¿Patricia Bullrich candidata a vice? La data detrás de sus diferencias con Javier Milei
Patricia Bullrich se diferencia, incomoda y hace ruido. Una parte de la política ya la imagina jugando por su cuenta. Pero cuando se mira la conversación digital aparece otra historia: sus propios seguidores no parecen quererla enfrente deJavier Milei. La empujan hacia un lugar que todavía ocupa Victoria Villarruel.
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En apenas dos meses, la exministra de Seguridad hizo de todo: frenó a Villarruel en el Senado, cuestionó públicamente que no le avisaran del recorte en Discapacidad, publicó un video musicalizado con una canción de Lali Espósito y, cuando le preguntaron por su futuro político, respondió que lo que debe reelegirse es “el proyecto”. Al Presidente ni siquiera lo nombró.
La sucesión de gestos alcanzó para instalar la idea de una rebelión y reactivar una vieja pregunta en la política: ¿Bullrich está preparando el terreno para competir por su cuenta en 2027? Mi lectura es otra: no se está yendo, está negociando. Y quizás lo más interesante de sus movimientos no sea cuánto se distancia de Milei, sino cuánto poder logra acumular cada vez que marca una diferencia sin llegar a la ruptura.
Bullrich nunca fue una dirigente cómoda, ni parece interesada en serlo. Sabe que, en política, quien no tiene capacidad para incomodar difícilmente tenga margen para negociar. Esa es la hipótesis que me propuse poner a prueba en un estudio realizado desde Reputación Digital. Analizamos la conversación digital en torno a Bullrich para identificar quiénes hablan de ella, qué temas generan reacciones, quiénes amplifican sus mensajes y, sobre todo, cómo responden las comunidades que la siguen. El trabajo no es una encuesta ni busca anticipar resultados electorales. Es una herramienta para observar cómo se construyen apoyos, rechazos y expectativas políticas en el escenario digital.
Entre el 1 de julio y el 5 de octubre analizamos 183.136 menciones de 67.269 autores. Cuando ordenamos los tres destinos que hoy aparecen asociados a Bullrich, una candidatura presidencial, una eventual candidatura en la Ciudad de Buenos Aires o un lugar en la fórmula con Milei, apareció el primer dato que me llamó la atención. Siete de cada diez menciones sobre su futuro hablan de la fórmula y dos de cada tres salen de la base libertaria. “Bullrich presidenta”, en cambio, reúne casi tres de cada diez y la mitad de ese impulso proviene de la oposición. La Ciudad prácticamente no existe: apareció brevemente a fines de julio y después se apagó.
Ahí empieza la verdadera historia. La idea de Bullrich presidenta despierta más entusiasmo fuera de su propio espacio que entre sus seguidores, mientras que la tropa violeta parece imaginarla en otro lugar: acompañando a Milei en la boleta. Ese lugar, sin embargo, tiene una particularidad políticamente decisiva: ya está ocupado por Villarruel. Por eso, resulta difícil separar las especulaciones sobre el futuro de Pato de su enfrentamiento con la vicepresidenta. Si ella busca asegurarse un lugar en la próxima lista, la conversación digital entre sus propios seguidores ofrece una pista más concreta que muchas de las hipótesis que circularon hasta ahora.
Patricia Bullrich versus Victoria Villarruel
Desde esta perspectiva, la pelea con Villarruel deja de ser una mera sucesión de encontronazos y adquiere otra dimensión política. A mediados de julio se filtró una discusión por chat entre ambas; hacia fines de ese mes, Bullrich afirmó que la vicepresidenta ya formaba parte de otro proyecto, y el 6 de agosto le cuestionó en el recinto el voto a distancia que había autorizado para una senadora peronista.
Ese día ocurrió algo que considero mucho más relevante que la disputa reglamentaria: seis de cada diez menciones provinieron de libertarios que celebraban la intervención de Bullrich. No la cuestionaban por enfrentarse a Villarruel; por el contrario, la respaldaban. Desde su llegada al Senado, Bullrich comenzó a ocupar, ante los ojos de los seguidores del Gobierno, parte del espacio político que la vicepresidenta había dejado vacante.
