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La revolución de las coimas será televisada

La ola de confesiones se consumó en IDEA y recibió cuestionamientos de outsiders que pusieron sobre la mesa la teoría de un mecanismo sin inocentes. El Gobierno sostiene la crisis de los aportantes.
Por 19/10/2018 10:53

MAR DEL PLATA (Enviado) Caos y confusión generó el escándalo de los Cuadernos de la corrupción K en las filas del empresariado. La ola de confesiones, autocríticas, peleas internas y pedidos de perdón fue la estrella central del 54 Coloquio de IDEA. El asunto abrió una grieta entre los CEOs bastante mayor que las diferencias políticas y dejó al Gobierno en un lugar incómodo: haciendo campaña con la bandera de la lucha contra la corrupción en un escenario monopolizado por la contraparte corporativa del pago de retornos a funcionarios del kirchnerismo. Sembrando, además, la semilla de la política blanca en medio de los que históricamente bancaron, con su dinero, las campañas políticas de candidatos de todos los colores. 

 

 

En una celebración organizada por el banco HSBC en el Hotel Costa Galana, brindaron y compartieron velada nocturna con los empresarios el senador Esteban Bullrich; el jefe de asesores de la Presidencia, José Torello, y el diputado Pablo Tonelli, una de las espadas del oficialismo en materia de transparentar esquemas. Los enviados de Mauricio Macri pretenden, naturalmente, contener al pago chico y evitarles la depresión que se vio exhibida en el Coloquio y tendrá este viernes su clímax: los popes de IDEA organizaron un almuerzo/confesionario en el restaurante del Golf Club para hacer catársis sobre las culpas en los cuadernos. Convocaron a esa charla a Diego Cabot, el periodista que reveló el caso en el diario La Nación. Es un evento cerrado que los CEOs buscan desmitificar. 

 

Macri llega al Coloquio de los cuadernos con el eje puesto en la lucha anti corrupción.

 

Con una copa de vino en la mano, un empresario del agro le contó a Letra P por qué la herida de los cuadernos empezó a mutar en ruido interno y confusión en las filas del establishment: "Mirá, ¿vos sabés lo que es para nosotros, que vivimos bien, que somos personas públicas y de familia, pensar en la posibilidad de pasar tiempo en la carcel?", explica y se contesta: "No, vos no sabés. Creíamos que era suficiente con contar, confesar... pero no alcanzó".

Esta situación de no resolución inicial del escándalo con el perdón público y el establecimiento de agendas pro transparencia en los medios dividió a los CEOs en categorías casi kantianas: los que dicen que los empresarios no son todos coimeros pero sabían de las coimas a funcionarios K; los que dicen que nunca pagaron pero estaban al tanto y los más radicales, los que piden la cabeza de sus colegas coimeros y aseguran que las empresas debieron denunciar. Estos últimos también sabían.

 

Rocca volvió a IDEA en 2017. Post cuadernos, volvió a salir. 

 

El conocimiento del mecanismo de la corrupción es la línea del Ecuador que cruza el Círculo Rojo. Fue por esto que la ponencia del politólogo Andrés Malamud, el cisne negro del Coloquio, pegó en el centro de la problemática y sustentó la posición de los más críticos. El especialista explicó: "Dejamos de coimear porque nos metieron presos, no porque vimos la luz". Y hasta se animó a cuestionar el eslogan del "Cambio cultural", elegido como lema del Coloquio. Con poco y elegante prosa, dijo mucho. "Acá todos piden institucionalidad, transparencia, pero son los mismos que estuvieron 12 años coimeando", se enojó uno de los pocos industriales que llegaron al Sheraton. 

 

"Hay que trabajar distinto, impulsamos la honestidad", dijo Goñi, de IDEA, un duro discurso de apertura. 

 

Como bien contó el propio Cabot y sustanció con investigaciones propias el periodista Hugo Alconada Mon, lo que existió fue un sistema coordinado, con pleno conocimiento de las partes, que permitió trabajar en un esquema de favores y preferencias. "¿Qué hubiese pasado si el choreo era menos obvio, menos obsceno. Supongamos que los bolsos de López no aparecían grabados?", sugiere uno de los socios de IDEA a este medio. Agrega que, en ese contexto y como deslizó Malamud, las confesiones nunca habrían aparecido tan expuestas. Javier Goñi, titular de IDEA y dirigente de Ledesma, casi que le dio la razón al manifestar que los empresarios debían dejar atrás episodios de hipocresía. 

A comienzos de 2016, el titular del Cicyp, Adrián Werthein, habló por todos en el inicio de la gestión Cambiemos. Manifestó en un evento en el Alvear que el comportamiento de los empresarios en la era K no fue el mejor. Lo hizo antes de que estallara el escándalo de los cuadernos, cuando pocos se le animaban a un secreto a voces y les apuntaban sólo a los negocios espurios de la Cámara Argentina de la Construcción (CAMARCO).

Pasaron más de dos años de aquel hito, pero el tema se pone cada vez más serio. La idea inicial de que el kirchnerismo sea, vía confesiones masivas, el único que pague con prisión el costo de las presuntas tropelías aparece como una chance cada vez más lejana. En la causa de los cuadernos hay empresarios presos y también hubo condenas a CEOs por la causa Once. Hubo un cambio, pero no el que todo el Círculo Rojo esperaba.