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Clarín que me hiciste mal

En el llano de su Rafaela querida, el ex presidente de la Corte pasó revista a sus enemigos. La vendetta por la Ley de Medios. La triple alianza con Lilita y Pepín. Rosenkrantz y la pesada herencia.
Por 22/09/2018 15:10

Ricardo Lorenzetti pasó un cumpleaños de lo más extraño, el miércoles último. El ex presidente de la Corte no estuvo en Buenos Aires y dicen que se refugió en Rafaela para transitar el festejo despojado del poder que supo acumular. Cabeza del máximo tribunal durante nada menos que 11 años, a Lorenzetti lo cruzan sensaciones encontradas. Tiene más horas libres y menos presiones, pero es probable que experimente la sensación física de haber perdido algo esencial. El archienemigo de Elisa Carrió tendrá tiempo para reflexionar y hacer autocrítica, pero ya deja trascender algunas certezas. Con exceso de confianza, no puede negar que perdió su sitial a causa de los votos decisivos y acordados de Carlos Rosenkrantz, Horacio Rosatti y Elena Highton. Pero en la intimidad se queja de los factores de poder externos que se confabularon en su contra y a favor del desembarco de Rosenkrantz, el jurista de prestigio internacional que fue rector de la Universidad de San Andrés y trabajó para las grandes empresas de Argentina como el Grupo Clarín, Farmacity y Mc Donalds.  

Con denuncias en tribunales, en las redes y en los medios, con especial estima por Rosatti, la jefa de la Coalición Cívica no actuó sola para erosionar a Lorenzetti y desplazarlo con juicio político. En la Casa Rosada, Fabián “Pepín” Rodríguez Simón encabezó la ofensiva para detonar la base de la fortaleza suprema. Operador predilecto del Gobierno, el abogado de Mauricio Macri en la causa de Panamá Papers tiene un vínculo de lo más estrecho con Carrió y con Mariana Zuvic, la diputada santacruceña anticorrupción, esposa del magnate radical Eduardo Costa

Entre sus valiosos antecedentes, “Pepín” lleva colgada la cucarda de haber sido abogado del Grupo Clarín en la causa que más dolores de cabeza le trajo, la que planteaba la inconstitucionalidad de la Ley de Medios. El asesor especial del Presidente no sólo defendió la tesis de Héctor Magnetto, que -por primera vez en 40 años- se declaraba víctima de un poder autoritario. Además, escribió un libro titulado “Clarín y la ley de medios. Claves para comprender cómo resolverá el caso la Corte Suprema de Justicia de la Nación”. En el cuarto piso del Palacio de Tribunales, todavía circula uno de esos ejemplares, prueba imperecedera de la alianza de Clarín con el macrismo -entonces municipal- a favor de la concentración de medios. Lo que ayer fue una discrepancia coyuntural hoy es leído como el motivo persistente de recelo de la compañía de Magnetto contra la supervivencia del Lorenzetti que se creyó eterno.

 

El libro de Pepín que nació viejo por culpa de Lorenzetti.


PEPÍN + CLARÍN. Rodríguez Simón es un egresado del colegio Champagnat que se recibió de abogado en la UBA, asesora a Macri desde 2009 y pasó por distintos despachos del Estado amarillo. Víctima del optimismo que gobierna al PRO, aquel libro de Pepín salió a la calle en 2013, en los días previos al fallo de la Corte sobre la ley y quedó viejo una semana después. Convencido de un pronunciamiento favorable a los intereses del Grupo, el libelo quedó desautorizado por los hechos en menos de una semana con los votos de Eugenio Zaffaroni, Elena Highton, Enrique Petracchi y Lorenzetti a favor del artículo 161. En las tribunas irreconciliables del kirchnerismo y Clarín, hoy coinciden en recordarlo con gracia: más papista que Su Majestad, el operador -que gusta definirse en Twitter como Parlamentario del Mercosur-, tuvo que retirar la edición de circulación porque quedó vieja a poco de andar.

