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¿Ladra o muerde?

No tiene destino fuera de Cambiemos y en la alianza descartan que vaya a romper. Pero consultores advierten que es una amenaza para la reelección de Macri. ¿Qué alcance tiene la bomba humanista?
Por 06/12/2018 16:45

Nada altera un pacto amarrado en el espanto, al peronismo y a la intemperie.

Que Elisa Carrió diga que perdió la confianza en él y que denuncie a un Mauricio Macri que va al fascismo de la mano de Patricia Bullrich no define nada. Malhumor que se trafica por la vía del off the record, algunos chispazos telefónicos con las segundas líneas, el viaje del Presidente a Villa La Angostura para tomar distancia de los problemas y no mucho más. Lo permiten el raro matrimonio entre la aliada explosiva que acostumbra a sacudir a sus socios con más violencia que la oposición y un jefe de Estado que no conduce ni se impone como jefe. De fondo, algo más: una polarización extrema que no le deja margen a la jefa de la Coalición Cívica para romper con la alianza de hoy, en la antesala del año electoral que ya empieza.

Parada en el centro de un sello partidario que perdió a sus miembros más críticos, Carrió decide sus movimientos sin consultar a casi nadie y sin que se le reclame nada. En la CC y en el PRO coinciden: nadie cree posible que Lilita renuncie a ser parte de un oficialismo que costó demasiado trabajo armar y que se sostiene únicamente como antítesis del proyecto de Cristina Kirchner. Por lo pronto, sube el precio de su convivencia en un gobierno que llega a 2019 envuelto en una recesión profunda y con las banderas poco estimulantes del ajuste y la represión.

En la CC y en el PRO coinciden: nadie cree posible que Lilita renuncie a ser parte del oficialismo.

En el malhumor de esta Lilita que se ausenta de las citas de fin de año, pesa una lista interminable de argumentos que se resumen en uno: el decirse desatendida en sus principios básicos y sus pretensiones.

La última excusa es la reforma fascista de las fuerzas de seguridad, que se decretó sin acuerdo de los aliados, después de amagar con una reunión que el G20 dejó en la banquina. “Ella no cree ni en los populismos de izquierda ni en los populismos de derecha que te llevan a posiciones autoritarias o neofascistas”, le dijo el diputado porteño lilito Maximiliano Ferraro a Letra P para explicar los cañonazos de Lilita en Twitter y la posibilidad de que Macri copie a Jair Bolsonaro con su ministra pro gatillo fácil.

Es “su posición histórica y no puede sorprender a nadie”, la justifican sus incondicionales, como si no hubiera cambiado en nada desde aquella diputada que apoyaba el Frente Nacional contra la Pobreza y denunciaba a los bancos a esta que respalda el ajuste y el pacto con el Fondo en el gobierno de los CEOSs.

 

 

FÁBULAS Y LEYENDAS. La relación de amor y odio entre Macri y Carrió es una constante de la extraña alianza de gobierno que va camino a pelear la reelección del ingeniero. Pero tiene dos desenlaces posibles y antagónicos: nn final traumático o un cortocircuito permanente de baja intensidad. Puertas adentro del barco de Cambiemos, todos ven que se proyecta la historia del pastorcito mentiroso, en la que Lilita actúa la amenaza de un lobo que nunca llega y no rompe, pese a que baña de agravios al Presidente. Pierde en las apuestas, en cambio, la fábula del escorpión y la rana, en la que la chaqueña mata al ingeniero por su instinto de supervivencia. Ya llegan los capítulos finales de la serie.

En Cambiemos, todos ven que se proyecta la historia del pastorcito mentiroso, en la que Lilita actúa la amenaza de un lobo que nunca llega.

Carrió, que habló de un ultimátum de seis meses para Macri en octubre, lleva en el cuerpo una historia de rupturas sonoras que la convirtieron en jefa de un proyecto monocorde. Sin embargo, con Mauricio se subió a un viaje desconocido, también para ella. Nunca fue más oficialista que esto que se ve.

Datos concretos de los puentes rotos. En los últimos tiempos, la jefa de la Coalición Cívica perdió varios interlocutores. Extraña horrores al ecuménico Mario Quintana, que la escuchaba con filosofía budista y no fue reemplazado por nadie en semejante faena. Aunque, por lo que se sabe, jamás renunció a sus acciones, Lilita propone al dueño de Farmacity como candidato en la Ciudad, coma forma de reconocerle sus servicios y correrse, al mismo tiempo, de una nueva campaña donde -según piensa- ella pone el cuerpo y el PRO se queda con los votos.

