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Peña y diez coordinadores más

En baja por los golpes autoinfligidos, el jefe de Gabinete teatraliza su retroceso en favor de Dujovne, en un acting para Christine Lagarde. Pero nadie lo ve afuera: por qué es irremplazable.

Por 24/05/2018 16:08

Lo que se anunció como mejor equipo de los últimos 50 años se convirtió, por el peso de las circunstancias, en la coordinadora de Mauricio Macri. Un esfuerzo permanente por alinear los planetas hacia el ajuste impostergable que ahora reclama también el Fondo Monetario Internacional. Con más mesas, más gente, más medialunas y Nicolás Dujovne enaltecido en el rol de coordinador, como parte de la ofrenda para Christine Lagarde. Todo, como producto de la falta de resultados y el fin del gradualismo financiado con deuda.

Después de dos años largos de ganar todas las batallas internas y dejar un tendal de heridos dentro del oficialismo, Marcos Peña empieza a sentir en el cuerpo el impacto de fracasos que lo exceden y turbulencias que subestimó desde la máxima cercanía con el Presidente. Vuelven en las malas, para emitir sus pareceres, viejos adversarios derrotados, como Emilio Monzó, Ernesto Sanz y, el más importante, Nicolás Caputo.

Mientras prende velas por el crédito del Fondo, la coordinadora del macrismo se empeña en recuperar el optimismo hacia el futuro, pero choca con la encrucijada del presente. En el mismo día y ante el mismo auditorio, Luis Caputo y Federico Sturzenegger plantearon visiones contrapuestas sobre las tasas de interés que hoy están por las nubes. Mientras para Toto no pueden permanecer en el 40% si se quiere crecer, para Fede no pueden bajar en el corto plazo si se quiere conjurar la inflación. Es corta la frazada en el invierno oficialista.

 

La mesa de Dujovne súper star.

 

PILOTO DE TORMENTA. Por maquillaje, necesidad o convicción, los cambios pueden advertirse en la superficie de la comunicación que el Gobierno emite minuto a minuto. El más notorio es la concesión de Macri al clamor del Círculo Rojo, que reclamaba un ministro de Economía o algo que se le pareciera. Pese a que viene golpeado por la adversidad, la unción de Dujovne como ministro coordinador de otros nueve ministros -entre los que se destacan Caputo y Rogelio Frigerio- no parece hacerle sombra a Peña, el disco rígido de la administración Cambiemos en el poder central.

El jefe de Hacienda recibe el aval de Macri de cara a la negociación con el FMI, un actor más que se sienta a la mesa de decisiones de la que hablan las usinas cercanas al Gobierno. El objetivo vital es destrabar cuanto antes el crédito para aplacar a los mercados, antes de que se renueven las dudas. Ya Marcos se encargó de negarle entidad de superministro al ex columnista de Odisea que apareció, además, en la primera reunión escoltado por Mario Quintana y Gustavo Lopetegui, sentados a la misma mesa. Hacia afuera no queda claro quién coordina a quién y se siembran dudas sobre la capacidad de Dujovne para asumir funciones a la Domingo Cavallo. Sin embargo, las diferencias se advierten desde la escenografía.

En la alianza gobernante, unos y otros coinciden: Peña no tiene reemplazante y no existe nadie capaz de contener las demandas de Macri.

La primera es que el Palacio de Hacienda pasó a ser la sede de los encuentros, con lo cual los ministros deben dar una vuelta interminable para ir de Balcarce 50 al edificio de Hipólito Yrigoyen, por las obras en la Plaza de Mayo.

Con muchos amigos en los medios, el economista de origen radical ahora tiene potestad para mostrarse con celebridades de la ortodoxia, como Miguel Angel Broda y Ricardo Arriazu y economistas de su íntima confianza, como Miguel Bein y Pablo Guidotti. Todo, en un andarivel angosto de opciones económicas, con un gobierno que ya decidió que la única opción es apretar los dientes y ajustar hasta donde se pueda.

La tarea del ministro de Hacienda es reducir el déficit y avanzar en el diseño de un presupuesto que necesita nuevamente fijar metas ambiciosas de inflación, justo cuando vuela por los aires la que se anunció el Día de los Inocentes. Asume el rol de piloto de tormenta en una nueva etapa que el oficialismo encara con su entusiasmo a prueba de balas pero, una vez más, puede fracasar. Sobre todo, si el peronismo que atienden, como pueden, Frigerio y Monzó comienza a desoír el llamado al gran acuerdo nacional y empieza a caminar con mayor firmeza hacia la campaña decisiva de 2019. En ese caso, habrá que buscar un fusible de reemplazo y nuevas coordinaciones para inventar.

 

 

GOLPE A JEFATURA. Tanto como Macri, Peña viene golpeado por el encierro de una mesa chica que se fue achicando cada vez más y acumuló la corrida al dólar, los cortocircuitos con Sturzenegger y la fallida estrategia económica que terminó con un pedido de auxilio intempestivo al Fondo. Pese a eso, hoy nadie imagina en Cambiemos que el jefe de Gabinete pueda ser reemplazado. Sin embargo, su entorno aparece más cuestionado que nunca. Como si alguien con poder estuviera bombardeando sobre su territorio.

