LA QUINTA PATA

Perdidos y dominados: la pequeña Argentina de Javier Milei

El alineamiento con Estados Unidos es una mala respuesta a una foto vieja. Davos y el rol de los jugadores intermedios. ¿En la mesa o en el menú?

Javier Milei debió esperar el triunfo de Donald Trump, ocurrido en noviembre de 2024, para alinear realmente a la Argentina con Estados Unidos. Su problema es que el republicano rompió, en apenas un año, todo el orden internacional que inspiraba esa política, lo que ahora la convierte más en una forma de aislamiento que de inserción en Occidente.

La decisión de alineamiento automático del gobierno de extrema derecha tenía como referencias, además de Estados Unidos, a Israel y "las democracias del mundo libre". Sin embargo, estas, desde las europeas hasta Canadá y Australia, se despegan del neoimperialismo trumpista, lo que deja a la Argentina en una posición de aislamiento.

Davos, caja de resonancia de un mundo nuevo

El mundo todavía comenta el notable discurso que el primer ministro canadiense, Mark Carney, pronunció el martes en el Foro Económico de Davos. Cuando se rescatan su diagnóstico sobre lo que está pasando en la política internacional y su propuesta para lo que dio en llamar "países intermedios", es importante señalar que se trata de un liberal que fue titular de los bancos centrales de su país y de Inglaterra, no de un izquierdista.

Jefe de Gobierno de un país que Trump suele ningunear y describir como el estado 51 de EE.UU., habló en tono sereno, evitó responder a las provocaciones y trazó un panorama descarnado, pero no necesariamente oscuro, del mundo por venir.

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Donald Trump posteó una imagen modificada con inteligencia artificial que lo muestra en su despacho aleccionando a los líderes europeos junto a un mapa de Estados Unidos que incluye, como territorios propios, a Groenlandia, Canadá y Venezuela.

Donald Trump posteó una imagen modificada con inteligencia artificial que lo muestra en su despacho aleccionando a los líderes europeos junto a un mapa de Estados Unidos que incluye, como territorios propios, a Groenlandia, Canadá y Venezuela.

Resumidamente, señaló:

  • "Estamos en medio de una ruptura, no de una transición".
  • "El orden internacional basado en reglas se está desvaneciendo, los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben sufrir".
  • "Las instituciones multilaterales en las que las potencias intermedias confiaron, la arquitectura misma de la resolución colectiva de conflictos, están bajo amenaza".
  • "Sabemos que el viejo orden no va a volver" y "la nostalgia no es una estrategia".
Embed - 'El mundo está en medio de una ruptura, no de una transición' El potente discurso de Carney en Davos

Ante ese cuadro:

  • "La pregunta para potencias intermedias como Canadá no es si debemos adaptarnos a la nueva realidad –debemos hacerlo–, sino si lo haremos simplemente levantando muros más altos o podemos hacer algo más ambicioso".
  • "Las potencias intermedias deben actuar juntas, porque, si no estamos en la mesa, estaremos en el menú".
  • "En un mundo de rivalidad entre grandes potencias, los países intermedios tienen una elección: competir entre sí por favores o combinarse para crear una tercera vía con impacto".

Trump se enfureció, llamó "gobernador" al canadiense, lo acusó de pretender convertir a su país en una cabecera de playa china contra Estados Unidos y lo amenazó con gravar las importaciones del vecino del norte con un arancel del 100%.

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Las obsesiones de Javier Milei

El discurso de Milei ante el mismo foro, pronunciado el miércoles, marcó un contraste brutal. Ajeno a la enormidad que está ocurriendo en el sistema internacional, optó por disertar en tono académico sobre la superioridad indisputable de la economía de libre mercado, según él, a la vez el sistema más eficiente y más justo.

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Mencionó diez veces a Occidente, al que definió como decadente por "haber abrazado la agenda socialista", y pidió salvarlo desde una "América (que) será el faro de luz" en base a "la filosofía griega, el derecho de los romanos y los valores judeocristianos".