Un alto directivo del holding le dijo a Letra P que Rodríguez Simón había llegado a la calle Tacuarí como parte del Estudio Llerena y Asociados, del que era uno de sus abogados junto a otro macrista paladar negro, José Torello, el jefe de asesores del Presidente. Con más poder que el ministro Germán Garavano, el actual operador principal de Macri ante el Poder Judicial llevaba adelante las demandas en el Fuero Civil y Comercial Federal. Nadie, salvo las almas rencorosas y destituyentes, pueden creer que Pepín pueda seguir trabajando para Macri y para Clarín, como hacía antes. No hace falta.

 

Pepín. Rodríhuez Simón, el operador de Macri detrás de la caída de Lorenzetti.

 

Con unos cuantos errores estratégicos y cargada de sobreactuación, pero en un sendero correcto para cualquier democracia liberal, la Ley de Medios era un intento que el holding no podía permitir sin apelar al “periodismo de guerra”, según lo definió Julio Blanck en la entrevista con La Izquierda Diario que se convirtió en insumo fundamental para las facultades de periodismo que todavía subsisten. Finalmente, todo terminó en un blef. El Grupo salió indemne con el pase de manos de la Adecuación, igual que el resto de los conglomerados.

Es una historia antigua, salvo por un detalle. Al lado de Lorenzetti, hoy no tienen dudas: Clarín no olvida. El encono entre el ex supremo y el gigante de las telecomunicaciones en Argentina, beneficiado por este Macri con la megafusión Telecom-Cablevisión, recién comienza y quizás no pase del rencor. Pero ya puede verse en los mensajes que escribe en Twitter la vocera de Lorenzetti, María Bourdin, en los últimos días por el caso de la novia del senador Julio Cleto Cobos

 

 

 

Abogada, periodista, autora del libro “Justicia y Medios”, Bourdin es la mano derecha de Lorenzetti. Dirige desde hace una década el Centro de Información Judicial, un sitio web que ayudó a la imagen del rafaelino, difundió fallos de la propaladora de Comodoro Py y ahora queda a merced del interés de Rosenkrantz. La notoriedad de Bourdin, que se formó junto a Daniel Hadad en el periodismo, se proyectó en público este año cuando Carrió la denunció y recibió la respuesta pública de la vocera de la Corte. Así, obligó a pronunciarse y dividirse a una familia que se había unido en la resistencia contra el kirchnerismo.

Nadie puede convencer a Lorenzetti y a Bourdin de que Carrió y Clarín no son lo mismo. Con una estrella que se sostiene con la constelación de medios como aliada, la jefa de la Coalición Cívica es abonada a los programas destacados del Grupo y firmó un pacto de sangre en beneficio de los hijos adoptados, de manera irregular, por Ernestina Herrera de Noble, durante la última dictadura militar. Alejandro Fargosi y Gustavo Literas, dos de sus aliados de hierro, también son parte de la familia con aire permanente en el holding

La designación de Rosenkrantz fue vista al instante como una victoria de Clarín entre los detractores del Grupo. Sin embargo, el nuevo supremo es mucho más que eso, como lo marcó la abogada Graciana Peñafort, ex funcionaria del fenecido AFSCA, coautora de la Ley y de reconocida militancia kirchnerista. 

 

 

 

Desde el holding reconocen el vinculo, pero afirman que Rosenkrantz no intervino en forma personal en las causas de su interés. “Nunca nos defendió ni interactuamos directamente, más allá de la Maestría en Periodismo de Clarín con la Universidad de San Andrés, con él como rector. Era socio del mismo estudio -Rosenkrantz, Bouzat y Asociados- que defendía a Clarín, pero nuestro abogado era Gabriel Bouzat”, le dijo a Letra P una fuente del multimedios.

