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Presidencia Quintana

Gobierna la Tapera Rosada en la siesta estival macrista. Del PH en Mataderos a pulpo de los negocios y consiglieri presidencial top. Portfolio XXL y affaire Moyano. La doctrina del dolor inevitable.
Por 06/01/2018 11:31
La Tapera Rosada

Los “seudoprogresistas infiltrados” en el Gobierno que denuncia Carlos Melconian pueden entusiasmarse y decir que, finalmente, llegó al poder el ala plebeya del macrismo. Con Mauricio Macri en Villa La Angostura y Marcos Peña en Uruguay, Mario Quintana quedó al frente del Gobierno durante la semana que se fue y puede que siga al mando hasta mediados de enero.

El secretario de Coordinación Interministerial asumió como primer ministro estival en días en los que la administración Cambiemos considera que hay poco de qué preocuparse. Pese al llamado público de Mirtha Legrand para que el Presidente y los suyos resignen los tiempos de ocio que mamaron en el sector privado, sólo Quintana y el secretario de Coordinación de Políticas Públicas, Gustavo Lopetegui -el otro lugarteniente de Peña- se mantuvieron como pilares del andamiaje oficial.

On line con Peña y en menor medida también con Macri, el vicejefe de Gabinete quedó como presidente interino en la primera semana del año. No deja de ser otra de las novedades que le aporta a la Historia el experimento del macrismo en el poder. A diferencia de Lopetegui -que exhibe un antecedente en la función pública como ministro de Producción en la provincia de Buenos Aires- Quintana se dedicó durante 27 años a hacer negocios hasta que decidió sumarse  a la aventura de Cambiemos en el poder.

Hoy pesa en todas las decisiones y sus detractores lo señalan como autor de ideas temerarias como la de sugerirle al Presidente que sacara por decreto la reforma previsional en los días más calientes de diciembre pasado.

 

 

Nacido en Mataderos, hincha de River, con una adolescencia cercana a grupos católicos con militancia de base, el creador de Farmacity -que cumplirá 51 años a fines de este mes- no estuvo entre los alentaron el doble salto que propició el macrismo entre 2012 y 2015, el de una camada de CEOs que partieron del sector privado al sector público para escalar de lo municipal a lo nacional. Su rol fue bastante más acotado. A partir de 2014, el titular del Fondo Pegasus -dueño de una fortuna declarada de 65 millones de pesos- aceptó colaborar con su amigo Horacio Rodríguez Larreta en la Fundación Pensar, una vez por semana, con la idea original de dar una mano pero sin el espíritu fundacional que impregnaba a otros empresarios exitosos que se sumaban a la aventura liderada por Macri.

 

 

EN TODAS. El sistema operativo del Gobierno en el arranque del año delata la parsimonia con que transcurre el verano para el oficialismo después del blindaje de la reforma previsional. Sin embargo, hay por lo menos tres frentes visibles de la tormenta que la Casa Rosada tiene abiertos: la inflación potenciada por los aumentos, la guillotina de la deuda y la relación con Hugo Moyano. En por lo menos dos, aunque quizás en tres, Mario Quintana intervino de manera decisiva.

Por encima de Nicolás Dujovne y Luis Caputo, fue señalado hace diez días como el gran ganador de la puja con Federico Sturzenegger para que el presidente del Banco Central aceptara resignar las metas de inflación a cambio de un papel deslucido en una mesa de cuatro y del ahorro en las transferencias al Tesoro. Quintana fue una de las voces que convenció a Macri de que era necesario “salir de la ridiculez”, en los términos del opositor insospechado Juan Carlos de Pablo.

Así como para Néstor Kirchner valía más un intendente del conurbano que un ministro, en el día a día de la gestión, para Mauricio Macri siempre lauda lo que digan los dos secretarios que le dan forma al poder ejecutivo de Marcos Peña.

