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La crisis económica y política le golpea la puerta del despacho a Macri

La recesión quemó fusibles técnicos en tiempo récord y puso al Presidente como última barrera de contención para salvar el modelo. El liderazgo sinuoso generó guerras internas descarnadas.
Por 21/09/2018 13:22

Cuenta un industrial textil que cada vez que visita a un ministro se va con un punto de vista diferente sobre lo que pasa en el país. Entrado en años, el ejecutivo, mientras come una medialuna en el subsuelo del Hilton -donde se desarrolló la Pro Textil 2018-, asegura que, además, “se viven tirando palos entre ellos”. “Ellos” son los funcionarios del gabinete nacional, que, en medio de una recesión que inicia, llegaron a tales niveles de confusión en el rumbo a seguir que empezaron a chocar fuerte en la diaria. Hasta en los detalles mínimos. Este industrial experimentado terminó la medialuna abrazado con un  joven de ascendencia oriental y acento paraguayo. “Hay que irnos al Paraguay –aseguraba mientras lo sostiene al interlocutor entre risas-. Nos cobran 10% de impuestos y una sola vez. ¡Es de locos!”.

Los guaraníes invadieron el hotel de Puerto Madero como nunca antes. Celebraron que lograron atraer a cientos de firmas de Brasil que ahora producen en Paraguay. Acá el asunto se empezó a mover y hasta se construyen gestorías para tramitar compañías en Asunción. “Tienen menos problemas, cumplen y son claros. Acá tenés que andar adivinando qué es lo que va a pasar en 15 días y le tenés que preguntar a (el presidente Mauricio) Macri, porque el resto no te da garantías”, se quejaba el empresario.

 

 

En Argentina, los CEOs son promiscuos, quejosos y pedigüeños, pero saben lo que quieren, aunque eso vaya en perjuicio de una parte de la sociedad. El síntoma es que la crisis quemó fusibles políticos a la velocidad de la luz y dejó al jefe del Estado como el último dique de contención. “Si seguís yendo para arriba, te chocás la cabeza: está Macri”, graficó ante Letra P un ladero del presidente del Banco Central, Luis “Toto” Caputo, uno de los pocos librepensadores de Cambiemos que aún no cayeron en desgracia a manos de la mesa chica.

En este contexto, lo que cuentan es un secreto a voces en el Ejecutivo: en plena recesión, hay movimientos de las placas tectónicas de un equipo que, al decir de Macri, es cada vez más imperfecto. Hace unos días, la titular de la Oficina Anticorrupción (OA), Laura Alonso, le avisó a un grupo de empresarios que consultó sobre la Ley de Ética Pública que es probable que 2019 la encuentre jugando en otra liga. En otro cargo electivo. Nunca quiso ese lugar, Alonso, pero, como tantos otros funcionarios, debió aceptar. Lo mismo le ocurrió al ex secretario de Comercio Interior Miguel Braun, que siempre quiso relaciones internacionales y recién ascendió a ocuparse de Comercio Exterior.

 

 

Luis Miguel Etchevehere también se quiere ir. El ex titular de la Sociedad Rural tiene una ventaja: le reconocen carácter, una virtud que tienen los ruralistas y que escasea en Cambiemos. Tuvo victorias pírricas: le ganó la pulseada inicial con el tema de retenciones al ministro de Interior, Rogelio Frigerio, y a su par de Hacienda, Nicolás Dujovne, que quisieron reinstalarlas hace varios meses. Convenció a Macri, pero, cuando la ola de faltante de dólares pasó por encima al Gobierno, resignó soberanía y se sometió a la política. Ahora se siente utilizado para hacer el achique en Agricultura y reniega por haber quedado bajo el ala de Economía.

Más ruido hay en el tándem ministerial de Dante Sica, titular de Producción y Trabajo, y el ex ministro de la cartera laboral, Jorge Triaca. Las desinteligencias quedaron expuestas en la reunión fallida de Sica con la cúpula de la CGT. Se había planificado en Sanidad, con la plana mayor. La armó Triaca sin avisarle a Producción, que debió salir del paso aduciendo que “no había ninguna reunión en agenda”. El triunvirato está en tensión irreparable con “Jorgito”, un punto de no retorno que altera la relación política del Gobierno con los gremios.

Sintéticamente, estas colisiones tienen, además, un problema madre: la conducción de Cambiemos lejos está de ser horizontal y no tiene forma de equipo. Es casi caudillesca, con Macri a la cabeza y ministros sin margen de decisión.