Hoy, el Grupo no tiene ninguna causa pendiente de resolución en la Corte que lo involucre directamente. El reclamo de Telefónica contra la megafusión Telecom-Cablevisión se limita por ahora a la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia y a la posibilidad de demandas en el exterior. 

 

 

IDAS Y VUELTAS. Clarín tuvo siempre una interlocución privilegiada con la Corte. En 2010, en plena discusión por la ley de Medios, la revista Noticias reveló que Lorenzetti recibió fuera de agenda a Magnetto, Paolo Rocca, Luis Pagani y el resto de la cúpula de la Asociación Empresaria Argentina. Una tarde soleada de abril, el CEO de Clarín encabezaba la comitiva que salía del despacho del supremo, junto al dueño de Techint. El que hablaba era Magnetto y el que escuchaba y asentía era Paolo, sin que por supuesto fuera noticia en los medios del Grupo. Cuando Néstor Kirchner se enteró, alertó a su feligresía desde una tribuna en Paraná y le reclamó a Lorenzetti que diera explicaciones.

Así como falló a favor de la constitucionalidad de la Ley de Medios, el rafaelino y el resto de los miembros de la Corte también fallaron a favor de las pretensiones del Grupo, en más de una oportunidad. En diciembre pasado, sin ir más lejos, rechazaron “por inadmisible” el recurso por la apropiación de Papel Prensa que había presentado Lidia Papaleo de Graiver y confirmaron el sobreseimiento de Magnetto y Bartolomé Mitre

Todos los miembros del máximo tribunal conocen a Magnetto, a Jorge Rendo y a Pablo Casey. Los dos últimos, junto a Martín Etchevers, son los que hacen conocer sus pareceres o inquietudes, por todos los soportes y formas. Sin embargo, afirman que no estaban al tanto de los cambios en la Corte. Coincide con otro dato que circula entre los conspiradores del Palacio: no lo sabía Lorenzetti y tampoco el Gobierno. 

El ex presidente de la Corte gozó de un trato preferencial por parte de los medios durante una década. Disfrutó de la agenda que marcaba Comodoro Py y, con la caída del kirchnerismo, se benefició con el control de las escuchas judiciales que estaban en manos de la procuradora Alejandra Gils Carbó, una atribución que, según coinciden desde Rosatti hasta organismos de derechos humanos, no debe tener la Corte. 

La partida del ex supremo provocó un reacomodamiento en las empresas de comunicación que le otorgaban al presidente de la Corte un trato privilegiado y recibían, a cambio, información para sus fines. En Infobae y América lo lloran, pero en Clarín son varios los que lo disfrutan. En La Nación, mientras tanto, los voceros más leales a Lorenzetti ya habían caído en desgracia, a medida que crecía la doctrina del huracán Carrió. Quizás Clarín considere que, con la caída de Lorenzetti, se remueve un obstáculo para la cruzada judicial y mediática que busca convertir a Cristina Kirchner en Lula Da Silva

 

Rey puesto. Carlos Rosenkrantz arrastra el lastre de sus vínculos con antiguos grandes clientes.

 

LO QUE VIENE. El desafió para Rosenkrantz no es menor. Despejar sospechas, dudas y acusaciones por su vínculo con las empresas en general y con Clarín en particular. En el Grupo, dicen por supuesto que nada los beneficia. Al contrario: el nuevo presidente ya anunció que se va a excusar en los casos en los que se vean afectados los intereses de las múltiples compañías para las que trabajó. Tendrá oportunidad de desmentir en los hechos que no es un delegado del establishment y que, en todo caso, coincide plenamente con el país empresario que intentó alumbrar Cambiemos. Una línea de lo más delgada que muchos no podrán distinguir. 

Ya varios pronunciamientos de la Corte que comandaba Lorenzetti venían marcando un giro en materia de Derecho Laboral, desde que Macri llegó a la Casa Rosada. El fallo Orellano, de 2016; el fallo Espósito, del mismo año, y el fallo Rica, de abril pasado -los dos últimos, con la disidencia de Rosatti-, son ejemplos de un rumbo que se adelantó al desembarco de Rosenkrantz. 

