Círculo Rojo

Federico Braun reveló en Córdoba cómo La Anónima pasó de la Patagonia a la expansión en todo el país

El presidente de la compañía dio su versión a Letra P, tras abrir locales en cinco provincias. Marcos Peña, el reclamo por los impuestos y el modelo español.

Federico Braun llegó a Córdoba para inaugurar las cuatro sucursales que La Anónima adquirió a Libertad, pero detrás del desembarco de la cadena patagónica apareció una historia más ambiciosa: la reconstrucción de una empresa que, según su propio relato, pasó de tener 11 supermercados y 265 empleados a convertirse en uno de los mayores jugadores del retail argentino.

La operación forma parte de una expansión que incluye locales en Córdoba, Tucumán, Salta, Santiago del Estero y San Juan. Sin embargo, durante una extensa conversación, Braun eligió mirar hacia atrás. Más que hablar de las nuevas aperturas, reconstruyó la historia de una compañía que nació como parte de uno de los mayores imperios económicos de la Patagonia, atravesó décadas de declive y terminó reinventándose.

El peso de un apellido

Antes de hablar de supermercados, Braun habla de la familia. Mucho. De los Menéndez, de los Braun, de Punta Arenas, de los barcos, de las ovejas, de las estancias y de una Patagonia que a comienzos del siglo XX concentraba una parte importante de la riqueza del extremo sur del continente.

“La empresa nació siendo grande”, resume. Según cuenta, la La Anónima tiene su origen en la fusión de los negocios de José Menéndez y Mauricio Braun, dos inmigrantes que construyeron una red comercial que llegó a dominar buena parte de la economía patagónica. “La Exportadora de la Patagonia manejaba los buques, los ramos generales, los campos y buena parte del comercio de la región”, relata.

Braun también parece consciente de que el apellido arrastra controversias históricas. Sin que nadie se lo pregunte, introduce en la conversación las referencias a los conflictos obreros de principios del siglo pasado, los relatos de Osvaldo Bayer y las acusaciones que históricamente recayeron sobre las familias terratenientes patagónicas. “Todavía siguen hablando de esas cosas. Vas a Wikipedia y vas a encontrar todo eso”, dice.

La aclaración parece buscar una lectura propia de una historia que sigue generando debates más de un siglo después.

La decadencia

En el relato de Braun, el declive llega por tres caminos. El primero fue económico. La apertura del Canal de Panamá redujo la importancia estratégica del estrecho de Magallanes y golpeó el negocio naviero.

El segundo fue productivo. “La lana empezó a competir con las fibras sintéticas y cayó muchísimo”, recuerda.

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El tercero, familiar. Su bisabuelo Menéndez "tuvo ocho hijos y decenas de nietos". Su abuelo Braun tuvo diez hijos. Federico Braun asegura tener 64 primos y más de 140 sobrinos. La dispersión de la propiedad terminó fragmentando el control de la compañía. “Hace décadas esta empresa llegó a tener cientos de familiares”, explica.

En ese contexto, sostiene que La Anónima fue perdiendo escala hasta convertirse en una organización muy distante de aquel gigante patagónico de principios del siglo XX.

El hombre que asegura haberla rescatado

La historia cambia cuando Federico Braun aparece en escena. Federico es cuarta generación de Menéndez y tercera de Braun. Ingeniero de formación, especializado en sistemas y con experiencia en grandes compañías, asegura que ni siquiera pensaba trabajar en la empresa familiar. “Yo ni conocía la compañía por dentro. Mi cabeza estaba en otro lado”, afirma.

Cuenta que fue uno de sus hermanos quien lo convenció de involucrarse. Para entonces, su padre había logrado recomprar acciones que distintos familiares vendían en la Bolsa y había alcanzado una posición dominante dentro del capital accionario.

Braun recuerda aquella empresa con una descripción demoledora. “Tenía 265 personas y 11 supermercados atados con alambre”, cuenta y agrega una frase que todavía repite con asombro: “La empresa no tenía ni una computadora”. Esa afirmación funciona como punto de partida de toda su narrativa empresarial.

