NOVENA SECCIÓN

El doble juego de Sergio Massa

El líder del FR deja atrás el silencio y sale a mostrarse. ¿Candidato? ¿A qué? Traje de DT del peronismo en la disputa por la sucesión de Axel Kicillof.

Massa sale del silencio al que se aferró desde la derrota en el ballotage de 2023 y vuelve a moverse con una convicción: el peronismo puede ganarle a Milei en 2027 y él tiene que ser actor central en ese reordenamiento. En San Vicente no jugó. Apareció después, en el asado, y se quedó con el rol de gran ordenador de una interna que todavía no tiene forma. Su juego es deliberadamente ambiguo: presidencial, bonaerense o las dos cosas a la vez.

Los números del gobierno que empujan al peronismo

El contexto lo empuja. La inflación de marzo llegó al 3,4%, el peor dato en un año, y más de la mitad de los argentinos cree que su situación económica va a empeorar en los próximos seis meses. El desempleo trepó al segundo problema del país en las mediciones que maneja el massismo, detrás de la corrupción. En el entorno del tigrense leen que lo que hasta hace poco sostenía al gobierno -la épica del ajuste, el relato de la transformación- ya no alcanza para tapar una experiencia cotidiana que pesa cada vez más. El peronismo empieza a creer que puede ganar y eso activa a todos.

Massa con intendentes - Futbol

Como contó Letra P tres semanas atrás, Massa lo viene diciendo en las reuniones que mantiene con dirigentes de todo el espacio: el peronismo tiene chances reales si logra ordenarse y construir una nueva "comunidad de valores". No se trata de sumar nombres, repite, sino de encontrar un proyecto que convoque más allá de las fronteras del PJ. "Hay que dejar el rifle sanitario atrás", es una de las frases que circula en su entorno.

Objetivo 2027

El peronismo está en plena ebullición. El senador Sergio Uñac camina con el aval de Cristina Fernández de Kirchner y propone una especie de gran interna escalonada del peronismo. Máximo Kirchner insiste en poner a su madre en el centro del armado. Juan Grabois ya lanzó su precandidatura presidencial. Y Kicillof, que viajó esta semana a España para sumar contactos internacionales, pide acuerdos previos antes de cualquier definición de candidaturas: "No nos puede pasar de nuevo que logremos una expresión electoral que pueda ganar las elecciones y después tengamos dificultades para gobernar", advirtió. En ese hervidero, Massa sabe que tiene que dejar atrás el silencio de estos años.

Embed - https://publish.x.com/oembed?url=https://x.com/Letra_P/status/2044558891657400712?s=20&partner=&hide_thread=false

Su estrategia tiene dos frentes abiertos al mismo tiempo. En el nacional, no cierra la posibilidad de una candidatura presidencial propia, una revancha frente a Milei alentada por las encuestas que maneja. Además, pone sus propias fichas en el plano bonaerense. No se compromete con ninguna, pero juega para no quedarse afuera.

Las fichas en Buenos Aires

Las fichas bonaerenses del massismo son Juan Andreotti, intendente de San Fernando, y el diputado Sebastián Galmarini. Ambos estuvieron en el partido del domingo en San Vicente. Ninguno de los dos parece tener, por ahora, el peso propio para abrirse paso en una interna con los nombres que ya están anotados. Pero su función en el tablero del peronismo bonaerense podría ser más la de prenda de negociación en un campo sin primus inter pares.

En paralelo, Massa bajó la directiva a toda la tropa del Frente Renovador para que empiece a caminar los distritos. Gobierna 17 municipios bonaerenses y ocho de sus intendentes llegan a 2027 con el límite de mandato cumplido. La orden es retener los propios y avanzar sobre los ajenos.

En la provincia de Buenos Aires, el escenario que más le importa es un campo abierto. Sin un sucesor natural de Kicillof, la carrera por la gobernación 2027 tiene un montón de anotados y ningún candidato que se despegue del resto. Por el axelismo suenan Jorge Ferraresi, Gabriel Katopodis y Julio Alak, pero difícilmente el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) pueda poner un nombre propio si AK juega la presidencial. Por eso, hay intendentes que orbitan otros espacios envalentondados: algunos se mostraron juntos el domingo, como Federico Otermín y Federico Achával.

Charla con Kicillof

El propio Massa se ocupó de correrse de ese escenario de una eventual candidatura bonaerense en las últimas semanas. Si va a ser candidato a algo, será a presidente. Su juego en la provincia parece ser otro: volver a ser el socio estratégico del que gobierne, el rol que cumplió durante los ocho años de Kicillof.

La reunión del lunes con el gobernador en La Plata se inscribe en esa lógica. Los dos se ven al menos una vez por mes, aunque no siempre trasciende. Esta vez el encuentro tuvo como eje la crisis que ahoga a los municipios bonaerenses y la lectura compartida sobre el desgaste del gobierno nacional. Desde el entorno del gobernador admiten que Massa y Kicillof no tienen exactamente la misma mirada sobre las cosas, pero que esos matices son "nutritivos". Hay un acuerdo básico: la pelea por la gobernación tiene que ser ordenada, sin golpes por abajo del cinturón.

Lo que Massa todavía no define -y por ahora no necesita definir- es si va a competir en una interna presidencial contra Kicillof o si va a resignar esa aspiración a cambio de un lugar central en el armado. En las encuestas que maneja el massismo aparece como el dirigente opositor mejor posicionado para enfrentar a Milei, incluso por encima del gobernador. Es un dato que pesa mucho en la mesa de decisiones del FR. Mientras el peronismo debate si va a una interna abierta o a un candidato de consenso, Massa juega a las dos cosas: posible candidato, pero también ordenador para volver a ser una pieza clave en el esquema para competirle a Milei en 2027.

Sergio Massa, con Alexis Guerrera y Malena Galmarini, dos protagonistas del massismo en la Legislatura 2026
Axel Kicillof y Sergio Massa 

También te puede interesar