La caída de Lorenzetti genera interrogantes de todo tipo, con una Corte devenida cuerpo colegiado, sin mayoría automática ni reverencias hacia el nuevo presidente. Cada fallo habrá que construirlo.

En el Palacio de Tribunales, el enigma pasa por la capacidad del jurista para conducir en un clima de atomización y precariedad dentro de la Corte y en pleno arranque del vía crucis por el déficit cero que impulsa Macri. Habrá que ver cuál es la respuesta ante la presión oficial para que los jueces paguen Ganancias y el ajuste penetre finalmente en el Poder Pudicial.

Mientras Rosenkrantz y su mano derecha, Federico Morgenstern, creen haber arribado a un poder estable y presidencialista, el resto de los supremos expresa la fragmentación y las dudas. La caída de Lorenzetti genera interrogantes de todo tipo, con una Corte devenida cuerpo colegiado, sin mayoría automática ni reverencias hacia el nuevo presidente. Cada fallo, como ya le pasaba al último Lorenzetti, habrá que construirlo. Incluso el orden de los expedientes, entre los que se destacan los del 2x1 o el de los juicios de los jubilados, quedará ahora en discusión.

Con Highton cautiva del gobierno nacional, Rosatti como adversario declarado del rafaelino y Maqueda como el último leal, por lo pronto, el pase de Lorenzetti al llano puede redundar en un rol más opositor al gobierno de Cambiemos.

Rosenkrantz deberá confirmarse como jefe y estar atento para no verse sorprendido y desautorizado, como le pasó a su antecesor. ¿El ex rector de la Universidad de San Andrés puede gobernar tranquilo hasta 2021 o -como sugieren ya los fantasmas que rondan la Corte- deberá resguardar su sitial semana a semana?

Clarín que me hiciste mal

En el llano de su Rafaela querida, el ex presidente de la Corte pasó revista a sus enemigos. La vendetta por la Ley de Medios. La triple alianza con Lilita y Pepín. Rosenkrantz y la pesada herencia.

Ricardo Lorenzetti pasó un cumpleaños de lo más extraño, el miércoles último. El ex presidente de la Corte no estuvo en Buenos Aires y dicen que se refugió en Rafaela para transitar el festejo despojado del poder que supo acumular. Cabeza del máximo tribunal durante nada menos que 11 años, a Lorenzetti lo cruzan sensaciones encontradas. Tiene más horas libres y menos presiones, pero es probable que experimente la sensación física de haber perdido algo esencial. El archienemigo de Elisa Carrió tendrá tiempo para reflexionar y hacer autocrítica, pero ya deja trascender algunas certezas. Con exceso de confianza, no puede negar que perdió su sitial a causa de los votos decisivos y acordados de Carlos Rosenkrantz, Horacio Rosatti y Elena Highton. Pero en la intimidad se queja de los factores de poder externos que se confabularon en su contra y a favor del desembarco de Rosenkrantz, el jurista de prestigio internacional que fue rector de la Universidad de San Andrés y trabajó para las grandes empresas de Argentina como el Grupo Clarín, Farmacity y Mc Donalds.  