Los marcos valorativo y legal del Presidente atrasan 1500 años y se estructuran en base a conceptos ajenos a la división de poderes y la limitación de la autoridad, mientras que, como parte de una época, consagraban las jerarquías y daban por natural la esclavitud.

Al día siguiente firmó, en nombre del Estado argentino, la adhesión a la Junta de la Paz, un cuerpo autorizado por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para actuar en Gaza hasta fin del año próximo, pero que Trump pretende convertir en una suerte de ONU blue que él presidiría de modo vitalicio.

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Según se informó, Milei fue dispensado de poner los mil millones de dólares que se requieren para la membresía permanente, pero no se sabe qué entregará el país a cambio de su figuración personal.

La gran mayoría de las "democracias del mundo libre" rechazó el caramelo envenenado del republicano y Argentina quedó, bajo el mando de Washington, acompañada de una modesta veintena de países que, en muchos casos, escapan a aquella definición.

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La ONU blue de Donald Trump. (Fuente: El País).

La ONU blue de Donald Trump. (Fuente: El País).

Un detalle interesante es la presencia en el nuevo foro de Vjosa Osmani-Sadriu, presidente de Kosovo, territorio reconocido como independiente por un centenar de países –entre ellos, Estados Unidos–, pero que es reclamado por Serbia y, merced a los vetos de China y Rusia, no forma parte de la ONU. Esa convivencia es espinosa para la Argentina, toda vez que socava el principio de integridad territorial de los Estados –en este caso, el serbio–, base fundamental del reclamo por Malvinas.

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Esos son los costos del alineamiento automático.

¿Qué clase de país es Argentina?

De acuerdo con lo señalado por Carney, Argentina parece más volcada a "competir por los favores" de Estados Unidos que a asumirse como un "país intermedio" capaz de asociarse con otros en este nuevo mundo sin reglas. En las palabras del canadiense, renuncia a sentarse a la mesa y se asume como parte del menú.

¿Qué se debe entender por "países intermedios"? ¿Esa categoría incluye a la Argentina?

Si las "grandes naciones" que rivalizan son Estados Unidos y China y un paso atrás Rusia, las intermedias son, justamente, las "democracias del mundo libre". Ni por poder ni por PBI Argentina compite en esa liga. Sin embargo, podría integrarla si quisiera.

Es la tercera economía de América Latina, tiene un peso internacional simbólico importante en materia de derechos humanos, es un país nuclear sin ensoñaciones armamentistas, es un gran exportador de alimentos y, sobre todo, es socio de Brasil en el Mercosur.

Brasil es, con holgura, una de las diez economías más grandes del mundo y ha tenido con la Argentina de la crisis permanente una "paciencia estratégica" que habría que agradecer. Lo único que terminó de romper el vínculo es la enemistad de Milei con Luiz Inácio Lula da Silva.

Javier Milei y Lula da Silva: enemigos íntimos

Cuando se habla de ese vínculo, corresponde comenzar por recordar que el brasileño jugó opinión a favor de Sergio Massa en la campaña de 2023. Lo demás, la atribución que Milei le hace de presuntas campañas sucias en su contra, no es más que zoncera o justificación ex post de una antipatía ideológica.

Dicho eso, el argentino no ahorró en gestos para ofender a Lula da Silva. Lo llamó "corrupto", lo acusó de perseguir políticamente a Jair Bolsonaro –cuyo encarcelamiento es fruto del intento golpista de enero de 2023–, lo tildó de comunista empobrecedor y, más recientemente, lo pegó al dictador Maduro en un video oficial que ni la justicia ni el tacto ni el buen gusto debieron permitir.

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Así, el "socio" dijo basta, dejó de proteger la sede de la abandonada embajada argentina en Caracas y hasta organizó una reunión con los representantes de la Unión Europea (UE) previa a la de Asunción en la que se firmó el tratado de libre comercio entre ambos bloques.

En esa ocasión, el agradecimiento del presidente de Paraguay, Santiago Peña, a Lula da Silva por su rol en esa negociación mereció el aplauso de todos los presentes, excepto del argentino. El suyo es un rencor personal que impacta de modo injustificable en las relaciones externas del país.