 

Tras perder la batalla de las retenciones, Etchevehere se siente ninguneado y busca salida elegante. 

 

Todos estos detalles serían menores en otro contexto, el del inicio de la alianza de gobierno, que también padeció una sangría de funcionarios en medio de rencillas internas. Pero el Ejecutivo parece haber demostrado que no le sienta bien jugar con campo inclinado.

Puesto en cifras, la recesión es más peligrosa en lo económico y en lo político en el mediano y largo plazos que en el corto. Marina Dal Poggeto, economista del estudio Eco Go y socia de Miguel Bein, alertó que 2019 puede marcar un hito inédito: que la maldición de los años pares se extienda a los impares y que la economía no crezca ni empate en el período pre electoral.

Dal Poggeto compartió un panel en la ProTextil con los economistas Martin Alfie (Radar Consultores) y Pablo Dragún (UIA). Los tres coincidieron en que el agro ayudará en 2019, que el agua del cielo dará una buena cosecha que entregará algo de aire y que el rebote puede darse justo a meses de las presidenciales. También todos coinciden en que es difícil que eso se traduzca en sensación de mejora en la gente, de mayor consumo, mejores salarios y reactivación.

 

Triaca juega la propia en un ministerio que ya no conduce. Enfrentamiento sin retorno con la CGT. 

 

Los CEOs, los gremios y la oposición no se explican, en este marco, si el verticalismo de Macri es el causante de cuadros ministeriales que en muchos casos conocen poco de la materia que abordan. De hecho, la discusión de fondo se plantea casi en términos infantiles: una guerra sorda entre “sospechados de ladrones” (el kirchnerismo) e “incapaces” (Cambiemos), una disquisición que oculta los problemas del modelo M y de la oposición.

 

 

En la Casa Rosada saben que tienen poco anuncio para ofrecer y que, una vez más, la contienda electoral clave para Macri pondrá en la mesa la herencia, el latrocinio y el espejo con Cristina Fernández, única herramienta que, según las encuestas oficiales, le sigue rindiendo al partido de gobierno. Por ahora, crisis no mató al despliegue de hechos de corrupción. Y, aunque para la mayor parte de la sociedad sea una anécdota, la política nacional parece estar ceñida únicamente a ese debate público.

La crisis económica y política le golpea la puerta del despacho a Macri

La recesión quemó fusibles técnicos en tiempo récord y puso al Presidente como última barrera de contención para salvar el modelo. El liderazgo sinuoso generó guerras internas descarnadas.

Cuenta un industrial textil que cada vez que visita a un ministro se va con un punto de vista diferente sobre lo que pasa en el país. Entrado en años, el ejecutivo, mientras come una medialuna en el subsuelo del Hilton -donde se desarrolló la Pro Textil 2018-, asegura que, además, “se viven tirando palos entre ellos”. “Ellos” son los funcionarios del gabinete nacional, que, en medio de una recesión que inicia, llegaron a tales niveles de confusión en el rumbo a seguir que empezaron a chocar fuerte en la diaria. Hasta en los detalles mínimos. Este industrial experimentado terminó la medialuna abrazado con un  joven de ascendencia oriental y acento paraguayo. “Hay que irnos al Paraguay –aseguraba mientras lo sostiene al interlocutor entre risas-. Nos cobran 10% de impuestos y una sola vez. ¡Es de locos!”.

Los guaraníes invadieron el hotel de Puerto Madero como nunca antes. Celebraron que lograron atraer a cientos de firmas de Brasil que ahora producen en Paraguay. Acá el asunto se empezó a mover y hasta se construyen gestorías para tramitar compañías en Asunción. “Tienen menos problemas, cumplen y son claros. Acá tenés que andar adivinando qué es lo que va a pasar en 15 días y le tenés que preguntar a (el presidente Mauricio) Macri, porque el resto no te da garantías”, se quejaba el empresario.

 

 

En Argentina, los CEOs son promiscuos, quejosos y pedigüeños, pero saben lo que quieren, aunque eso vaya en perjuicio de una parte de la sociedad. El síntoma es que la crisis quemó fusibles políticos a la velocidad de la luz y dejó al jefe del Estado como el último dique de contención. “Si seguís yendo para arriba, te chocás la cabeza: está Macri”, graficó ante Letra P un ladero del presidente del Banco Central, Luis “Toto” Caputo, uno de los pocos librepensadores de Cambiemos que aún no cayeron en desgracia a manos de la mesa chica.

