24|9|2022

05 de marzo de 2022

05 de marzo de 2022

El PRO volvió a girar a su alrededor. Anfitrión y jefe, en Acassuso y Olivos atiza el fuego opositor. Amnesia selectiva, miedo a la herencia y segundo tiempo.  

Muy lejos del aislamiento que padeció durante los meses posteriores a su salida del gobierno, Mauricio Macri arrancó 2022 como dueño, una vez más, de la escena opositora. El expresidente orienta los movimientos principales de la bancada del PRO en el Congreso, como el martes último, cuando Cristian Ritondo organizó la retirada mientras Alberto Fernández se refería a la responsabilidad del macrismo en el endeudamiento récord con el FMI. 

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No es lo único. Además, juega de local en las reuniones que congregan a toda la plana mayor del PRO, convoca a economistas de Juntos por el Cambio para que le brinden sus pronósticos sobre el período que viene y hasta recibe al nuevo embajador de Estados Unidos, Marc Stanley, que lo visita en carácter de jefe opositor. Todo lo hace desde la casa de dos plantas que alquila en Acassuso, San Isidro, o desde las oficinas que -admiten en el macrismo- le presta un empresario de la construcción que guarda un perfil de lo más bajo y están ubicadas frente a un Mcdonalds de Avenida Libertador, en el límite con Olivos.

 

En su prole política, ya nadie anuncia su jubilación. Al contrario, ahora la dirigencia peregrina hacia su domicilio. Se preocupa por congraciarse con él y hace planes para ubicarlo como a un jarrón chino en el living de la oposición. Él, en cambio, sigue pensando en que puede diseñar la oferta de la alianza para 2023, se olvida del final traumático de su aventura de gobierno y fantasea con la idea de jugar su segundo tiempo. Crease o no, lo que le preocupa es la herencia que, piensa, le van a dejar. 

 

La pesada herencia

En la última semana, el ingeniero apareció activo como pocas veces. El sábado a la mañana, recibió en su quinta histórica de Los Abrojos a Martin Lousteau, Ricardo López Murphy, Martin Tetaz y Luciano Laspina para consultarlos sobre el acuerdo con el Fondo. La conversación se extendió por más de tres horas y no le faltaron momentos de tensión. Allí, el expresidente les transmitió a los economistas sus dudas sobre apoyar el entendimiento que se encaminaba a cerrar Martín Guzmán con el organismo de crédito que ahora preside Kristalina Georgieva

 

Según pudo saber Letra P de parte de uno de los asistentes al encuentro, el más duro fue Laspina, vicepresidente primero de la Comisión de Presupuesto de Diputados, que inauguró allí la tesis que días después se difundiría en público: para el PRO, el acuerdo es una “bomba de tiempo” y el próximo presidente tendrá que hacerse cargo de empezar a pagar la deuda que contrajo el propio Macri, tanto con el Fondo como con los acreedores privados.

 

Como si se hubiera olvidado que selló una hipoteca y asumió una montaña de vencimientos de cortísimo plazo -casi 40 mil millones de dólares para 2022 y 2023-, el expresidente sugiere por estas horas que hay que rechazar el pacto en el que Guzmán busca patear para adelante los pagos y se compromete a reducir el déficit fiscal, subir las tarifas y recortar en forma violenta la emisión monetaria: de 3,7% a 1% del PBI en apenas un año. 

 

La cita en Los Abrojos no dejó conforme a Macri. El martes pasado, fue capaz, incluso, de hacer un esfuerzo mayúsculo e interrumpir su descanso, en pleno feriado de carnaval, para seguir ahondando en el tema. Un rato después del acting de la oposición dura en Diputados, organizó un cónclave en su casa con tres de los referentes económicos del PRO para preguntarles cómo veían el entendimiento con el Fondo. En ese caso, al inamovible Laspina se le sumaron el sucesor de Dujovne, Hernán Lacunza, y el expresidente del Banco Central Guido Sandleris, que participó vía Zoom.

 

En pose de jefe y conductor, Macri convocó también a los dos dirigentes que pretenden competir por la presidencia el año próximo, Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich. Con una estima elevada por su propia empresa de vida, Macri no lo dice abiertamente, pero cree que los dos candidateables que asoman con pretensiones de sucederlo son productos de él. Tanto uno como otro ocupan los lugares que hoy tienen por decisiones que tomó o avaló el expresidente y los dos, según cree, están en deuda con él A la hora de la convocatoria, sin embargo, Macri no se limitó a ellos dos. También mandó a llamar a Ritondo, a Diego Santilli, a María Eugenia Vidal y a Humberto Schiavoni. Todos dieron el sí con disciplina. La conclusión de los economistas fue la misma: Fernández y Guzmán le dejarán al próximo gobierno un artefacto a punto de estallar. 