Con denuncias en tribunales, en las redes y en los medios, con especial estima por Rosatti, la jefa de la Coalición Cívica no actuó sola para erosionar a Lorenzetti y desplazarlo con juicio político. En la Casa Rosada, Fabián “Pepín” Rodríguez Simón encabezó la ofensiva para detonar la base de la fortaleza suprema. Operador predilecto del Gobierno, el abogado de Mauricio Macri en la causa de Panamá Papers tiene un vínculo de lo más estrecho con Carrió y con Mariana Zuvic, la diputada santacruceña anticorrupción, esposa del magnate radical Eduardo Costa

Entre sus valiosos antecedentes, “Pepín” lleva colgada la cucarda de haber sido abogado del Grupo Clarín en la causa que más dolores de cabeza le trajo, la que planteaba la inconstitucionalidad de la Ley de Medios. El asesor especial del Presidente no sólo defendió la tesis de Héctor Magnetto, que -por primera vez en 40 años- se declaraba víctima de un poder autoritario. Además, escribió un libro titulado “Clarín y la ley de medios. Claves para comprender cómo resolverá el caso la Corte Suprema de Justicia de la Nación”. En el cuarto piso del Palacio de Tribunales, todavía circula uno de esos ejemplares, prueba imperecedera de la alianza de Clarín con el macrismo -entonces municipal- a favor de la concentración de medios. Lo que ayer fue una discrepancia coyuntural hoy es leído como el motivo persistente de recelo de la compañía de Magnetto contra la supervivencia del Lorenzetti que se creyó eterno.

 

El libro de Pepín que nació viejo por culpa de Lorenzetti.


PEPÍN + CLARÍN. Rodríguez Simón es un egresado del colegio Champagnat que se recibió de abogado en la UBA, asesora a Macri desde 2009 y pasó por distintos despachos del Estado amarillo. Víctima del optimismo que gobierna al PRO, aquel libro de Pepín salió a la calle en 2013, en los días previos al fallo de la Corte sobre la ley y quedó viejo una semana después. Convencido de un pronunciamiento favorable a los intereses del Grupo, el libelo quedó desautorizado por los hechos en menos de una semana con los votos de Eugenio Zaffaroni, Elena Highton, Enrique Petracchi y Lorenzetti a favor del artículo 161. En las tribunas irreconciliables del kirchnerismo y Clarín, hoy coinciden en recordarlo con gracia: más papista que Su Majestad, el operador -que gusta definirse en Twitter como Parlamentario del Mercosur-, tuvo que retirar la edición de circulación porque quedó vieja a poco de andar.

Un alto directivo del holding le dijo a Letra P que Rodríguez Simón había llegado a la calle Tacuarí como parte del Estudio Llerena y Asociados, del que era uno de sus abogados junto a otro macrista paladar negro, José Torello, el jefe de asesores del Presidente. Con más poder que el ministro Germán Garavano, el actual operador principal de Macri ante el Poder Judicial llevaba adelante las demandas en el Fuero Civil y Comercial Federal. Nadie, salvo las almas rencorosas y destituyentes, pueden creer que Pepín pueda seguir trabajando para Macri y para Clarín, como hacía antes. No hace falta.

 

Pepín. Rodríhuez Simón, el operador de Macri detrás de la caída de Lorenzetti.

 

Con unos cuantos errores estratégicos y cargada de sobreactuación, pero en un sendero correcto para cualquier democracia liberal, la Ley de Medios era un intento que el holding no podía permitir sin apelar al “periodismo de guerra”, según lo definió Julio Blanck en la entrevista con La Izquierda Diario que se convirtió en insumo fundamental para las facultades de periodismo que todavía subsisten. Finalmente, todo terminó en un blef. El Grupo salió indemne con el pase de manos de la Adecuación, igual que el resto de los conglomerados.

Es una historia antigua, salvo por un detalle. Al lado de Lorenzetti, hoy no tienen dudas: Clarín no olvida. El encono entre el ex supremo y el gigante de las telecomunicaciones en Argentina, beneficiado por este Macri con la megafusión Telecom-Cablevisión, recién comienza y quizás no pase del rencor. Pero ya puede verse en los mensajes que escribe en Twitter la vocera de Lorenzetti, María Bourdin, en los últimos días por el caso de la novia del senador Julio Cleto Cobos

 

 

 

Abogada, periodista, autora del libro “Justicia y Medios”, Bourdin es la mano derecha de Lorenzetti. Dirige desde hace una década el Centro de Información Judicial, un sitio web que ayudó a la imagen del rafaelino, difundió fallos de la propaladora de Comodoro Py y ahora queda a merced del interés de Rosenkrantz. La notoriedad de Bourdin, que se formó junto a Daniel Hadad en el periodismo, se proyectó en público este año cuando Carrió la denunció y recibió la respuesta pública de la vocera de la Corte. Así, obligó a pronunciarse y dividirse a una familia que se había unido en la resistencia contra el kirchnerismo.