En el tercer año de Macri presidente, Carrió cortó también el buen dialogo que había entablado en los inicios de la alianza con Emilio Monzó. Unidos por el rechazo a la magia de Jaime Durán Barba, la diputada y el apologista de la rosca chocaron por la eventual incorporación del peronismo a la coalición oficialista. Monzó no oculta que le advirtió al propio Macri que Carrió estaba amenazando directamente su conducción.

 

 

Lilita no habló durante su última aparición en el Instituto Hannah Arendt ni apareció durante la asunción de Monzó como presidente de la Cámara en su último período. Su silencio mediático es parte de una estrategia estudiada, en la cual las redes y los medios funcionan como parte de un juego de pinzas.

Dicen al lado de la aliada bomba del Presidente que tiene una lista larguísima de llamados para abundar en sus críticas al team leader de Cambiemos. Pero aclaran que no piensa ir a ningún lado, por el momento.

Desde la Casa Rosada, dejan trascender malestar, pero evitan salir a confrontar. Apuntan a los celos de Carrió con respecto a la gendarme Patricia Bullrich y minimizan todo impacto. Eso sí: nadie niega que ella y él ya ni hablan.

 

 

¿QUIÉN GANA? Los dardos de la jefa de la Coalición Cívica suenan como un estruendo en la agenda mediática, pero no siempre logran sus objetivos. La salida de Germán Garavano que reclamó a modo de ultimátum hace dos meses nunca llegó. El ministro de Justicia es uno de los voceros que sale a responder y a respaldar la doctrina Chocobar.

Carrió le dio en octubre seis meses a Macri para que cambie. Pasaron dos y todo empeoró. Parece evidente para algunos: a medida que se tensa la cuerda, la jefa de la CC pierde predicamento en el oficialismo. Suena fuerte con sus denuncias, pero no tiene éxito en sus demandas.

Los lilitos creen lo contrario y señalan, como prueba, el caso de Ricardo Lorenzetti, que terminó afuera de la presidencia de la Corte después de tres años donde solo Carrió lo destripaba con críticas y pedidos de juicio político.

El caso Lorenzetti no es el mejor ejemplo porque Carlos Rosenkrantz no logra ¿ni pretende? conducir a los supremos. Eso también provocó cortocircuitos con otro interlocutor de Lilita, Fabián “Pepín” Rodríguez Simón, que le reclama por la herejía de Horacio Rossati, el ex ministro de Justicia de Néstor Kirchner que ¿contaba? con su aval. 

 

Mi amigo Mario. Lilita se enoja con el maltrato macrista al radical Negri.

 

A la aliada más incómoda del Presidente le molestó, además, la actitud del oficialismo con respecto a su amigo Mario Negri en el Consejo de la Magistratura ante la unidad del panperonismo. Como reveló Letra P, Lilita estuvo en contacto permanente con él, mientras el ala política del Gobierno lo vapuleaba por no haber cuidado sus propios votos y haber culpado a la Casa Rosada por su derrota. Lo inscribe en un proceso más largo, que incluye su propia amargura por haber perdido la comisión de control del Ministerio Público Fiscal a manos de Graciela Camaño.

Aunque parecen el agua y el aceite, Carrió padece ahora el síndrome que afecta al radicalismo desde siempre: la costumbre de enterarse de las decisiones de Macri a través de los medios.

 

Amoro y odio. Después de cada tormenta vinieron las sonrisas.

 

No puede descartarse que, cuando el hijo de Franco termine de descansar en La Angostura, Mauricio y Lilita vuelvan a posar a pura sonrisa para los fotógrafos de la Casa Rosada, como lo hicieron tantas veces. La diferencia es que la chaqueña le pega directo a Macri, dice que no importa lo que piense el Presidente en temas como el de financiamiento de campaña y llega al año electoral con una actitud que genera incertidumbre, sobre todo por su historia.

Según Federico Aurelio, director de Aresco, una ruptura de Carrió con Macri sería uno de los pocos movimientos que podría complicar al andamiaje oficialista de cara a los comicios. Aunque los sondeos muestran que la diputada no consigue votos importantes por fuera del esquema de Cambiemos ni tiene destino inmediato, podría restarle un porcentaje de votos decisivos, en el marco de una polarización extrema. Sería en un escenario hoy imprevisto, en el que Lilita dejara de ladrar y mordiera feo al ingeniero que se desconecta en Neuquén con su familia.

