Fernet con rosca

El pacto de la ciudad de Córdoba: Martín Llaryora, Daniel Passerini y la ficha Quinteros

El gobernador toma el control de la capital rumbo a 2027. Con guiño del intendente, usa al ministro como ariete de gestión y dique a la interna del PJ.

El gobernador Martín Llaryora arrancó la campaña 2027 por la ciudad de Córdoba con un enfrentamiento con el gremio municipal -uno de los más impopulares entre la ciudadanía capitalina-, un shock de obras por donde pasará el papa León XIV (y por donde no pasará) y con un nombre consensuado con Daniel Passerini para perfilar la sucesión en el municipio.

Llaryora prioriza el bastión que le aportó la diferencia de votos sustancial para ganarle a Luis Juez en 2023, para que no se convierta en un ancla de su proyecto reeleccionista.

La sucesión del médico que que no tiene reelección no puede tomarse, esta vez, de manera aislada. El mandatario encontró en el ministro de Seguridad, Juan Pablo Quinteros, un aliado para dar esos golpes de efecto de gestión que necesita la política cada tanto, mantener un punto de equilibrio con Passerini, que no tiene un lugar asignado aún para el ’27, y ponerle un tapón al peronismo que mira ejemplos rupturistas recientes como el de Natalia de la Sota.

El pacto de la capital tiene tres patas

El proyecto cordobesista no salió como se esperaba en la ciudad de Córdoba por factores largamente expuestos: Passerini heredó una pesadísima deuda en dólares que tuvo que pagar y refinanciar, sufrió el brutal ajuste de Javier Milei en subsidios al transporte y otras partidas y la caja municipal sintió la crisis en su recaudación. A esto hay que sumar desencuentros de la política cordobesista.

Llaryora buscó “intervenir” el gobierno con enroques de funcionarios y, aunque lo desmientan, el ahora jefe de Gabinete, Manuel Calvo, fue la opción del gobernador para cogobernar. Passerini dio muestras de carácter y no sólo que no lo aceptó, sino que hizo su propia purga de dirigentes de otras expresiones del peronismo en su gabinete, sobre todo las que habían quedado de Miguel Siciliano tras su paso por la Secretaría de Gobierno en la gestión llaryorista. También algunas patas del sector de la senadora Alejandra Vigo corrieron la misma suerte.

Quinteros asoma como ese cortafuegos consensuado entre los dos dirigentes con responsabilidades de gestión. Passerini acepta al ministro que hizo el 99% de su carrera política con el senador Juez, al punto que sus adláteres ya anticipan su visto bueno para la sucesión.

Trabaron una buena relación en el Concejo Deliberante, cuando Passerini presidía el cuerpo y Quinteros representaba la banca que ganó con el sello del vecinalista Aurelio García Elorrio.

Miguel Siciliano, Martín Llaryora y Daniel Passerini en un recorrido de obras en la ciudad

Miguel Siciliano, Martín Llaryora y Daniel Passerini en un recorrido de obras en la ciudad

Pudieron lograr resultados en dos puntos de alto malhumor social: la presión de los cuidacoches en las calles -los naranjitas- y el apoyo de la Policía a las acciones de seguridad en los barrios.

Passerini no le da todo el mérito de la movida que marcó el inicio de la campaña con Llaryora a la cabeza: la idea de poner a la Policía a ordenar el tránsito en los grandes eventos, cuando los inspectores municipales se nieguen a hacerlo por medidas sindicales, la registran en la discusión del nuevo código de convivencia. En ese momento se acordó que los de azul podrían, por ejemplo, intervenir en casos de vecinos que arrojen residuos en lugares prohibidos.

Como sea, Quinteros le garantiza a Llaryora mostrar actividad y alto perfil en un frente tan sensible y complejo como la seguridad ciudadana y a Passerini le permite ser un tapón de la interna peronista capitalina que ya palpita debajo de sus pies.

La interna peronista que late en Córdoba

En la casa del presidente de la Agencia Córdoba Cultura, Marcelo Rodio, se juntaron a comer este viernes un grupo de dirigentes peronistas que le apuntan a la silla que hoy ocupa Passerini. Lo hicieron en el pasado 2023 y lo hacen ahora.

Se sentaron a una mesa -“muy coqueta, al estilo Rodio”, según la definieron los comensales- varios legisladores: el viguista Leonardo Limia, el referente del Movimiento Evita Mariano Lorenzo y la massista Laura Labat. También estuvieron el secretario general del Sindicato Único de Vigilancia y Seguridad Comercial, Gustavo Pedrocca, y el funcionario municipal Juan Rufeil.

Claramente el objetivo de la tertulia es armar la mesa capital para la reelección de Llaryora. No hay peronista que niegue que hay que calzar lo primero para poder empezar a ilusionarse con lo segundo. "Es lo primero", insisten. Vendrán movidas y disertaciones en ese sentido.

La Gran Natalia de la Sota

Sin embargo, hay integrantes que sostienen que el trabajo puede coexistir. Limia encabezó una ronda de consultas con sus referentes -obviamente habló con Vigo- para avisar que buscará su espacio por adentro o por afuera. Quiere ser candidato a intendente y si logra sólo una banca será por mérito propio.

Alejandra Vigo, Daniel Passerini y el legislador Leonardo Limia en el cierre anual del Instituto Diseñando Ciudad.

Alejandra Vigo, Daniel Passerini y el legislador Leonardo Limia en el cierre anual del Instituto Diseñando Ciudad.

Atención: son varios los dirigentes que quieren hacer la Gran Natalia de la Sota. La diputada revalidó su estadía en el Congreso jugando por afuera.

La juntada gastronómica y estos prelanzamientos son un síntoma de que en el peronismo que encaró la renovación en 2023 hay algunos cabos sueltos por atar. También una reprobación anticipada a nombres que vienen de afuera, como el de Quinteros.

El meritócrata Juan Pablo Quinteros

El ministro que se define como el “más llaryorista de todos” prohibió a su mesa chica rosquear el ’27. “No pierdan el tiempo conmigo, tenemos que jugar todos para la reelección del Martín”, les dice a sus interlocutores de ocasión. Igualmente, su mano derecha, el también exjuecista Martín Soda, recibe señales de apoyo de dirigentes cordobesistas que dicen que lo respaldan.

Quinteros sabe que su principal competidor no es el peronismo estructural de la capital, sino el ministro de Vinculación. Siciliano tiene juego porque Llaryora se lo da.

Juan Pablo Quinteros junto al intendente de la ciudad de Córdoba Daniel Passerini y su secretario de gobierno Rodrigo Fernández

Juan Pablo Quinteros junto al intendente de la ciudad de Córdoba Daniel Passerini y su secretario de gobierno Rodrigo Fernández

De hecho, en la misma semana que el jefe político de la Policía tenía su momento protagónico, los canales de gobierno mostraban a Siciliano a puro corte de cinta en los barrios. Es una muestra de que Llaryora no tiene un único plan. Es un mensaje blue para Passerini, más que para Quinteros.

“La elección no se define por estructuras. Los nombres son más fuertes”, es otra frase que se le escucha decir a Quinteros asumiendo la pelea de dos que se viene por la silla en la capital. El apoyo de Passerini no será menor. Está instalado que no podrá poner el candidato, pero que conservará su poder de veto.

Todo esto demuestra que la reelección de Llaryora se juega en la capital y que, para eso, deberá atender todos los frentes. No es un menú de paso sucesivos como en 2023, sino más bien un plato único que puede que salga bien o salga mal.

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