Estar cerca –no tan lejos- siempre es mejor

“Mejor que decir es hacer.” Juan Perón

“La estructura del Estado está enteramente puesta a disposición de las zonas de las inundaciones”. La frase pertenece al vicegobernador en ejercicio de la gobernación de la provincia de Buenos Aires, Daniel Salvador. La dijo en la localidad de San Vicente, borde del conurbano. Sus colaboradores la convirtieron en un tuit que publicaron en la cuenta oficial del Senado. La comunicación puede prestarse a confusiones. San Vicente no está inundado. A ese distrito, el presidente de la Cámara alta bonaerense fue a presentar el programa “El Estado en tu barrio”. En ese marco, dice otro tuit, “celebró la presencia del Estado en los barrios para poder ‘solucionar los problemas de la gente desde cerca’". O sea: Salvador, que visitó San Nicolás el lunes, habla ahora de las inundaciones desde un distrito que no está inundado. Había estado, pero este miércoles, él, que está a cargo del gobierno, ya no estaba muy cerca de los problemas. Estaba, concretamente, a 285 kilómetros.

Pero más lejos –menos cerca- está la gobernadora María Eugenia Vidal, que pasa sus vacaciones en Playa del Carmen, México. Las pasa, concretamente, a 6.642 kilómetros.

Retiro. Playa del Carmen, México, el destino que eligió la goberndora Vidal para sus vacaciones.

En San Nicolás llovía fuerte desde el domingo. Pero el agua cubrió la zona de La Emilia el lunes. Ese día, Vidal iniciaba su licencia.

La controversia original se centra en la decisión de la mandataria de irse a descansar al exterior, tan lejos -tan poco cerca-, cuando sobran, además de hermosísimos destinos cercanos –no tan lejanos-, ejemplos de gobernantes que se metieron en serios problemas por encontrarse muy lejos –tan poco cerca- justo cuando ocurrían catástrofes en sus distritos. Sin ir más lejos –sin ir tan poco cerca-, le pasó a Mauricio Macri cuando Vidal era la primera en la línea sucesoria de la Ciudad de Buenos Aires. En la mañana del 2 de abril de 2013, el temporal que terminó causando una tragedia en La Plata primero inundó los barrios del norte de la Capital Federal. Dos diferencias con la actual gobernadora:

  1. Macri no estaba tan lejos –tan poco cerca. Descansaba en Trancoso, Brasil: 2.873 kilómetros más cerca –menos lejos- de lo que está ahora la figura estelar de Cambiemos.
  2. Macri interrumpió sus vacaciones y volvió a la Ciudad. E hizo todo lo que manda el manual para mostrarse activo en el corazón del problema. Vidal, hasta el cierre de esta nota, no había decidido interrumpir su licencia pese a que, a esa altura del partido, se reportaban en La Emilia siete mil evacuados y un muerto.

Lo mismo le pasó aquella vez al intendente de La Plata, Pablo Bruera. La catástrofe que se cobró al menos 89 vidas –ésa es la cifra que determinó una investigación del juez Luis Arias- lo encontró con los pies en las arenas cariocas de Río de Janeiro. El entonces alcalde de la capital provincial también estaba más cerca –menos lejos- que Vidal (a 2.588 kilómetros) y también, como Macri, decidió volver, aunque cometió la canallada imperdonable –los platenses no se la perdonaron y lo sacaron del poder en 2015- de mentir: a través de su cuenta de Twitter, trucó una foto para hacer como que estaba ayudando a los damnificados de las zonas más afectadas.

El propio antecesor de Vidal, Daniel Scioli, fue masacrado en agosto de 2015 por estar en Italia con varios distritos de la provincia tapados por el agua. En aquel momento, los voceros del mandatario dijeron que había viajado antes de las lluvias para un chequeo médico que se realizaba periódicamente en aquel país. No alcanzó. No le creyeron. Lo masacraron.

