LETRA PEPE

Cristinismo vs. Axel Kicillof: choque de trenes

El gobernador tuvo este viernes su bautismo como candidato en Córdoba. La reunión ¿imposible? con CFK. La pelea por la conducción y un Héctor Cámpora se busca.

El impenetrable cordobés ofició como escenario de bautismo federal para la campaña presidencial de Axel Kicillof. En tierra antikirchnerista, el gobernador midió este viernes la temperatura de su carrera hacia la Casa Rosada.

Fue Héctor Daer quien proclamó la candidatura de Kicillof, en el Congreso Nacional de la Federación de Asociaciones de Trabajadores de la Sanidad (FATSA), que se celebró en La Falda. “Tu humildad y tu mirada te han llevado a que vos no te hayas nominado como potencial candidato a gobernar nuestro país. Pero nosotros creemos que sos el mejor candidato para conducir los destinos de la Argentina”, se deshizo en elogios el secretario de Interior de la CGT. El auditorio estalló en cantos por "Kicillof presidente". Un lanzamiento tradicional, por donde se lo mire.

En Buenos Aires, mientras, otras tribus del peronismo sembraban dudas. “¿Axel es candidato? No está tan fácil el proceso, tiene muchos escollos. El primero es su relación con Cristina. Otro son las dificultades de la provincia de Buenos Aires", apuntaba un dirigente identificado con la construcción del centro.

¿Tiene arreglo la relación entre Kicillof y Cristina Fernández de Kirchner? Hoy, resulta inimaginable. El cristinismo agita en privado la idea de que al gobernador “le queda cómodo” que la expresidenta esté presa y reclama que su caudal electoral sea tenido en cuenta en las decisiones políticas. La consigna que surge desde San José 1111 es “Cristina presidenta", aunque, en la práctica, sea imposible. Es una reivindicación de liderazgo.

Sergio Berni lo sintetizó esta semana en una consigna básica. “Si Kicillof no acepta la conducción de Cristina, buscaremos otro candidato”, dijo, sin vueltas. La senadora bonaerense Teresa García, que oficia como vocera de la expresidenta, agregó el viernes en C5N que el cristinismo busca “un nuevo (Héctor) Cámpora”, es decir, un delegado de CFK.

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El gobernador los ignoró. Patea para adelante cualquier chance de diálogo, pero en su espacio no hubo ni siquiera que pensar en una respuesta. El kicillofismo dice que “ya no hay ninguna negociación posible sobre la conducción”, porque Kicillof lidera a los suyos y ya está lanzado a sumar al resto del peronismo y afines para construir un triunfo sin pedirle permiso a Cristina.

El peronismo y el fantasma de 2003

Una idea empezó a instalarse en la cabeza de algunos dirigentes del peronismo en las últimas semanas. Entre las hipótesis de la posible resolución de la interna para las elecciones 2027, aparece la posibilidad de que no exista acuerdo alguno y de que se replique un escenario similar al de 2003, cuando el Partido Justicialista autorizó tres candidaturas en distintos frentes.

Con el sistema político estallado, aquella vez fueron a las elecciones Carlos Menem, Néstor Kirchner y Adolfo Rodríguez Saá. Entre los tres sumaron más de 60 puntos. El más votado fue el riojano, pero se bajó de ballotage al ver la imposibilidad de pelear contra el patagónico, que llegaba con el apoyo de Eduardo Duhalde. Kirchner tuvo que esperar dos años más para convertirse en líder indiscutido del peronismo.

Algo parecido imaginan dirigentes del cristinismo y del peronismo de centro que podría llegar a suceder el año que viene. “Podríamos ir separados y que decida la gente”, dicen cerca de la expresidenta. La estrategia resultaría casi suicida si Javier Milei y el resto del espacio de derecha confluyeran en una misma oferta electoral.

No es lo que proyecta el kicillofismo, que piensa más en un escenario de internas en el marco de las PASO. Su vigencia dependerá de que el Gobierno no consiga los votos en el Congreso para eliminarlas. A esta altura, parece poco probable la eliminación de las primarias. El escándalo protagonizado por Manuel Adorni ahuyenta a los potenciales aliados y tiende a aislar a los libertarios.

Las especulaciones son infinitas. Todo está tan dañado que cerca del gobernador sospechan que Cristina y Máximo Kirchner harán todo lo posible por sacar a Kicillof antes de la carrera. Manejan la versión que indica que, si la elección fuera accesible para el peronismo, la expresidenta impulsaría entonces a Sergio Massa. ¿Existe otro candidato posible? Todavía no se vislumbra, más allá de la voluntad que expresó Sergio Uñac.

El exministro de Economía cree que todavía puede jugar a causa del debate presidencial 2023. En el entorno de Cristina dicen que tiene “todo el derecho” de competir nuevamente. A Kicillof, en cambio, la exmandataria le factura como error el desdoblamiento de las elecciones de la provincia de Buenos Aires y hasta el haberse empeñado en ser nuevamente candidato a gobernador en 2023, en lugar de haber aceptado ser candidato a presidente, como impulsaba Máximo Kirchner. Aunque es contrafáctico, indican que, perdida la elección, Kicillof podría haber salido de recorrida por el país con críticas al modelo Milei, tal como hizo después de 2015 con Mauricio Macri.

CFK-Axel Kicillof, ¿la bilateral imposible?