Nadie puede convencer a Lorenzetti y a Bourdin de que Carrió y Clarín no son lo mismo. Con una estrella que se sostiene con la constelación de medios como aliada, la jefa de la Coalición Cívica es abonada a los programas destacados del Grupo y firmó un pacto de sangre en beneficio de los hijos adoptados, de manera irregular, por Ernestina Herrera de Noble, durante la última dictadura militar. Alejandro Fargosi y Gustavo Literas, dos de sus aliados de hierro, también son parte de la familia con aire permanente en el holding

La designación de Rosenkrantz fue vista al instante como una victoria de Clarín entre los detractores del Grupo. Sin embargo, el nuevo supremo es mucho más que eso, como lo marcó la abogada Graciana Peñafort, ex funcionaria del fenecido AFSCA, coautora de la Ley y de reconocida militancia kirchnerista. 

 

 

 

Desde el holding reconocen el vinculo, pero afirman que Rosenkrantz no intervino en forma personal en las causas de su interés. “Nunca nos defendió ni interactuamos directamente, más allá de la Maestría en Periodismo de Clarín con la Universidad de San Andrés, con él como rector. Era socio del mismo estudio -Rosenkrantz, Bouzat y Asociados- que defendía a Clarín, pero nuestro abogado era Gabriel Bouzat”, le dijo a Letra P una fuente del multimedios.

Hoy, el Grupo no tiene ninguna causa pendiente de resolución en la Corte que lo involucre directamente. El reclamo de Telefónica contra la megafusión Telecom-Cablevisión se limita por ahora a la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia y a la posibilidad de demandas en el exterior. 

 

 

IDAS Y VUELTAS. Clarín tuvo siempre una interlocución privilegiada con la Corte. En 2010, en plena discusión por la ley de Medios, la revista Noticias reveló que Lorenzetti recibió fuera de agenda a Magnetto, Paolo Rocca, Luis Pagani y el resto de la cúpula de la Asociación Empresaria Argentina. Una tarde soleada de abril, el CEO de Clarín encabezaba la comitiva que salía del despacho del supremo, junto al dueño de Techint. El que hablaba era Magnetto y el que escuchaba y asentía era Paolo, sin que por supuesto fuera noticia en los medios del Grupo. Cuando Néstor Kirchner se enteró, alertó a su feligresía desde una tribuna en Paraná y le reclamó a Lorenzetti que diera explicaciones.

Así como falló a favor de la constitucionalidad de la Ley de Medios, el rafaelino y el resto de los miembros de la Corte también fallaron a favor de las pretensiones del Grupo, en más de una oportunidad. En diciembre pasado, sin ir más lejos, rechazaron “por inadmisible” el recurso por la apropiación de Papel Prensa que había presentado Lidia Papaleo de Graiver y confirmaron el sobreseimiento de Magnetto y Bartolomé Mitre

Todos los miembros del máximo tribunal conocen a Magnetto, a Jorge Rendo y a Pablo Casey. Los dos últimos, junto a Martín Etchevers, son los que hacen conocer sus pareceres o inquietudes, por todos los soportes y formas. Sin embargo, afirman que no estaban al tanto de los cambios en la Corte. Coincide con otro dato que circula entre los conspiradores del Palacio: no lo sabía Lorenzetti y tampoco el Gobierno. 