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Javier Milei se quedó inmóvil y con gesto adusto cuando el presidente de Paraguay, Santiago Peña, mencionó el aporte de Luiz Inácio Lula da Silva al tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea.

Javier Milei se quedó inmóvil y con gesto adusto cuando el presidente de Paraguay, Santiago Peña, mencionó el aporte de Luiz Inácio Lula da Silva al tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea.

Junto a Brasil, Argentina sería un "país intermedio". Sin embargo, Milei opta por convertirlo en un Estado vasallo y solitario.

Javier Milei y Donald Trump: mucho por poco

Trump y Scott Bessent le tendieron al gobierno de extrema derecha el breve puente financiero que le permitió evitar una crisis cambiaria e inflacionaria grave justo antes de las legislativas de octubre. Poco después, el swap desapareció del mapa, las promesas de un crédito de 20.000 millones de dólares de un pool de bancos quedaron en la nada, las ofertas de inversiones se replicaron en las que Trump le hizo a cada país que intentó seducir y hasta el acuerdo marco de comercio quedó desde noviembre en un limbo. ¿Saldrá de esa nebulosa?

Es demasiado lo que la Argentina entrega a cambio de tan poco, encima sin dignidad, pero el problema no es sólo Milei, sino un sector amplio de la población que habla de "los argentinos" y de "este país", como si fuera una entidad aparte, cuando ensaya críticas despiadadas.

Lo que ocurrió con la película Homo Argentum fue elocuente. No sólo concitó un fanatismo llamativo en el Presidente, sino que fue un éxito de taquilla.

En el filme se ve al talentoso Guillermo Francella interpretando a 16 personajes que, más que argentinos –porteños, dicen algunos– prototípicos, representan a psicópatas, paranoicos, mentirosos, impostores, aprovechadores, corruptos, hipócritas, egoístas, insensibles, sociópatas, traidores y egocéntricos.

Embed - HOMO ARGENTUM | Guillermo Francella

El actor –siempre talentoso– está muy bien, pero eso no representa al "ser nacional", que podría describirse mejor en base al ejemplo de una mayoría abrumadora de personas trabajadoras, solidarias, honradas y sufridas.

No es solamente Milei quien observa un país enano cuando pone a la Argentina frente a un espejo. Un espejo capcioso, además, que muestra mal lo que es y oculta lo que puede ser.

El mundo perdido de Javier Milei

El diseño inicial de Milei, el del alineamiento con un Occidente liderado por Estados Unidos pero mayor que ese país, no contempló este presente. Desde la renuncia inicial a ingresar al grupo de países emergentes BRICS –donde hay muchos jugadores medianos– apostó todo a una idea que ha quedado totalmente superada.

No es su culpa –le cambiaron el mundo de repente–, pero sí es su problema y un problema para el país. Con el viejo orden dinamitado por Trump, lo que imaginaba como una forma de integración deviene en aislamiento.

Con Diana Mondino, Gerardo Werthein y ahora con Quirno, se administra una política exterior limitada y congénitamente fallida, que ni siquiera tiene el vuelo intelectual de la aplicada por Carlos Menem en los años 1990.

El "realismo periférico" pensado por Carlos Escudé se apoyaba en la realidad de un mundo en el que la Unión Soviética acababa de caer y China, que ya prometía, tenía todavía un par de décadas por delante para ser lo que es hoy, algo entonces poco seguro y condicionado, por caso, a la sustentabilidad de un régimen represivo. No hay que olvidar que la matanza de la Plaza de Tiananmen ocurrió en junio de 1989.

Esa teoría contaba con un marco conceptual discutible pero coherente, una validación en la emergencia de Estados Unidos como única potencia hegemónica y en un determinado cálculo del interés nacional.

Esto es otra cosa. Ninguno de esos elementos hoy se sostiene, la Argentina librecambista encaja ruinosamente en un esquema proteccionista en el Norte y el mileísmo sólo se basa en los dogmas y las fascinaciones de un hombre; uno que concibe una Argentina demasiado pequeña.

Javier Milei y Donald Trump, en Davos.
Imagen generada con inteligencia artificial (ChatGPT).

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