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Señales y protagonistas del nuevo Congreso en otra semana al borde del abismo

Los tres mosqueteros del Presidente, el kichnerismo bilardista, el desafío massista de no perder identidad y los nuevos garantes de la gobernabilidad, con la sombra de la unidad peronista.

Por 23/12/2017 10:56

La detonación de las balas de goma resonaba adentro del recinto. Con un quórum conseguido de manera tardía que duró apenas unos segundos, la Cámara de Diputados estaba sumida en un escándalo. El oficialismo tomaba nota de la fragilidad del acuerdo que, en teoría, había cerrado con los gobernadores. La oposición aprovechaba la confusión general y el clima de tensión que se vivía afuera y adentro del Palacio para forzar un levantamiento de la sesión. Una propuesta de Elisa Carrió le puso fin a la histeria colectiva, que incluyó insultos, empujones y manotazos. Casi cinco días después, en la mañana del martes 19 de diciembre, tras horas de movilizaciones, cacerolazos y represión, el oficialismo se anotaba la victoria política más significativa desde que Mauricio Macri es presidente. Superado el fantasma de diciembre y despejadas las dudas sobre la gobernabilidad, el nuevo Congreso mostró protagonistas y acuerdos que cambian radicalmente el escenario del primer bienio de Cambiemos.

En el oficialismo, el cuarteto integrado por el presidente de la Cámara, Emilio Monzó; el titular del interbloque Cambiemos, el radical Mario Negri; el jefe de la bancada del PRO, Nicolás Massot, y Carrió, se destribuyó funciones que terminaron de salvar la votación, con el apoyo externo del ministro del Interior, Rogelio Frigerio. En el kirchnerismo, la llegada de Agustín Rossi le cambió la cara a un bloque que logró mantenerse numeroso, con los buenos oficios de, entre otros, un activo José Luis Gioja, y empezó a armar acuerdos con nuevos viejos y socios, como el Movimiento Evita y la centroizquierda, mientras que Graciela Camaño intenta sostener la identidad del massismo contra la voluntad del oficialismo y la seducción del Frente para la Victoria.

LOS TRES MOSQUETEROS DEL PRESIDENTE. Carrió sorprendió a propios y extraños el jueves 14, cuando, tras mantener una conversación con el diputado de La Cámpora Andrés Larroque y con los referentes de Cambiemos, le pidió a Monzó que levantara la sesión después de anunciar que la Casa Rosada tenía previsto dar un bono para compensar el empalme. El bono había sido tema de conversación en la reunión que mantuvieron esa misma mañana, antes de la sesión, los diputados de Cambiemos en el salón Delia Parodi. Durante el encuentro, Carrió se cargó la defensa “moral” de la ley frente a los legisladores que planteaban cuestionamientos, con la promesa de que, tanto ella en su discurso como Negri, en el cierre, harían alusión al bono como forma de meterle presión a la Rosada. Según dijo la propia Lilita después de la sesión, habían “negociado duramente” y logrado el compromiso de Macri. El sector del peronismo que se había comprometido a acompañar la ley no había sido anoticiado. Los diputados del interbloque Argentina Federal se enteraron en el mismo recinto, por boca de Lilita.

 

 

La idea de la compensación había sido acercada por los dos diputados a la Rosada pocos días antes. “Primero los sacaron volando”, grafica una fuente de Cambiemos. El radical se enojó por la falta de comprensión de la situación por parte del Ejecutivo. En el interbloque se sentía la resistencia. Carrió tuvo que contener a dos diputadas de su tropa que lloraron en el Palacio.

Pero, pese a que era vocera de la novedad que finalmente funcionó como llave para la aprobación de la ley, Lilita entendió que el jueves no estaban dadas las condiciones para seguir adelante con la sesión. “Alguien se tenía que hacer cargo de esto. Y la única que podía poner orden en la Cámara en el algún momento era yo”, explicó ante los cronistas parlamentarios luego de la reunión fallida. “Los que tenemos muchos años acá adentro, Gioja, Negri, yo, tratamos de poner más serenidad", agregó.

El lunes, la jornada cambió de protagonistas. En Diputados todos los sectores políticos coinciden en que, sin Monzó al frente de la Cámara, la sesión no se hubiera sostenido hasta el final. El presidente del cuerpo ejecutó, con temple de acero, la orden de Macri: la sesión debía continuar como fuera, sin importar lo que sucediera afuera del recinto, y la jornada debía terminar con la aprobación de la ley.

En su trabajo, Monzó contó con dos socios principales. Adentro del recinto, como sucede desde hace dos años pero de manera mucho más notable estas últimas semanas, estuvo Massot. El jefe del bloque del PRO es el encargado de la logística, el que corre entre las bancas, siempre teléfono en mano, con el conteo de votos en la cabeza. Tanto el jueves 14 como el lunes 18, fue el más activo en el recinto y fuera en el diálogo con los referentes del interbloque Argentina Federal y los bloques provinciales a los que el oficialismo necesita como socios en la Cámara. Afuera, durante todo el día y toda la noche, estuvo el ministro Frigerio, siempre en línea directa con sus habituales interlocutores, los gobernadores.

