28|1|2023

Operativo paso al costado

06 de noviembre de 2022

06 de noviembre de 2022

El cristinismo aceleró contra Fernández y quiere que se baje de la reelección. CFK y la estrategia 2023. Los puentes rotos y la resistencia del Presidente.

Será por las buenas o por las malas. Cristina Fernández de Kirchner ya pisó el acelerador de la campaña 2023 y, sin disimulo, puso a toda su estructura a trabajar para conseguir que Alberto Fernández emita señales claras que indiquen que hará lo mismo que ella en 2019: bajarse de la candidatura presidencial para cederle su lugar a quien esté en condiciones de garantizarle un triunfo al peronismo. Sin embargo, el primer mandatario no está dispuesto a dar un paso al costado.

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“Nosotros vamos a trabajar para ganar la elección, vamos a ir para adelante. Que Alberto haga lo que quiera. Desnaturalizó el Frente de Todos (FdT). Decidió gobernar solo, no convoca a una mesa política y dice que va a ser candidato. Pareciera que quiere perder”, le dice a Letra P un dirigente de máxima confianza de Cristina que avisa que el tiempo de espera de la vicepresidenta llegó a su fin. El 17 de noviembre, frente a una multitud militante, volverá a empujar al Presidente al renunciamiento.

 

Como ya es habitual en el cristinismo, los mensajes se encadenaron de manera programada, de menor a mayor en términos de intensidad y presión. Por eso, en el Gobierno circula la certeza de que será la vicepresidenta quien termine de dar la estocada final en el Estadio Único de La Plata. “Cristina no va a convocar a un acto con 80 mil personas para no decir nada. Si lo hace es porque piensa dar alguna definición concreta”, razona un funcionario que dialoga con la vicepresidenta.

 

La Cámpora trabaja en un armado de un acto “con todos los sectores”, que tendrá a Cristina como única oradora, para que no queden dudas sobre dónde está la centralidad del poder el día en el que el peronismo celebrará el Día de la Militancia, a 50 años del regreso de Juan Domingo Perón a la Argentina, tras 17 años de exilio.

 

Fue Máximo Kirchner quien dio el primer paso, el 24 de octubre, cuando dijo en una entrevista con El Destape que resultaba “por lo menos extraño” que el Presidente tuviera que competir con otros candidatos en una elección primaria. Fue en plena discusión interna en torno a la suspensión de las PASO, que impulsó un sector del cristinismo y resistió Fernández con éxito. El tema quedó prácticamente sepultado por falta de consenso interno en el FdT. Un triunfo del Presidente. En el mismo diálogo, Kirchner remarcó que tenía entendido que Fernández había dicho “que sí” estaba anotado en la carrera, pero no le dio su apoyo. “Hoy por hoy no tiene candidatos el peronismo”, dijo.

 

El Presidente respondió pocas horas más tarde, con las palabras que el Instituto Patria ansiaba escuchar. “Si para ganar me tengo que excluir, me excluyo", dijo y remarcó que es parte “de un proyecto colectivo". Pero el baño de humildad del primer mandatario no alcanzó. Cristina volvió a presionar el viernes 4, desde Pilar, donde recordó los motivos que la llevaron a tomar la decisión bajarse de la candidatura y nominar a Fernández como cabeza de fórmula, en 2019. Al tiempo que ignoró al Presidente, Cristina anunció que está dispuesta a hacer “lo que tenga que hacer” para ganar la elección del año próximo. Eso implica la variante de ser candidata pero, fundamentalmente, la de ser quien comande la definición de la estrategia.

 

En la Casa Rosada, el mensaje de la vicepresidenta no cayó tan mal. Cerca del Presidente respiraron aliviados por la falta de mención directa y lo que leyeron como un discurso “tranquilo”. Escucharon una Cristina “herbívora”, enfocada en cuestiones económicas, y relativizaron la idea de que fuera un lanzamiento de candidatura presidencial, pese a que en Pilar para la dirigencia cristinista no quedaron dudas de que la vicepresidenta buscará volver a la Rosada. El respaldo a la gestión económica de Sergio Massa tampoco sonó a promoción electoral. “Cristina nunca anticiparía tanto una jugada”, razonó un colaborador presidencial.

