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Mis 90 queridos

Macri ve conspiraciones en el mercado, no encuentra soluciones en su gabinete económico y busca refugio en los viejos gurúes ultraliberales. El dream team de malos conocidos que añora el Presidente.
Por 05/05/2018 16:26

Mauricio Macri pasó la peor semana desde que llegó a la Presidencia. Así lo piensan algunos miembros del oficialismo que lo conocen bien. Aunque ya vivió sofocones fuertes, como la eclosión de la reforma previsional, esta vez no fueron sus opositores los que salieron a desautorizarlo, sino sus aliados naturales. No fue la presión de los manifestantes en la calle contra el ajuste, sino las operaciones de los mercados en busca de ganancias fabulosas en tiempo récord.

Después de ganar con la timba como en ningún otro lugar del planeta con acciones en la Bolsa -50% en dólares durante 2017-, Lebacs y bonos durante los dos primeros años de la administración Cambiemos, los grandes jugadores de ese universo desconocido para la mayor parte de los nativos fueron por más -y lo consiguieron- con una devaluación que Federico Sturzenegger no pudo o no quiso frenar en serio.

Aunque nadie habló de ánimo destituyente, el seleccionado de financistas que integra el gabinete quizás haya sentido por primera vez en la función pública cómo le corría el frío por la espalda. El Gobierno que vino a darles garantía a los inversores, al mercado y al mundillo financiero quedó desacreditado porque no inspira “confianza”, la piedra preciosa que Macri creyó haber hallado para la Argentina en el instante mismo en que recibió el bastón de mando de Federico Pinedo.

 

 

Aún sin saber cómo sigue la película, los días finales de abril y los primeros de mayo dejarán una huella en las almas sensibles del oficialismo. Al margen de los mensajes que intentan tranquilizar sin éxito a la platea, el Presidente puede experimentar dos sensaciones: quizás se sienta traicionado o quizás advierta que los dueños del circo están perdiendo la paciencia. O “se les escapó la tortuga”, como le dijo a Letra P un experimentado operador del mercado, o concedieron la devaluación que reclamaba el mundo financiero, de la peor manera. Con quema de reservas, pérdida de autoridad política y recreación de un clima que recuerda las palabras del sacrificado Carlos Melconian: “Ojo, que se puede ir todo a la mierda”.

Más allá del operativo conjunto del viernes entre Sturzenegger y Nicolás Dujovne, el Gobierno quedó desnudo en su desorientación, como nunca antes. La pelea entre la Jefatura de Gabinete de Marcos Peña y el presidente del Banco Central es una confrontación donde todos pierden y nadie gana. Macri ratificó la continuidad del llamado “equipo” económico, un rejunte de financistas acostumbrados a salvarse solos.

En busca de un tipo de cambio todavía más alto, los talibanes del mercado culpan al 28D y al impuesto a las Lebacs. Se anuncia un ajuste mayor con freno a la obra pública y el fin de un gradualismo que no fue integral. Si bien Macri no avanzó con el ajuste a la López Murphy, a la Espert o a la Broda, la devaluación inicial, la reducción de subsidios del tarifazo y la tasa de interés altísima que ofreció el Central durante dos años están más cerca del shock, que ahora gana puntos. Para los economistas que consulta Miguel Ángel Pichetto, por ejemplo, el problema no fue el 28D, sino los dos años anteriores durante los cuales la tasa de interés mató el crédito, alimentó la especulación y enfrió la economía. Claro, es una mirada que hoy queda rezagada como nunca, de cara a la nueva etapa que complica inclusos los planes reeleccionistas del Presidente.

 

 

ECONOMISTAS DE PESO. ¿Qué piensa Macri? Son pocos los que lo saben porque está ausente, contra la recomendación de un Círculo Rojo que le exige explicaciones. Los voceros del Gobierno, siempre dispuestos al diálogo, se plegaron en los últimos días a un silencio mortuorio.

Sin embargo, los periodistas amigos del hijo de Franco no hacen más que repetir una consigna: si fuera por Mauricio, todo se haría mucho más rápido. Es lógico, la factoría electoral de Cambiemos fue moldeando el pensamiento y, sobre todo, la acción del empresario que se inició en Sevel. Pero no pudo impedir que siga considerando a un grupo de economistas de la década del noventa como su fuente de inspiración. La versión desmentida del encuentro con Domingo Cavallo no quiere decir que Macri no tenga un buen concepto del ex ministro de Carlos Menem y Fernando De la Rúa. El ex superministro reapareció en TN para recomendarle al Presidente que lea sus libros, los de Juan Carlos De Pablo o los de Lucas y Juan Llach, su ex viceministro, con el que se enfrascó hace unos meses en una discusión en Twitter por los parecidos de la actual economía con la de la década del noventa.

