con alguna iniciativa, cuando todos los demás ministros estaban preocupados y obsesionados por saber quién los estaba operando. Nadie sabía si seguía en su puesto, salvo Marcos”, contestó con resignación uno de los escuderos que el viernes trabajaba bajo la órbita de un ministro que fue degradado a secretario.

Para otras fuentes, vinculadas a la Jefatura de Gabinete, el gesto de Frigerio afianzó el vínculo con Peña, que pasa esta semana lejos de los medios. No es la posición unánime del entorno del ministro coordinador. Otros prefieren minimizar la movida y la adjudican a una ofensiva de “autopromoción” que sólo tendría crédito en las abarrotadas paredes del primer piso de la Casa de Gobierno.

 

 

Sin embargo, antes de las cinco horas de lejanía con el poder, Frigerio fue ponderado para otro destino, que tampoco aceptó: hacerse cargo de un Ministerio de Economía que iba a tener bajo su órbita a Nicolás Dujovne, de Hacienda; Luis Miguel Etchevehere, de Agroindustria, y Javier Iguacel, de Energía. “La mega cartera económica fue una posibilidad y Rogelio fue un candidato firme por su perfil de economista y por sus posiciones heterodoxas, pero descartó esa posibilidad”, amplió un inquilino del ala sur de la Casa de Gobierno.

Ante las consultas de este medio, voceros del ministro no contestaron sobre esa posibilidad, pero tampoco la desmintieron, aunque el desenlace de los poroteos justificaron la negativa de Frigerio: el plan de reconstruir Economía quedó reducido a una accidentada ratificación de Dujovne como ministro de Hacienda, con la cartera de Energía bajo su órbita. “Al final, el Ministerio de Economía lo tiene Dante Sica”, bromeó otro funcionario desplazado en referencia a la ampliación del Ministerio de Producción, con Agroindustria y Trabajo dentro de su nuevo organigrama.

 

 

El derrotero político del "mejor equipo de los últimos cincuenta años" empalidece con velocidad por la voracidad de la crisis (y la transferencia regresiva de recursos). Quizás por eso el plan para reconstituir la autoridad económica del Gobierno aparece lejana en el pasado. Pero data de mayo, cuando las alternativas del oficialismo sumaron amagues que no se concretaron, como la ampliación de la mesa chica, con la inclusión de Frigerio, Sanz y Monzó en un esquema de presunta redistribución del poder que sólo se plasmó en una foto sobre el césped de la residencia de Olivos. Los tres posaron el 16 de mayo, tras la primera corrida cambiaria, junto al gobernador jujeño Gerardo Morales y a Peña, que eligió, con la anuencia de Macri, mantener al ministro del Interior en el mismo lugar que tiene desde el 10 de diciembre de 2015. Un permanencia que sólo fue interrumpida por un hiato de 300 minutos. 

Con 48 años y nueve meses de edad sobre sus espaldas, dicen que Frigerio pensó en “irse a su casa” durante las cinco horas que dejó Interior. Habría sido una escala provisoria, porque el funcionario también aspira a transformarse en presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y mudarse a Washington.

Entre regresar a casa y retomar su carrera profesional, cerca del ministro aseguran que el Presidente valora su rol negociador con las provincias con el mismo encomio que le prodigan los gobernadores del peronismo y los titulares de los bloques opositores del Senado y de la Cámara de Diputados.

Desde la Cámara Baja, el propio Monzó deslizó que espera que su amigo ministro “deje de sufrir” al frente de un cargo “clave” para la negociación de un oficialismo que no tiene mayoría en ninguna de las dos cámaras y debe recorrer la complejidad del intercambio con los mandatarios peronistas.

El karma peronista del nieto del desarrollismo

Su renunciamiento histórico para abrir el gabinete no prosperó. Sin ascenso pero sin degradación, tiene una misión clave: arrancarles a los caciques del PJ la bala de plata que necesita Macri.

