EL OFICIALISMO

Los hilos que atan la "unidad chica" de la CGT con los movimientos sociales

Animados por el papa y por el intento de blindar al Presidente el sindicalismo y las organizaciones, avanzan en una confluencia atravesada por internas.

En los últimos 15 días, la central sindical más importante del país y las organizaciones sociales más numerosas protagonizaron dos encuentros de alto impacto político, una confluencia que no ocurría desde hacía cuatro años.

 

A primera vista, las fotos conjuntas de la CGT y la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) prometen ser el primer paso de la mentada "unidad de los trabajadores", pero detrás de esas imágenes conviven dos objetivos distintos. Con actores que se repiten, los encuentros fueron motivados por la preocupación sobre el rumbo del Gobierno y, en especial, por la incógnita sobre el lugar que tienen esas organizaciones en la mesa de decisiones de la pospandemia.

 

Convocado para respaldar el ambicioso plan de reactivación económica ideado por el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), la organización de Juan Grabois, el primer encuentro entre sectores se concretó el 10 de agosto, cuando Gerardo Martínez recibió en la UOCRA a ese dirigente pero también a Dina Sánchez, del Frente Darío Santillán; Laura Ávalos y Julián Domínguez; de SMATA; Daniel Menéndez, de Barrios de Pie, y Juan Carlos Alderete, de la CCC, entre otros.

 

De inocultable influencia eclesial, un matiz que queda explícito en un programa que levanta la consigna Tierra, Techo y Trabajo, el encuentro se cocinó en estricta reserva, al igual que la negociación que hizo mutar el nombre del plan, que pasó de llamarse "San Martín" a "Desarrollo Humano Integral" a partir de la incorporación de aportes y propuestas de la dirigencia sindical, entre ella, de la ferroviaria.

 

 

El Plan prevé la creación de unos cuatro millones de puestos de trabajo en la Economía Popular y 170 mil empleos registrados regulados por convenio colectivo, con una inversión inicial de $750.000 millones anuales, que contempla los recursos públicos volcados hoy a políticas sociales que se reconvertiría en fuentes de empleo.

 

A partir de ese encuentro, el jefe del gremio de la Construcción se convirtió en el virtual interlocutor oficial con Grabois, con quien tiene en común, además de la cercanía con el papa Francisco, una base social con trabajo registrado intermitente que encuentra cobijo tanto en el gremio de albañiles como en las organizaciones sociales.

 

Si bien diferentes dirigentes de CGT aseguran que la reunión en la UOCRA fue un movimiento consensuada por toda la cúpula, esa convocatoria tuvo amplitud mucho mayor que la "cumbre oficial" de esta semana, con la inclusión urgente del Movimiento Evita, ajeno al plan de Grabois, del secretario general de la Unión Ferroviaria, Sergio Sasia, y del líder camionero Pablo Moyano.

 

 

 

Esta última presencia, que hizo ruido dentro de la central obrera, demandó un trabajo de orfebrería política de dirigentes gremiales y sociales que permitió sentar al transportista en la mesa de un gremio al que consideran uno de los principales archirrivales históricos.

 

LA UNIDAD CHICA. De un carácter mucho más político que reivindicativo, pero lejos de cualquier movimiento que insinúe la apertura de un proceso de incorporación de las organizaciones a la vida interna de la CGT, el segundo encuentro multisectorial realizado este jueves estuvo atravesado por las tensiones y equilibrios internos del Gobierno, un tema que mantiene en alerta a la dirigencia sindical.

 

La preocupación es compartida por el Movimiento Evita, una organización identificada ciento por ciento con Alberto Fernández, a diferencia del MTE, que se incorporó al Frente de Todos vía la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner y que cuenta con un canal directo con Máximo Kirchner.

 

Entre los líderes sindicales preocupa la supuesta radicalización del Gobierno y los errores no forzados, que adjudican a la presión del sector de la expresidenta. Esos comportamientos los identifican, como casos testigos, en el DNU que definió como servicios esenciales a las telecomunicaciones y al fallido intento de expropiación de Vicentin.

 

 

 

A eso se suma una crítica reiterada, ya casi convertida en mantra, que advierte la ausencia de ámbitos oficiales donde volcar esas apreciaciones, lo que termina envolviendo a los reclamos sindicales en un manto de orfandad política en una coyuntura económica que consideran más que crítica.

 

No es casual, entonces, que hayan sido el asesor presidencial Fernando "Chino" Navarro y el jefe máximo y secretario de Economía Social, Emilio Pérsico, quienes pactaron los términos de la reunión del miércoles en la UOCRA, en sendas reuniones realizadas en la sede de UPCN, el sindicato de los estatales que conduce Andrés Rodríguez, uno de los sindicalistas más preocupados.

 

Síntoma de los contrastes e improntas de las convocatorias fue la ausencia de Grabois en la segunda reunión, que se excusó por motivos personales. Como dice la frase levantada por el movimiento feminista, lo personal es político.

 

 

 

Ya que se menciona al feminismo, pareciera que el sindicalismo se mantiene al margen de la demanda social de mayor igualdad. Las únicas mujeres presentes en las cumbres fueron en representación de los movimientos populares: Dina Sánchez, del Frente Darío Santillán, y Jackie Flores, que representó al MTE. 

 

Pareciera entonces que la cumbre fue animada por los pedidos de acercamientos de la Casa Rosada para consolidar un armado único para el mundo del trabajo y neutralizar la proliferación de internas. Al menos, fue la interpretación de la CGT de ese pedido oficial, que volvió a mostrar los límites de la central en el camino de la "unidad del movimiento obrero".

 

Como anticipó Letra P, la cúpula cegeteista activó una fuerza centrípeta para volver a engrosar su representatividad incorporando a gremios combativos alejados de la línea del Consejo Directivo actual, una estrategia que no incluye a la CTA que conduce Hugo Yasky. Menos que menos, a la que dirige Ricardo Peidró.

 

 

 

En esa definición sí se enmarca la reincorporación de Juan Carlos Schmid a la vida interna de la central. Pionero en el acercamiento entre la CGT y los movimientos sociales, el jefe de Dragado y Balizamiento es un dirigente que navega sin inconvenientes entre las diferentes bandas gremiales y sociales, lo que lo convierte en un vaso comunicante del rompecabezas de organizaciones.

 

El documento conjunto apuntó a blindar al Gobierno nacional con el respaldo de las organizaciones de trabajadores y trabajadoras de cara a la negociación con el Fondo Monetario Internacional, un proceso al que sindicalistas y dirigentes sociales definieron como el punto de inflexión. 

 

A diferencia de lo que ocurrió con los acreedores privados, el organismo multilateral pondrá sobre la mesa sus exigencias de ajuste fiscal, una posibilidad que desde el vamos fue desestimada en el documento oficial que advierte que cualquier acuerdo "no podrá hacerse con las necesidades y derechos de los trabajadores argentinos como variable de ajuste".

 

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