Poco antes de las 4 de la mañana del martes 20, cuando Cambiemos hizo bajar a toda su tropa al recinto con el objetivo de adelantar la votación, Massot repasaba la lista de votos en su despacho junto al jefe del interbloque Argentina Federal, Pablo Kosiner, que le garantizaba 25 voluntades. El jefe del bloque del PRO intentó convencer a los más díscolos, entre ellos, los riojanos Luis Beder Herrera y Danilo Flores. Con el número casi cerrado, Negri y Massot quisieron apurar el cierre. Monzó se opuso. Mientras escuchaba cómo la santiagueña Claudia Ledesma Abdala anunciaba su sorpresivo rechazo a la ley, el presidente de la Cámara expuso ante las otras espadas de Cambiemos que acortar los tiempos implicaba generar un clima de tensión en el recinto que podía poner en riesgo la votación. Finalmente, primó su criterio.

Sobre el final, Negri tomó otra decisión crucial: no dar ningún discurso de cierre y pedir el pase directo a la votación. Lo alentaron dos motivos: su incomodidad para defender la ley y su temor a que sus aliados circunstanciales pudieran escuchar en sus palabras una línea muy antiperonista -como la que tuvo en los últimos tiempos- que los espantara sobre la hora. "A diferencia de lo que normalmente hago, esta vez la responsabilidad me indica otra decisión. La oposición responsable no reparte fósforos donde se andan con nafta. Señor presidente, mande a votar", sorprendió a las 7.04.

  

 

KIRCHNERISMO BILARDISTA. Negri alertó en la Casa Rosada que los tiempos habían cambiado. El regreso de Rossi a la jefatura del bloque kirchnerista -lugar que ya había ocupado durante ocho años- ladeado por dirigentes que conocen al dedillo las trampas parlamentarias, como Leopoldo Moreau y Gioja, alteraba el orden de los factores de lo que había sido el comportamiento del Frente para la Victoria en los últimos dos años. El jefe del interbloque de Cambiemos los define como representantes de la línea bilardista, capaz de recurrir a cualquier artilugio para ganar, y tiene respeto intelectual por Rossi. Advierte a su tropa que "no hay que descuidarse".

 

 

El rosarino volvió a Diputados escuchando pronósticos que auguraban una fuga masiva hacia el bloque de los gobernadores, que amagó con ser más numeroso de lo que finalmente es, más allá de que resultará determinante en cualquier negociación. No hubo tal diáspora. El Frente para la Victoria logró mantener 64 diputados y ser la segunda minoría en la Cámara baja, detrás del interbloque Cambiemos, aunque la primera en términos de bloques. Aunque los nuevos diputados que asumieron el 10 de diciembre y responden a los gobernadores se fueron al interbloque Argentina Federal, no convencieron a los legisladores que estaban dentro del bloque kirchnerista de que sacaran los pies del plato. NI siquiera los legisladores que responden a Gildo Infrán, que en el Senado puso a sus representantes dentro del espacio de Miguel Pichetto, dejaron el bloque. El formoseño Luis Basterra mantiene un rol fundamental dentro de la bancada y Gioja actuó como un dique de contención. El espacio logró hasta el regreso de una diputada tucumana que se fue al interbloque Argentina Federal y volvió al cabo de una semana.  

Además de transmitir seguridad a la tropa a la hora del debate, Rossi fue quien apaciguó los ánimos de los manifestantes en contra de la reforma previsional que ingresaron el martes 12 al plenario de comisiones y quien reivindicó a la Cámara como espacio de discusión política, ante la denuncia penal que hicieron dirigentes de Cambiemos contra diputados del Frente para la Victoria por los sucesos del jueves, dentro del recinto.  

"Yo fui ocho años jefe de bloque del oficialismo. Nunca denuncié penalmente a nadie. En ese sillón (en referencia a la presidencia del cuerpo) estaba sentado Julián Domínguez cuando tratamos las leyes de democratización de la Justicia y ese micrófono que usted tiene lo estaban revoleando cuatro o cinco diputados. Un diputado me tiró un botellazo con agua. Nunca denuncié penalmente a nadie", ilustró. De manera imprevista, Camaño salió en su respaldo. "Fui yo, con (Patricia) Bullrich y (Eduardo) Amadeo, que está sentado ahí", gritó la jefe del bloque massista desde su banca.

