LA POSTA DEL CONGRESO

Javier Milei quedó atrapado por la casta

El Gobierno intercambia borradores para destrabar las votaciones en el Senado. Internas y mala praxis. En Diputados, el nuevo Grupo A extirpa la motosierra.

El último borrador con correcciones a la ley Bases tiene doce carillas y llegó a los celulares de los referentes de la cámara alta casi al inicio del sábado. Respondía a las últimas propuestas de la UCR.

Entre los cambios se contempla el consentimiento previo para la cuota sindical, pero no se evita el cobro compulsivo, como pedían en Diputados. Tal vez sirva para la tribuna. Hay retoques al cuestionado Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), a la reforma de procedimiento administrativo y se suman organismos protegidos de posibles disoluciones. No se toca el listado de privatizaciones.

El encierro de Javier Milei

Guillermo Francos perdió la paciencia: el ministro del Interior llamó a autoridades de bloque y pidió una reunión el martes para hacer números. A ciegas, el Gobierno no consigue las firmas en las comisiones y, lo que es más preocupante, ante eventuales dictámenes, no tiene claro cuántos capítulos de los proyectos sobrevivirán en el recinto. Francos trazará un escenario para decidir con Milei una estrategia de salida del pantano.

A un mes de la llegada de los proyectos al Senado, el oficialismo está peor parado que en aquel momento, cuando Francos confiaba en sostener sus acuerdos con gobernadores y rematar la sanción de los proyectos con aliados sueltos. Decía tener 38 votos en el recinto para la ley ómnibus, uno más de lo necesario.

El ministro pareció olvidar un detalle: para sesionar, antes, es necesario dictaminar. Las voces díscolas de los bloques tienen firmas y no obedecen a cadenas de mando verticales. Si las esconden, ningún despacho es válido.

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Martín Lousteau, senador de la UCR.

Martín Lousteau, senador de la UCR.

Fue lo que pasó: hay al menos seis miembros de la cámara alta que guardaron su lapicera y le subieron el precio a la rebeldía. El número puede ser mayor, porque la exposición de intentos fallidos por dictaminar marchitó las alianzas que había tejido el oficialismo. A nadie le gusta ser el salvador de un gobierno que no integra y al cual tarde o temprano enfrentará en las urnas. Los gobernadores radicales dedicaron una cena a intentar persuadir a Martín Lousteau, Pablo Blanco y Maximiliano Abad. Fracasaron y se rindieron.

Aliados que se van

Lousteau dominó los plenarios, con críticas puntillosas que no fueron contrarrestadas por voces libertarias o aliadas. Luis Juez, jefe del bloque del PRO, no abrió la boca. El cordobés observó cómo su compañera Guadalupe Tagliaferri se asociaba al titular de la UCR y negaba su firma. El único colaborador que tiene el Gobierno es el salteño Juan Carlos Romero, un outsider que siempre juega enfrentado al kirchnerismo. Sin proponérselo, se convirtió en un nexo entre el oficialismo y el grupo rebelde. Francos lo llama a diario y el senador promete firmas a cambio de retoques a los textos.

El paso del tiempo erosiona la base de aliados del Gobierno, que en la última semana atendió reclamos de quienes creía convencidos de colaborar, como los partidos provinciales, que fueron una ayuda clave en Diputados. El tiempo transcurrido les permite -o les obliga- a pedir más por volver a colaborar. Río Negro y Córdoba se anotaron en ese juego.

Ahora se sumaría Misiones, que maneja dos votos en el Senado. El estallido de su provincia obligaría a la dupla a revisar la postura, que monitorea siempre Carlos Rovira, el verdadero jefe. Los senadores sin tierra, Edgardo Kueider y Carlos Espínola, del bloque Unidad Federal, fueron ignorados en el conteo de Francos y en este contexto quedaron con la pelota en los pies. Quieren cambiar casi todo.

Sin peronistas

En este escenario, los gobernadores peronistas que habían prometido ayuda empezaron a recular. El catamarqueño Guillermo Andrada y la tucumana Sandra Mendoza nunca abrieron la boca.

En el último plenario de comisiones, el mandatario de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, envió al senador José Neder a pedir que se retiren los proyectos. El intento de Francos por tener los tres votos santiagueños fracasó. El senador sanjuanino Sergio Uñac fue claro con las mineras que lo presionaban: que Milei consiga mayoría propia y sólo después podría ayudar con algún artículo. No más.

En el bloque Unión por la Patria se sienten ganadores parciales con las demoras del oficialismo para dictaminar. Lograron correr el rumor en el Senado de que hay 37 votos para el rechazo en el recinto, lo necesario para construir una mayoría. La versión inquietó a gobernadores de fuerzas provinciales, quienes llamaron preocupados a sus representantes. Otros se pusieron a tuitear contra los proyectos. Nadie quiere ser aliado de un Gobierno en la derrota y víctima de sus victorias.

Internas que complotan

A la mala praxis legislativa, el Gobierno le sumó sus propias internas, igual o más destructivas. Victoria Villarruel quiere ayudar, pero choca con las garras de Santiago Caputo y Karina Milei, quienes, se sabía, le tendieron una trampa al nombrarla de mediadora. Si hay retrocesos, la culpan.

