X

La campaña del llanero solitario

Blindado por una autoestima a prueba de realidades, el Presidente rema su reelección con socios rebelados, coroneles en guardia y gabinete agrietado y desanimado. Dos zanahorias: Presupuesto y G20.
Por 20/10/2018 17:02

No sólo sigue adelante, como si nada. Además, recupera el optimismo. El Presidente vive al margen de los cuestionamientos de la oposición y no se altera ante las encuestas que lo muestran en el piso de su adhesión. Ni siquiera la inflación mayorista del 66% en nueve meses le parece fuera de norma, en un país como el que gobierna. Después de clausurar el Coloquio de IDEA ante un auditorio que no logra reencontrarse con el entusiasmo, Mauricio Macri volvió a dar muestras de su convicción de hierro. Argentina va por el buen camino, está cambiando para bien y el drama está en los obstáculos que pone la oposición a un gobierno que siempre fue minoría.

En la Casa Rosada persiste un optimismo a prueba de balas pese a la megadevaluación, la inflación récord y la recesión.

Macri espera la semana próxima festejar por partida doble con la aprobación del Presupuesto en la Cámara de Diputados y del acuerdo con el Fondo. Enfrentará el rechazo opositor, en la calle, pero es probable que tenga el aval del peronismo federal y que no hagan falta los votos del massismo abstencionista.

En LA Casa Rosada persiste un optimismo a prueba de balas pese a la megadevaluación, la inflación récord y la recesión que ordena indicadores negativos en todos los rubros de la actividad económica, con impacto en el empleo y la pobreza

Si se compara con la euforia que gobernó el mismo Coloquio de IDEA hace un año atrás, es el peor de los mundos. Lo muestran la ausencia de los dueños encuadernados -y no tanto-, que puso de relieve Letra P, el pesimismo de la encuesta de D’Alessio Irol hacia el futuro y el faltazo de dos de las voces oficiales en 2017, Marcos Peña y Emilio Monzó.


 

 

El jefe de Gabinete no fue a Mar del Plata y prefirió almorzar con periodistas de los medios -grandes y afines- esta semana en la Casa Rosada para hacer circular un optimismo irreductible que ni los empresarios estaban preparados para escuchar.

Monzó no comparte las líneas directrices del proyecto de Cambiemos. Juega tiempo de descuento.

El presidente de la Cámara de Diputados tampoco estuvo: prefirió declinar la invitación que le hicieron llegar, a tono con el largo silencio público que mantiene desde hace casi un año. Monzó no comparte las líneas directrices del proyecto de Cambiemos, contribuye con la misión oficial en el Congreso y da su punto de vista en las reuniones de los lunes en Balcarce 50, pero juega tiempo de descuento. Su objetivo de cortísimo plazo es obtener dictamen para el Presupuesto el martes y aprobarlo el miércoles, si no hay imponderables que lo impidan. 2019 será otra cosa.

La endeblez de la alianza gobernante, adherida solamente por su rechazo al pasado kirchnerista, tampoco preocupa. El Presidente avanza solo y contempla con filosofía zen los estallidos de Elisa Carrió y las críticas de la UCR. Mientras no tengan a dónde ir, como hasta ahora, serán parte del andamiaje oficial. “Salir de la agenda del ajuste”, como reclaman los radicales, quedará en los últimos tres meses de campaña, en el mejor de los casos. Los reclamos de María Eugenia Vidal por el Fondo del Conurbano, tarde o temprano, serán atendidos, de alguna manera: Macri y la gobernadora tienen su destino atado en lo electoral. Aunque no lo diga, el hijo de Franco lo piensa con más fuerza que nunca: lo peor ya pasó.

 

 

LAS NUEVAS METAS. Para un gobierno que renunció a sus objetivos más ambiciosos, el Presupuesto es la obsesión que repite desde mayo pasado. A los pocos días de la primera corrida al dólar y el automático pedido de socorro al Fondo, el macrismo comenzó a hablar de la necesidad de aprobar un garabato que los hechos desmienten a poco de andar, como sucedió con la inflación del 15%, el dólar de 19 pesos y el crecimiento del 3,5%, que se votaron como anhelos oficiales para este año. Lo mismo ocurre con el más moderado dibujo de 2019, que se discute ahora.