 

 

"Esta Cámara tiene tradición de que las ideas se debaten de manera intensa. Acá se discute política. Nosotros somos oposición. Sabemos dónde estamos parados. Sabemos lo que tenemos que defender, no nos confundimos", sostuvo. Hacia adentro, Rossi destaca la convicción del bloque kirchnerista como su mayor fortaleza. El jefe de la bancada contó con orgullo cómo, tras las dos jornadas maratónicas del lunes 18 y el martes 19, en las que se aprobaron las reformas previsional y tributaria, el miércoles 20 el Frente para la Victoria era el bloque con más diputados presentes en el debate en comisión por la ley de Presupuesto.  

La renovación parlamentaria también abrió otras posibilidades de acuerdos políticos dentro del recinto. Con Cambiemos en mayoría, el kirchnerismo empezó a tender puentes con viejos aliados, como el Peronismo para la Victoria - del Movimiento Evita, que rompió con el FPV a mediados de 2016 -, además del progresismo, el massismo, Compromiso Federal (San Luis) y la izquierda. La reacción de la oposición a la hora de unificar posiciones de rechazo al oficialismo con el bloque que lidera Rossi cambió sustancialmente respecto del pasado. "Se rompió el aislamiento. Ya no tenemos lepra", sintetizan en el kirchnerismo, que no tuvo inconveniente en alinearse detrás del dictamen del bloque que preside Camaño en el debate de la reforma previsional.

El diálogo con el interbloque Argentina Federal fluye con mayor facilidad entre Rossi y Kosiner, viejos conocidos que mantienen una excelente relación personal, pero las posiciones políticas son distantes: el PJ dialoguista quiere bien lejos al kirchnerismo, que se ilusiona con que un diálogo "ley por ley" pueda demostrar que el peronismo unido tiene número para darle vuelta el Congreso a Cambiemos. La sesión fallida por la reforma previsional tendió algunos puentes de camaradería y encendió ilusiones de unidad, pero la votación del martes terminó de trazar un abismo entre un sector del kirchnerismo y los representantes de los gobernadores, a los que María Emilia Soria (FPV) calificó como "prostitutas de Macri".

 

 

EL DESAFÍO DE LA IDENTIDAD. La merma en el número de diputados y algunas pérdidas a expensas del interbloque de los gobernadores corrieron al massismo del lugar que disfrutó durante los dos primeros años del gobierno de Macri, como árbitro de cada ley. Ese espacio quedó ahora ocupado por Argentina Federal y el oficialismo ya se encargó de hacérselo notar a Camaño. Si durante todo 2016 y parte de 2017 el Frente Renovador estuvo incluido en todas las mesas de negociación parlamentaria, eso se rompió este diciembre, cuando las espadas de Cambiemos eligieron como interlocutores a Kosiner y Diego Bossio.

El objetivo del oficialismo es claro: borrar de la discusión a Sergio Massa y dejar pegado al bloque que preside Camaño con el kirchnerismo, como hizo Marcos Peña a mediados de 2016, durante la discusión por Ganancias. Aunque en el massismo niegan "rotundamente" que vayan a intentar cualquier tipo de acercamiento con el bloque de Rossi y remarcan que Camaño "siempre fue antikichnerista", quedó claro que en el futuro tendrán muchas más coincidencias que desacuerdos en las votaciones en su afán por hacer oposición dura. El Frente para la Victoria los espera con los brazos abiertos. En la discusión por el Presupuesto, sin embargo, Camaño apostó por mantener la identidad del Frente Renovador. Su bloque se diferenció del kirchnerismo y votó, tal como lo hizo en 2016, a favor de la ley, junto con el Bloque Justicialista y Cambiemos.

UN DEBUT QUE SEMBRÓ DUDAS. El espacio de 30 diputados que armaron los gobernadores se erigió para los próximos dos años en el interlocutor obligado de Cambiemos a la hora de habilitar las sesiones y ganar una votación. Lo primero estaría garantizado. Salvo excepciones -como ocurrió con la primera sesión por la reforma previsional-, Argentina Federal dará quórum en todas las reuniones acordadas, según confirmó a este portal el propio Kosiner, quien también aseguró que los debates y acuerdos serán "ley por ley". Lo segundo está por verse.  

En el oficialismo saben que la discusión será mucho más compleja de lo que aseguran los mandatarios provinciales en las reuniones en las que prometen aportar a la gobernabilidad. Monzó lo advirtió puertas adentro incluso antes del recambio legislativo. Con poder de negociación, los gobernadores no dejarán pedido si hacer antes de sentar a sus diputados a votar. Así y todo, la obediencia de los legisladores no está para nada asegurada. En la votación por la reforma previsional, el oficialismo contó con 16 de los 30 votos. La situación se encaminó con la reforma tributaria y el Presupuesto, previa entrega de más obras a las provincias. Hacia adelante, Cambiemos sabe que, pese a la urticaria que al PJ le da el FPV, convivirá con el fantasma del peronismo unido.