 

 

La semana que cierra, el vicejefe de Gabinete volvió a imponerse, esta vez en la pulseada con el ¿implacable? jefe de la AFIP, Alberto Abad. Logró que Miguel De Godoy le otorgase desde el Enacom un mes a la licencia de la compañía a OCA, mientras se expide la justicia de Lomas de Zamora sobre la cuestión de fondo. Infaltable en la mesa de negociación con los gremios dialoguistas, Quintana obtuvo así, para Hugo Moyano, lo que nadie estaba interesado en darle al ahora prisionero Cristóbal López. Pese a que el exaltado Patricio Farcuh lo señalaba como uno de los interesados en dar de baja al correo privado y a que ubicó a su ex socio Gustavo Papini en el Correo Argentino, Quintana prefiere no desatar los fantasmas que todavía circulan sobre un jefe camionero acorralado en una compañía que tiene 7.000 empleados. Los rumores del pacto con Moyano son tantos que se hace circular a través de los medios la invitación del sindicato al Presidente para que asista, el martes próximo, a la inauguración del ex sanatorio Antártida, un proyecto ambicioso en pleno centro de Caballito que debió postergar cuando comenzó a enfriarse su relación con el kirchnerismo. Los guardias que quedan en la Casa Rosada descartan una foto actualizada entre Macri y Moyano en las actuales circunstancias, muy lejanas a las de aquella en la que se pararon a un lado y otro de una estatua de Perón. Sería demasiado regalo. “No creo que vaya. Moyano no vale lo que valía antes. No tiene sentido”, dicen.

 

 

El martes, precisamente, Macri tiene agendado visitar Mendoza para mostrarse con el nuevo jefe de la UCR, el gobernador Alfredo Cornejo. Lo hará directamente desde el country Cumelén, sin pasar antes por Buenos Aires. Macri piensa quedarse unos días más en Villa La Angostura, de charla con Nicolás Caputo y, según publicó La Nación, recibirá el jueves a Rodríguez Larreta. Seguirá Quintana en un rol fundamental y no está claro si Peña regresará o no la semana próxima.

DE LA VILLA A LA MULTINACIONAL. Quintana suele repetir que en su infancia no le faltó nada, pero remarca cada vez que puede que nació en un PH en Mataderos. En una escalera al fondo, debajo de una fábrica de mortadela. “Yo vivía en la villa, en la parroquia, yo me quería consagrar, quería ser misionero, estaba muy metido en el mundo ése. A los 22 pirulos, ése era mi mundo y de repente decir soy padre, laburo en una empresa multinacional, obra social... yo llegué al mundo de los negocios por accidente y la vida me llevó a ser amigo de todos los cajetillas. Me fui al carajo”. La descripción que Quintana hizo de sí mismo ante Gabriel Vommaro, autor del libro “La larga marcha de Cambiemos”, marca la parábola del CEO que hoy ocupa uno de los despachos principales de la administración pública.

 

De vuelta al barrio, timbreando para Carrió.

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El hoy vicejefe de Gabinete afirma que no conocía la avenida Libertador hasta que comenzó a circular por un mundo nuevo. Fue Rodríguez Larreta el que le abrió la puerta para desembocar -mucho después- en las aguas del macrismo. Compañeros en la licenciatura de Economía de la UBA, el actual alcalde porteño lo convocó ya a mediados de los años noventa para provocar su primer acercamiento al mundo de lo público. Horacio era ya nada menos que el jefe de la ANSES menemista y requirió su asesoramiento en una era impregnada por el Consenso de Washington y las relaciones carnales. Aunque nunca es bueno dejarse llevar por la ideología, Larreta y Quintana cedieron hasta el hueso en un libro de hace dos décadas que quedó como testimonio. “Domando el elefante blanco”, de 1998, los reunió como autores con el auspicio del Grupo Sophia. En ese libro, donde “reflexionan” sobre delegar todas las funciones del Estado, colaboró la licenciada en Ciencias Políticas de la UCA María Eugenia Vidal, otra de las cucardas que Larreta nunca dejará de colgarse.