 

Todavía faltaba Kirchner, quien, desde Mar del Plata, fue directo contra el Presidente. “Nunca más nos puede volver a pasar lo mismo. No puede pasar otra vez en un frente amplio como el nuestro, que aquellos que se valen de construcciones colectivas, una vez que esa construcción los lleva a un lugar importante inicien una aventura personal. Para aventureros está el turismo”, disparó.

 

Kirchner fue aún más lejos cuando trazó el paralelismo con la decisión que Cristina tomó en 2019, cuando se bajó de su candidatura. “A pesar de que a veces hay compañeros y compañeras que están más interesados en las aventuras personales, todavía tengo la esperanza de que se den cuenta y que, así como Cristina hizo todo lo que tenía que hacer en el 2019 para que la Argentina pudiera salir del oprobio neoliberal y macrista, hagan lo mismo y dejen de jugar a los ofendidos y a los tristes. Triste está nuestra gente que no llega a fin de mes”, cerró, respaldado por la dirigencia del PJ bonaerense entre la que se contó al ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, y a quien fuera hasta hace cuatro días titular de la cartera de Desarrollo Territorial y Hábitat, Jorge Ferraresi.

 

El discurso de Kirchner no dejó lugar a interpretaciones. ¿Esperan Cristina y La Cámpora que el Presidente haga un renunciamiento público? “Esperan que al menos deje de decir en off the record que si están dadas las condiciones va a dar la pelea”, señala un hombre que habla con todos los sectores del FdT. En el Instituto Patria irritan, además, las iniciativas personales de quienes instalan con frecuencia la reelección de Fernández, como el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández. Aunque no lo hace por indicación del primer mandatario, Fernández nunca recibió un reproche presidencial por sus declaraciones.

 

El Presidente redobló la apuesta este domingo, en una entrevista con Futurock. “Tengo la decisión de que ganemos las elecciones en 2023. Sé que es posible, estoy seguro. Les pido a todos los compañeros que me ayuden a eso, después discutiremos quién es el mejor candidato o la mejor candidata. La mejor forma de discutirlo es con la gente votando. No soy obstáculo de nada, soy un militante”, respondió cuando le consultaron por la reelección.  

 

Además, el Presidente le contestó a Kirchner en su acusación sobre la aventura personal: “Nunca quise construir el albertismo, no creo en los personalismos. Se me puede acusar de cualquier cosas menos de hacer aventuras personales. Todos somos necesarios en algún momento, tal vez fui necesario yo ahora y después le toca a otro. Soy parte de un proyecto”. Por último, citó a Perón para señalar que “cuando un compañero critica a otro compañero deja de ser peronista”.

 

“Alberto se mantiene en esta postura para tener más gobernabilidad y no quedar apartado del cierre de listas. No está pensando en la reelección”, apunta un funcionario con despacho en la Casa Rosada. Cerca del Presidente hay quienes piensan que sostener las expectativas de reelección es casi una obligación para proteger la gobernabilidad. Ya el armado de listas es casi un ejercicio de ciencia ficción cuando Fernández ve que el propio oficialismo le traba en el Congreso hasta las propuestas más básicas, como pliegos de embajadores y ascensos militares. Una situación sin precedentes.

 

En ese contexto, por distintas vías llegó a oídos del Presidente que Cristina no está dispuesta a darle ningún lugar en el armado de las listas legislativas 2023. Tanto la vicepresidenta como Kirchner tienen a las organizaciones sociales afines a Fernández, en particular el Movimiento Evita, y a la CGT como blancos predilectos.

 

Fernández teme no poder salvar ni siquiera a sus dirigentes de mayor confianza, como Santiago Cafiero, que se mantuvo siempre leal. El canciller quedó en la línea de fuego del cristinismo pese a que alguna vez formó junto a Eduardo de Pedro el puente de diálogo entre Fernández y Cristina. La relación está completamente rota. El ministro del Interior y el canciller no cruzaron palabra en el vuelo que los trajo de regreso desde Brasil tras la celebración de la victoria de Luis Inácio “Lula” Da Silva. Ninguno tiene instrucciones de sus respectivos jefes políticos para entablar ningún diálogo.