Computadoras, códigos de barras y logística

Braun atribuye buena parte de la transformación a la incorporación de tecnología. Compró los primeros sistemas informáticos, desarrolló programas propios y profesionalizó procesos que hasta entonces funcionaban de manera artesanal. "Todo era con papelitos hasta entonces, ¿te imaginás?", dice.

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También reivindica un rol pionero en la introducción del código de barras en Argentina. “Fui uno de los impulsores del sistema. Para mí fue uno de los grandes factores de crecimiento”, sostiene. En su visión, el supermercadismo moderno se construye sobre información. “Cada vez que un producto pasa por la caja queda registrado. Los datos hoy son fundamentales”, explica.

La apuesta tecnológica se complementó con una fuerte inversión logística. Aunque la compañía no posee flota propia de camiones, desarrolló una red de centros de distribución regionales que le permitió abastecer localidades alejadas y consolidar presencia en ciudades donde las cadenas nacionales nunca desembarcaron.

Mercadona como obsesión

El presidente de La Anónima reconoce que gran parte de sus aprendizajes surgieron observando experiencias internacionales. Cita a Walmart, recuerda sus viajes a Estados Unidos y relata un encuentro con Juan Roig, el empresario que convirtió a Mercadona en el líder absoluto del mercado español. “Nos sentamos a comer y terminamos hablando de supermercados”, recuerda.

La admiración permanece intacta. “Nosotros tenemos que ser el Mercadona de Argentina, eso le digo a Nico, mi hijo, que hoy es el gerente de La Anónima”, afirma. La frase aparece varias veces durante la conversación y funciona como una declaración estratégica.

Córdoba y el salto nacional

La llegada a Córdoba tiene una explicación menos sentimental y más matemática. Durante décadas, La Anónima dominó la Patagonia, pero la región sureña tiene límites. “Solamente Córdoba tiene más de dos millones de clientes potenciales, cuando toda la Patagonia tiene 2,5 millones”, explica.

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La cifra ayuda a entender la lógica detrás de la compra de Libertad. La empresa no sólo gana presencia en una nueva región. También aumenta escala, mejora su capacidad de negociación con proveedores y fortalece su posición frente a competidores nacionales e internacionales. “Con esta compra vamos a comprar mejor para toda la compañía”, sostiene.

Detrás de la inauguración de cuatro sucursales aparece entonces un objetivo mayor: dejar de ser una potencia regional para transformarse en una cadena nacional. Hoy cuentan con 183 sucursales en todo el país y más de 13.000 colaboradores.

La aclaración sobre Marcos Peña

Hubo otro momento llamativo durante la conversación con Letra P. Al reconstruir el árbol genealógico familiar, Braun se detuvo especialmente en una asociación que asegura escuchar desde hace años: la que vincula a La Anónima con quien fuera el jefe de Gabinete de Mauricio Macri, Marcos Peña.

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Marcos Peña

Marcos Peña

“Los periodistas me volvieron loco”, dice y enseguida aclara: “Marcos Peña es hijo de una de las 64 primas que tengo”. Según su versión, el exfuncionario no tuvo participación accionaria ni intervención en la conducción de la compañía.

La Argentina según Federico Braun

Después de atravesar hiperinflaciones, convertibilidad, crisis, devaluaciones y cambios de gobierno, Braun sostiene que el principal problema para el supermercadismo formal es la presión tributaria.

Cuestiona Ingresos Brutos, las tasas municipales y la expansión de formatos comerciales que, según su visión, compiten con menores costos. “El principal problema que tienen todos los que trabajamos en blanco son los impuestos”, afirma.

Es una mirada coherente con la historia que eligió contar. La de un empresario que se presenta como el responsable de haber rescatado una empresa familiar en decadencia y que ahora busca convertirla en un jugador nacional.

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