Los dos mensajes de Martín Llaryora: qué dirá en la apertura de sesiones y el regreso a la rosca del PJ
Inaugurará las sesiones legislativas con un discurso anclado en el hacer. El debate secreto donde eligió el rumbo. El sindicalismo y el hilo rojo con Kicillof.
Martín Llaryora mantuvo una reunión con su gabinete antes de sus vacaciones. El debate puede resumirse en la dicotomía de llevar al cordobesismo hacia la derecha libertaria, un juego de cambio de piel que el espacio fundado por José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti supo llevar adelante con maestría, o seguir aferrado al salvavidas del “hacer” en Córdoba.
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Un grupo le dio los argumentos suficientes para sostener que había que iniciar la metamorfosis. Otro grupo hacía circular pesados cuadernos, que sacaron de una bolsa de papel madera, con datos detalladísimos sobre los resultados del espacio de la última década, departamento por departamento de la provincia, barrio por barrio de la capital. Los números estaban a favor de no innovar.
Las fuentes testigos dicen que Llaryora los escuchó, pero priorizó su instinto. Les dijo que no podía ir en contra de su forma de hacer política, que no les iba a sacar los talleres de memoria o las clases de danza a los jubilados, las piletas a las infancias en verano; que la pata social del Estado iba a tener que convivir con las acciones de gobierno que se ven, como un cordón cuneta.
Le exigió a su tropa, que encumbró a figuras de su generación de fuerte raigambre peronista y con capacidad persuasiva, que explicaran que ahí está el Estado. “No sale la guita del aire”, graficaba visiblemente ofuscado un funcionario.
Llaryora quiere a cambio que las organizaciones o clubes que reciben fondos públicos se comprometan con la gestión. Despersonalizó su sello de gestión, borró su nombre y subió a ese “Hacemos” a todos los cordobeses.
Esa grieta que en Córdoba no siempre se ve
Esa reunión es el antecedente necesario para entender el primer discurso político del año ante la Legislatura de Córdoba, que se trasladará al sur-sur de la provincia. La apertura de sesiones de cada 1° de febrero será el domingo que viene en Laboulaye, a casi 400 kilómetros de la ciudad capital, a las 18, en plena tarde de verano, en la previa del Boca vs. Newell’s.
En ese se discurso que no se dará en un horario y día taquillero ratificará lo que se sospecha: que Javier Milei corre con la ventaja narrativa de estos tiempos políticos, pero que el cordobesismo seguirá apegado a ese manual que le garantizó el éxito en cada ronda provincial desde 1999 a esta parte.
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“Fue espectacular”, dijo Llaryora sobre el show de Milei en el festival de la doma y el folklore, durante un acto de inauguración de una obra de agua potable que insumió $700 millones de inversión. A renglón seguido vendió la presencia del Estado en todos sus niveles para que la economía regional se beneficie. El impacto fue de $106.000 millones. Por caso, el intendente radical con peluca que fue anfitrión, Federico Zárate, desembolsó de las cuentas municipales $1.579 millones. Está claro que no hay grieta en este punto.
En influyentes despachos del Panal, como se conoce a la casa de gobierno cordobesa, anticiparon a este portal que el grueso del discurso del gobernador se trazará esta semana, aunque ya quedaron definidas las columnas principales.
Qué va a decir Martín Llaryora
Va a ser un discurso clásico que propondrá un repaso de lo que se hizo estos dos años. Llaryora decidió ceder la posta de la gestión al “nosotros inclusivo”, un deíctico que puede anticipar la batalla contra “ellos”, la tropa libertaria. La herencia de los 25 años es un punto a atender, como ya contó Letra P las razones. Sin embargo, no implica un quiebre con Schiaretti, quien antes de asumir su banca en Diputados hizo saber que el gobernador tiene la última palabra en la posición cordobesista sobre la reforma laboral. Ese verticalismo peronista siempre tan conveniente.
Llaryora necesita de Schiaretti con voz sonora para que diga lo que el protocolo institucionalista veda al gobernador. Llaryora no criticará a Milei, jugará al gris este año que será clave para la reelección que buscará en abril de 2027, la fecha que el peronismo tiene marcada con lápiz.
El énfasis estará puesto en profundizar lo hecho: la rebaja de impuestos que se anunció al calor de la derrota de Provincias Unidas en octubre, la mejora de las jubilaciones más atrasadas, el achicamiento del Estado y la continuidad de la inversión en seguridad, salud, educación e infraestructura.