Eso cambia bastante la manera de mirar todo lo que vino después. Porque si cada diferencia de Bullrich con el Gobierno fuera realmente un paso hacia la ruptura, en algún momento esa tensión debería aparecer entre quienes sostienen a Milei. Hasta ahora no ocurrió. El 18 de septiembre publicó un video con una canción de Lali Espósito y otra vez pareció abrirse una grieta. El gesto era perfecto para alimentar esa interpretación. Sin embargo, cuando lo medimos quedó apenas en el puesto 14 entre los 61 días relevados y, sumados, todos los desmarques de Bullrich representan sólo el 8% de la conversación sobre ella.
Qué dice la tropa de Bullrich
Los propios cuentan una historia bastante diferente. Analizamos las 70 publicaciones más compartidas dentro de la comunidad libertaria, que generaron 12.334 menciones. El 63% de esa conversación respalda a Bullrich, otro 22% todavía le reclama mano dura como si siguiera al frente del Ministerio de Seguridad y apenas el 6% la critica. Incluso la palabra “traidora”, quizás una de las señales más claras que podríamos esperar frente a una ruptura con Milei, aparece asociada a su nombre en sólo el 1% del corpus. Por eso me cuesta comprar la idea de una Bullrich camino a convertirse en adversaria del Presidente: sus diferencias existen, pero lo que no aparece es una ruptura de su vínculo con la base libertaria.
Algo parecido ocurrió cuando dijo que en 2027 debía reelegirse “el proyecto” y evitó mencionar a Milei. Desde afuera, la omisión podía sonar a desafío, pero entre los propios fue leída de otra manera: el 85% de la conversación que produjo esa frase fue libertaria y circuló como una señal de lealtad. La misma frase que para algunos podía ser el comienzo de una emancipación, para quienes la siguen significó exactamente lo contrario. Esa es la clave para entender a Bullrich.
Cada diferencia no necesariamente anticipa una salida, también puede ser parte de una negociación. Puede incomodar al Gobierno, conservar centralidad, marcar una identidad propia y, al mismo tiempo, seguir entregando en el Senado los votos que el oficialismo necesita. Cerca suyo, según publicó la revista Noticias, existe expectativa por volver a verla en una boleta y su aspiración máxima sería la vicepresidencia. Si eso es así, diferenciarse sin romper deja de parecer una contradicción y puede ser, sencillamente, una manera de llegar con más fichas a la mesa donde se discute el poder.
Quién construye a la rebelde Patricia Bullrich
Hay otro dato del estudio que refuerza ese análisis y que es difícil de pasar por alto. Si Bullrich estuviera construyendo una ruptura con Milei, sus propios seguidores deberían ser parte de ese movimiento. Pero ocurre casi lo contrario: cuando toma distancia de alguna decisión oficial, son las cuentas opositoras las que más hacen circular sus palabras.
El reclamo por Discapacidad tuvo un 72% de circulación opositora, el video con la canción de Lali un 83% y, cuando calificó de “apresurada” la discusión sobre la ley de tierras, el 97% de la conversación provino de la oposición. Los desmarques son reales. Lo interesante es quién los convierte después en la prueba de una supuesta separación definitiva de Milei.
Eso también explica por qué pueden convivir imágenes tan distintas de la misma dirigente. En radio y televisión, una de cada cuatro menciones sobre Bullrich está relacionada con sus diferencias con el Gobierno, mientras que en X son apenas ocho de cada cien. No hay que elegir necesariamente una imagen y descartar la otra, sino preguntarse qué parte de la historia estamos viendo en cada caso. En la conversación digital, Bullrich sigue encontrando respaldo entre buena parte de los libertarios y eso la vuelve competitiva para una eventual fórmula. Pero también aparece ahí su principal problema.
Una vicepresidenta no debería servir solamente para ordenar los votos que el candidato ya tiene. Debería sumar algo que le falta. Y cuando miramos los datos de Bullrich, esa capacidad de ampliación no aparece con la misma claridad que su fortaleza dentro del universo libertario. El 68% de la conversación sobre ella proviene de cuentas opositoras y el 28% de la base libertaria. El centro republicano y el PRO representan apenas el 4%, justamente el universo que, en teoría, debería constituir su aporte diferencial. Sus desmarques consiguieron duplicar esa conversación, que pasó de unas 330 menciones semanales a alrededor de 620. Es un crecimiento, pero todavía estamos hablando de un espacio pequeño.