 

El vínculo del ministro con Fernández es solo protocolar. De Pedro tampoco cosecha simpatías entre varios dirigentes peronistas que vieron, azorados, cómo el titular de la cartera de Interior esbozó una iniciativa de reforma política - la eliminación de las elecciones intermedias- de la que el Presidente no tenía ningún tipo de conocimiento. “¿Dónde se vio esto? Es un disparate”, se quejó un dirigente que dialoga con Cristina. Fernández la dejó pasar. Incluso aliados del Presidente señalaron que la responsabilidad de los sucedido era suya, por no haberle aceptado a De Pedro la renuncia que presentó en 2021, después de la derrota de las PASO.

 

Pese a las tensiones, de un lado y del otro insisten en decir que los vasos comunicantes todavía existen. El secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello, y el vicejefe de Gabinete, Juan Manuel Olmos, hombres de confianza de Fernández, mantienen línea abierta con dirigentes de confianza de Cristina, como Andrés Larroque. Aunque la guerra siempre está a punto de estallar y Cristina les apunta con frecuencia, La Cámpora y el Movimiento Evita también dialogan. En los últimos días, antes de que se confirmara el protagonismo cristinista, hasta cruzaron mensajes que incluyeron la posibilidad de compartir el acto por el Día de la Militancia.

 

Sin embargo, el mediador por excelencia es Massa. El ministro de Economía trabaja en tándem con Cristina, acuerda con la vice las medidas de gestión y mantiene informado de cada detalle a Fernández. El tigrense se las ingenia para que tanto el Presidente como la vice sientan que está de su lado en la guerra de sectores. Pero sorprendió a Fernández la semana pasada, cuando le pidió públicamente que convoque a la mesa política del FdT para tomar una decisión en torno a las PASO, en línea con el deseo de Cristina. El massismo se encargó de aclarar después que las declaraciones del ministro no buscaban presionar al Presidente y que solo habían buscado “salir del paso”, en una entrevista.

 

Fernández ignoró el pedido y dejó trascender que no convocará a la mesa política porque entiende que es el ámbito que Cristina busca armar para imponerle decisiones y no para discutir y consensuar. En el cristinismo responden, con crueldad, que la negativa responde a cuestiones “psicológicas”. “Que resuelva esos problemas en otro lado. Nosotros queremos ganar la elección, hay que ponerse a laburar”, dicen. Para calmar las aguas, el Presidente invitó a Massa a su viaje a Francia e Indonesia, donde participará del G20.

 

La comitiva presidencial volverá del viaje el 17 de noviembre, el día que Cristina encabezará el acto multitudinario en La Plata. Fernández tuvo conversaciones en las que se habló sobre el armado de un evento propio para celebrar el Día de la Militancia. Ocurrieron antes de que se conociera la convocatoria de la vicepresidenta.

 

Los tiempos tampoco daban. Fernández partirá desde Buenos Aires el miércoles 9, por la noche, primero rumbo a Paris, donde participará del Foro por la Paz en Ucrania, invitado por Emmanuel Macron. Desde allí volará a Bali, Indonesia, para participar del G20. La cumbre terminará el 16, cuando la delegación encarará el regreso a Buenos Aires. Los 15 mil kilómetros de distancia entre Buenos Aires y Bali demandan más de 20 horas de vuelo y una escala técnica intermedia, para carga de combustible. La posibilidad de que Fernández llegue a tiempo para participar de un evento es nula.    

 

El 17 de noviembre es una fecha significativa, no solo en términos de sentimiento peronista. Fue durante la celebración del Día de la Militancia, en 2021, cuando Fernández bajó la consigna “PASO para todos”. “Mi mayor aspiración es que en 2023 desde el último concejal hasta el Presidente de la República lo elijan primero los compañeros del Frente de Todos", dijo en Plaza de Mayo. Esa declaración fue la que marcó el quiebre definitivo entre Fernández y el cristinismo que le reprochó que, tras haber sido elegido por el dedo de Cristina, se desmarcara para definir por sí solo la estrategia electoral 2023 y se pusiera como candidato.