Dentro de la ola de degradaciones que decidió el presidente Mauricio Macri para "compactar" su gabinete y reducirlo a la mitad, el ministro del Interior, Obras Públicas y Vivienda, Rogelio Frigerio, es uno de los pocos miembros del Ejecutivo Nacional que no perdió funciones. Pero los cambios a tiro de decreto presidencial no implican que haya sumado más poder en medio de un gabinete signado por la crisis. En su agenda inmediata, aseguran en su entorno, la tarea "estratégica" que debe resolver, para preservar al Gobierno, está concentrada en concluir la negociación del Presupuesto para 2019 con todas las provincias, un poroteo que se estira como un chicle al calor de la "ingrata tarea" de consensuar las nuevas pautas de ajuste fiscal que reclama el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Parte del futuro de Frigerio está atado al desenlace de ese tironeo:

Si el resultado fuera satisfactorio, el principal representante de la diezmada "ala política" del Gobierno sumaría influencia, aunque sin saber si acumularía más poder para los más de 400 días que le quedan a Cambiemos en la Casa Rosada.

En cambio, si el diseño del plan nacional de cuentas se transformara en papel mojado, debería lidiar con un escenario más espinoso, aunque sin abandonar la poltrona que tiene cerca del Patio de las Palmeras.

 

 

RENUNCIAMIENTO. El economista recordará el domingo 2 de septiembre de 2018 como una inflexión para su carrera política. Por cinco horas dejó de ser ministro de Macri. 

En medio de la crisis financiera y política más aguda desde la llegada de Cambiemos a la Casa Rosada, el nieto del fundador del desarrollismo argentino (de quién heredó el mismo nombre) puso su cargo a disposición del jefe del Estado para posibilitar un cambio de gabinete que permitiera una mayor presencia del radicalismo dentro del Ejecutivo que, hasta esta semana, tenía 21 ministerios, además de la jefatura de ministros a cargo de Marcos Peña.

Frigerio se lo planteó al Presidente en la mañana de ese domingo, luego de una veloz visita a la Quinta de Olivos.  Era la llave de un renunciamiento, promovido por los representantes del ala política del PRO, uno de los sectores del macrismo que goza de más valoraciones políticas fuera del partido amarillo que dentro del entorno presidencial, salvo por Frigerio, que integra la “mesa chica” que eligió el Macri para tomar decisiones. Con el apoyo de su amigo el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, la fugaz renuncia buscó concretar un reclamo originario del pelotón de funcionarios que antagoniza desde hace dos años con Peña sobre la necesidad de abrir los sillones ministeriales a los socios menores de Cambiemos y a los aliados peronistas.

 

 

En medio de la aceleración de la crisis, el intento fracasó ese mismo día por la negativa del ex titular de la UCR, Ernesto Sanz, a ocupar el lugar de Frigerio, al frente de una versión achicada del actual ministerio, que iba a ser despojado de Obras Públicas y Vivienda. Ambas áreas estuvieron a un paso de quedar bajo el control del ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, mientras que el abogado mendocino iba a ser el interlocutor político del Ejecutivo con los gobernadores, un punto que, según confiaron a Letra P fuentes de la Casa Rosada, tampoco convencía a los únicos dos jugadores de la mesa chica con peso territorial: la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, y el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta.

“Ninguno de los dos bancó la posición de Rogelio, porque dijeron que era muy importante donde estaba”, confió uno de los testigos de las negociaciones. Esa cautela repentina sorprendió a los mismos funcionarios que conocen, desde hace un año y medio, las insistencias de ambos mandatarios del PRO para evitar el encerramiento del entorno presidencial en la influencia de Peña.

En el radicalismo explican que Sanz “hubiera aceptado” si Frigerio reemplazaba a Peña, una opción que el jefe de la cartera política siempre se encargó de negar con el mismo esfuerzo que ha puesto para mantener una buena relación con Peña. 

