Elecciones 2017

Casi con culpa, Massa criticó a Vidal por no volver de México en la emergencia

Le dijo a Letra P que no tuvo “reflejos” y dio “una mala respuesta”. Sabe que esa llaga le arde a la gobernadora. El dilema: cómo dañarla sin pudrir el acuerdo que le da recursos y estructura.

El diputado nacional Sergio Massa criticó a la gobernadora María Eugenia Vidal por no volver de sus vacaciones en México para atender personalmente la emergencia por las inundaciones en la localidad nicoleña de La Emilia, que obligó a la evacuación de siete mil personas y ascendió a la categoría de tragedia por la muerte de uno de los damnificados. En un diálogo que mantuvo con Letra P, el líder del Frente Renovador quebró el silencio (estratégicamente) piadoso que había mantenido sobre este tema y opinó que la mandataria bonaerense dio “una mala respuesta” ante la emergencia. “Me sorprendió que no tuviera reflejos”, agregó.

 

Massa sabe que la controversia por sus vacaciones a 6.600 kilómetros de Buenos Aires y su negativa a interrumpirlas pese al desastre que golpeó al norte de la Provincia es una llaga que le arde especialmente a Vidal. Lo sabe porque se lo dicen las encuestas que encarga regularmente. Las últimas que le acercaron indican que, como nunca antes, la gobernadora sintió el impacto de la andanada de cuestionamientos que cayó sobre sus espaldas por –contradiciendo su discurso de la cercanía con “la gente”- haberse mantenido tan lejos de los afectados, a quienes, al menos hasta el cierre de esta nota, no había ido a visitar.

 

La buena imagen que tienen los bonaerenses de su gobernadora no había sido alterada por la precoz triple fuga de los condenados por el crimen de la efedrina ni por haber suscripto la teoría de que durante 12 años las clases trabajadoras habían sido engañadas con la ilusión de que podían comprarse un I Phone ni por haber replicado los tarifazos nacionales en la Provincia ni por haberle puesto el cuerpo a cada una de las políticas más impopulares que aplicó el presidente Mauricio Macri. Pero “esta mano le entró”, le informó este domingo Massa a un grupo de dirigentes bonaerenses de su partido mientras chupaba unas deliciosas costillas de cordero doradas al asador por un gaucho experto de General Conesa, cabecera del mínimo distrito de Tordillo, en el extremo norte del corredor costero de la Quinta sección electoral.

 

Esas encuestas –si fueran certeras- explicarían el clima de hipersensibilidad e irritabilidad que enrareció el aire de la Gobernación bonaerense durante los días más álgidos de la polémica, con Vidal todavía en Playa del Carmen reponiendo energías para enfrentar un año que será agotador porque la tendrá en dos frentes: la gestión y la campaña, de la que será, justamente por su condición de (cuasi) ignífuga, protagonista central en su condición de candidata sin boleta.

 

Los sondeos permitirían entender, también, el largo silencio que mantuvo Massa sobre el asunto y, ahora, el esmerado envoltorio que el ex intendente de Tigre les puso a sus críticas. A continuación, la respuesta completa del jefe del FR a la consulta de este portal:

 

"El derecho a tomarse vacaciones lo tiene todo el mundo. No volver fue una mala respuesta de alguien que siempre da buenas respuestas. Me sorprendió que no tuviera reflejos. Pero también entiendo que tiene una situación personal delicada. La conozco a la situación personal que vive y la entiendo. La de ella y la de sus hijos.”

 

DESAFÍO 2017. Desde la llegada al poder de los gobiernos de la alianza Cambiemos, Massa ha demostrado sus destrezas de equilibrista. Ha sabido mantenerse estable caminando en la cuerda tensada sobre su ancha avenida del medio. Más de una vez ha tensado esa cuerda hasta parecer un opositor implacable, pero la misma cantidad de veces ha sabido cuándo aflojarla para favorecer los grandes éxitos del oficialismo. Ha sacado réditos de ese juego que juega bien: ha conseguido que los pesos pesados del gabinete nacional hayan tenido que sentarse a su mesa –literalmente, a la mesa de su casa-: ha empujado al Gobierno a negociar de visitante.

 

En el caso específico de la provincia de Buenos Aires, Massa cerró con Vidal, en el amanecer de la gestión bonaerense de la ex vicejefa del Gobierno porteño, un jugoso “acuerdo bianual de gobernabilidad”:

 

  • Él le garantizaba –con sus votos de la avenida del medio en la Legislatura- las leyes que ella le pedía al Parlamento, pero especialmente dos: el Presupuesto 2016 y el Presupuesto 2017.
  • Ella le garantizaba a él recursos y estructura a partir de un sistema de alternancia anual de los dos despachos más grandes de la Cámara de Diputados. 2016 fue presidencia para Massa (representado por el ex duhaldista Jorge Sarghini) y vice para Vidal (patrocinada por Manuel Mosca). 2017, al revés: Mosca volvó a la presidencia y el massista Ramiro Gutiérrez saltó a la vice.

El massismo es agradecido. Sus principales operadores reconocen la lealtad de Vidal, que a fines del año pasado honró el acuerdo cuando bien pudo haberlo quebrado para bajarle el copete al ex jefe de Gabinete de Cristina Kirchner. En las horas más calientes del debate del Presupuesto 2017, el ex ministro del Interior Florencio Randazzo quiso meter una cuña. Acaso abarcando más de lo que podía apretar, intentó condicionar el apoyo del peronismo. Ofrecía los votos para que saliera la ley, pero a cambio de que Vidal quemara los contratos que la unían a Massa y le diera al vice primero de la Cámara, el randazzista Marcelo Feliú, la vicepresidencia del cuerpo. La gobernadora cuidó los porotos y ganó: fue fiel a su aliado original y, además, consiguió su presupuesto a bajo costo –la Defensoría del Pueblo para los intendentes del Grupo Esmeralda.

 

En el año electoral, la convivencia Vidal – Massa va a tener sus bemoles.

 

Ella está cansada de los (altos) precios que suele ponerle el diputado a sus buenos oficios de componedor –acaso, a sus silencios también. Por ejemplo, como informó Letra P, él presiona para quedarse con la vacante en la Corte bonaerense. Y ella le muestra los dientes. Le enseña una puntita de la carta con la que amaga a cantarle retruco: un acuerdo con un sector del peronismo para proponer para ese puesto a la senadora María Laura Leguizamón. Un fósforo encendido cerca de los papeles que a fin de año no quiso quemar.

 

Massa, como cualquier parroquiano de la política, sabe que Vidal es la esperanza de Cambiemos. Sin candidatos competitivos en la provincia de Buenos Aires, depende tanto de Vidal como la Selección de Messi. Y es consciente de que, lanzados a la arena electoral, deberá astillarla si quiere debilitar al oficialismo.

 

Ahora sabe, también, que la guardia de la gobernadora no es completamente inexpugnable. Que “esa mano –la del Méxicogate- le entró” a la mandataria.

 

Acaso haya un par de rounds más de estudio en esta contienda de largo aliento, pero, más temprano que tarde, los aliados, inevitablemente, deberán empezar a pelear. Massa, aunque con mucho cuidado, casi con culpa, ya la midió con un jab exploratorio.

 

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