En la Casa Rosada, el vicejefe de Gabinete, José Rolandi, a cargo de negociar la letra chica, responsabilizó a la vice por el reclamo de la oposición de quitar a Aerolíneas y Correo Argentino de la lista de privatizaciones. La demanda existe hace 15 días de parte de los aliados, pero nadie se animaba a contarle a Milei y la vice como portavoz fue la mejor excusa para que saliera a la luz. Villarruel cometió el pecado de escuchar este pedido de senadores, en una reunión en la que participaron Rolandi y los titulares de esas empresas como testigos. Al día siguiente, la vice prefirió no ir otro encuentro similar que se hizo en su oficina.

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Guillermo Francos, representante del Gobierno en las negociaciones.

Guillermo Francos, representante del Gobierno en las negociaciones.

Rolandi envió los borradores el miércoles, porque antes Milei no lo habilitaba. En el Senado lo tienen entre ceja y ceja. Lo acusan de hablar de formas y no del fondo de los proyectos. En Diputados tenía otra actitud. Creen que su única terminal es el asesor Caputo y por eso choca. En paralelo, el jefe del bloque de LLA en el Senado, Ezequiel Atauche, sufre la presión de Lule Menem, quien de a ratos le pide cerrar todo como sea. La jefa del tío del titular de Diputados es Karina Milei. Ante cada llamado, Atauche reacciona con visitas compulsivas a los despachos. Prefiere el cara a cara.

Las visitas de Rolandi

El miércoles, caídas las comisiones, Rolandi recorrió oficinas del Senado para defender sus tardías correcciones. Prefirió no reunirse en el despacho de Villarruel. Estaba apurado: su chofer lo esperaba sobre la calle Yrigoyen, para ir al Luna Park a la presentación del libro de Milei.

En el Senado se sorprendieron cuando el vicejefe de Gabinete, acompañado de María Irazábal Murphy, aseguró que las últimas reformas están consensuadas con la oposición dialoguista en Diputados, que debe definir si acepta o rechaza las modificaciones que se hagan en la cámara alta.

Los senadores supieron que, en realidad, Rolandi sólo había hablado con Rodrigo De Loredo, jefe de la UCR en Diputados, donde ni siquiera controla su bancada. Los negociadores de Hacemos Coalición Federal y la Coalición Cívica en la cámara baja no fueron consultados. El vicejefe de Gabinete dejó una confesión: no sabe cómo resolver el entuerto de Ganancias y el capítulo podría caerse definitivamente si dos tercios de las bancas del Senado lo rechazan.

En ese caso, se aproxima una discusión legal: la Constitución no deja claro si esa mayoría sería necesaria para que Diputados ratifique la versión original de todo el texto. La única interpretación la hizo Carlos Ruckauf a fines de los noventa, cuando era vicepresidente. No fue muy preciso.

Avanza el Grupo A en Diputados

En la cámara baja, el Gobierno tiene un horizonte negro, que obligó a Milei a anunciar una ola de vetos a proyectos que avanzan y complicarían sus metas fiscales.

El oficialismo mostró que perder la calle le duele: a un mes de la marcha universitaria, cedió en todo lo que le pedían y aun así no alcanza. El lunes confirmará un 270% de aumento al presupuesto de este año para las casas de altos estudios. Es sólo 30% menos de lo que reclama la izquierda.

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Rodrigo De Loredo y Karina Banfi, autoridades del bloque UCR en Diputados. Piden por la reforma laboral.

Rodrigo De Loredo y Karina Banfi, autoridades del bloque UCR en Diputados. Piden por la reforma laboral.

En Diputados, una desordenada alianza opositora se impuso en el recinto y en comisiones para apurar proyectos que obligan a indexar los gastos de funcionamiento de las universidades.

El Gobierno presionó a los rectores para frenar ese debate, pero no lo logró. De Loredo dice que si hay aumento del presupuesto no hay ley de actualización y en su bloque lo desmienten. Explican que el pulso del reclamo universitario no son los palacios, sino la calle. ¿Se animará el Gobierno a promover otra marcha? Fue la única vez en este semestre que un parte de sus votantes lo puso contra las cuerdas. Al mileísmo le dolió mucho y lo obligará a poner la plata que dice no tener.

Vuelve del FONID

El otro frente que se abrió es el reclamo del Fondo Nacional de Incentivo Docente (FONID), un aporte a los salarios de los maestros que Milei cortó. Se ahorró 1,4 billón de pesos.

Unión por la Patria, asociado a los gremios, lidera el reclamo para la restitución y lo hará valer en un plenario de comisiones del martes. El resto de la oposición mantiene perfil bajo, pero no lo bloqueará. “Qué decidan los gobernadores”, repiten en HCF.

La UCR no empujará el tema ni será un obstáculo. Como con las universidades, prefieren que el conflicto tome su propia dinámica. Los partidos provinciales están hambrientos de dinero como para negarse.

Hay un dato que tal vez no le han dicho a Milei: el PRO y LLA no suman un tercio en ninguna cámara del Congreso. O sea, no podrían sostener un eventual veto y el Presidente estaría obligado a gastar. Le guste o no.

ley omnibus: el gobierno no logro acordar y el debate seguira la semana proxima
Guillermo Francos, ministro del Interior. 

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