 

 

Larreta, Vidal y también Gabriela Michetti fueron las tres personas con las que el dueño de Farmacity charló antes de tomar la decisión que cambiaría su vida: incorporarse al tablero de control del gobierno de los CEOs. El jefe de Gobierno porteño lo había convocado junto a Lopetegui ya en 2014. Atrás quedó una madeja de sociedades que dibujan el itinerario de una carrera vertiginosa hacia la cúspide del poder empresarial. Veintisiete años en los que se acumulan emprendimientos como el Fondo Pegasus -creado en 2000-, Aguifarma, Farmacia del Águila, Aroma Café, Freddo, Partners S.A, OPM inmobiliaria, Finangroup S.A., Giesa S.A., Mandamientos e Inversiones, Madero II SRL, Madero Plate SRL, Demap SRL, Desarrollo Caballito SA., General Payments, Rukan S.A., Papelera del Paraná y Pampa Cheese con Luis Caputo, Lopetegui y Miguel Braun.

Quintana había iniciado su carrera en el mundo privado después de hacer un master en administración de negocios en Francia. Cuando volvió al país, dio sus primeros pasos en la consultora Mckinsey, donde conoció a Lopetegui. Nada se pierde: hoy, Mckinsey trabaja a destajo para ministerios de Cambiemos como el de Guillermo Dietrich, el encargado de dar la mala noticia que dio comienzo al año del sacrificio: el aumento de más del 60 % en el transporte.

El vicejefe de Gabinete renunció al directorio de Farmacity pero -según la informacion que entrego en la Oficina Anticorrupcion- sigue siendo accionista. No sé sabe si cumplió o no con la promesa que le hizo a Elisa Carrió de desprenderse de esas posiciones. También declara acciones en otras de las empresas más grandes del país como el Banco Santander, Tenaris, Siderar -ambas de Techint-, Petrobras, Transportadora de Gas del Sur, Banco Macro, Grupo Clarín, Pampa Energía e YPF. Con el 10 por ciento de sus activos fuera del país, el encargado de cubrirle las espaldas al Presidente y el jefe de Gabinete jugaba en la liga mayor de los negocios y se había asociado incluso con empresarios de una generación anterior como Santiago Soldati y Alfredo Coto, ex vecino suyo en el country San Diego con el que, además, llegó a compartir panel en los foros que organizan los hombres y mujeres de negocios. 

 

 

DUELA LO QUE DUELA. Pieza clave del comando macrista, el hombre de Mataderos estaba en el momento justo cuando Macri sorprendió al kirchnerismo y se metió en el balotaje de 2015.

Después de casi tres décadas al frente de sus empresas, no se conformaba con el respaldo a la red de ONGs y fundaciones que suelen emprender los CEOs que se inquietan ante el malestar social. Había iniciado un proceso para dejar de lado todas sus posiciones ejecutivas y se había quedado como presidente de los directorios, pero no con responsabilidad de línea. “Me habia volcado a la parte más humanística de los negocios, estaba estudiando filosofía”, suele evocar.

Nunca olvidará el sábado 12 de diciembre de 2015, cuando llegó a las ocho menos cuarto a una Casa Rosada desierta después de 12 años de pleno kirchnerismo. Sorprendido, una voz interior lo asaltó con una pregunta formateada en el mundo de lo privado pero propia de todos los que creen que la historia empieza cuando llegan ellos: “¿Cuántas veces vas a poder armar un take over de un país?”.

Le llevaría tiempo -como le sucede a todos los de su estirpe hoy en el poder- comenzar a razonar como un político y sentirse así con orgullo, más allá de las dificultades y los errores.

Aunque consiguió el respeto de dirigentes de las organizaciones sociales nucleadas en la CTEP, Quintana no titubea a la hora de avanzar con el proyecto de fondo. El propio Macri lo convenció con una frase, en las oportunidades en las que lo fue a ver, atravesado por la contradicción: “Mario, nosotros estamos acá para hacer lo que corresponde, duela lo que duela”.