Kicillof y Cristina se vieron por última vez el 1 de octubre de 2025, ya con la expresidenta detenida en San José 1111. El encuentro no fue bueno. Ni siquiera hubo foto y no volvieron a hablar.

Kicillof siguió adelante con su hoja de ruta. Puso a su mesa política a trabajar en su armado nacional y tomó una decisión que resulta desesperante para la contraparte: no someterse a la conducción de Cristina, pero tampoco romper con ella. “Esperaban que echara a los ministros de La Cámpora, no lo hizo y no lo va a hacer, porque su vocación es conducir al conjunto”, apunta un operador bonaerense.

El gobernador no puede ni quiere ser “el Cámpora” de Cristina, pero tampoco puede prescindir de los votos de la expresidenta. El riesgo de que, desde su casa, CFK haga campaña por otro candidato es letal. Sus votos se solapan. En el kicillofismo dicen que algo de ese operativo ya está en marcha. Apuestan a que es Máximo Kirchner quien instaló que los que se sienten traicionado por el mandatario provincial podrían mudar sus votos hacia Myriam Bregman, que no para de crecer en las encuestas, y a que Cristina apuesta al desgaste “por derecha” con Miguel Pichetto.

El diputado estuvo esta semana junto a Emilio Monzó y Diego Bossio en La Plata junto al intendente Julio Alak. Monzó contó en la reunión el intento que hizo junto a Nicolás Massot por llevar a Kicillof a la cena anual de CIPPEC, un espacio en el que iba a poder mostrarse más abierto hacia el Círculo Rojo. El gobernador no quiso. Tiene un modelo de construcción inentendible para la política tradicional. Confía en que la acumulación frente a la sociedad terminará empujando a todos los sectores hacia su armado el año que viene de manera natural.

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En el kicillofismo repiten que “Axel hace más política que cualquiera porque se ocupa de su potencia electoral con la gente; los demás se dedican a hacer rosca”. Esa idea quedó flotando en Córdoba, donde los organizadores esperaban cerca de 120 representantes gremiales y recibieron más de 400. La dirigencia quedó “enchufada” con el discurso, y les pidió a los organizadores nuevas directivas de acción. A los sindicatos les entusiasma la modalidad de Kicillof de habilitarlos a construir lo propio para sumar al conjunto.

Cabe preguntarse si a Kicillof le serviría generar, en esta instancia de armado, un nuevo encuentro con Cristina. En el entorno de la expresidenta aseguran que dirigentes cercanos al gobernador sondearon la posibilidad en los últimos dos meses. Los funcionarios de la provincia de Buenos Aires lo niegan de forma tajante. “De ninguna manera sucedió eso”, le dijo a Letra P un colaborador de Kicillof. Eso no quita que existan, por lo bajo, conversaciones para tratar de generar ámbitos de conversación para resolver cuestiones de la política bonaerense.

“No se percibe qué podría llegar a resolver ahora una reunión de Axel con Cristina. Nuestra experiencia es que esas reuniones no son operativas”, dicen en el kicillofismo, donde entienden que las versiones solo buscan condicionar el armado del gobernador. Como sea, si la conversación ya estaba trabada, cada gesto de autonomía de Kicillof la complejiza aún más. El cristinismo sabe que tiene una bala de plata y avisa: “Nosotros no empezamos este quilombo”.

El desafío de la provincia de Buenos Aires

Sin sutilezas, los que no abonan a la candidatura presidencial de Kicillof hablan de la complejidad que tiene ese camino para un gobernador de una provincia tan golpeada por la crisis social y económica, en la que cualquier chispa puede desatar un incendio. La cuestión de la seguridad es un tema central para ese análisis.

El cristinismo ya lo había puesto sobre la mesa en 2025, cuando Kicillof decidió desdoblar las elecciones. En el espacio de la expresidenta aseguraban que el gobierno libertario utilizaría cualquier desgracia para hacer campaña contra el peronismo. Aunque la inseguridad ya no está en el top de principales preocupaciones de la ciudadanía porque fue desplazada por la agenda económica, la desocupación y los bajos salarios, es un riesgo latente.

Kicillof tiene en su mesa chica al ministro de Seguridad de la provincia, Javier Alonso, que cumple un rol preponderante en la construcción del kicillofismo, junto a Carlos Bianco (Gobierno), Walter Correa (Trabajo) y Andrés Larroque (Desarrollo), entre otros. Alonso tiene el ojo atento puesto en su área y fue uno de los armadores del desembarco del mandatario en Córdoba.

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La provincia también padece la caída estrepitosa de la recaudación. El titular de la Agencia de Recaudación bonaerense (ARBA), Cristian Girard, dijo esta semana que los números están en niveles similares a los de 2021, pero sin pandemia. A nivel nacional lleva nueve meses a la baja. La gestión se resiente. La semana pasada, el gobierno bonaerense tuvo que anunciar la suspensión por 90 días del Programa MESA (Módulo Extraordinario para la Seguridad Alimentaria).

Es un punto débil para quien construye una candidatura presidencial, pero también para todos los sectores del peronismo que busquen quedarse con la provincia en 2027. Los que aspiran a suceder a Kicillof le avisan al cristinismo dispuesto a romper los puentes. “Nadie tiene manera de ganar la gobernación si Axel no llega a ser candidato a presidente. Tenemos que ayudar todos a que termine bien su mandato”.

Axel Kicillof y Hugo Moyano (h)
Axel Kicillof en un acto en Córdoba

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