En este contexto, lo que cuentan es un secreto a voces en el Ejecutivo: en plena recesión, hay movimientos de las placas tectónicas de un equipo que, al decir de Macri, es cada vez más imperfecto. Hace unos días, la titular de la Oficina Anticorrupción (OA), Laura Alonso, le avisó a un grupo de empresarios que consultó sobre la Ley de Ética Pública que es probable que 2019 la encuentre jugando en otra liga. En otro cargo electivo. Nunca quiso ese lugar, Alonso, pero, como tantos otros funcionarios, debió aceptar. Lo mismo le ocurrió al ex secretario de Comercio Interior Miguel Braun, que siempre quiso relaciones internacionales y recién ascendió a ocuparse de Comercio Exterior.

 

 

Luis Miguel Etchevehere también se quiere ir. El ex titular de la Sociedad Rural tiene una ventaja: le reconocen carácter, una virtud que tienen los ruralistas y que escasea en Cambiemos. Tuvo victorias pírricas: le ganó la pulseada inicial con el tema de retenciones al ministro de Interior, Rogelio Frigerio, y a su par de Hacienda, Nicolás Dujovne, que quisieron reinstalarlas hace varios meses. Convenció a Macri, pero, cuando la ola de faltante de dólares pasó por encima al Gobierno, resignó soberanía y se sometió a la política. Ahora se siente utilizado para hacer el achique en Agricultura y reniega por haber quedado bajo el ala de Economía.

Más ruido hay en el tándem ministerial de Dante Sica, titular de Producción y Trabajo, y el ex ministro de la cartera laboral, Jorge Triaca. Las desinteligencias quedaron expuestas en la reunión fallida de Sica con la cúpula de la CGT. Se había planificado en Sanidad, con la plana mayor. La armó Triaca sin avisarle a Producción, que debió salir del paso aduciendo que “no había ninguna reunión en agenda”. El triunvirato está en tensión irreparable con “Jorgito”, un punto de no retorno que altera la relación política del Gobierno con los gremios.

Sintéticamente, estas colisiones tienen, además, un problema madre: la conducción de Cambiemos lejos está de ser horizontal y no tiene forma de equipo. Es casi caudillesca, con Macri a la cabeza y ministros sin margen de decisión.

 

Tras perder la batalla de las retenciones, Etchevehere se siente ninguneado y busca salida elegante. 

 

Todos estos detalles serían menores en otro contexto, el del inicio de la alianza de gobierno, que también padeció una sangría de funcionarios en medio de rencillas internas. Pero el Ejecutivo parece haber demostrado que no le sienta bien jugar con campo inclinado.

Puesto en cifras, la recesión es más peligrosa en lo económico y en lo político en el mediano y largo plazos que en el corto. Marina Dal Poggeto, economista del estudio Eco Go y socia de Miguel Bein, alertó que 2019 puede marcar un hito inédito: que la maldición de los años pares se extienda a los impares y que la economía no crezca ni empate en el período pre electoral.

Dal Poggeto compartió un panel en la ProTextil con los economistas Martin Alfie (Radar Consultores) y Pablo Dragún (UIA). Los tres coincidieron en que el agro ayudará en 2019, que el agua del cielo dará una buena cosecha que entregará algo de aire y que el rebote puede darse justo a meses de las presidenciales. También todos coinciden en que es difícil que eso se traduzca en sensación de mejora en la gente, de mayor consumo, mejores salarios y reactivación.

 

Triaca juega la propia en un ministerio que ya no conduce. Enfrentamiento sin retorno con la CGT. 

 

Los CEOs, los gremios y la oposición no se explican, en este marco, si el verticalismo de Macri es el causante de cuadros ministeriales que en muchos casos conocen poco de la materia que abordan. De hecho, la discusión de fondo se plantea casi en términos infantiles: una guerra sorda entre “sospechados de ladrones” (el kirchnerismo) e “incapaces” (Cambiemos), una disquisición que oculta los problemas del modelo M y de la oposición.

 

 

En la Casa Rosada saben que tienen poco anuncio para ofrecer y que, una vez más, la contienda electoral clave para Macri pondrá en la mesa la herencia, el latrocinio y el espejo con Cristina Fernández, única herramienta que, según las encuestas oficiales, le sigue rindiendo al partido de gobierno. Por ahora, crisis no mató al despliegue de hechos de corrupción. Y, aunque para la mayor parte de la sociedad sea una anécdota, la política nacional parece estar ceñida únicamente a ese debate público.