¿Ladra o muerde?

No tiene destino fuera de Cambiemos y en la alianza descartan que vaya a romper. Pero consultores advierten que es una amenaza para la reelección de Macri. ¿Qué alcance tiene la bomba humanista?

Nada altera un pacto amarrado en el espanto, al peronismo y a la intemperie.

Que Elisa Carrió diga que perdió la confianza en él y que denuncie a un Mauricio Macri que va al fascismo de la mano de Patricia Bullrich no define nada. Malhumor que se trafica por la vía del off the record, algunos chispazos telefónicos con las segundas líneas, el viaje del Presidente a Villa La Angostura para tomar distancia de los problemas y no mucho más. Lo permiten el raro matrimonio entre la aliada explosiva que acostumbra a sacudir a sus socios con más violencia que la oposición y un jefe de Estado que no conduce ni se impone como jefe. De fondo, algo más: una polarización extrema que no le deja margen a la jefa de la Coalición Cívica para romper con la alianza de hoy, en la antesala del año electoral que ya empieza.

Parada en el centro de un sello partidario que perdió a sus miembros más críticos, Carrió decide sus movimientos sin consultar a casi nadie y sin que se le reclame nada. En la CC y en el PRO coinciden: nadie cree posible que Lilita renuncie a ser parte de un oficialismo que costó demasiado trabajo armar y que se sostiene únicamente como antítesis del proyecto de Cristina Kirchner. Por lo pronto, sube el precio de su convivencia en un gobierno que llega a 2019 envuelto en una recesión profunda y con las banderas poco estimulantes del ajuste y la represión.

En la CC y en el PRO coinciden: nadie cree posible que Lilita renuncie a ser parte del oficialismo.

En el malhumor de esta Lilita que se ausenta de las citas de fin de año, pesa una lista interminable de argumentos que se resumen en uno: el decirse desatendida en sus principios básicos y sus pretensiones.

La última excusa es la reforma fascista de las fuerzas de seguridad, que se decretó sin acuerdo de los aliados, después de amagar con una reunión que el G20 dejó en la banquina. “Ella no cree ni en los populismos de izquierda ni en los populismos de derecha que te llevan a posiciones autoritarias o neofascistas”, le dijo el diputado porteño lilito Maximiliano Ferraro a Letra P para explicar los cañonazos de Lilita en Twitter y la posibilidad de que Macri copie a Jair Bolsonaro con su ministra pro gatillo fácil.

Es “su posición histórica y no puede sorprender a nadie”, la justifican sus incondicionales, como si no hubiera cambiado en nada desde aquella diputada que apoyaba el Frente Nacional contra la Pobreza y denunciaba a los bancos a esta que respalda el ajuste y el pacto con el Fondo en el gobierno de los CEOSs.

 

 

FÁBULAS Y LEYENDAS. La relación de amor y odio entre Macri y Carrió es una constante de la extraña alianza de gobierno que va camino a pelear la reelección del ingeniero. Pero tiene dos desenlaces posibles y antagónicos: nn final traumático o un cortocircuito permanente de baja intensidad. Puertas adentro del barco de Cambiemos, todos ven que se proyecta la historia del pastorcito mentiroso, en la que Lilita actúa la amenaza de un lobo que nunca llega y no rompe, pese a que baña de agravios al Presidente. Pierde en las apuestas, en cambio, la fábula del escorpión y la rana, en la que la chaqueña mata al ingeniero por su instinto de supervivencia. Ya llegan los capítulos finales de la serie.

En Cambiemos, todos ven que se proyecta la historia del pastorcito mentiroso, en la que Lilita actúa la amenaza de un lobo que nunca llega.

Carrió, que habló de un ultimátum de seis meses para Macri en octubre, lleva en el cuerpo una historia de rupturas sonoras que la convirtieron en jefa de un proyecto monocorde. Sin embargo, con Mauricio se subió a un viaje desconocido, también para ella. Nunca fue más oficialista que esto que se ve.

Datos concretos de los puentes rotos. En los últimos tiempos, la jefa de la Coalición Cívica perdió varios interlocutores. Extraña horrores al ecuménico Mario Quintana, que la escuchaba con filosofía budista y no fue reemplazado por nadie en semejante faena. Aunque, por lo que se sabe, jamás renunció a sus acciones, Lilita propone al dueño de Farmacity como candidato en la Ciudad, coma forma de reconocerle sus servicios y correrse, al mismo tiempo, de una nueva campaña donde -según piensa- ella pone el cuerpo y el PRO se queda con los votos.