 

El último libro de Cavallo. “Se lo mandé a Macri”, dijo el autor en TN.

 

“Cavallo es intelectualmente muy honesto. Debe haber ido a verlo como van varios otros. Broda también habló con Macri. Hay una cuestión generacional. Macri habla con los que eran sus referentes en los noventa. A muchos de los economistas con los que se junta los tiene bien referenciados de ese tiempo”, le dijo a Letra P un economista que trabaja con el Gobierno y, por supuesto, acompaña la aventura de Cambiemos. En esa lista de referentes económicos, están Cavallo, De Pablo, el último ministro de Menem, Roque Fernández, y el actual presidente del Banco Nación, Javier González Fraga, que ocupó el sillón que hoy tiene Sturzenegger durante seis meses, en el primer gobierno de Menem.

González Fraga fue mencionado incluso como posible ministro de Economía de Macri, en los días posteriores al triunfo de Cambiemos en el ballotage de 2015. Pero, finalmente, la mesa chica del Gobierno se inclinó por su discípulo Alfonso Prat Gay.

 

 

ADORADORES DEL HELICÓPTERO. El contacto entre Broda y Macri no deja de ser sorprendente por las advertencias públicas que el economista ultraliberal le viene haciendo al Gobierno desde hace varios meses. Ya en julio del año pasado, con el dólar a 16 pesos, Broda advertía -desde los micrófonos de Radio Mitre- que debía estar a 22 pesos y reclamaba, como siempre, un ajuste mayor en el déficit fiscal. Más tarde consideraba que estábamos viviendo de la bicicleta financiera con capitales especulativos que se van de la noche a la mañana, como en la época de Martínez de Hoz. Después del 28D, alertó sobre el modelo económico es explosivo, criticó a una Jefatura de Gabinete “que continúa la política radical y peronista” y apuntó directamente contra Mario Quintana: “Un farmacéutico no puede estar a cargo de la política económica”.

En una entrevista con Infobae, sostuvo: “El comportamiento de nuestro sector exportable es lastimoso, porque mientras acá no llegaron a crecer el 1%, en 2017 en Latinoamérica aumentaron 17%. Y la verdad es que estos desequilibrios y vivir de prestado en Argentina siempre terminaron mal. Por eso, sin bajar el gasto público no podemos salir de la trampa del estancamiento”.

 

 

La prédica en ascenso de Cavallo, De Pablo y Broda (y también de Melconian) les da un envión inédito, en tiempos de Cambiemos, a los “adoradores del helicóptero”, según definió el sociólogo Juan Carlos Torre a los que reclaman un ajuste más fuerte y vertiginoso.

Más allá de los dardos contra Quintana y Peña, a Macri tampoco le sobran economistas con una visión integral. En el sector privado, consideran que Caputo está en la liga de los financistas, Sturzenegger es un académico que ignora el impacto de sus decisiones en la economía real y Dujovne es un funcionario que llega a un ministerio sin equipo propio, salvo Sebastián Galiani, que acaba de anunciar su renuncia. “Cavallo y Broda son economistas. Los otros son financistas con experiencia en ganar en el cortísimo plazo en función de leer los movimientos de la política económica. Dujovne ni siquiera tiene un equipo de economistas, no tiene a quién preguntarle, manejaba el dinero de su familia y de algún cliente. El empresario maneja variables más complejas y toma los datos en función del próximo quinquenio o década”, le dijo a Letra P un empresario que apoya a Macri, pero también reclama ajuste y cuestiona la política económica.

La formación del Presidente anida en las convicciones que primaron durante la década del noventa. Sin ministro de Economía, después de dos años de módicos avances en el ajuste que le demandaban, sin la lluvia de inversiones que esperaba, con un endeudamiento que cada vez se encarece más y sin un motor para el crecimiento, Macri ve que en su equipo no están las soluciones que buscaba. Si se mira en su interior y esta vez decide él, ya se sabe cuál es el rumbo que va a elegir.