Bullrich y Milei, en la misma pecera
Un dato externo que incorporamos al estudio llega por otro camino al mismo problema. Nueve de cada diez personas que valoran bien a Milei también valoran bien a Bullrich. La definición utilizada para explicarlo es bastante gráfica: ambos “pescan en la misma pecera”. Esa es la paradoja de Bullrich. Lo que la vuelve atractiva para Milei también puede volverla innecesaria. Tiene llegada a la base libertaria, puede ordenar una parte del oficialismo, conserva identidad propia y demostró que puede jugar fuerte en el Senado. Pero si ambos pescan entre los mismos votantes, la pregunta es cuánto agrega realmente una fórmula Milei Bullrich.
A eso se suma una mochila que nunca terminó de abandonar. Bullrich dejó el Ministerio de Seguridad en diciembre, pero Seguridad no dejó a Bullrich. El 15% de la conversación que relevamos sobre ella todavía gira alrededor de ese tema. Para la oposición sigue asociada a la represión y para una parte de los propios continúa siendo la dirigente a la que hay que reclamarle mano dura.
Los números muestran hasta qué punto esa identidad todavía pesa. El episodio del policía de civil fotografiado mientras disparaba durante la protesta del 6 de agosto frente al Congreso acumuló 5.819 menciones. El festejo en el recinto por el recorte del subsidio al gas en las zonas frías reunió otras 5.285, con un 97% de conversación opositora. Cada uno de esos episodios tuvo más peso que todos sus desmarques de septiembre juntos. Por eso creo que a veces exageramos el valor de cada gesto de Bullrich frente a Milei: una canción de Lali puede producir un título y una frase incómoda puede alimentar durante unas horas la hipótesis de una ruptura, pero la identidad política no se reconstruye todos los días desde cero. Seguridad, orden, confrontación y pertenencia al universo libertario siguen pesando mucho más en la conversación alrededor de Bullrich.
Una posibilidad, no una candidatura
Tampoco conviene enamorarse de la hipótesis de la vicepresidencia porque los datos ponen un límite y, en política, a veces ese límite dice más que el entusiasmo. La conversación libertaria sobre una fórmula Milei - Bullrich tuvo un fuerte impulso después de una encuesta que se viralizó el 15 de septiembre y generó 841 menciones durante esa semana. Dos días después llegó el reclamo de la senadora por Discapacidad. La semana siguiente, las menciones sobre la fórmula cayeron a 30 y a la otra fueron apenas 16.
Los libertarios no la castigaron por diferenciarse de Milei, pero tampoco siguieron pidiendo que fuera su vice. Esa diferencia es importante. Nuestro análisis no permite decir que Bullrich vaya a integrar la próxima fórmula presidencial ni que exista hoy un clamor libertario para que eso ocurra. Lo que sí permite decir es que, entre todos los destinos que aparecen para ella, la vicepresidencia es el único hacia el que los propios la empujan de manera reconocible.
No veo hoy una base libertaria reclamándole que enfrente a Milei por la Presidencia ni aparece una conversación sostenida alrededor de una candidatura en la Ciudad. Veo otra cosa: una dirigente que aprendió a diferenciarse sin quedar afuera, que encontró en el Senado un lugar desde el cual acumular poder y que empezó a ocupar un terreno que Villarruel fue dejando disponible.
Patricia Bullrich.
La pregunta, entonces, ya no es solamente si Bullrich quiere ser vice, sino qué va a necesitar Milei cuando llegue el momento de completar su fórmula: alguien capaz de ordenar, representar y defender a una parte de los que ya están adentro o alguien que pueda llevarlo hacia un electorado al que todavía no llega. El estudio permite mostrar dónde está parada “Pato” frente a esa discusión, pero la decisión pertenece a otro terreno.
Bullrich ya hizo su parte. Demostró que puede incomodar a Milei sin perder a los libertarios, construir poder en el Senado y ocupar parte del espacio que Villarruel fue dejando libre. Ahora falta saber algo bastante más importante: si para los Milei todo eso es un mérito o un problema.