EL JUEGO DE LA SILLA

Rafael Gutiérrez: ¿el último golpe de un indomable?

Sobrevivió a cinco gobiernos. Desde 2023 pelea con Pullaro. Con poder menguado y de salida de la Corte, amaga con saltar a la política. Perfil de un fighter.

La Casa Gris hace meses que pulsea para empujarlo hacia la jubilación y acelerar un recambio en el órgano rector de la justicia de la bota. Gutiérrez administra los tiempos, desafía públicamente al Ejecutivo y se reserva la última palabra sobre su salida.

En paralelo, sin embargo, el supremo ya empezó a jugar con el día después. Este jueves admitió en Telefé Santa Fe que recibió una propuesta para ser candidato a diputado provincial en 2027 y dejó las puertas abiertas para dar el salto de la Corte a la Legislatura.

Rafael Gutiérrez, el que (hasta ahora) nunca pierde

Gutiérrez ingresó al Poder Judicial en 1975, fue secretario, juez y camarista, y encontró en la Asociación de Magistrados -el “gremio de los jueces”, donde se ganó el mote de “sindicalista”- una plataforma para defender a la corporación y tejer las relaciones que terminarían llevándolo a protagonizar el juego de la silla en Santa Fe.

Rafael Gutiérrez junto a Carlos Reutemann, el gobernador que impulsó su llegada a la Corte Suprema de Santa Fe.

Rafael Gutiérrez junto a Carlos Reutemann, el gobernador que impulsó su llegada a la Corte Suprema de Santa Fe.

Ese momento llegó en el año 2000, durante el segundo mandato de Carlos Reutemann. El exgobernador llevó a la Corte a su abogado personal, Eduardo Spuler; a su amiga María Angélica Gastaldi; y al propio Gutiérrez, primo de su exesposa. Apenas un año después, ya presidía el máximo tribunal.

Desde entonces hizo de la tenacidad para conservar el poder una especialidad: encabezó la Justicia provincial una y otra vez y extendió su influencia a la Junta Federal de Cortes, que condujo en cuatro oportunidades.

Sus tentáculos, no obstante, nunca quedaron encerrados entre expedientes. Peronistas, radicales y socialistas pasaron por la Casa Gris y la Legislatura mientras él permanecía en el mismo lugar.

“Al Rafa todo el mundo le debe algo”, explican para resumir su capacidad de tejer vínculos y tener un amigo -o moroso- en cada tribu.

Aunque esa plasticidad da cuenta de buena parte de su longevidad, la política partidaria tampoco le quedó lejos en su kilométrica trayectoria. En 2018 admitió que lo habían tentado para competir por la gobernación. No concretó.

Ahora, esa posibilidad volvió a presentarse, pero parado sobre un terreno bastante menos firme: con Pullaro decidido a renovar una Corte que durante años fue percibida, con sobrados argumentos, como estable, inamovible y garante última del statu quo en Santa Fe.

Maximiliano Pullaro, la fuerza irresistible contra el supremo inamovible

El imperturbable equilibrio empezó a romperse con la llegada de Pullaro a la Casa Gris. El radical asumió con la renovación de la Corte entre sus objetivos y puso la mira sobre una integración envejecida, que llevaba 17 años sin incorporaciones.

Gutiérrez entendió rápido el mensaje y respondió con las armas que mejor conoce: resistencia y relaciones. En 2024, cuando el recambio todavía era amenaza, repetía entre los suyos que “ya había arreglado” y exhibía vínculos con figuras de peso como el juez de la Corte Suprema nacional Ricardo Lorenzetti y el histórico operador radical Enrique “Coti” Nosiglia. Esta vez, sin embargo, la red no alcanzó para frenar la avanzada.

Primero salieron María Angélica Gastaldi y Mario Netri. En sus lugares desembarcaron Jorge Baclini, Margarita Zabalza y Rubén Weder, beneficiados también por la ampliación de seis a siete miembros del tribunal.

Después llegó la segunda tanda: la Legislatura aprobó los pliegos de Diego Maciel, Aldo Alurralde y Jorgelina Genghini, elegidos para ocupar las vacantes que deberían dejar Eduardo Spuler, Roberto Falistocco y el propio Gutiérrez.

También empezaron a moverse estructuras que durante años habían orbitado alrededor del supremo. El golpe más simbólico fue la salida de Eduardo Bordas, histórico secretario de Gobierno de la Corte y mano derecha del cortesano.

La vieja paradoja de la fuerza irresistible contra el objeto inamovible encontró así su versión santafesina. Pullaro consiguió correr casi todas las piezas alrededor de Gutiérrez, pero todavía no lo movió a él. ¿Será cuestión de tiempo?

Con menos resortes y palancas a disposición, "el Rafa" eligió otra herramienta: el calendario. Primero ubicó su salida en noviembre de este año; después volvió a relativizarla. “Me voy a ir el día que yo quiera”, desafió hace pocos meses.

La Corte ya no se ordena

La batalla, sin embargo, excede el escenario de la fecha de jubilación. Mientras Gutiérrez pelea por decidir cuándo dejará su lugar, la Corte empieza a mostrar equilibrios distintos a los que dominaron durante buena parte de su mandato como ministro.

El fallo que volteó el tope a las jubilaciones más altas fue un ejemplo. Gutiérrez, Spuler, Falistocco y Weder conformaron la mayoría. Del otro lado quedaron Baclini, Zabalza y Daniel Erbetta.

La Casa Gris perdió esa votación, pero encontró un dato para celebrar. “Ya no hay mayorías automáticas”, resumió el ministro de economía Pablo Olivares.

Con ese diagnóstico, Pullaro avanza para cerrar una etapa en la Corte y terminar de desarmar un esquema de poder que durante décadas pareció inexpugnable. Falta, todavía, mover la última pieza del juego de la silla.

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