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Martín Llaryora y Daniel Passerini recorrieron obras en la ciudad de Córdoba
Si en la gestión no se irán por la tangente del hacer, en el plano político sí habrá variaciones. El domingo pasado, en este este espacio, se abordó la apertura de Llaryora a la política nacional, concretamente al peronismo, que no se descarta. En el Centro Cívico sostienen que “es con todos”, pero sigue siendo carta de negociación. Puede suponer costos volver a esa identidad que se negó y se demonizó desde la llegada de Cristina Fernández de Kirchner al poder.
Si Milei avanza contra los gobiernos provinciales y no aplican los tradicionales pactos de no agresión en el eje Córdoba-Casa Rosada, Llaryora buscará complicar la reelección libertaria con una alianza contra natura cordobesista.
Mientras siga todo en terreno patinoso, el gobernador cordobés continuará haciendo equilibrio y administrando tensiones. Una muestra de esto es la presencia de su ministro político, Miguel Siciliano, en el almuerzo que organizó el gastronómicoLuis Barrionuevo, en Mar del Plata, este viernes.
En ese espacio donde había dirigentes de todos los espacios -“que no están con los K, ni con los libertarios”, aclaran voces locales adictas al centro- Llaryora se hizo presente a través de su ministro en una suerte de gesto que pretende traducirse como que no van a dejar de pispear la rosca nacional por más que el proyecto esté puesto en la reelección provincial.
Siciliano cenó, desayunó y almorzó con Barrionuevo, a quien conoce desde que el sindicalista era jefe de la campaña presidencial de Eduardo Dualdhe. Estuvo en la primera fila del encuentro de la Unión de Trabajadores del Turismo, Hoteleros y Gastronómicos de la República Argentina (Uthgra) donde Barrionuevo disparó contra la reforma laboral de Milei y pidió que el sindicalismo ponga intendentes, gobernadores y un presidente.
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Miguel Siciliano, el enviado de Martín Llaryora, al almuerzo de Luis Barrionuevo, a dos sillas del kicillofista Carlos Bianco.
A Barrionuevo lo precede su currículum, pero el cordobesismo prefiere colocarlo como un aliado cómodo. Probablemente el mismo análisis hace el bonaerense Axel Kicillof, que necesita una nueva identidad. Envió a su ministro de Gobierno y mano derecha, Carlos Bianco, que compartió mesa con Siciliano y charlaron animadamente.
Es curioso: en menos de una semana el nombre de Bianco está vinculado a movimientos de los alfiles de Llaryora. Letra P contó esta semana que Carlos Caserio gestiona directamente con él la visita de Kicillof al Festival de Cosquín, donde le juró que es terreno amigo y que con Llaryora “está todo ok”. ¿Existen las casualidades en política?
Siciliano en primera plana del evento gastronómico fue todo un dato. Qué ciertamente puede admitir coartadas si el peronismo té con leche decide, porque es más conveniente, jugar a la casita, la suya, la cordobesista que siempre lo mantuvo a salvo de ese electorado, el suyo, tan complejo. La foto con Bianco es un mensaje también que , al menos, puede servir para agitar fantasmas.
¿Sólo un mensaje antes de la reforma laboral?
La relación con Barrionuevo y el cordobesismo se alimenta con el vínculo con su alfil en Córdoba, Juan Rousselot, que empezó como interventor de la filial local del personal gastronómico y terminó bendecido por el voto en las elecciones del año pasado. “Es un sindicalista moderno, con otra cabeza, que en marzo inaugurará un predio modelo”, le ponen la ficha en el llaryorismo. Un anticipo de la otra vía de engorde que se viene y que tendrá por objetivo recomponer lazos con el gremialismo.
El rol de Llaryora frente a la reforma que quiere Milei podrá incidir en ese objetivo. O bien puede haber sido una muestra de las fauces, a pocos días de que empiece el debate en las sesiones extraordinarias del Congreso.
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Diego Santilli y Martín Llaryora en la Casa Rosada
El ministro del Interior, Diego Santilli, no tiene en agenda aún la reunión con Llaryora. En el Panal reafirman esa información y la presunción de que se viene otro manotazo a las arcas provinciales. La red de alianzas -ese nosotros- para pelear contra “ellos” se construirá silenciosamente.
En su primer discurso oficial del año, en el extremo sur de Córdoba, Llaryora expondrá con políticas a quienes quieren en sus filas en el año donde construirá su ‘27, mientras sus alfiles operan en en el terreno, incluso con actores de la política, que antes estaban vedados para un cordobesismo descafeinado.