El ex presidente de la Corte gozó de un trato preferencial por parte de los medios durante una década. Disfrutó de la agenda que marcaba Comodoro Py y, con la caída del kirchnerismo, se benefició con el control de las escuchas judiciales que estaban en manos de la procuradora Alejandra Gils Carbó, una atribución que, según coinciden desde Rosatti hasta organismos de derechos humanos, no debe tener la Corte. 

La partida del ex supremo provocó un reacomodamiento en las empresas de comunicación que le otorgaban al presidente de la Corte un trato privilegiado y recibían, a cambio, información para sus fines. En Infobae y América lo lloran, pero en Clarín son varios los que lo disfrutan. En La Nación, mientras tanto, los voceros más leales a Lorenzetti ya habían caído en desgracia, a medida que crecía la doctrina del huracán Carrió. Quizás Clarín considere que, con la caída de Lorenzetti, se remueve un obstáculo para la cruzada judicial y mediática que busca convertir a Cristina Kirchner en Lula Da Silva

 

Rey puesto. Carlos Rosenkrantz arrastra el lastre de sus vínculos con antiguos grandes clientes.

 

LO QUE VIENE. El desafió para Rosenkrantz no es menor. Despejar sospechas, dudas y acusaciones por su vínculo con las empresas en general y con Clarín en particular. En el Grupo, dicen por supuesto que nada los beneficia. Al contrario: el nuevo presidente ya anunció que se va a excusar en los casos en los que se vean afectados los intereses de las múltiples compañías para las que trabajó. Tendrá oportunidad de desmentir en los hechos que no es un delegado del establishment y que, en todo caso, coincide plenamente con el país empresario que intentó alumbrar Cambiemos. Una línea de lo más delgada que muchos no podrán distinguir. 

Ya varios pronunciamientos de la Corte que comandaba Lorenzetti venían marcando un giro en materia de Derecho Laboral, desde que Macri llegó a la Casa Rosada. El fallo Orellano, de 2016; el fallo Espósito, del mismo año, y el fallo Rica, de abril pasado -los dos últimos, con la disidencia de Rosatti-, son ejemplos de un rumbo que se adelantó al desembarco de Rosenkrantz. 

La caída de Lorenzetti genera interrogantes de todo tipo, con una Corte devenida cuerpo colegiado, sin mayoría automática ni reverencias hacia el nuevo presidente. Cada fallo habrá que construirlo.

En el Palacio de Tribunales, el enigma pasa por la capacidad del jurista para conducir en un clima de atomización y precariedad dentro de la Corte y en pleno arranque del vía crucis por el déficit cero que impulsa Macri. Habrá que ver cuál es la respuesta ante la presión oficial para que los jueces paguen Ganancias y el ajuste penetre finalmente en el Poder Pudicial.

Mientras Rosenkrantz y su mano derecha, Federico Morgenstern, creen haber arribado a un poder estable y presidencialista, el resto de los supremos expresa la fragmentación y las dudas. La caída de Lorenzetti genera interrogantes de todo tipo, con una Corte devenida cuerpo colegiado, sin mayoría automática ni reverencias hacia el nuevo presidente. Cada fallo, como ya le pasaba al último Lorenzetti, habrá que construirlo. Incluso el orden de los expedientes, entre los que se destacan los del 2x1 o el de los juicios de los jubilados, quedará ahora en discusión.

Con Highton cautiva del gobierno nacional, Rosatti como adversario declarado del rafaelino y Maqueda como el último leal, por lo pronto, el pase de Lorenzetti al llano puede redundar en un rol más opositor al gobierno de Cambiemos.

Rosenkrantz deberá confirmarse como jefe y estar atento para no verse sorprendido y desautorizado, como le pasó a su antecesor. ¿El ex rector de la Universidad de San Andrés puede gobernar tranquilo hasta 2021 o -como sugieren ya los fantasmas que rondan la Corte- deberá resguardar su sitial semana a semana?