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El prode electoral del Círculo Rojo: aprobados, tachados e interrogantes

A un mes del cierre de listas, el establishment toma posición para las presidenciales. Relaciones turbulentas con Cambiemos, efecto Córdoba en la ancha avenida y el voto vergüenza a CFK.
A un mes del cierre de listas, el establishment toma posición para las presidenciales. Relaciones turbulentas con Cambiemos, efecto Córdoba en la ancha avenida y el voto vergüenza a CFK.
Por 10/05/2019 12:48

Como nunca antes ante un escenario electoral disperso y enigmático, el Círculo Rojo piensa la política de manera estratégica, casi como una jugada de ajedrez. Ve encuestas y mide posibilidades, debilidades y fortalezas de los candidatos en carrera para las presidenciales. Todo esto se da en un contexto con una única certeza: con diferencias y matices, la mayor parte del establishment entiende hoy que el rumbo económico y político del país a futuro no es el que promete el Cambiemos de Mauricio Macri: sea a través de candidatos del oficialismo o de la oposición, lo que viene en 2020 es un contexto de crisis, conflicto y escasez de inversiones que sólo se revertirá con un viraje en la concepción general.

Así, los CEOs piensan en personas. En una simplificación caprichosa pero práctica, conviven hoy cuatro grandes grupos. El más mayoritario es el que apuesta a la tercera vía que rompa la grieta macrismo-kirchnerismo. El segundo, también fuerte, el que se abroquela detrás de la ex presidenta Cristina Fernández como opción central. El tercero, los macristas fieles que apoyarían a Cambiemos con cualquier candidato y sostienen que los cambios estructurales son la base del futuro. Y el cuarto, más imperceptible, el que no jugará cartas en público contra las chances del Gobierno, con ánimo de no confrontar, pero que, frente a la urna, no descarta votar alternativas a Macri.

 

El factor V, más clamor que realidad. Los CEOs la quieren pero saben que es imposible. 

 

Los grupos tienen nombres y representación, pero líneas difusas por la actualidad inconclusa del armado de listas y candidatos.

Entre los que pretenden abonar la tercera vía están los industriales medianos de la UIA y otras entidades fabriles, más una porción nada despreciable del agro, sobre todo, Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) y Federación Agraria (FAA). También buena parte de los constructores de la Argentina y muchos de los dueños que comparten la Asociación Empresaria Argentina (AEA). Allí, Clarín, Arcor, Techint y los laboratorios como Roemmers pisan fuerte y paladean, como lo ideal, el rol de Roberto Lavagna.

Paolo Rocca rompió lanzas personales con Cambiemos y cree que Lavagna es el candidato del consenso.

Paolo Rocca, el CEO de Techint, rompió lanzas personales con Cambiemos y, cumpliendo con su histórica postura cercana a la UCR y a sus negociadores, cree que el ex ministro es el candidato del consenso. Arcor ya tuvo reuniones con Lavagna para conocer su postura, mientras que Clarín cumple la premisa histórica de jugar sinuoso. Pero ya pasó, según fuentes de la compañía, de la crítica a un candidato ególatra a uno posible.

Los que mejor analizan la política dentro de este grupo ya se reunieron con peronistas no K que empezaron a venderles un esquema de cargos y puestos en el armado del medio. Una fantasía difícil: mencionan a Lavagna presidente, a Sergio Massa gobernador de la provincia de Buenos Aires, a Miguel Pichetto jefe de Gabinete y al salteño Juan Manuel Urtubey como un posible canciller. Todos difieren con Lavagna en su visión de no ir a una interna en ese espacio.

Los pocos fanáticos fieles del ex ministro, en tanto, ven la elección de la provincia de Córdoba como el ordenador del espacio. Muchos, de contacto fluido con el gobernador Juan Schiaretti, contaron a Letra P que, “una vez que se saque de la cabeza la elección provincial, Juan va a poder pensar en un posicionamiento nacional de campaña y ahí va a empujar la candidatura de Lavagna”. Ese sector espera un triunfo demoledor del PJ no K en Córdoba. Entusiasmado, cree que esa elección es “un jaque mate” para Cambiemos, coronando una serie de derrotas en el interior con la mayor, en uno de los distritos que llevaron a Macri a la presidencia en 2015.