 

 

EFECTO TECHO. “¿El operativo de renunciamiento cerró las posibilidades de ascenso para Frigerio dentro del gabinete?”, preguntó este medio a los funcionarios que experimentaron las horas de zozobra del fin de semana pasado. Ninguno de los consultados se animó a dar un veredicto determinante. “Fue el único que pudo diferenciarse con alguna iniciativa, cuando todos los demás ministros estaban preocupados y obsesionados por saber quién los estaba operando. Nadie sabía si seguía en su puesto, salvo Marcos”, contestó con resignación uno de los escuderos que el viernes trabajaba bajo la órbita de un ministro que fue degradado a secretario.

Para otras fuentes, vinculadas a la Jefatura de Gabinete, el gesto de Frigerio afianzó el vínculo con Peña, que pasa esta semana lejos de los medios. No es la posición unánime del entorno del ministro coordinador. Otros prefieren minimizar la movida y la adjudican a una ofensiva de “autopromoción” que sólo tendría crédito en las abarrotadas paredes del primer piso de la Casa de Gobierno.

 

 

Sin embargo, antes de las cinco horas de lejanía con el poder, Frigerio fue ponderado para otro destino, que tampoco aceptó: hacerse cargo de un Ministerio de Economía que iba a tener bajo su órbita a Nicolás Dujovne, de Hacienda; Luis Miguel Etchevehere, de Agroindustria, y Javier Iguacel, de Energía. “La mega cartera económica fue una posibilidad y Rogelio fue un candidato firme por su perfil de economista y por sus posiciones heterodoxas, pero descartó esa posibilidad”, amplió un inquilino del ala sur de la Casa de Gobierno.

Ante las consultas de este medio, voceros del ministro no contestaron sobre esa posibilidad, pero tampoco la desmintieron, aunque el desenlace de los poroteos justificaron la negativa de Frigerio: el plan de reconstruir Economía quedó reducido a una accidentada ratificación de Dujovne como ministro de Hacienda, con la cartera de Energía bajo su órbita. “Al final, el Ministerio de Economía lo tiene Dante Sica”, bromeó otro funcionario desplazado en referencia a la ampliación del Ministerio de Producción, con Agroindustria y Trabajo dentro de su nuevo organigrama.

 

 

El derrotero político del "mejor equipo de los últimos cincuenta años" empalidece con velocidad por la voracidad de la crisis (y la transferencia regresiva de recursos). Quizás por eso el plan para reconstituir la autoridad económica del Gobierno aparece lejana en el pasado. Pero data de mayo, cuando las alternativas del oficialismo sumaron amagues que no se concretaron, como la ampliación de la mesa chica, con la inclusión de Frigerio, Sanz y Monzó en un esquema de presunta redistribución del poder que sólo se plasmó en una foto sobre el césped de la residencia de Olivos. Los tres posaron el 16 de mayo, tras la primera corrida cambiaria, junto al gobernador jujeño Gerardo Morales y a Peña, que eligió, con la anuencia de Macri, mantener al ministro del Interior en el mismo lugar que tiene desde el 10 de diciembre de 2015. Un permanencia que sólo fue interrumpida por un hiato de 300 minutos. 

Con 48 años y nueve meses de edad sobre sus espaldas, dicen que Frigerio pensó en “irse a su casa” durante las cinco horas que dejó Interior. Habría sido una escala provisoria, porque el funcionario también aspira a transformarse en presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y mudarse a Washington.

Entre regresar a casa y retomar su carrera profesional, cerca del ministro aseguran que el Presidente valora su rol negociador con las provincias con el mismo encomio que le prodigan los gobernadores del peronismo y los titulares de los bloques opositores del Senado y de la Cámara de Diputados.

Desde la Cámara Baja, el propio Monzó deslizó que espera que su amigo ministro “deje de sufrir” al frente de un cargo “clave” para la negociación de un oficialismo que no tiene mayoría en ninguna de las dos cámaras y debe recorrer la complejidad del intercambio con los mandatarios peronistas.