En campaña. Vidal, agosto 2015. La entonces candidata a la Gobernación recorrió zonas afectadas por inundaciones y difundió esta foto.

LOS VOTOS. Letra P ha intentado saber, a través de consultas a numerosas fuentes del Gobierno provincial, quién está al mando de las acciones de un comité de emergencia cuya integración tampoco es precisa. No había podido –hasta el cierre de esta nota- obtener esa información. Se sabe que trabajan activamente los ministros de Desarrollo Social, Santiago López Medrano, y de Agroindustria, Leonardo Sarquís. También, el subsecretario de Infraestructura Hídrica del Ministerio de Infraestructura, Rodrigo Silvosa. Pero todos ellos tienen un problema de origen: nadie los votó. La confianza popular, que se expresa en los 3.609.312 votos que el año pasado consagraron ganadora a la fórmula del frente Cambiemos en la provincia, está depositada, justamente, en los integrantes de ese binomio: María Eugenia Vidal y Daniel Salvador. En nadie más.

Este portal no ha podido, tampoco, conseguir una palabra oficial sobre el grado participación de la mandataria en el manejo de la crisis. Ante la consulta, funcionarios de la Gobernación contestaron: “Está re conectada”. Lo dijeron off the record. Extraoficialmente. No alcanza.

Salvador, el otro que carga sobre sus espaldas con el mandato de las urnas y, entonces, con legitimidad de origen para mandar, no manda. El radical es la –mínima- expresión de la alianza que gobierna. Él y el ministro de Ciencia, Jorge Elustondo, son los únicos dirigentes de la UCR, socio mayor del PRO en Cambiemos, con posiciones de relevancia institucional en el gobierno de Vidal. Ahora que le toca gobernar, no gobierna. En el contrato político que firmó con la Jefa, no está establecido que gobierne cuando le toca gobernar. Es un extraño para el gabinete, que es un sólido pack de macrismo con algunas recientes incrustaciones de peronismo. No tiene capacidad de mando. No tiene fueros para eso. Como lo sabe, recibió el cetro –como informó este medio- con la idea de hacer “guardia” por una semana. “No hay ninguna intención de ocupar lugares que no corresponden”, explicó, didáctica, una fuente de su entorno. Y tampoco hace que manda, como para, al menos, parecer, ya que no es. Llama la atención eso: que, ante la crisis política que supone la ausencia de Vidal en el terreno de juego en medio de la emergencia, el Gobierno no se haya instalado en la Municipalidad de San Nicolás, con Salvador en la cabecera de una mesa grande junto al intendente peronista más vidalista que muchos vidalistas Ismael Passaglia -que este martes defendió a Vidal- y medio gabinete provincial. Llama la atención, en definitiva, que el Gobierno bonaerense no haya montado la escena del comité de crisis para, al menos, bajarles la altura a las llamas del incendio político. ¿Es lo que se espera? ¿Una puesta en escena? De ninguna manera. Pero no deja de sorprender que ni siquiera eso haya hecho el gobierno de la comunicación. Por eso –porque no hizo eso-, este miércoles, el vicegobernador en ejercicio de la gobernación –que no tiene una agenda abrumadora- habló de las inundaciones y de “la estructura del Estado enteramente puesta a disposición de las zonas de las inundaciones” desde un distrito que no está inundado.

MALDITO ARCHIVO. En estas horas, circulan a toda velocidad por las redes sociales unas declaraciones de Vidal. Son del año 2014, cuando la entonces vicejefa de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires ponía en marcha el plan que la mudaría a la provincia. "Si yo fuese gobernadora y tuviese este nivel de agua en la Provincia, con 62 distritos en emergencia por las inundaciones, la verdad es que no podría dormir", dijo entonces. La dimensión de la crisis de hoy no es comparable, por extensión geográfica, con aquella de hace tres años. Por eso, acaso la gobernadora no haya perdido el sueño y esté descansando bien en las noches de Playa del Carmen. Pero es una conjetura: Letra P no ha podido confirmarlo.

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