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La opción progre del PJ para romper el techo K

Pragmático, el peronismo y un sector de la centro izquierda se unificaron detrás de un outsider que estire los límites históricos en la Ciudad. Enfrenta a un bloque cerrado del macrismo y la UCR.
Por 10/08/2019 15:57

Hace dos años, Matías Lammens se calzó el traje de candidato. Lo saben quienes lo conocen, pero también buena parte de la dirigencia política porteña. No emitió una palabra ni dejó trascender sus intenciones políticas, pero estaba decidido. Habló con todos. Se inmiscuyó, consultó, investigó y definió un equipo pequeño para comenzar, como la llamaban en ese entonces, "la aventura". Finalmente, desistió y redireccionó el GPS electoral para 2019. Por ese entonces, un veterano del peronismo porteño le alertó: “Mirá que no hay 2019 sin 2017". El presidente de San Lorenzo agradeció el consejo, pero clausuró cualquier posibilidad de ser candidato en las elecciones de medio término.

Dos años después, aceptó la precandidatura a jefe de Gobierno del Frente de Todos, apadrinado por el precandidato presidencial del espacio, Alberto Fernández. Seducido por un perfil "crítico" y "aperturista" del kirchnerismo y el peronismo capitalinos, Lammens se puso al hombro una campaña alejada de los cánones del PJ y el Frente para la Victoria (FPV): sin plazas, ni movilización de militantes, poco acto, cero bombo y bandera y una profunda intención de revestir de lógica outsider su candidatura, pretensión que luego se llevó a su máxima expresión al convocar a la periodista Gisela Marziotta a la fórmula.

 

 

LA PROPUESTA. Lammens amagó con ser candidato en 2017, pero finalmente se guardó. Sin embargo, mantuvo el vínculo con una parva de dirigentes opositores, aunque jamás descuidó su diálogo con el PRO, derivado de su gestión en San Lorenzo. Lo tentaron desde el oficialismo nacional en 2015 y rechazó la propuesta. También hubo conversaciones dos años después y, nuevamente, devolvió una respuesta negativa.

El peronismo porteño lo veía, ya en 2017, como un candidato "potable", que se desmarcaba de los nombres que históricamente propuso el kirchnerismo. Su perfil alejado de la política partidaria e incluso sus críticas moderadas a ciertos aspectos del modelo K levantaron sus acciones. Pero su salto a la fórmula en 2019 se dio luego de la decisión de Cristina Fernández de Kirchner de correrse del cargo mayor y ungir a Alberto Fernández como el precandidato a presidente del espacio.

Lammens destacó el "corrimiento" y aceleró las negociaciones. Habló con todos y todas, aunque niega haber conversado con CFK o con Máximo Kirchner. Cuando comenzó a caminar la ciudad lo hizo bajo el pretexto de "sumarse" a un "esquema amplio". Eufemismos afuera, el dirigente ponía su candidatura a disposición, siempre y cuando el kirchnerismo no ocupara la primera plana del armado y se diera lugar a los distintos dirigentes del progresismo desperdigados y, hasta hace poco, enemistados con los K.

En ese interín, llegó el llamado de Alberto. En una charla breve, le pidió que dijera públicamente que quería ser candidato y que lo esperaba en su casa. Tomaron un café y la candidatura se cristalizó, siempre bajo la gestión del precandidato presidencial del Frente de Todos.

 

 

EL MÉTODO. La campaña de Lammens, como la de todos los candidatos del Frente de Todos porteño, dio un giro rotundo comparada con las de 2017 y 2015. No hubo actos masivos, tampoco movilizaciones. Lammens salió a pescar en las costas a las que el kirchnerismo nunca pudo llegar, ese votante porteño que es esquivo al PRO pero que tampoco comulga con el “vamos a volver”.

Bajo esa lógica, el Frente de Todos trabajó para captar el voto de Martín Lousteau de 2015 y siguió su eje de campaña: críticas moderadas y cuestionamientos al uso del presupuesto porteño. Con el agregado de un rosario de críticas a la gestión de Macri y, fundamentalmente, los efectos de la crisis económica en la Ciudad.

El objetivo de la candidatura de Lammens consiste en mantener el voto duro peronista y kirchnerista, pero, fundamentalmente, sumar votos del progresismo y la centro izquierda.

EL OBJETIVO. El acuerdo entre el peronismo y el kirchnerismo porteño para ungir a Lammens nació tras la decisión de buscar un candidato que complementara -a escala porteña- el formato de la candidatura de Alberto Fernández. Un perfil que pudiera exhibir críticas a la gestión anterior y una pasteurización que diseñase un candidato capaz de romper el techo histórico del peronismo y el kirchnerismo en la Ciudad que gobierna el PRO desde 2007.

El objetivo de la candidatura de Lammens consiste en mantener el voto duro peronista y kirchnerista, pero, fundamentalmente, sumar votos del progresismo y la centro izquierda. Eso explica su discurso, creado a imagen y semejanza del Lousteau 2015.

Nominalmente, la versión porteña del Frente de Todos busca llegar a los 30 puntos, achicar la diferencia con el oficialista Horacio Rodríguez Larreta y forzar el ballotage.

En 2015, el binomio Mariano Recalde - Leandro Santoro obtuvo 19 puntos en las PASO, aunque el FPV tuvo siete fórmulas compitiendo en internas en esos comicios. Meses después, en la elección general, el kirchnerismo alcanzó casi el 22% de los sufragios. La diferencia con esa elección es que, hace cuatro años, la oferta electoral no tenía el nivel de polarización de este 2019 porque, justamente, Lousteau era competencia para el macrismo.

En 2011, la fórmula Daniel Filmus - Carlos Tomada acarició los 28 puntos en una elección mucho más polarizada. Ese año salió tercero, con casi 13 puntos, Fernando "Pino" Solanas, hoy primer candidato a diputado nacional por Todos. Esta es la marca que hoy se plantean romper en el búnker de Lammens de la calle Perón al 1700. Al menos, como primer objetivo.