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En la ruta al Máximo poder

Del "boludito" de la Play al líder profesional de una orga que quiere gobernar, qué hay en la cabeza del exhijo de CFK. Aliados e internas bajo la alfombra.

Por 06/06/2020 13:35

Ya nadie se lo toma a broma. Primero por portación de apellido y después por mérito propio, Máximo Kirchner ocupó un lugar en la mesa del poder y forma parte del restringido grupo que toma las decisiones. El hijo de Cristina Fernández y Néstor Kirchner adquirió un volumen político que lo ubica como la figura más relevante del Frente de Todos, después del Presidente y la vicepresidenta. No gobierna un territorio propio como Axel Kicillof, pero conduce al bloque oficialista en Diputados, dirige la organización más importante dentro de la alianza panperonista y tiene también vínculo con la dirigencia opositora. Figura omnipresente adentro y afuera, los que ayer ordenaban disparar en su contra ahora quieren conocerlo y hasta se permiten elogiarlo. 

Si el Instituto Patria es un grupo de nostálgicos que goza de escandalizar a sus rivales, La Cámpora es la vocación de poder que se concentra en crecer y ganar espacio de cara a un horizonte de diez años.

No fue de un día para otro. En los últimos dos años, el líder de La Cámpora afianzó, a través de Juan Cabandié, su relación nunca interrumpida con Alberto Fernández y consolidó vía Eduardo De Pedro una alianza que parece de hierro con Sergio Massa desde la Cámara baja. El exintendente de Tigre, que solía utilizar el término “camporista” como la peor de las acusaciones, hoy lo exhibe como socio y vehículo para llegar a la más distante CFK. A cambio, la agrupación que tiene entre 35.000 y 40.000 militantes en todo el país dejó de acusarlo de “traidor” y comenzó a valorar tanto su infatigable vocación política como sus contactos con el mundo empresario. 

Si el Instituto Patria es un grupo de nostálgicos que goza de escandalizar a sus rivales, La Cámpora es la vocación de poder que se concentra en crecer y ganar espacio de cara a un horizonte de diez años. Reúne lo que pocos: conducción vertical, organización, disciplina, presencia territorial y, lo que consideran un activo fundamental, el conocimiento del Estado. Sobrevivió cuatro años a la intemperie y en la cúpula creen haber demostrado que no son -solo- los hijos del poder. 

Mientras en los círculos que apostaron a Macri se extiende la idea de que los chicos crecieron y maduraron, ellos responden que cambió la etapa y que ya no tienen que defenderse de ataques como antes. Encima de todo está Máximo como jefe político y operativo, capaz de dirigir a los propios y hasta llamar a dirigentes de otros sectores para que disciplinen a los suyos.

 

 

OTRO TIPO. La muerte de su padre primero y la soledad política de su madre después lo obligaron a dar un salto. Contracara de su hermana Florencia, se probó con gusto el traje de heredero. Durante los años de Cambiemos en el gobierno, MK creció como dirigente y también como orador. De aquella aparición en la película de Paula Luque sobre su padre, en 2012, y aquel acto de 2014 en la cancha de Argentinos con varios kilos más y menos canas, su evolución fue vertiginosa; lo saben mejor que nadie los diputados de todas las bancadas. 

Desde el Congreso y mientras Macri gobernaba, Kirchner hijo edificó un mundo de relaciones con el PJ bonaerense, el peronismo no kirchnerista y hasta dirigentes de la izquierda. Dejó de ser el jefe de una secta con base en Santa Cruz.

El líder de La Cámpora inició la fase más activa de su vida política cuando el kirchnerismo perdió el poder. Llegó a la Cámara justo cuando se desató la ofensiva que buscaba reducir al cristinismo a un pasado de extravíos, al margen deL sistema político. Cuatro años después, todos están otra vez en el centro. Desde el Congreso y mientras Macri gobernaba, Kirchner hijo edificó un mundo de relaciones con el PJ bonaerense, el peronismo no kirchnerista y hasta dirigentes de la izquierda. Dejó de ser el jefe de una secta con base en Santa Cruz y se convirtió en un actor sin límites para el diálogo.

Ya en marzo de 2016 empezaba a charlar con Massa en privado, a coincidir en el análisis económico y a reafirmar la idea de que algo “generacional” los unía. Con el triunfo del FDT, quedó al frente de la bancada panperonista y, con los recursos que ofrece el gobierno y su relación con Massa, encolumnó al amplio bloque oficialista. Jefes parlamentarios de la oposición como Cristian Ritondo y Mario Negri le reconocen hoy estatura política. “Tiene sus convicciones. Es más parecido a Néstor que a Cristina. Conduce a su tropa y todos le responden. Tiene un mérito: no oculta lo que piensa”, le dijo a Letra P un político de Juntos por el Cambio que chatea seguido con él. 