 

Los banqueros extranjeros, firmes con Macri. 

 

Para autoconvencerse de que la tercera vía es posible, juegan un pleno a que CFK no será candidata. Leen caprichosamente que el libro "Sinceramente" la muestra “radicalizada” y sin ganas de seducir a votantes díscolos. Estiman, además, que la dirigente no querrá “ser la presidenta del default”, algo que estiman inexorable cualquiera sea el ganador. Recuerdan, además, que, cuando Néstor Kirchner asumió la Presidencia, la cesación de pagos ya era un hecho y eso facilitó el despego que él capitalizó.

El segundo grupo, el que apoya a CFK, se nutre de casi el 100% de las pymes nacionales, hoy en una crisis de demanda furibunda. Son “fierreros”, empleadores que desde hace tiempo le cuestionan al Gobierno la ausencia de una política industrial. Como no tienen espalda financiera, no pudieron resistir la crisis soltando lastre y pagando despidos, como sí hicieron todos los gigantes. Creen que un regreso de la ex presidenta garantizaría mercado interno y suba en el consumo, incluso sin inversiones extranjeras. La desesperación y la tristeza son el motor de este sector.

 

La UIA, en un 80% pyme, más cerca de la oposición que del macrismo. 

 

La línea divisoria entre los que apoyan al Gobierno y los que, incluso habiéndolo votado en 2015, no volverían a hacerlo, tiene que ver con la raíz de los negocios. Hay una guerra entre “productivistas” y “especuladores”. El término para contar a estos últimos también es simplista, pero es gráfico para mostrar a los bancos extranjeros nucleados en la Asociación de Bancos Argentinos (ABA) y una parte de los privados nacionales, contenidos en ADEBA. También los fondos de inversión. Son sectores que, en la crisis, ganaron con las altas tasas de interés y consiguieron gestos importantes de Cambiemos.

Los bancos bancan, pero le piden al Gobierno que relaje la presión impositiva, mantenga libertades en los mercados y “no haga populismo”.

Además, las entidades tienen, en general, gerentes. Salvo unos pocos, los dueños no juegan en la interna local. Eso hace que se modifique la manera de mirar, comunicar y opinar sobre las capacidades del oficialismo. ¿Qué le piden al Gobierno? Que relaje la presión impositiva, que mantenga libertades en los mercados y que “no haga populismo” fomentando el consumo y la actividad.

Son casi el único sector que hoy puede decir, on the record, que la mejor opción sigue siendo Cambiemos, algo que el propio agro nacional dejó de decir de un tiempo a esta parte, a fuerza de negación oficial a rever las retenciones a las exportaciones.

Los banqueros y bolseros son los que salieron con velocidad y sin peros a bancar el pacto de 10 puntos que pretende firmar Macri con la oposición. Si bien quieren más Macri, saben que la crisis política se los puede devorar y la única forma de evitarlo es el consenso con la oposición. El jefe de la Bolsa, Adelmo Gabbi, es la cara visible de este pelotón. 

 

Gabbi, de la Bolsa, antes amigo de Boudou, hoy juega fuerte con Macri 2019. 

 

El grupo más misterioso es el cuarto, el de los “cuidadosos”. “Yo no le dije a mi esposa aún, pero no voy a votar por Macri”, contó un importante dirigente de la UIA que pidió reserva. Es de la mesa chica y su posición es bastante importante.

El voto indeciso en la elección, según las encuestas, asciende al 40%. Dentro de ese margen se mueven muchos que comparten en su mente, en una especie de lucha entre el bien y el mal, la desaprobación a la gestión Cambiemos y el odio profundo al kirchnerismo.

Los que están en esta situación son los menos comprometidos con la política, mayormente multinacionales como automotrices, alimenticias y firmas del agro negocio, pero cuyos negocios marchan de mal en peor. El voto verguenza, dentro del establishment, es una variable muy fuerte. También añoran aquí la opción de María Eugenia Vidal en reemplazo de Macri. Una utopía y clamor puro, cuando saben que es una jugada imposible. 

El escenario del voto CEOs es poco relevante en volúmen y no es capaz de generar tendencia en las urnas, pero es sintomático del clima entre el Gobierno y los que manejan el poder en la Argentina.