Hacia afuera no queda claro quién coordina a quién y se siembran dudas sobre la capacidad de Dujovne para asumir funciones a la Domingo Cavallo.

En la Casa Rosada no lo dicen, pero interpretan la denuncia de Jorge Lanata contra Quintana como parte de un ataque motorizado por los enemigos internos y externos del vicejefe de Gabinete. Quintana afirma que quiso ir a los estudios de televisión de Canal 13, pero no se lo permitieron y finalmente pidió ir a sentarse a la mesa de Radio Mitre. ¿Mario de Mataderos se refiere solo a los laboratorios cuando apunta contra los empresarios cartelizados o está deslizando que, en las malas, el Gobierno piensa aplicar la Ley de la Competencia recién sancionada?

El otro golpe es la renuncia del ex JP Morgan Vladimir Werning, un economista que se había refugiado bajo el ala de Quintana después de que su mentor, Alfonso Prat Gay, fuera eyectado del Gobierno.  Con una indudable capacidad de lobby en los medios de comunicación, Werning se candidateó para reemplazar al presidente del Banco central y era promocionado por sus amigos en los diarios económicos como posible ministro, hasta el día previo a su renuncia.

En el primer piso de la Casa Rosada, afirman que el resto del esquema sigue igual que antes. Desde el Salón de Mujeres Argentinas, operan los CEOs que acompañan a Peña.

Quintana no sólo es la mano derecha de Peña. Además, tiene el respaldo de Horacio Rodríguez Larreta, otro de los que gana terreno en el macrismo con la crisis a garrotazo limpio y está entre los críticos de Sturzenegger.

 

 

CEORESISTENCIA. En la alianza gobernante, unos y otros coinciden: Peña no tiene reemplazante y no existe nadie capaz de contener las demandas de Macri. Sólo Larreta o Nicolás Caputo estarían en condiciones de asumir una tarea de ese tipo. Ni Frigerio ni Monzó podrían hacerlo dentro del actual esquema.

Recuerdan la confesión del Presidente que cita Laura Di Marco en su libro “Macri, historia íntima y secreta de la élite argentina que llegó al poder”: “Marcos es la persona que más veces me hace cambar de opinión. Es mi máximo verdugo. Más de la mitad de las cosas que pienso, cuando lo escucho a él, las cambio. Y las cambio porque, desde el sentido común, llego a la conclusión de que lo que él dice es más inteligente de que lo que digo yo”. Y recuerdan, también, la definición presidencial en la visita televisada de Mariana Fabbiani a Olivos: “Marcos es el hombre más importante de este gobierno”.

Quintana y Lopetegui cumplen, entre los dos, la función que Larreta asumía en la Ciudad. De hecho, hasta copiaron el modelo que a Macri lo hace sentir bien: con lógica empresarial, puntualidad absoluta y seguimiento de la tarea de los ministros. Las decisiones que se toman, claro, no dependen de los horarios sino de los criterios.

Hasta nuevo aviso y si no sucede algún otro imprevisto de esos que el macrismo suele subestimar, los dos continuarán trabajando al lado de Peña y en programas del Gobierno que no dependen del bisturí de Dujovne. Lopetegui seguirá a cargo de la planificación y el seguimiento en proyectos de transporte que están en manos de Guillermo Dietrich; Quintana seguirá explorando la posibilidad de avanzar con las esquirlas de la reforma laboral.

Quintana y Lopetegui continuarán trabajando al lado de Peña y en programas del Gobierno que no dependen del bisturí de Dujovne.

Sin embargo, tienen roles muy distintos. De irrestricto perfil bajo, Lopetegui es un apasionado de los números y le encanta imprimir planillas de Excell para repartir entre ministros como argumento. Quintana, en cambio, es un político en ciernes que prefiere el vínculo con sindicatos y movimientos sociales. Hasta hace no tanto lo mencionaban como candidato y, aunque él lo niega en público, le gustaría someterse a la voluntad popular.

En los días difíciles que le toca atravesar, el fundador de Farmacity afirma que no volverá al sector privado, sino que seguirá vinculado de alguna manera a la política.

Por lo pronto, no deja sus apariciones. Al Club Político y al Congreso del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas se le sumarán, más adelante, nuevas incursiones en los medios y menos off, tal como propone Marcos.

La gran incógnita está en la importancia de la nueva mesa que habilitó la jefatura de Gabinete, con la incorporación de Sanz, Monzó y Fernando Sánchez a las tertulias políticas del PRO puro que integraban Peña, Vidal y Larreta. Es lo más incierto del nuevo esquema. Mientras desde el Gobierno afirman que se abren a la discusión y a las propuestas de todos, los nuevos integrantes del espacio entran al debate con pies de plomo y dejan trascender que el lugar de las decisiones sigue estando lejos de las reuniones, en el lazo de hierro que une a Macri con Peña.