Para un gobierno que renunció a sus objetivos más ambiciosos, el Presupuesto es la obsesión.

La premura por el Presupuesto surgió con el acuerdo con Christine Lagarde, que tendrá también esta semana un remiendo público, cuando el directorio del Fondo apruebe el jueves el nuevo pacto con Madame. Si todo sale como esperan Macri, Peña y Nicolás Dujovne, la última semana de octubre será para festejar. Se habrán alineado los planetas entre Buenos Aires y Washington.

La inflación en vuelo incontenible y la economía figuran también entre las preocupaciones del Gobierno. El impacto de los precios mayoristas y la caída del poder adquisitivo pegan fuerte en el consumo y en el derrumbe de la venta autos, dos de los activos que la Casa Rosada festejaba, también hace un año.

Sin embargo, mientras el dólar esté calmo por la tasas de interés astronómicas y se reedite la bicicleta financiera, los nervios de la City se calman y el Gobierno respira. El drama de las pymes en todo el país no se televisa ni mide lo mismo que las pizarras de compra-venta de las casas de cambio del microcentro. Para bajar la inflación, la terapia está a la vista: emisión cero y recesión profunda y prolongada.

 

 

Sorprende el ánimo de los laderos más fieles del Presidente, con un nivel de autocrítica bastante menor al que ensayan los funcionarios en público, forzados por una realidad que está afuera de las paredes de Balcarce 50. La caída del PBI y el frío en la economía son atribuidos a factores externos o ingobernables: la sequía y la deriva de las economías emergentes, repiten en el Gobierno, no se podían prever ni controlar. 

El tercer objetivo que ordena al núcleo duro es la organización de la cumbre del G20, donde la Argentina de Cambiemos llevará a lo más alto el respaldo internacional que tiene Macri, aún en su peor faceta. El arribo de Donald Trump, Vladimir Putin, Angela Merkel y Xi Jinping elevan las endorfinas del macrismo. Los próximos cuarenta días, hasta que llegue el fin de semana largo del 30 de noviembre, estarán dedicados a ese objetivo. En eso trabajan el radical pro Hernán Lombardi a cargo del protocolo, el peronista reciclado Fulvio Pompeo y su delegado en la cancillería, Jorge Faurie. La puesta en escena mostrará al Presidente como le gusta venderse: abrazado por los líderes globales que lo apoyan, incomprendido por una porción -mayoritaria- de sus compatriotas, que viven anclados en el pasado.

 

 

EL ÚLTIMO DICIEMBRE. El G20 no sólo mostrará el aval de las potencias al primer empresario argentino que llegó al poder por la vía de las urnas. También profundizará el despliegue social de rechazo que tendrá un anticipo el miércoles próximo, contra el Presupuesto. Patricia Bullrich y Oscar Aguad se encargarán del operativo de seguridad y los preparativos para reprimir las marchas que ya se preparan para las jornadas del inicio de diciembre. El Gobierno lo anuncia: no va a tolerar que pretendan aguarle la fiesta con reclamos.

Cuando el avión de Trump se vaya, arrancarán los días más calientes del año. Macri volverá a mostrar dos caras, tan opuestas como complementarias: el uniforme marcial de Bullrich y la sonrisa amable de Carolina Stanley. Garrote y zanahoria para llegar a fin de año ante las demandas de las organizaciones sociales y las necesidades de los que viven en los márgenes.

Interpretadas como parte de la ofensiva electoral de la oposición, con nexos visibles con el kirchnerismo y otros armados, la desconfianza de la Casa Rosada con respecto a la CTEP que proyecta a Juan Grabois crece. Mantener la paz social y evitar el desborde es el único objetivo que se declara como compartido. Sin embargo, con la crisis, el ajuste y la inminencia de un 2019 decisivo, las diferencias aumentan.

Peña y sus colaboradores hablan de pasar el “último diciembre” antes de unos comicios para los que se ven con las chances intactas, más allá del fracaso estrepitoso del gradualismo y de la muerte de las promesas más ambiciosas. Lo más importante, piensan, sigue vigente: el populismo como amenaza y Cristina Kirchner como jefa indiscutida en la vereda de enfrente.