Fue también en los últimos meses cuando aceitó el lazo con parte del establishment: la relación con dueños de medios, con empresarios petroleros y con emblemas del sector financiero. Con la experiencia del hombre de negocios que se embarró en la política, el ignifugo Alberto Pierri fue uno de los que contó su impresión, en una entrevista con Perfil: “Tenía la idea del pibito jugando a la PlayStation como un... se dice boludito, ¿no? Cuando empecé a escucharlo, percibí que sabía un montón de economía. Nos deslumbró a todos: estábamos frente a un cuadro político”.

Así se expresa el giro de 180 grados entre la caricatura mediática y un político que dirige una organización y es, además, el embajador de su madre en un mundo que había soñado con jubilarla. Dicen que ahora conoce de primera mano los “pliegues del poder”, quién es quién, cómo piensa y qué intereses defiende. Mientras desmontaba prejuicios y tendía lazos, afinaba su caracterización.  

 

Sordos ruidos. ¿Qué K hereda el poder K? 


LA DIFERENCIA. MK está convencido de que la unidad en el FDT es un activo esencial y a su lado dicen que se esfuerza por unir voluntades. Pero la diferencia es parte constitutiva de su política. Con su madre entabló una relación que tiene puntos de contacto con la que existía entre ella y su padre. Si alguna vez el jefe fue Néstor, hoy la jefa es Cristina y, después de la discusión, siempre uno toma la decisión final. Por otro lado, existe lo que llaman “autonomía funcional”. El diputado no es nexo entre el Presidente y su vice, sino que lanza sus propias iniciativas, como la contribución de los dueños de grandes fortunas que en “algún momento” será aprobada. Hay cosas que piensan los tres juntos y otras que se hablan entre dos, para después consultar a un tercero. 

Aunque se prefiera minimizarla, Máximo tiene una dificultad con Kicillof. Mientras Kirchner construye en todos lados, Kicillof se mueve con un grupo estrecho de afinidad. Entre ellos está la disputa por la herencia.

El líder de La Cámpora tiene con De Pedro una voz propia dentro del gabinete. Las discusiones con Santiago Cafiero y las versiones de renuncia traducen mal discrepancias que para algunos son menores y para otros delatan la voracidad de la agrupación por arrasar con todo.

Los que expresan al hijo de la vice dicen que lo obsesiona lograr que las “mejores políticas” se adopten “de manera eficiente” y que, mientras dure la pandemia, a nadie le falte nada. Quiere llegar más rápido a todos lados y no perder ni un minuto, algo que puede ser identificado como parte del gen nestorista, que Fernández comparte.

Lo mismo que le objetan a Cafiero se les reprocha a Daniel Arroyo y a Marcela Losardo, dos ministros que tienen a La Cámpora respirandole en la nuca. Máximo mencionó en su último discurso en Diputados las suspensiones con rebaja de sueldo que Claudio Moroni homologó en beneficio de la empresa Mondelez, pero la indulgencia sistemática del Ministerio de Trabajo con el sector empresario es una marca de la gestión del Presidente. Ahí también se puede ver una característica de los Kirchner: desde la cúpula se amplían -o no- los límites de lo que se permite discutir.

Lo mismo que le objetan a Cafiero se les reprocha a Daniel Arroyo y a Marcela Losardo, dos ministros que tienen a La Cámpora respirandole en la nuca.

Aunque se prefiera minimizarla, Máximo tiene una dificultad con Kicillof. Son parte del mismo espacio, tienen un contacto diario y un poder que emanó en el origen de Cristina. Pero el hijo de la vicepresidenta tiene ambición electoral, fue candidato en la provincia y discute también con CFK por el rol distinguido que le otorga al gobernador. Mientras Kirchner construye en todos lados, Kicillof es visto como un intelectual que saltó a la política y que, después de capitalizar el trabajo de La Cámpora en Buenos Aires, se mueve con un grupo estrecho de afinidad. Entre ellos dos, está la disputa por la herencia.

Kirchner y la conducción de La Cámpora apuestan a ser y formar políticos profesionales. Pero toman distancia de la “clase política” y se perciben aún como algo distinto. Menos cerrados que antes aunque tan desconfiados como siempre, se prestan más a dar el debate público pero hablan en cuentagotas. Plantear de frente una postura y sostenerla es lo que, piensan, los distingue de una dirigencia todavía “menemista” en el doble discurso. Con ese manual y una influencia creciente, el jefe de la bancada oficialista aspira a lograr, “en algún momento”, su máximo poder.