13|6|2022

El año del miedo y la información a destiempo

14 de diciembre de 2020

14 de diciembre de 2020

Del covid.19 como monotema a su desaparición de las agendas producto de la polarización y la sobredosis informativa inicial.

Indudablemente, 2020 será el año en que el covid-19 trastocó la vida, la salud y la economía de una humanidad que, hiperconectada y globalizada, constituyó un terreno fértil tanto para el desarrollo de una enfermedad mundial cuanto para su mediatización en tiempo real. Probablemente, pocas personas recuerden que durante enero las medidas del nuevo gobierno de Alberto Fernández acaparaban la atención mediática en un verano en el que el epicentro informativo estuvo en Olivos, el Congreso y la costa bonaerense. Luego de épocas de vacas flacas, el récord de vacacionistas era festejado en los medios por el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, al tiempo que las coberturas pivoteaban entre las sesiones extraordinarias en el Congreso y la agenda policial, alimentada en vivo por los entretelones del homicidio de Fernando Báez Sosa, el joven atacado brutalmente por un grupo de rugbiers a la salida de un boliche en Villa Gessel. Política, economía y policiales. Probablemente, los componentes clásicos de un menú informativo “normal” que el covid-19 interrumpió.

 

El primer registro mediático nacional de magnitud de la pandemia tuvo lugar a fines de enero y estuvo asociado más a una obra descomunal de infraestructura que a la enfermedad en sí. Tras el confinamiento de Wuhan, epicentro chino de la enfermedad, las imágenes en vivo de la construcción de hospitales en tiempo récord constituyeron el primer recuerdo visual de la pandemia. Sin embargo, aquellas imágenes se asemejaban mucho más a una megaproducción ficcional que a una amenaza real que, con rasgos de distopía, rápidamente se esparciría por el mundo dejando sin respuesta incluso a los países más desarrollados. El 3 de marzo marcó el punto de contacto de nuestro país con esa realidad: fue el día del primer caso local. Dos semanas después, el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio se instaló en nuestras vidas, que, confinadas, recurrieron a los medios para saber de qué se trataba.

 

Los medios de comunicación, que en contextos pandémicos acaparan una centralidad inusual producto de la necesidad de las personas de contar con información en tiempo real, pueden actuar como agentes dinamizadores del miedo. Por lo tanto, especialmente en situaciones de crisis, les cabe una responsabilidad social asociada a la utilidad pública de la información que difunden.

 

En un escenario convergente, los medios tradicionales se convirtieron en vías de acceso a la información y curaduría de la infodemia. En un contexto plagado de rumores y noticias falsas, las marcas periodísticas con trayectoria fueron reconocidas por las audiencias como sitios seguros para ordenar y separar la paja del trigo. En efecto, como reportó Letra P para el caso argentino, durante marzo y abril los niveles de rating de los medios audiovisuales crecieron un promedio del 30%, a la vez que los portales de internet registraron cifras récord de usuarios únicos.

 

Si se analiza la evolución de la cobertura de la pandemia, a partir del relevamiento que durante todo el año realizó el Observatorio de Medios de la UNCuyo, es posible sistematizar un tratamiento informativo que se dio en tres etapas diferenciadas que ayudan a pensar la relación entre medios, política y públicos.

 

Sobtredosis

Un primer momento, que denominaremos de “sobreinformación”, irrumpió con el decreto del ASPO anunciado el 19 de marzo de 2020. Desde ese instante y por casi dos meses, más de nueve de cada diez noticias que se escribieron en los principales portales online del país fueron sobre covid-19. La sobredosis de información sobre la pandemia fue encuadrada a partir de dos enfoques antagónicos: la salud versus la economía. En efecto, mientras que el Gobierno alentó un encuadre “sanitarista”, con fuerte presencia del Estado en la contención sanitaria y social, algunos factores de poder y los mismos medios dominantes pugnaron por la instalación de un encuadre “individual emprendedor” que, so pretexto de las libertades vulneradas, reclamó el “derecho a enfermarse”con independencia del cuidado colectivo y las limitaciones objetivas para el “cómo tratarse”, en el contexto de sistemas sanitarios al límite. No obstante, ese primer momento discurrió en un clima de inusual consenso editorial sobre las medidas sanitarias adoptadas por el Ejecutivo.

 

La grieta

El segundo momento del tratamiento informativo de la covid-19 estuvo signado por la “polarización”. En efecto, transcurridos más de dos meses de pandemia y sin mayores consecuencias sanitarias producto de las medidas adoptadas, el escenario de sobreinformación generó saturación. En ese clima social, el Gobierno también notó la necesidad de hablar sobre otros temas. El primero de ellos fue la renegociación de la deuda con los bonistas externos. El segundo, la fallida expropiación de la cerealera Vicentín, que, anunciada el 8 de junio, constituyó el primer hito que desplazó al coronavirus de las portadas de los medios.

 

Vicentín fue el punto de inflexión que hizo resurgir la polarización política hasta quebrar los consensos sanitarios. Si al nivel de las elites políticas reflorecieron los ataques cruzados entre oficialismo y oposición, en el subsuelo ciudadano buena parte del lado opositor de la población comenzó a ejercitar el uso de un espacio público confinado para visibilizar demandas variopintas. Los casos diarios y las muertes estaban en ascenso, al mismo tiempo que la oferta informativa disminuía. La polarización lo ocupó casi todo y los medios se atrincheraron en un terreno que les resulta atractivo, familiar y redituable.

 

El apagon

El tercer y último momento de la mediatización de la pandemia consistió en la “desinformación”. Paradójicamente, el pico de la curva en nuestro país, que se dio en el mes de octubre, coincidió con una etapa de mínima visibilidad del problema en las agendas mediáticas. En efecto, entre las semanas 27 y 32 del confinamiento, coincidentes con el tope de contagios, menos de dos de cada diez noticias publicadas por los medios fueron sobre la covid-19, quedando el problema muy por detrás de la discusión política, judicial y económica.

 

Los datos evidencian la inexistencia de una relación directa entre la gravedad de la situación y surelevancia mediática. El pico de enfermos y muertes, que coincide con el mayor nivel de riesgo objetivo para la salud y la vida, encontró a los medios, a la política y a la propia ciudadanía hablando de otros temas. Así, medios, políticos y ciudadanos contribuyeron con la inauguración discursiva precoz de una agenda de la postpandemia que objetivamente aún no existe.

 

Miradas de conjunto, las tres etapas de la mediatización de la pandemia -sobreinformación, polarización y desinformación- forman una continuidad que expresa la tensa relación entre medios, política y públicos. Para el balance final quedará sopesar si los medios contribuyeron con su rol social de utilidad pública en un escenario de gravedad excepcional o, en cambio, contribuyeron con la confusión general, la desinformación y el miedo que moldearon al acontecimiento más dramático del siglo XXI.

 

El autorio es investigador del CONICET y del ICEP/UNQ.