 

Como parte de su amnesia selectiva, Macri ignora, en su versión de la historia, la bomba PRO. Solo advierte la herencia de restricciones que recibió de Cristina Fernández. Lo hace sin reparar en aquella confesión de Dujovne en una charla con empresarios, a mediados de 2016, cuando admitió que el cristinismo había dejado una “deuda realmente muy baja”, producto de que “nadie le prestaba”. El razonamiento del egresado del Cardenal Newman es opuesto al que se hace al otro lado de la polarización: él, afirma, no está dispuesto a que le hagan dos veces lo mismo. 

 

Equipo que gana

Dentro de las propias filas del PRO, lo llamativo del ascenso de Macri es que se produce sin que haya sumado colaboradores a su equipo chico de confianza. Después de su salida del gobierno, la enorme mayoría de la dirigencia de Juntos por el Cambio se alejó del expresidente, con la sola excepción de Miguel Angel Pichetto y Patricia Bullrich. Macri se rodeó de un grupo de leales que todavía lo acompaña y trabaja en las oficinas que le presta su amigo empresario de la construcción. 

 

En el primer anillo, están el exsecretario general de la Presidencia Fernando De Andreis, su secretario privado, Darío Nieto;  la exsubsecretaria de Comunicación Fátima Micheo, que era en los hechos la segunda de De Andreis, y la extitular de la Unidad de Opinión Pública en la Jefatura de Gabinete, Mora Jozami. Junto a ese grupo trabajan Hernán Iglesias Illa y Pablo Avelluto, los autores del libro Primer Tiempo, y Gustavo Gómez Repetto, que hace las veces de vocero. Aunque fueron colaboradores muy cercanos de Marcos Peña en su tiempo de auge, hoy varios de ellos tienen también una terminal que los conecta con Rodríguez Larreta.

 

Así como la construcción del Frente de Todos hubiera sido inconcebible sin el fracaso estrepitoso de Macri y el mejor equipo de los últimos 50 años en el terreno económico -inflación, deuda, recesión, pobreza, devaluación...-, la centralidad que hoy tiene el expresidente tampoco se hubiera dado si la alianza panperonista no hubiera sufrido los trastornos que sufre ni se hubiera dividido en temas cruciales. Hombre de fortuna, al ingeniero le tocó ocupar un lugar en un determinado momento de la Argentina y sabe que tiene asegurado un piso de adhesiones que aborrece de cualquier átomo de peronismo. Esa es su fuerza.

 

¿Cuanto peor, mejor?

Montado a una base irreductible de antikirchnerismo visceral, Macri fue arrastrando a toda la oposición hacia su casa y hacia sus puntos de vista. Hasta ayer considerado una paloma, Rodríguez Larreta se levantó el martes último junto con la seña de Ritondo y se fue del Congreso para fastidio de la tropa lilita y la dirigencia radical, en especial de sus archirrivales, Gerardo Morales y Facundo Manes. “Nunca dejó de conducirlos. Internamente, eso nunca estuvo en duda. Desde afuera lo daban por muerto, pero si uno observaba hasta la actitud corporal y los tonos de voz que usaban todos los dirigentes de todo el país con él, se daba cuenta de que ninguno se animó a salirse de su conducción”, le dijo a Letra P uno de los exfuncionarios que se inscribe sin culpa en el macrismo de paladar negro. 

 

Aunque el jefe de Gobierno porteño mira encuestas, repasa el rechazo que genera Macri y apuesta a que, finalmente, no pretenda volver a ser candidato, es la UCR la que más distancia viene tomando del resurgir del ingeniero. Desde Alfredo Cornejo, que, pese a su antiperonismo genético, cuestionó cara a cara a Macri cuando el líder del PRO tenía despacho en la Casa Rosada, hasta Ernesto Sanz, el fundador de Cambiemos, que no titubeó en criticarlo y dar su ciclo por terminado.

 

Esas discrepancias alimentan hoy, en las filas de Juntos por el Cambio, la idea de que el expresidente propone tensar al máximo con el gobierno de los Fernández y presiona para que la oposición rechace el acuerdo con el Fondo que empezará a tratarse el lunes en Diputados. Falta poco para saber si su jefatura es capaz de disciplinar a toda la tropa de la alianza opositora o deberá enfrentar algún tipo de resistencia.