En el tercer año de Macri presidente, Carrió cortó también el buen dialogo que había entablado en los inicios de la alianza con Emilio Monzó. Unidos por el rechazo a la magia de Jaime Durán Barba, la diputada y el apologista de la rosca chocaron por la eventual incorporación del peronismo a la coalición oficialista. Monzó no oculta que le advirtió al propio Macri que Carrió estaba amenazando directamente su conducción.

 

 

Lilita no habló durante su última aparición en el Instituto Hannah Arendt ni apareció durante la asunción de Monzó como presidente de la Cámara en su último período. Su silencio mediático es parte de una estrategia estudiada, en la cual las redes y los medios funcionan como parte de un juego de pinzas.

Dicen al lado de la aliada bomba del Presidente que tiene una lista larguísima de llamados para abundar en sus críticas al team leader de Cambiemos. Pero aclaran que no piensa ir a ningún lado, por el momento.

Desde la Casa Rosada, dejan trascender malestar, pero evitan salir a confrontar. Apuntan a los celos de Carrió con respecto a la gendarme Patricia Bullrich y minimizan todo impacto. Eso sí: nadie niega que ella y él ya ni hablan.

 

 

¿QUIÉN GANA? Los dardos de la jefa de la Coalición Cívica suenan como un estruendo en la agenda mediática, pero no siempre logran sus objetivos. La salida de Germán Garavano que reclamó a modo de ultimátum hace dos meses nunca llegó. El ministro de Justicia es uno de los voceros que sale a responder y a respaldar la doctrina Chocobar.

Carrió le dio en octubre seis meses a Macri para que cambie. Pasaron dos y todo empeoró. Parece evidente para algunos: a medida que se tensa la cuerda, la jefa de la CC pierde predicamento en el oficialismo. Suena fuerte con sus denuncias, pero no tiene éxito en sus demandas.

Los lilitos creen lo contrario y señalan, como prueba, el caso de Ricardo Lorenzetti, que terminó afuera de la presidencia de la Corte después de tres años donde solo Carrió lo destripaba con críticas y pedidos de juicio político.

El caso Lorenzetti no es el mejor ejemplo porque Carlos Rosenkrantz no logra ¿ni pretende? conducir a los supremos. Eso también provocó cortocircuitos con otro interlocutor de Lilita, Fabián “Pepín” Rodríguez Simón, que le reclama por la herejía de Horacio Rossati, el ex ministro de Justicia de Néstor Kirchner que ¿contaba? con su aval. 

 

Mi amigo Mario. Lilita se enoja con el maltrato macrista al radical Negri.

 

A la aliada más incómoda del Presidente le molestó, además, la actitud del oficialismo con respecto a su amigo Mario Negri en el Consejo de la Magistratura ante la unidad del panperonismo. Como reveló Letra P, Lilita estuvo en contacto permanente con él, mientras el ala política del Gobierno lo vapuleaba por no haber cuidado sus propios votos y haber culpado a la Casa Rosada por su derrota. Lo inscribe en un proceso más largo, que incluye su propia amargura por haber perdido la comisión de control del Ministerio Público Fiscal a manos de Graciela Camaño.

Aunque parecen el agua y el aceite, Carrió padece ahora el síndrome que afecta al radicalismo desde siempre: la costumbre de enterarse de las decisiones de Macri a través de los medios.

 

Amoro y odio. Después de cada tormenta vinieron las sonrisas.

 

No puede descartarse que, cuando el hijo de Franco termine de descansar en La Angostura, Mauricio y Lilita vuelvan a posar a pura sonrisa para los fotógrafos de la Casa Rosada, como lo hicieron tantas veces. La diferencia es que la chaqueña le pega directo a Macri, dice que no importa lo que piense el Presidente en temas como el de financiamiento de campaña y llega al año electoral con una actitud que genera incertidumbre, sobre todo por su historia.

Según Federico Aurelio, director de Aresco, una ruptura de Carrió con Macri sería uno de los pocos movimientos que podría complicar al andamiaje oficialista de cara a los comicios. Aunque los sondeos muestran que la diputada no consigue votos importantes por fuera del esquema de Cambiemos ni tiene destino inmediato, podría restarle un porcentaje de votos decisivos, en el marco de una polarización extrema. Sería en un escenario hoy imprevisto, en el que Lilita dejara de ladrar y mordiera feo al ingeniero que se desconecta en Neuquén con su familia.